En la aldea
28 mayo 2024

Andrés Caleca, ex presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE).

Andrés Caleca:

“La oposición venezolana tendrá que retomar la ruta de la Generación del 28”

Como no es político, el entrevistado no promete que el camino a la liberación será corto. Al contrario. Andrés Caleca advierte que la lucha será larga y que requiere mucha unidad y un compromiso con la democracia que vaya más allá de las declaraciones y se interne en la pedagogía de la libertad. “La lucha de los demócratas siempre ha estado centrada en abrir oportunidades electorales lo más justas posibles. Así se construye la lucha democrática”.

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Milagros Socorro | 08 septiembre 2020

El pasado miércoles 2 de septiembre, el economista Andrés Caleca, ex presidente del CNE, político y gerente público escribió un tuit que levantó una marea: “1- Luchar por mejorar las condiciones electorales. 2- Impedir que el régimen autoritario se convierta en totalitario. 3- Aprovechar toda rendija para impulsar la lucha por la democracia. 4- No regalarle el país a Maduro y a los alacranes. Totalmente de acuerdo con Capriles”.

-¿Qué podría hacer Henrique Capriles frente a la dictadura? Es David contra Goliat.

-Antes de responder a esto, yo ampliaría el planteamiento: Qué podemos hacer todos, qué puede hacer la oposición venezolana frente a la dictadura. Y, para entendernos, lo primero es caracterizar al régimen.

“Maduro no tiene ni con qué pagar los sueldos de la administración pública. Esa es la realidad. Y está destruyendo el país para tratar de sobrevivir. Este es el momento de negociar duro para mejorar las condiciones electorales y lograr condiciones”

Andrés Caleca

-¿Cómo caracteriza usted la dictadura de Nicolás Maduro?

-Es una dictadura de nuevo tipo, no hay duda. Una dictadura del siglo 21, con nuevas características en pleno proceso de configuración. No sabemos exactamente hasta dónde llegará. Lo que sí puedo decir es que estamos en presencia de un gobierno autoritario, controlado por un movimiento de profunda vocación totalitaria. Hay una gran discusión entre los politólogos sobre la caracterización de la dictadura de Maduro, pero yo, sin ser politólogo, observo la existencia de una alianza del militarismo secular de nuestra historia (el militarismo como desviación de la función del ejército, que nació con la Guerra de Independencia), asociado a la tradición caudillista que nos viene desde la Colonia, con una izquierda estalinista. No una izquierda moderna, de avanzada social. No estamos frente a una variante de la socialdemocracia alemana o al PSOE español, nada de eso. Esta es la izquierda estalinista, esa que Petkoff llamó borbónica: Que ni olvida ni aprende, con elementos claros del lumpen; es decir, una alianza entre el militarismo, la rémora de la izquierda estalinista y el lumpen de la sociedad: Bandas criminales, sectores marginales de la sociedad, en el sentido sociológico del término, que se parecen mucho a aquello que Carlos Marx llamó “el bonapartismo”, en su obra El 18 brumario de Luis Bonaparte, cuando una alianza similar, guardando las distancias históricas, se hizo con el poder en Francia por la vía electoral, precisamente. Muy parecido a lo que ocurrió con Chávez, que empezó siendo un golpista tradicional y terminó construyendo un movimiento de masas que arrasó con todo lo que había en el país desde el punto de vista electoral. Estamos, pues, en presencia de un régimen semitotalitario, sin escrúpulos de ningún tipo, ni democráticos ni morales, porque agrupa un amplio abanico que va desde el lumpen hasta el estalinismo.

-¿Cómo llegó Venezuela a semejante degradación de su vida política?

-Este régimen semitotalitario que agrupa desde el lumpen hasta el estalinismo se impuso en el contexto de una crisis general de los partidos políticos, que abrió el camino a una asociación como la descrita. Los partidos políticos, que son el mecanismo fundamental por el cual sobrevive la democracia en cualquier país del mundo, nacen del parlamentarismo; es decir, los partidos florecen alrededor de los parlamentos. Ese es su origen histórico. Y se convierten en instituciones sólidas para el acceso y la conservación del poder, según el momento histórico. Esos partidos en Venezuela, que comenzaron a formarse en la década de los ‘20 del siglo pasado, llegaron a una crisis absoluta, que fue la que dio paso a esta alianza terrible que copó los espacios del país. Fíjate que tú, en tu pregunta, te refieres a un líder, a Capriles, no a un partido. Es porque en la práctica estamos sin partidos o con partidos muy débiles, porque los tradicionales, los históricos, se convirtieron en unas franquicias: Copei no existe, AD devino un cascarón vacío. La socialdemocracia venezolana se dividió entre AD, Un Nuevo Tiempo y distintas expresiones por ahí… Timoteo Zambrano… nada de eso sirve para nada, desde la perspectiva del combate necesario frente a una dictadura de esta naturaleza. Por otra parte, se convirtieron en expresión solo de un sector de la clase media venezolana. Los partidos de oposición no representan al espectro social del país. Al punto de que, por ejemplo, los sindicatos, que son la institución civil más importante para defender los intereses de los trabajadores, están desaparecidos en Venezuela y nadie lucha por ellos. Ninguno de los partidos dedica ni la décima parte de su tiempo a los gremios, a los sindicatos, ni siquiera de gremios empresariales. Los partidos perdieron su anclaje en la sociedad. Se limitaron a representar a un sector de la clase media, de las grandes ciudades, que, por cierto, constituye la base primordial de la emigración. De manera que, además de no representar la estructura social en conjunto, se convirtieron en representantes de una base poblacional que se fue del país.

