EN LA ALDEA

22 febrero 2024

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José Brito, ¡sal del closet!

La estrategia del Gobierno de cara al 2021, aunque en líneas gruesas predecibles, no deja de ser ingeniosa y, al mismo tiempo, errónea en algunos aspectos que vale la pena revisar.

Empotrar a la dupla Jorge Rodríguez e Iris Varela como presidente y primera vicepresidenta del Parlamento rojo y anunciar la instalación de una “comisión” para el diálogo, y otra para juzgar los “crímenes” de la anterior Asamblea Nacional, es la forma menos metafórica posible de mostrar la zanahoria y palo. La paz, aquella a la que aspira Nicolás Maduro, quizás se imponga a medio camino entre la violencia de la cárcel y el exilio, o el chantaje en un diálogo sólo posible en los términos que acepta la revolución.

Por la vía de los hechos, el nuevo Parlamento buscará reconocimiento internacional asumiendo algún rol en la controversia territorial del Esequibo, una rendija donde el Asamblea Nacional, desconocida por las mayorías de las democracias del mundo, tendrá su papel ante organismos multilaterales como la ONU, donde el reconocimiento de las instituciones dependen más de razones prácticas (quien tiene el poder) que de la legitimidad.

Estos objetivos tendrán que venir acompañados del sainete según el cual la “oposición” que hace vida en el parlamento de Maduro, mantendrá diferencias con el régimen, en el marco de una controversia ideológica con la revolución, propio de democracias consolidadas: Un toque de pluralismo de escenografía y papel cuché para certificar, a nacionales y extranjeros, que en Venezuela las diferencias se resuelven por medio del diálogo. Esto es clave para que la revolución intente vender la “certificación de democracia” en Venezuela.

Es así como los actores de reparto del nuevo Parlamento, ese puñado de “opositores” tendrán, paradójicamente, un rol estelar al ser la constatación de la legitimidad de la Asamblea Nacional y del carácter democrático del régimen. Toda una doble vida sobre las espaldas de estos diputados.

Traduciendo a José Brito  

De estos segundones convocados a robar la escena parlamentaria, llama la atención el diputado “opositor” José Brito ascendido, por decisión del buró político rojo, al rango de Torquemada: En su doble carácter de presidente de la comisión que investigará a la Asamblea Nacional de 2015, y vicepresidente de la comisión de Contraloría del Parlamento chavista. Sin embargo, esta es la apuesta más arriesgada por parte del tahúr que mueve las cartas en el Palacio. Veamos por qué.

Aunque Brito es el ideal para la persecución política por su carácter de “converso” (nadie más radical que aquel que cruza las alambradas ideológicas) y por su interés de mostrarse como paladín de la pulcritud administrativa (nadie más hacendoso que quién arrastra sospechas); su temperamento no es el más adecuado para una institución que aspira a mostrarse civilizada y con vocación civilizatoria. José Brito es una bomba de relojería que puede mandar al garete esta representación de institucionalidad

Por citar sólo su último aspaviento, hace unos días Brito nos regaló aquello de que gustaba de llamar a los periodistas “homosexuales” para “estremecerlos”. La afirmación no sólo reivindica la primitiva idea de que homosexualidad es un insulto, sino que confirma que el régimen es, no digamos que de “derechas”, sino más bien mojigato y cuartelario propio de los regímenes de vocación totalitaria; por la vía de los hechos, como queda evidenciado con datos tales como que, con más de 20 años en el poder, no hayan querido despenalizar el aborto, no hayan movido una coma de las leyes para lograr el matrimonio igualitario, ni hayan sido celosos en la defensa de un Estado laico. Por citar sólo algunas coordenadas básicas de cualquier gobierno de izquierda, según el más elemental vademécum ideológico.

Brito es así, sus salidas de tono desbaratan las farsas, sus arranques son una ventana para confirmar lo que hay de espectáculo y mentira de un nuevo parlamento que quiere hacernos creer que es tolerante, inclusivo y democrático. Él no es un hombre capaz de hacernos creer que el Congreso está llamado a ser el centro de una renovación democrática en Venezuela y su ascenso ha sido, de lejos, el mayor error cometido por Nicolás Maduro.

Hay una conseja popular según la cual todos aquellos que atacan a los homosexuales son, en el fondo, gays encubiertos. Aunque es sólo una idea provocadora, quizás sea útil recordarla para invitar al diputado Brito a que salga del closet (¿político…?), y reconozca sin cortapisas su rol de esbirro de Miraflores. Será un acto de honestidad que arruinaría la idea de que estamos ante un Congreso democrático, pero le daría un poco de tranquilidad al diputado expuesto a tantas responsabilidades. ¡No hay nada más agotador que una doble vida!

¡José Brito, sal del closet!

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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