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24 febrero 2024

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¿Cómo se puede salir de la crisis económica en Venezuela? (I)

Generaciones de venezolanos han crecido a la sombra de la “crisis” como si esa situación fuera el estado natural de las cosas en un país que cuenta con buen clima y tierras fértiles, gracias a su ubicación geográfica y, en general, con recursos naturales envidiables para decenas de países del mundo. La crisis, que por décadas ha dado para mucho en términos de la evolución política nacional, terminó por agudizarse de la mano de ese proceso asociado a la toma y control del poder al punto de que desde 2015 se considera que Venezuela entró en una Emergencia Humanitaria Compleja.

Ahora, con los coletazos del Covid-19, esas dificultades se profundizan y es necesario pensar en opciones para remontar y colocar al país en la ruta de la recuperación. Pero antes de apuntar a las soluciones es preciso diagnosticar los problemas.

En La Gran Aldea, comprometidos con hacer periodismo para construir futuro, presentamos la opinión de varios economistas, analistas y empresarios que en esta primera entrega nos hacen una aproximación a la magnitud del problema que enfrenta la nación; para luego, en una segunda entrega, aportar ideas que contribuyan a construir una hoja de ruta que ayude a la anhelada recuperación económica de Venezuela.

¿Cuánto más se puede caer?

En los últimos seis años la economía venezolana ha experimentado un ciclo contractivo que hace que en la actualidad su tamaño sea 65% del que tuvo en 2013. A este cuadro que se prolongaba en 2020 se suma ahora el efecto recesivo de las medidas de parálisis asociadas a la cuarentena, que intenta contener la expansión del coronavirus en el país, por lo que desde mediados de marzo en Venezuela la actividad económica ha estado paralizada.

“La escasez de gasolina es un problema estructural que padece Venezuela y que está atado a la desinversión en el sector petrolero, la destrucción del sistema refinador y al uso de los recursos disponibles para importar combustibles”

“Es muy difícil dimensionar el efecto adicional que tiene la pandemia sobre la ya profunda crisis venezolana. En términos de cifras, la economía venezolana se sabía que iba a caer este 2020 -de acuerdo con las proyecciones- entre un 10% y 15%, algunos analistas dicen que puede ser de hasta 25% de caída del PIB”, señala el economista Omar Zambrano.

Coincide en este punto con la mayoría de los expertos consultados. Todos saben que habrá más recesión, lo difícil es saber qué tan severa será.

Tras años de destrucción de la inversión, sin confianza, con la moneda desbalanceada, aislamiento y sanciones, Venezuela recibe la pandemia “casi que en terapia intensiva”, sostiene Luis Vicente León, director de Datanálisis, quien no duda en asegurar que el impacto del coronavirus es grave para cualquier país normal, para Venezuela mucho peor.

La firma Síntesis Financiera pronosticaba una caída de 11% en el PIB en 2020, algo inferior a la de 30% estimada para 2019, “que fue un récord histórico y que redujo el tamaño de la economía al equivalente en 1973, cuando el país tenía solamente 12 millones de habitantes”, explica su directora Tamara Herrera. Pero las proyecciones de 2020 cambiaron radicalmente con la aparición del coronavirus Covid-19 que, a su juicio, es el evento del siglo y va a marcar un quiebre en la historia de la humanidad.

Venezuela hoy cuenta con 28 millones de habitantes y “una porción no despreciable” de venezolanos que están regresando, lo que hace aún más severo el impacto de economía contraída. Para Herrera si es exitoso el control de la pandemia en dos o tres meses la caída del PIB sería de aproximadamente 22% a 26%, pero “si no tuviéramos ese desempeño y las restricciones en el sistema de salud y el descontrol de la epidemia se manifiesta, estamos hablando de una duración de más de seis meses y entonces sí podemos esperar una caída del PIB que sea igual o superior a la del año pasado. Puede ocurrir que sea del 40%”.

“Venezuela es la implosión de una nación, a la vista y con la anuencia de la comunidad de países”

Juan Pablo Olalquiaga, ex presidente de Conindustria

En palabras del economista y diputado a la Asamblea Nacional, José Guerra, la economía venezolana va a sufrir un impacto letal, pues se va a contraer y al mismo tiempo tendrá hiperinflación.

Explica que la caída del precio del petróleo genera un problema de caja muy importante, tanto en bolívares como en dólares, que lleva a los funcionarios del régimen de Nicolás Maduro a financiarse con el Banco Central de Venezuela (BCV), emitiendo dinero inorgánico, que está provocando la depreciación del bolívar respecto al dólar y eso se está transmitiendo hacia los precios que están subiendo de manera acelerada.

“Básicamente la gente no puede o no quiere tener en su bolsillo ni lo más mínimo de bolívares porque es una moneda que pierde su valor a una tasa altísima, la gente apenas agarra un bolívar lo gasta”, señala Zambrano.

Herrera, por su parte, cree que el gasto que hacen las autoridades llega a una economía plagada de expectativas negativas, poca credibilidad y desconfianza, lo que hace que, con rapidez, los diversos actores se refugien en divisas distintas del bolívar. “El precio de la divisa es uno de los determinantes más importantes de la inflación, tanto que el Banco Central de Venezuela ha estado dispuesto a estrangular a la economía a través de la parálisis en el sistema bancario y generar una gran recesión para que el dólar se disparara menos. Incluso lo logró hasta la tercera semana se marzo, pero ahora otra situación es la que está sobre el tapete y va a dispararse”.