-Suena desolador. Con razón hay tanta gente desmoralizada.

-Y, sin embargo, en esa debilidad hay que delinear el camino en este mito de Sísifo (personaje mitológico condenado a empujar una inmensa piedra hasta lo alto de una montaña, antes de cuyo alcance la piedra rueda en bajada, y tiene que volver a empezar), que es la historia venezolana. Porque, frente a esa dictadura, ¿qué nos dice la lógica que tenemos que oponer? Pues, la defensa de la democracia como el centro fundamental de la lucha. El programa político que está planteado para la oposición venezolana en este momento, y por eso recuerdo a Sísifo, es el de la Generación del 28. Es lamentable, pero es así. El chavismo logró destruir no solo la institucionalidad democrática del país sino la conciencia democrática del venezolano. Y esa es una verdad que tenemos que reconocer en algún momento.

-Muchos cuentan con una “tradición democrática” que en algún momento saldrá al galope para salvarnos del avance del totalitarismo.

-Esa tradición no existe. Primero, nuestra democracia siempre fue imperfecta, nunca se logró implantar de una manera sustancial en el país. Y en segundo lugar, tenemos ya dos generaciones en el chavismo. Los niños que nacieron alrededor del año 92, cuando Chávez irrumpe violentamente contra la democracia, no saben de democracia, no conocen la importancia de los partidos. No tienen idea de cuán vital es la institución del sufragio, libre y transparente. Lo que conocen es esto. Entonces, lo primero es rescatar la democracia como centro del programa político de la oposición venezolana y, luego, explicarle al país lo que es la democracia. No basta con decir: Luchamos por la democracia. Hay que explicar lo que esta es, desde las perspectivas institucional, económica, social y cultural, y cómo es el único camino para la recuperación de Venezuela. Y para que nos reconstituyamos como país, porque la verdad es que el país se está disolviendo en manos de la alianza perversa ya caracterizada.

“El chavismo destruyó las instituciones supuestamente para crear otras, totalitarias, pero es incapaz de crear nada. Ni siquiera su propia institucionalidad totalitaria. Ellos son una máquina de destrucción. Lo único que queda en pie es el aparato represivo y la Fuerza Armada”

Andrés Caleca

-¿Niega usted que la sociedad venezolana ha obstaculizado el avance del totalitarismo?

-No. Al contrario. Si por Maduro fuera, él sería una especie de Kim Il-sung y el poder pasaría de él a Nicolasito; tú y yo no podríamos estar haciendo esta entrevista ni nadie se atrevería a publicarla. Es decir, ya sería totalitario. No lo es -todavía- porque la situación geopolítica no lo ayuda y por la resistencia de la sociedad venezolana, que ha impedido que el autoritarismo mute en un copamiento de todas las actividades y ámbitos, incluida el alma de los ciudadanos, hasta el extremo de que los niños denuncien a sus padres.

-Decía usted que, a un siglo de los sucesos del 28, los venezolanos de hoy debemos meterle el hombro otra vez a la misma piedra, cada vez más pesada.

-Es lo que nos toca en este momento: Volver al tránsito que se emprendió frente al régimen gomecista, distinto en muchas cosas, pero que en esencia significó la lucha entre la Venezuela moderna que pugnaba por surgir y esa tradición militarista atrasada, brutal, que ha regresado, esta vez en alianza con lo peor de la izquierda venezolana.

-Qué debemos aprender de aquellos estudiantes. ¿Qué es lo que a los venezolanos nos ha faltado para enfrentar la dictadura chavista?

