EN LA ALDEA

22 febrero 2024

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Diego Vallenilla Zubillaga, ¡Dieguísimo!

Es talentoso, talentosísimo. Es simpático, simpatiquísimo. Es guapo, guapísimo. Su “nick” de Instagram, Dieguísimo, lo describe perfectamente. Tiene el mismo nombre de su ilustre antepasado, el conquistador Diego de Vallenilla y Guerra y de cierta manera es también un conquistador: Como fotógrafo se ha convertido en un narrador de historias que conquistan a quienes las miran. Quiere ser los ojos de quienes están fuera y añoran el país.

Diego Vallenilla Zubillaga desde niño mostró interés por lo estético, cuando hacía álbumes y collages con las fotos que tomaba. Su interés por la fotografía renació con el nacimiento de la red social Instagram y se inscribió en el curso de Roberto Mata. De ahí en adelante, la fotografía pasó de ser hobby a profesión.

Su forma de aproximarse a la pandemia fue a través de fotos temáticas, que se volvieron tan virales que fueron reseñadas en medios internacionales como CNN, BBC, Univisión, Telemundo y otros.

De la serie “Qué quisieras”.

Cree que la foto perfecta es la que impacta a primera vista y mueve sentimientos, más allá de la técnica. Le hubiera encantado retratar a Churchill, Reverón, Dalí y a Sofía Loren. A esta última, todavía está a tiempo y no dudo que lo logre.

Y ante el dilema de “me voy/me quedo” prefiere pensar que quiere seguir viviendo en Venezuela para trabajar por la reconstrucción.

-¿Cómo fue tu aproximación a la fotografía?

-Siempre he tenido interés por la imagen y apreciación por lo estético. De chamo, recuerdo que le pedí una cámara a mi papá como regalo de Navidad. Me gustaba comprar álbumes para pegar las fotos y hacer unos collages con las fotos que tomaba. Luego vino mi época universitaria, mis estudios de Derecho, las pasantías y me olvidé totalmente de la fotografía. Pasaron los años, hasta que llegó Instagram, que, inicialmente, era una red para fotógrafos. Ahí comencé a seguir a fotógrafos que me inspiraron y me motivaron a reencontrarme con la imagen y la fotografía. Otro evento importante fue durante un viaje a París, donde tuve la oportunidad de visitar una exposición de Henri Cartier-Bresson. Ahí entendí el poder de la imagen, la importancia de la composición y el concepto del “instante decisivo” en la fotografía. Comencé entonces a estudiar en mi querida Escuela de Roberto Mata en Caracas. A partir de ahí la fotografía se convirtió en un hobby que poco a poco fue agarrando fuerza hasta convertirse en un trabajo, o digamos en un hobby con contraprestación económica.

-¿Cómo es la “foto perfecta”?

-Técnicamente la foto perfecta debe tener buena luz, composición y cumplir con ciertas reglas fotográficas. Pero dejando de un lado el tecnicismo, para mí la foto perfecta es aquella que impacta a primera vista, la que mueve sentimientos, una imagen que puedes ver mil veces y nunca te cansas.

-¿Qué temas prefieres retratar?

-Disfruto contar historias a través de la fotografía, documentar personajes y situaciones que merecen ser contadas. En este momento de mi vida prefiero temas ligeros y agradables, historias y personajes que inspiran, imágenes que alegren la vista y el alma. A través de mis viajes por Venezuela, comparto fotos de personajes y paisajes que, de alguna manera, acercan a muchos venezolanos que físicamente se encuentran muy lejos del país. No sé si eso realmente ocurre, pero me gusta pensar que es así.

-¿A qué famoso de cualquier época te hubiera gustado retratar?

-¡Son tantos! Hay una foto de Winston Churchill que es de mis retratos preferidos. La tomó un fotógrafo llamado Yousuf Karsh. La anécdota que trascendió sobre ese instante es una maravilla: Para el momento de la foto, cuentan que el primer ministro inglés le dio dos minutos a Karsh para hacer la foto. Antes de tomarla, Churchill -de muy mal humor- encendió un tabaco. El fotógrafo se acercó, le quitó el tabaco y tomó la foto. Admiro la manera como el fotógrafo se impuso y se adueñó del retrato. Para una segunda foto, Churchill sonrió. Ese es un retrato que me hubiese encantado hacer. Otros famosos que me hubiese gustado retratar son Picasso, Armando Reverón y Dalí. Hay fotografías de estos tres personajes que disfruto mucho, cada uno con su estilo de vida, ingenio y personalidad. Otra más: Sofía Loren, imagínate que nervios fotografiar esa belleza de mujer. Vamos a dejarlo hasta aquí con la lista de famosos porque no termino (risas).

En la Plaza Altamira una de las tomas del proyecto “A falta de playa”.

-Me encantan tus series “Qué quisieras”, “Deseos cumplidos” y “A falta de playa”. Háblame de cómo fuiste encontrando esas historias y las anécdotas de las fotos.

-Las primeras fotos de la serie “Qué quisieras” se las hice a vecinos y personajes cercanos. En ese momento estábamos en cuarentena estricta y en una crisis grave de gasolina en Caracas. Así que tenía que resolver caminando con personas allegadas. Luego, a medida que el proyecto fue creciendo (para mi sorpresa), comencé a recibir mensajes por Instagram de personas desconocidas que tenían un deseo y querían ser retratadas. Fue así como me escribieron por ejemplo desde La Vega, Baruta, José Félix Ribas y otras zonas de Caracas. Me encantó ese deseo de ser escuchados y me honró poder retratarlos.

Después de la serie “Qué quisieras”, vino el proyecto “A falta de playa” que disfruté muchísimo. Recreamos situaciones playeras en lugares icónicos de Caracas como la Plaza Altamira, el Mirador de Valle Arriba, la Plaza Las Tres Gracias, la Esfera de Soto, la Avenida Francisco de Miranda, Los Palos Grandes y la Plaza Caracas. La producción fue una logística, en varias situaciones nos llegaron la policía y otras autoridades. En medio de esta anarquía, la gente hace lo que le da la gana, pero para tomar una foto necesitas un permiso. Al final, todo fluyó sin inconvenientes, y el resultado lo disfruté mucho.

-¿Qué te ha enseñado la pandemia?

-Lo vulnerable que somos y la importancia de valores como la paciencia.

-¿Qué significa Venezuela para Diego Vallenilla Zubillaga?

-El país de mis recuerdos más felices, el de mis afectos y tradiciones. El país que me atormenta con la idea de lo que pudimos haber sido. El del conflicto “me quedo/me voy”. El país de la nostalgia. El que más quiero. El país donde quisiera seguir viviendo para reencontrarnos todos en la feliz tarea de la reconstrucción.

“Para mí la foto perfecta es aquella que impacta a primera vista, la que mueve sentimientos”.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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