En la aldea
18 mayo 2024

Beatriz Becerra, fue eurodiputada (2014-2019) y desde el 2 de julio de 2020 es DG en el Ayuntamiento de Málaga.

Beatriz Becerra es venezolana y no lo sabe

Escribió, y ha tenido éxito de ventas, una especie de manual titulado “Eres liberal y no lo sabes”. Más que una consecuente motivadora del pensamiento liberal, es su activismo a favor de Venezuela lo que la distingue; tal vez mayor que su amor por Málaga, donde ahora reside y trabaja, es su sentimiento hacia la causa de la oposición democrática en una tierra que jamás ha pisado. Para Beatriz Becerra, «el caso» es algo tan, pero tan objetivamente defendible, que no hay nadie que pueda oponérsele.

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Sebastián de la Nuez | 23 febrero 2021

La buena noticia que ve Beatriz Becerra Basterrechea -Madrid, 1966- en el horizonte venezolano es que los casos de lesa humanidad no prescriben. Centra su optimismo moderado en la designación del nuevo fiscal de la Corte Penal Internacional, el británico Karim Khan. Becerra fue eurodiputada (2014-2019) dentro del grupo de los liberales, primero en representación del partido Unión, Progreso y Democracia (UPyD) y luego, a partir de 2016, como independiente. Nadie como ella -absolutamente nadie, excepto Bertín Osborne, pero este desde un ámbito muy diferente- ha mostrado públicamente en España esta empatía sin fisuras, una camaradería sin recovecos con los venezolanos que sufren dentro y fuera.

Nunca ha entrado a Venezuela, solo estuvo en la frontera tras aprobarse la primera ayuda humanitaria. «No me han dejado», dice a través de la línea telefónica desde Málaga, ciudad que para ella es la mejor del mundo. Desde el 2 de julio de 2020 es directora general de Participación Ciudadana, Migración, Acción Exterior, Cooperación al Desarrollo, Transparencia y Buen Gobierno de su Ayuntamiento. Es un puesto de variadas responsabilidades, como se colige por el rosario que es su título; se lo ganó tras un proceso de concurrencia competitiva. Está entusiasmada con su cargo; además, deseaba instalarse en Málaga pues tiene casa allí y es la ciudad de sus sueños. Trabaja con un caballero cuya principal ventaja es que no parece pertenecer al PP, el alcalde Francisco de la Torre Prados (el Partido Popular viene en picada en España, tras la llamada Trama Gürtel y el desastroso liderazgo del jovenzuelo Pablo Casado).

“¿Cómo contrarrestar esa sensación, que yo creo que es la que hay ahora, de naufragio, cuando ya no hay Asamblea en manos de la oposición? Ante eso, la única roca posible de la cual asirse es la Corte en La Haya”

Beatriz Becerra

Hay un detalle inédito acerca de Beatriz Becerra: va camino de convertirse en una autoridad en un temazo que debe de interesar, en especial, a los venezolanos. El programa de doctorado que sigue por la Universidad Autónoma de Madrid se llama Derecho, Gobierno y Políticas Públicas. Específicamente, Becerra investiga en su tesis cómo es que la desinformación se ha convertido en un elemento disruptivo de la agenda política europea. Y cuando se habla de desinformación no se trata solo de difundir fake news.

-Es una cuestión que yo, desde su origen, trabajé en el Parlamento Europeo. Estuve en el grupo de expertos que se creó previo al Plan de Desinformación que se aprobó en 2018. Es algo que me parece importantísimo.

En efecto, desde las más altas esferas legislativas europeas se estudia la desinformación como herramienta de destrucción del debate público democrático. Enfoca la cuestión rusa, pues se ha comprobado que las grandes acciones desinformativas se han originado en 80% desde Moscú. Eso forma parte de un concepto, el de la guerra híbrida. En su trabajo de tesis dentro del doctorado que cursa, Becerra toma el periodo que va desde el Brexit, conecta con la elección de Donald Trump y desemboca en las elecciones europeas de 2019.

-No es cuestión de campañas puntuales -dice-, es una verdadera arma de destrucción de la democracia que apunta a las elecciones, donde, lógicamente, puede haber un impacto mayor. Incluso durante la elección de Emmanuel Macron en Francia (2017), hubo intentos que no cuajaron. Sin embargo, hay constancia: se apuntaba de una manera muy armada, muy estructurada, a las elecciones europeas como el gran núcleo en el cual impactar.

“Beatriz Becerra fue quien inició el proceso de la candidatura del Premio Sájarov para la oposición democrática venezolana, en 2017”

-Entonces, ¿piensa que en Rusia la desinformación es una política de Estado?

-Sí, claro, es una estrategia adoptada como parte de su política integral, interior y exterior. La ocupación de Crimea, y todo el entorno relacionado con Ucrania, fue lo que probablemente sirvió para evidenciar que es una de las formas más perversas para buscar sus objetivos. Hacia afuera y hacia adentro.