-Hablo de la circunstancia política de este momento. Una de las cosas que nos enseña el recorrer exitoso de la Generación del 28, -de la cual Betancourt es, quizá, el exponente más conspicuo-, es que la labor política se conjuga con la pedagógica de explicar lo que es la democracia. Y esa educación se hace en la lucha. Betancourt escribió, en su libro Venezuela, política y petróleo: “Los procesos electorales, amañados y fraudulentos, siempre nos encontraron utilizándolos para orientar y galvanizar el espíritu público. Voces nuestras dieron la nota de la disonancia en los Congresos semitotalitarios”. Cualquier fisura, es la palabra que usa Betancourt, que permitiera que la voz de los demócratas se hiciera presente, había que usarla. Esto está vigente de nuevo, porque buena parte de la lucha para alcanzar la democracia en Venezuela, repito, es la pedagogía de lo que esta es. También hay que rescatar de aquella generación el abandono de cualquier aventura caudillista, militarista. Había claridad de que, para oponerse al militarismo, había que desarrollar política y acción contrarias a lo que se combatía; y no convertirse en otra versión de la barbarie y el atraso. Y, por otra parte, porque no había ninguna posibilidad de derrotar al ejército gomecista. Era una tontería oponerse a aquella maquinaria de guerra con invasiones de caudillos, que creían que el país iba a salir a recibirlos y que terminaron en La Rotunda o en el cementerio. Bueno, otra vez estamos en lo mismo.

-Explíquese. ¿Estamos esperando que Gómez estire la pata?

-No. Estamos ante unas elecciones previstas en la Constitución, que no podemos eludir de ninguna manera… se podrán posponer, pero no evitar… Ante eso, corresponde una lucha por la conquista del mayor espacio posible; la lucha por las mejoras de las condiciones electorales en el entendido de que cada mejora implica un mayor espacio para nosotros, puesto que somos mayoría. La vía correcta es la presencia de candidatos que tengan claridad sobre la idea democrática y que la defiendan hasta las últimas consecuencias.

-Por eso usted escribió el tuit que citábamos al principio, porque, en su opinión, esta es la ruta de Capriles.

-Creo que Capriles ha dado un paso importantísimo en la política como pedagogía de la democracia. Lamentablemente, lo veo muy personal. Aún cuando detrás de él están sectores importantes de la Conferencia Episcopal y entiendo que Fedecámaras, pero uno lamenta que no haya sindicatos, gremios, asociaciones… porque la sociedad civil también está destruida en Venezuela.

-Pero, insisto, es David contra Goliat.

-Sí, porque es casi una lucha personal. Y lo que debiera hacer la oposición venezolana es respaldar esa política. No se trata de respaldar a Capriles, sino esa política de pedagogía de la democracia, que rechaza esa práctica de lapidar dirigentes con quienes puedes estar en desacuerdo en su trayectoria o en su presente, pero que, sin duda, están luchando contra una maquinaria implacable, que es la del madurismo. Hay que apoyar todo esfuerzo de participación seria, sustancial, democrática, en cualquier fisura que nos permita avanzar.

-Esta última precisión, ¿está dirigida a deslindar a Capriles de los alacranes?

-Sí. Es muy importante deslindarse de ese conjunto de mercaderes de la política, que se han puesto al servicio de Maduro para disfrazar la dictadura. Son la oposición funcional al régimen. El chavismo, que ha intentado todas las vías, -porque el chavismo sí es verdad que no tiene ningún prurito en usar el golpe de Estado, las vías democráticas, las elecciones, la represión, la tortura, el sojuzgamiento por hambre… todos los medios a su alcance para mantenerse en el poder-, en esta nueva etapa Maduro está configurando una “oposición” funcional, cuya existencia financia, y que se presta para darle el ropaje democrático de que el régimen carece. Contra esos partidos funcionales a la dictadura hay que luchar con la misma fuerza con que se enfrenta la tiranía. El deslinde tiene que ser muy claro.

“Estamos, pues, en presencia de un régimen semitotalitario, sin escrúpulos de ningún tipo, ni democráticos ni morales, porque agrupa un amplio abanico que va desde el lumpen hasta el estalinismo”

Andrés Caleca

-¿Cree usted que la participación propuesta por -hasta ahora- Capriles tendrá éxito?

-Depende de lo que la sociedad considere éxito. Si lo que se quiere es que las elecciones del Parlamento, pospongan o no, tumben a Maduro, no habrá éxito, porque eso no va a ocurrir. Esta lucha es mucho más larga, más compleja. Ahora, si el objetivo para esta coyuntura es aprovechar ese resquicio, que abre la dictadura, para introducir en ese parlamento por venir la voz de los demócratas, según un proyecto de modernización del país hacia la democracia como punto de encuentro de todos los venezolanos, entonces se puede conseguir un gran éxito, independientemente del número de diputados que logres.

