En la aldea
24 mayo 2024

¿Será que vamos a elegir a los próximos diputados presos?

Como cualquier día de esta aburrida cuarentena, el Gobierno repite sus jugadas una y otra vez, siempre iguales, sin sorpresas. Ahora, libera a más de 50 diputados opositores de cualquier atadura judicial, cárcel incluida, para motivar a los electores a salir a votar por nuevos parlamentarios el próximo 6D, una ecuación bien rara que solo llama a la sospecha.

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Elizabeth Fuentes | 02 septiembre 2020

La cosa es más o menos así: El Gobierno “indulta” a 50 diputados en un presunto acto de buena fe para sembrar confianza en las próximas elecciones parlamentarias, de modo que la oposición cuenta con nuevos diputados en la Asamblea Nacional a quienes -quizás, tal vez, quién sabe-, el Gobierno también podría meter presos cuando se le antoje o le convenga.

Una ecuación rarísima diseñada en algún organismo de ¿inteligencia? estatal, porque basta con meter en esa fórmula la remota posibilidad de que los venezolanos le hagamos caso al Gobierno y salgamos todos a votar por los diputados de la verdadera oposición para que, como estos días de pandemia, todo se repita una y otra vez. Es decir, la oposición gane la mayoría de las curules, como en el 2015 y el mismo Gobierno que encarceló, persiguió y luego liberó 50 diputados, repetiría su atropello otra vez y hasta otra vez, como en el caso de los diputados Gilber Caro o Renzo Prieto, por mencionar dos escándalos habituales.

“Hasta se pueden inscribir como candidatos para las elecciones…”, dijo Jorge Rodríguez sobre los diputados indultados en una de sus mejores actuaciones en el terreno del sarcasmo, prometiendo que la medida se llevó a cabo “en aras de promover la reconciliación nacional y la búsqueda de paz”, siempre que no obliguen a salir otra vez a alguna de las rectoras chavistas del CNE pasándose un dedo por su garganta como señal de que los rasparon, porque entonces el Gobierno se vería obligado a utilizar otra vez al mismo TSJ para impedir cualquier posibilidad de legislar a ese bojote de traidores a la patria electos por el pueblo quienes, como ya dijo la ministra Iris Varela, ‘no se ganaron el indulto por siempre, avisao’.

Solo que en sus cálculos maquiavélicos los chicos de Miraflores no contaron con ese poderoso enemigo del poder que es la realidad misma. Y lo que imaginaron como una gracia con musiquita de Disney como soundtrack, se les devolvió como la morisqueta que fue con las imágenes de cada liberado -jóvenes en su mayoría-, desaliñados, exhibiendo en sus rostros la miseria y el maltrato, con ese terrible color a piel de encarcelado, llorando abrazados a sus hijos, sus esposas, sus amigos, murmurando “nos vamos para la casa”, “sí, ya terminé la misión secreta”, como mintió Juan Requesens a sus pequeños durante todos los años que estuvo preso, “ya papá regresó del trabajo”, otro embuste que se escuchó entre los abrazos y los llantos; con la peor imagen de todas en su haber, la de la tristísima señora Antonia Turbay diciéndole a su hija por teléfono que no quería que sus nietos la vieran llorando -una nació mientras ella seguía encarcelada-, rostro que se ha vuelto el símbolo más trágico de toda esta historia de injusticia e incompetencia, de ignorancia y maldad, la prisión de una abuela cuyo único delito fue ser vecina de Iván Simonovis, lo que resultó suficiente para mantenerla presa un año extra, a pesar de que tenía libreta de excarcelación, porque algún funcionario de tercera se le olvidó que ella existía. Un año de vida robado a una abuela y a esa edad, cuando cada día cuenta y mucho.

Pero son ellos quienes ahora buscan desesperadamente que votemos así sea contra ellos, porque de antemano saben cómo actuar cuando los opositores parezcan una amenaza real y se necesite la cárcel como “tatequieto”. Ahora nos necesitan para legitimar su próxima Asamblea, desaparecer a su “archienemigo” Juan Guaidó en ese mismo zarpazo y seguir haciendo quién sabe qué con un capitolio de casi 300 diputados, un verdadero río revuelto dónde pescar alianzas convenientes, como hicieron con Luis Parra y compañía.

Aunque debe haber algo aún más importante detrás de ese empeño porque todo parece una jugada demasiado obvia para sus siempre oscuras intenciones. ¿Por qué es tan importante este 6 de diciembre para el cogollo, al extremo de que reconocen, sin que se les mueva un músculo de la vergüenza, que cualquiera es un potencial preso político y los encarcelan e “indultan” a su antojo?

Por ahora, habrá que llevarles la contraria. Exigir que se posponga esa payasada electoral con su CNE fotocopia de Tibisay Lucena, partidos secuestrados, candidatos inhabilitados y el abuso de siempre, ese que se repite una y otra vez como los días de pandemia.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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