¿No es este un hilo que deberían seguir los comunicólogos en Venezuela?, ¿qué artes y mañas de regímenes que amparan al gobierno madurista se han adoptado en Venezuela?, ¿no es un buen tema el de la desinformación?, ¿de qué está hecha cada intervención pública de Jorge Rodríguez, por ejemplo, cada tuit que echa a las redes como una deposición mal digerida?

-¿Cuál es el origen de su sensibilidad ante la tragedia venezolana?

-Entré en contacto con ese tema dentro del entorno de la campaña que me llevó al Parlamento Europeo en 2014. Me sumergí directamente en cuanto comencé a ejercer como eurodiputada.

Ese año 2014 fue clave. Vio en el conflicto venezolano la encarnación de las grandes amenazas de toda democracia. Antes de eso, no había tenido una relación con Venezuela más allá de la que cualquier español puede tener con un país hermano. Descubrió, entonces, que todas las grandes amenazas las reunía este caso: Las libertades constreñidas, la profunda recesión política y la crisis humanitaria gravitando por encima de todo. En el grupo liberal del que Becerra hacía parte en el Parlamente Europeo existía una gran sensibilización sobre el tema, pero vio que, de alguna manera, había que enfocar esa cuestión tan emblemática de una manera muy pragmática. Venezuela no podía estar en la agenda de una manera meramente simbólica, a fin de cuentas ella tenía algo muy claro: Se trata de un problema europeo y así debe ser enfocado. ¿Por qué? Pues porque, por un lado, están los ciudadanos europeos que son víctimas de esa situación («los propios presos políticos, que ya yo empecé a conocer y con quienes empecé a relacionarme»), sino porque había pruebas de la vulneración integral de los Derechos Humanos: El Parlamento sabía de eso y, por lo tanto, debía pronunciarse, mostrar una posición permanente y sólida al respecto.

“Es un premio a la Libertad de Conciencia (…) Cuando das ese premio, los ciudadanos quedan comprometidos a acompañar esa causa, siempre”

Beatriz Becerra sobre el Premio Sájarov

Esto fue clave al menos durante los cinco años que Becerra estuvo en Bruselas: a través de una permanente búsqueda de consensos con los grandes grupos parlamentarios, y mantener la constancia. «Creo que eso era fundamental y se demostró porque, después de esos cinco años, no ha habido ningún otro tema sobre el que hubiese tantas resoluciones de urgencia, mociones, etcétera. En ningún otro hubo tanta optimización de las herramientas parlamentarias disponibles como en el caso de Venezuela».

Misiones no pudieron hacerse, se lamenta: a los parlamentarios se les impidió entrar a Venezuela a pesar de estar aprobadas las misiones oficiales; fue un impedimento del gobierno venezolano. Solo llegaron a la frontera con el Táchira.

Por otra parte, Becerra fue quien inició el proceso de la candidatura del Premio Sájarov para la oposición democrática venezolana, en 2017.

-¿Cómo se logró eso?

-Son procesos siempre complicados; pero no solo se logró que esa candidatura tuviera la visibilidad adecuada, visibilidad mediática y personal de los propios involucrados, que es importante, sino que sirvió para dejar constancia de que los ciudadanos europeos respaldan a Venezuela. Porque el único lugar donde están representados todos los ciudadanos europeos es en ese Parlamento. Es un premio a la Libertad de Conciencia [así se le llama oficialmente], el Sájarov. Y es un compromiso de por vida. Cuando das ese premio, los ciudadanos quedan comprometidos a acompañar esa causa, siempre.

“Desde las más altas esferas legislativas europeas se estudia la desinformación como herramienta de destrucción del debate público democrático”

-Esa constancia del Parlamento Europeo, ¿cree que se mantiene actualmente?

-Las circunstancias han cambiado, no es lo mismo respecto al primer mandato como presidente interino de Juan Guaidó: eso fue un cambio que, a su vez, cambió a las personas y el conocimiento adquirido, me parece que ahora no hay ese conocimiento bien asentado, esa experticia sobre lo que se había hecho, cómo y por qué y para conseguir qué cosas… se ha notado. Lo que he visto es, entonces, unas posiciones formales de apoyo no superficiales pero sí llevadas más por un sesgo ideológico que por sustancia. Hay cosas que se podían haber hecho y no se han hecho. En el periodo de este Parlamento que se puso en marcha en el verano de 2019, han ocurrido muchas cosas. En ese año de la presidencia interina de Guaidó pasaron cosas para pronunciarse. En el inicio de 2020, en todo lo que pasó con la ocupación del Parlamento [Asamblea Nacional], esa gira del presidente Guaidó por el mundo, lo que supuso en España: todo eso debía haber dado resultados tangibles.

-¿No los hubo?

