EN LA ALDEA

23 febrero 2024

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Pero Jorge Rodríguez manda a aplaudir a los médicos muertos

Al momento de escribir esta nota, el 24 de julio de 2020, han fallecido 20 médicos por Covid-19 en Venezuela. Una cifra desmesurada, abismal, en el contexto de la cantidad global de fallecimientos a causa del virus.

La cuenta de Twitter @MedicosUnidosVe acaba de divulgar este tuit: “La letalidad, en teoría, es del 2 al 3%, en situaciones de normalidad. No es el caso de Venezuela, donde se destruyeron servicios y hospitales, no hay servicios básicos, no hay dotación de insumos médicos ni aseo, no hay medicamentos, hay déficit de médicos y enfermeras, etc, etc.”.

Se refieren a que el porcentaje de letalidad en profesionales de la salud, en Venezuela es el más alto del mundo. Esto se concluye mediante un sencillo cálculo: En Italia, hubo 30.650 muertos y 165 médicos fallecidos, lo que constituye un 0.4% de letalidad; España tuvo 15.663 muertos, de los cuales 64 eran médicos, un 0.2% de letalidad. En Venezuela, al momento de contabilizarse 120 muertos, hay 22 médicos muertos. Es casi el 20%. Una barbaridad.

Esta cifra no la conocemos por los cómputos del régimen. Al contrario. Este ha hecho todo por ocultarla. “Todos los fallecidos del sector salud”, dice la cuenta @MedicosUnidosVe, “son debidamente confirmados con los colegios de médicos y enfermeros de cada estado y con colegas de los hospitales donde ocurren, exponiéndonos a acciones de represión y persecución”.

Pero el 24 de julio, Jorge Rodríguez ha llamado “a un minuto de aplausos por la vida de los médicos que están luchando contra el Covid-19 en Venezuela”. A los mismos doctores a quienes dejaron en el más completo desamparo frente a una pandemia cuya peligrosidad y alta capacidad de contagio era más que conocida.

Las redes sociales están inundadas de solicitudes de ayuda para médicos y otros profesionales de la salud, que están contagiados y no pueden recibir tratamiento. En Maturín, una familia de doctores, padre, madre e hija, se enfermaron y no tienen atención. Para el doctor Luis Urdaneta, uno de los fundadores de la terapia intensiva del Hospital Vargas, quien contrajo el virus, los familiares están recaudando dinero para los gastos. En Maracaibo ha muerto uno, o más, cada día en los últimas dos semanas.

Un minuto de aplausos para quienes han detenido por protestar ante las condiciones en las que están trabajando, incluso por asomar una crítica en las redes sociales. Hace un mes, en junio, El Pitazo publicó un reportaje donde exponía los casos de personal sanitario apresado o intimidado por el régimen de Maduro por denunciar irregularidades y hasta por quejarse ¡en un estado de WhatsApp! Pero Jorge Rodríguez manda a aplaudir.

Al residente Ángel Silva lo sacó la policía de la Emergencia del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, en Barqusimeto, a golpes, esposado y amenazándolo con llevárselo preso. En mayo, la residente Andreína de Los Ángeles Urdaneta Martínez, del hospital de Cabimas, estado Zulia, fue detenida por funcionarios del Cicpc por publicar en WhatsApp algo contra Nicolás Maduro; el Tribunal Primero de Control de Cabimas la culpó por los delitos de incitación al odio y ofensa al “presidente”. En abril, el ginecólogo Luis Araya, médico adjunto del Hospital Pastor Oropeza Riera de Carora, estado Lara, fue detenido en su consultorio por funcionarios de la Digecim, sin orden judicial, por criticar a un ministro de la dictadura. Y la bioanalista Andrea Sayago, quien fue detenida por agentes de la Brigada de Inteligencia de la Policía del estado Trujillo, por compartir una imagen (de una orden para pruebas de detección de coronavirus), en un estado de WhatsApp, fue acusada de traición a la patria e instigación al odio. En Maracaibo, dos médicos fueron detenidos en una protesta por falta de insumos en el Hospital Adolfo Pons. Y como estos, hay decenas más. Pero Jorge Rodríguez manda a aplaudir.

Hace unos días, el 21 de julio, el presidente de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría, Huníades Urbina, denunció que, a más de 120 días de emergencia sanitaria, se mantiene el déficit de insumos médicos, porque el régimen nunca dotó a los hospitales para atender a pacientes con coronavirus; y agregó que los contagios y muertes entre los profesionales “son el resultado de la falta de guantes, gorros, trajes de bioseguridad y mascarillas en los recintos hospitalarios”.

El 23 de julio, cuando ya se contaban 27 trabajadores de la salud muertos por Covid-19 en Venezuela (20 médicos, 6 enfermeras y 1 técnico biomédico), Jorge Arreaza, canciller del régimen, escribió el siguiente tuit: “Ante el profundo dolor causado por el Covid19, la Brigada Henry Reeve de médic@s cuban@s irradian al mundo solidaridad y vida. Merecen  la admiración de toda la humanidad. Ejemplo de compromiso con la vida. Nuestro apoyo desde Venezuela a la campaña cubanobel.org”. Para los venezolanos ni una palabra… hasta el día siguiente, cuando Rodríguez ofreció un minuto de aplausos. Sin nombrarlos, sin contarlos, sin darles a sus familiares y pacientes el consuelo de una mínima justicia y consideración.

“Que no haya ni una palabra de despedida para médicos y sanitarios venezolanos fallecidos por el virus, es algo más que un simple desprecio”, dijo la escritora Ana Teresa Torres en Twitter. Efectivamente, es una burla criminal.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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