Según sus estimaciones, este año la inflación habría podido estar en el rango más bajo de 2.000% y, según una campaña electoral que ahora no vemos clara, podía llegar a 5.000% y 8.000%. Sin embargo, estos cálculos ahora lucen conservadores y es probable que la inflación del año supere el 12.000%.

Teme Zambrano que el país avance hacia un riesgo de inseguridad alimentaria gravísimo, mayor al experimentado hasta ahora.

Paños calientes que queman

La escasez de gasolina es un problema estructural que padece Venezuela y que está atado a la desinversión en el sector petrolero, la destrucción del sistema refinador y al uso de los recursos disponibles para importar combustibles, encubriendo las fallas internas. No se avanzó para resolver la crisis ni para corregir las distorsiones del mercado, como ha sido el subsidio a su precio de venta y que por años alimentó el negocio del contrabando de extracción hasta que el país prácticamente se quedó sin combustibles, pues carece de recursos para seguir importando en un contexto de sanciones internacionales.

Ahora, en medio de la oleada de crisis estimulada por la pandemia, la decisión del régimen de Maduro es avanzar a un aumento del precio de la gasolina bajo un esquema mixto, donde por un lado se venderá restringida y subsidiada a través del Carnet de la Patria a 0,025 dólares por litro y, por otro, se venderá de forma libre a 0,50 dólares el litro.

“En Venezuela se destruyó el trabajo como concepto”

Jorge Roig, ex presidente de Fedecámaras y miembro del Consejo de Administración de la OIT

Aunque en general hay coincidencia entre los expertos acerca de la necesidad de ajustar el precio de la gasolina, tal como se está anunciando la medida parece abrir espacios a nuevas y mayores distorsiones que parecen apuntar a una agudización de los problemas lejos de contribuir a resolverlos.

José Guerra lo define en una frase: “Se trata de un Cadivi gasolinero”. Es decir, un esquema que se presta para la corrupción y que está creado al margen de la realidad de lo que es el ingreso de la mayoría de los venezolanos.   

El esquema, que no garantiza que se resolverá el problema de la escasez, parece apuntar a un aumento en las brechas de la sociedad, entre quienes tienen dólares y quienes no, con graves consecuencias sobre la evolución económica del país.

Una destrucción profunda

En Venezuela se destruyó el trabajo como concepto. Así lo afirma Jorge Roig, ex presidente de Fedecámaras y miembro del Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), para quien este factor ha sido determinante en la crisis que vive el país.

En su criterio, la gente prefiere hacer cualquier cosa antes que estar empleado formalmente en una empresa donde el salario mínimo a duras penas alcanza, porque quizá es el más bajo del mundo. “Si a eso unimos políticas desacertadas, expropiaciones, controles de precios, evidentemente que el aparato inmunológico estaba muy débil cuando llegó la pandemia, por lo cual los efectos se van a ver doblemente con respecto a otros países que tenían mayor capacidad de resistencia”.

“El Covid-19 llegó a un país con una sociedad exhausta, con la población afectada en un porcentaje importante por desnutrición y con las empresas con casi ningún tejido”

Tamara Herrera, directora de Síntesis Financiera

La abogada Maryolga Girán, presidenta de la Comisión Laboral de Conindustria, cree que en las últimas dos décadas asistimos a un proceso de desvalorización del trabajo, al incorporar al discurso político de manera reiterativa, el postulado marxista de que ‘el trabajo es la explotación del hombre por el hombre’, e incentivando la lucha de clases y el odio al empresario privado, acusado de ser el único causante de la pobreza del venezolano. “El resultado es que hoy en día el trabajo formal se ha visto reducido, y por el contrario la informalidad y el trabajo por cuenta propia se han incrementado sin que existan leyes eficientes para proteger a esa gran masa de trabajadores”.

Estima que con la destrucción de más del 80% del parque industrial, la aniquilación de la empresa petrolera y de las empresas básicas, se perdieron millones de puestos de trabajo durante los últimos 20 años, y hoy nos encontramos delante de las cenizas de un país incendiado por los cuatro costados.

Por eso, señala Tamara Herrera, la situación es extremadamente difícil porque el Covid-19 llegó a un país con una sociedad exhausta, con la población afectada en un porcentaje importante por desnutrición y con las empresas con casi ningún tejido.

Esta destrucción se ha extendido a diversas áreas, más allá de la económica, como advierte Juan Pablo Olalquiaga, presidente de la Fundación Educación Industria (Fundei) y ex presidente de Conindustria. “Es el sistema judicial, el electoral, el financiero, el laboral, el de educación, el de salud, es la seguridad nacional. Venezuela es la implosión de una nación, a la vista y con la anuencia de la comunidad de países. Restregada entre los intereses del narcotráfico, con la delincuencia internacional, utilizada por los conflictos geopolíticos de las dictaduras modernas que enfrentan al mundo civilizado. Es como una persona que es arrollada en una autopista, en la que es golpeada y pisada por un automóvil tras otro, hasta que el cuerpo se va desmembrando y las vísceras son aplastadas. Al final queda un cadáver en pedazos. Eso era Venezuela antes del Covid-19”.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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