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18 mayo 2024

El Béisbol en Venezuela: 1944, el Mundial llega a Caracas (I Parte)

La VII Serie Mundial de Béisbol Amateur de 1944 sería la primera en realizarse fuera de Cuba, privilegio que Venezuela había pretendido desde el torneo conquistado en 1941. La sede fue el Estadio de San Agustín, en Caracas, remodelado y rebautizado como Estadio Cerveza Caracas a propósito del tan esperado acontecimiento. El torneo se jugó bajo un formato de dos rondas todos contra todos. Los de casa levantaron su nivel y apoyados en el brazo del “Mono” Zuloaga y en el despliegue ofensivo del “Camello” Briñez, Guillermo Vento, Adolfredo González y el “Ovejo” Finol, lograron vencer en los cuatro juegos que restaban de la primera ronda.

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Félix Seijas Rodríguez | 18 septiembre 2020

Durante la tarde del 12 de octubre de 1944 las selecciones de ocho países –Cuba, México, República Dominicana, Panamá, Colombia, Nicaragua, Puerto Rico y Venezuela– se preparaban para iniciar la batalla por la VII Serie Mundial de Béisbol Amateur. El mundo se encontraba en plena guerra y en Europa, meses antes del inicio del torneo, los aliados habían llevado a cabo el desembarco en Normandía (seis de junio de 1944), considerado el punto de inflexión en el rumbo del conflicto bélico. Catorce días después de esta maniobra militar se produjo en Polonia el mayor atentado contra la vida de Adolf Hitler: El Plan Valkiria, que fracasó estrepitosamente y costó la vida de miles de alemanes, entre militares y civiles, perseguidos por la furia del líder nazi.

A pesar de la guerra, en los Estados Unidos de América el béisbol continuaba sus actividades. La Serie Mundial de las Grandes Ligas la disputaron ese año los St. Louis Cardinals y los St. Louis Browns, final dominada por los Cardinals cuatro juegos por dos. San Luis se unía así a Chicago y Nueva York como las únicas ciudades en la que dos equipos locales habían disputado una Serie Mundial norteamericana. Ese año fue también la última vez en la que el clásico de otoño se jugó en un mismo estadio, el Parque Sportsman de San Luis, hasta que a partir del próximo 20 de octubre ocurra de nuevo, cuando por la pandemia de Covid-19 todos los juegos de la final de las Grandes Ligas se jueguen en el Globe Life Park de Arlington, Texas.

“El día inaugural de la Serie Mundial el Estadio Cerveza Caracas se colmó de catorce mil almas, entre las que se encontraba el presidente de los Estados Unidos de Venezuela, Isaías Medina Angarita”

El mundial amateur del ‘44 sería el primero en realizarse fuera de La Habana, Cuba, privilegio que Venezuela había pretendido desde el torneo conquistado en 1941. La sede del evento era el Estadio de San Agustín, en la ciudad de Caracas, remodelado y rebautizado como Estadio Cerveza Caracas a propósito del tan esperado acontecimiento. El negocio iba bien para Martín Tovar Lange, dueño del Cervecería Caracas, con un equipo y un estadio que daban publicidad a su bebida que, por supuesto, tenía la exclusividad en ventas en los juegos que se realizaban en el coso de San Agustín. Y estos juegos no eran pocos: El parque de Lange fungía como sede de los equipos de primera división de la pelota nacional, privilegio por el que las novenas pagaban tanto alquiler como comisiones por la publicidad que ahí se exhibía.

El día inaugural de la Serie Mundial el Estadio Cerveza Caracas se colmó de catorce mil almas, entre las que se encontraba el presidente de los Estados Unidos de Venezuela, Isaías Medina Angarita. A la hora acordada, la divisa criolla salió al terreno de juego escoltada por la flamante reina del evento, Yolanda Leal, electa once días antes en unos comicios universales y secretos cargados de gran simbolismo en un país que luchaba por abrirse paso hacia la democracia. “¡Con Yolanda Leal ganaremos la Serie Mundial!”, coreaba el público desde la tribuna.