-¿Cómo se podría luchar por mejores condiciones electorales? Y, ¿por qué las daría el régimen?

-La primera mejora electoral apunta a la mentalidad de los venezolanos. Uno de los grandes éxitos del chavismo -lamentablemente, con el apoyo e inconsciencia de buena parte de la oposición- ha sido degradar la institución del sufragio hasta el punto de que ya hay una porción creciente de la población nacional que no considera que el voto vale la pena. Al contrario, acusan a quienes creemos en el voto y a quienes queremos votar con los epítetos más horribles: Traidor, cohabitador, vendido… cualquier cantidad de horrores, como lo está sufriendo en este momento Capriles. Es una abstención estructural -que en Venezuela alcanzaba, para la época que yo presidía el CNE (1999), entre el 15% y el 20%-, y que ahora llega casi al 50%; y, para estas elecciones, en particular, según veo en algunas encuestas roza el 60%, que consideran que no vale la pena votar y que, incluso, es “traidor” quien lo haga. ¡Adónde ha caído la conciencia democrática venezolana, que se considera una traición participar en un proceso electoral! Cuando te vas a la historia de lo que fueron los países totalitarios de verdad, -porque en Venezuela todavía no hay un régimen totalitario-, en la Unión Soviética, Polonia, en la Alemania nazi, en la Italia fascista de Mussolini, la lucha de la oposición de esos países por que le dejaran elegir cualquier cosa era agónica. Cuando ves a Sajarov, a Walesa, a Vaclav Havel, lo que piden es un resquicio para elegir, aunque fuera el Concejo Municipal, como ocurrió aquí, en tiempos de Gómez. La lucha de los demócratas siempre ha estado centrada en abrir oportunidades electorales lo más justas posibles. Así se construye la lucha democrática. No hay mayoría política posible para oponerle a un régimen autoritario, militarista, que no se conquiste en elecciones. Lo otro es, por supuesto, la insurrección, la conspiración, el golpe de Estado, el putchismo… no los descartemos en el momento del análisis. Pero, a mi juicio, la única manera de derrotar al chavismo es con una inmensa mayoría frente a la cual las bayonetas no sirvan para nada. La lucha por mejorar las condiciones es vital. No solo para este proceso, sino para los que vienen. El próximo año hay elecciones de gobernadores y de alcaldes; y en enero de 2022, ya está abierta la posibilidad de un referéndum revocatorio a Maduro. Es un cronograma electoral que los demócratas tenemos que utilizar para socavar al régimen madurista, que por el contrario ha socavado la democracia y, por ende, el sufragio, tasajeando las libertades por aquí y por allá.  

-Insisto, ¿por qué el dictador estaría dispuesto a hacer concesiones?

-Porque el aislamiento internacional del Gobierno es un problema muy serio para Maduro. Si bien es cierto que tiene unos aliados muy importantes (no son aliados desestimables la China comunista o la Rusia de Putin y el Irán de los ayatolas, todo ese mundo atrasado y antioccidental), la verdad es que los más importantes países del mundo occidental y los de América Latina están contra la dictadura. Y, por la vía de las sanciones, lo han aislado en lo financiero. La situación de Venezuela es terrible. Hay que vivir aquí para poderla entender. Uno trata de explicarla en el exterior y no lo captan. El país está asfixiado como consecuencia de la deslegitimación de Maduro. Entonces, la necesidad de Maduro de renovar la Asamblea Nacional para quitarse de encima la presidencia interina de Guaidó es vital para obtener financiamiento de sus aislados, quienes saben que los préstamos que le han hecho son ilegales porque no fueron aprobados por el órgano correspondiente, la Asamblea. Maduro no tiene ni con qué pagar los sueldos de la administración pública. Esa es la realidad. Y está destruyendo el país para tratar de sobrevivir. Este es el momento de negociar duro para mejorar las condiciones electorales y lograr condiciones.

-Cuando dice que está destruyendo el país para obtener dinero, ¿se refiere al Arco Minero o también a las instituciones?

-Me refiero a todo. El chavismo se propuso la destrucción del país como lo conocíamos y Maduro ha avanzado en la destrucción del concepto del Estado-Nación, que es lo que define a un país en el mundo moderno. Hablo, pues, de una destrucción general. Y también del Arco Minero, claro, pero no solamente, el ecosistema está siendo avasallado con los derrames petroleros. El chavismo destruyó las instituciones supuestamente para crear otras, totalitarias, pero es incapaz de crear nada. Ni siquiera su propia institucionalidad totalitaria. Ellos son una máquina de destrucción. Lo único que queda en pie es el aparato represivo y la Fuerza Armada.

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