-Lo que ha habido es un mantenimiento casi vegetativo de ese Grupo Internacional de Contacto [integrado por representantes de países europeos y latinoamericanos], que el propio Parlamento ha debido hacerlo desaparecer por el simple rigor del por qué se creó, para qué y con qué bases; y haber retomado las riendas que ya tenía. Pero se ha juntado todo. Se ha juntado también la Operación Gedeón y la pandemia ha terminado por desmoronarlo todo… pues, hoy por hoy, es todo muy simbólico. Habrá que esperar.

-¿Cree que si un grupo de periodistas hiciera una documentación de las violaciones del Derecho a la Libertad de Expresión que se han producido durante los regímenes chavista y madurista y los llevara al Parlamento Europeo, ¿eso serviría de algo?

-No lo creo. Ahora mismo el único campo de batalla que se abre es la Corte Penal Internacional (CPI). Uno de los logros en que estuve involucrada fue el de estar perfectamente alineados, desde el Parlamento Europeo, con la Corte. Ahí es donde reside lo único que de verdad, hoy por hoy, es un objetivo tangible y posible. Creo que una de las mejores noticias de los últimos meses es la renovación del fiscal de la Corte, y que sea quien es [el británico Karim Khan]. En fin, esa candidatura forzada por España [Carlos Castresana, quien hace años ayudó en el proceso contra Pinochet], a instancias del expresidente Zapatero y del juez Garzón, podría haber sido un desastre. Esto no significa que el nuevo fiscal lo vaya a tener fácil, pero no hay actualmente en su mesa un caso más candente y pendiente de un fallo que el de Venezuela. Porque está armado y fundamentado. La fiscal Fatou Bensouda, con toda su calma, ha seguido los pasos formales, ha acabado la fase previa y ahora es cuando tiene que confirmarse que pasa a preliminares en la Corte. Es el primero con el apoyo de seis firmantes del Estatuto de Roma más el apoyo expreso no firmado creo que de tres países europeos más.

“Se ha comprobado que las grandes acciones desinformativas se han originado en 80% desde Moscú. Eso forma parte de un concepto, el de la guerra híbrida”

Ese es el objetivo, para ella, porque los casos de lesa humanidad no prescriben, y si estuviera hoy en el Parlamento, todo lo enfocaría sobre el caso en la Corte.

-Pero, ¿qué puede hacer el Parlamento ahora respecto a la CPI? Lo más que puede hacer es un exhorto, ¿no?

-Claro. Pero ahora mismo, si yo estuviera allí, no hubiera dejado pasar la ocasión de hacer una carta firmada por los diputados apoyando o reafirmando el alineamiento del Parlamento con la justicia internacional y la Corte Penal, dando la bienvenida al nuevo fiscal, quien, además, se ha destacado en su cargo como jefe del Equipo de Investigaciones de las Naciones Unidas para que rindan cuenta los crímenes del grupo terrorista Daesh por los crímenes contra la minoría religiosa yazidí en Irak. Esa lucha fue la razón por la cual el Parlamento Europeo otorgó en 2016 el Premio Sájarov a Nadia Murad, superviviente del cautiverio en manos del Estado Islámico. Para eso está el Parlamento, para marcar la agenda.

Lo que no está en la agenda, no existe. Insiste en que debe mantenerse vivo el fuego.

-Si tú trabajas desde Derechos Humanos o desde Eurolat [Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana], tienes un margen increíble. Se trata de mantener vivo el fuego, repito, hay que alimentarlo con leña buena. Es decir, no tienes que inventarte nada, no es cuestión de crear una película, no, se trata de mantener y mantener y mantener, con rigor y mucha persistencia, el caso. Porque estamos en un mundo donde se solapan y se acumulan informaciones, noticias, ruido,… pero la única manera es estar seguros. Aportando lo que haya de novedad, pero siempre apuntando al mismo objetivo. Es algo tan, pero tan objetivamente defendible, que no hay nadie que se pueda oponer.

-¿Qué pueden hacer los periodistas para ejercer más presión sobre Bruselas, Estrasburgo, La Haya, para que se difunda más el caso venezolano en Europa?

-Pues lo que te he dicho. Es un tema interesantísimo. Insistiría en dar argumentos. La elección del fiscal de la CPI era un punto periodístico importante. Ese caso, el de un candidato promovido por Zapatero y Garzón, que dice que lo que él haría como fiscal es algo así como calmar los ánimos, como quien dice que no estará allá para hacer justicia, sino para otra cosa… Lo que pasa es que la gente está en la pandemia, en el día a día, pero el asunto de Venezuela es muy bueno. A nivel europeo, ¿cómo contrarrestar esa sensación, que yo creo que es la que hay ahora, de naufragio, cuando ya no hay Asamblea en manos de la oposición? Ante eso, la única roca posible de la cual asirse es la Corte en La Haya.

@sdelanuez
www.hableconmigo.com

*La fotografía es cortesía de Beatriz Becerra, y fue dada por el autor Sebastián de la Nuez al editor de La Gran Aldea.

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