VII Serie Mundial de Béisbol Amateur de 1944
El Estadio Cerveza Caracas, ubicado en San Agustín, antes y después de la remodelación.

El torneo se jugó bajo un formato de dos rondas todos contra todos. Los cuatro primeros equipos de la primera vuelta clasificarían para la etapa final. El debut de Venezuela llenó de dudas a los fanáticos: La selección criolla cayó derrotada 3 por 2 ante Panamá. El revés se lo llevó el lanzador abridor, Julio Bracho. En el segundo encuentro los locales desplegaron su potencial ofensivo y doblegaron con facilidad a Puerto Rico, 15 por 3. Entonces llegó el juego contra República Dominicana, donde se produjo el primero de los tres episodios controversiales que empañaron el torneo.

Al culminar la octava entrada, los dominicanos blanqueaban a la selección venezolana 2 por 0. El equipo criollo, que fungía como visitante en el encuentro, salió a tomar turno al bate en el comienzo del noveno. Tres outs separaban a los quisqueyanos de la victoria, pero los de casa montaron un ataque que les permitió igualar el marcador y mantener en las bases la amenaza de irse arriba. En el momento en el que la rayita del empate cruzó el home, la luz en el cielo caraqueño empezó a dar señales de cansancio. Aprovechando que para la época los estadios del país no contaban aún con iluminación artificial, la selección Quisqueya recurrió a tácticas dilatorias para demorar el desarrollo de las acciones hasta que el juego tuviese que ser suspendido por falta de iluminación. Si esto ocurría antes de culminar la entrada, el marcador oficial quedaría por reglas del torneo como estaba al cierre del inning anterior; es decir, 2 por 0 a favor de los dominicanos. Los lanzadores de Quisqueya comenzaron a realizar largas pausas entre picheos y a sostener conversaciones luego de cada lanzamiento. El mánager dominicano llegó incluso a cambiar a un pícher sin que este hubiese lanzado una sola pelota al plato luego de haberlo traído a la lomita. Estas acciones se extendieron por 35 minutos ante los constantes reclamos del equipo venezolano y la fuerte pita del público; hasta que el sol no pudo sostenerse más sobre el firmamento y el umpire principal no tuvo otra alternativa que suspender el encuentro. La victoria fue adjudicada a la selección dominicana, que al abandonar el terreno levantó una protesta formal ante la organización del torneo por el acoso de los aficionados y periodistas que colmaban el Estadio de San Agustín.

Las cosas no pintaban bien para la selección venezolana, que de manera sorpresiva había perdido dos de sus tres primeros encuentros. Sin embargo, los de casa levantaron su nivel y apoyados en el brazo del “Mono” Zuloaga y en el despliegue ofensivo del “Camello” Briñez, Guillermo Vento, Adolfredo González y el “Ovejo” Finol, lograron vencer, en los cuatro juegos que restaban de la primera ronda, a las novenas de Nicaragua, Colombia, México y Cuba, para así clasificarse a la segunda fase del torneo. Los otros tres equipos que superaron la fase inicial fueron México, Panamá y una selección cubana que Cuba selló su pase en un encuentro de extra contra República Dominicana, que ganó por la mínima diferencia.

Los cuatro equipos clasificados jugarían entonces la segunda ronda en formato todos contra todos, en la que los dos mejores desempeños pasarían a jugar la final a tres encuentros. El alto rendimiento que estos equipos habían exhibido durante la ronda inicial hacía difícil señalar favoritos. Si bien la actuación de Cuba había sido la menos destacada, nadie podía subestimar a la selección campeona de cuatro de las cinco últimas series celebradas. Por su parte, México había lucido sólida y Venezuela parecía subir el nivel en cada encuentro que disputaba. Panamá, con una actuación en primera ronda por encima de lo esperado, era la incógnita; los centroamericanos debían sostener el ritmo mostrado si querían inquietar a las otras tres selecciones. 

La segunda ronda inició y pronto develó las sorpresas que tenía reservadas. Durante los días que restaban del torneo se desataron dos importantes controversias que tuvieron repercusiones más allá de este campeonato. Sobre este desenlace hablaremos en la próxima entrega.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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