EN LA ALDEA

24 febrero 2024

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Las narrativas sobre Alex Saab

Venezuela, lo han dicho especialistas en comunicología, es un verdadero laboratorio de la manipulación mediática: El argentino Silvio Waisbord, director de la Escuela de Medios y Asuntos Públicos de la Universidad George Washington, acaba de hablar sobre cómo se ha creado desde Venezuela una forma sofisticada de entender la comunicación y el poder para asfixiar a la ciudadanía; denuncia que el Estado «es un laboratorio de desinformación en colaboración con poderes internacionales que, además de controlar lo que se dice a través del mundo digital, mantiene un entramado de poder sobre los medios».

En lo particular, me gustaría saber cómo reaccionarían Facebook y Twitter si se produjese un fuerte clamor internacional para reducir, censurar o eliminar cuentas relacionadas con el chavismo. El Estado madurista comete, entre otras, las siguientes agresiones contra los medios digitales y/o en papel, y contra los profesionales que ejercen el oficio: Ataque verbal por parte de operadores políticos, a través de los medios propios del Estado; agresiones de sujetos pertenecientes (o no) a colectivos financiados con medios públicos a periodistas y camarógrafos, incluyendo robo o destrucción de sus herramientas de trabajo; restricciones de acceso a Internet, hackeo de cuentas en redes sociales, páginas web, etc., administradas por la oposición o por civiles que el gobierno madurista considera enemigos; restricciones o anulación total del derecho a la información; diversos tipos de abusos contra personas y empresas u organizaciones de la sociedad civil por parte de entidades estatales (el caso de Conatel y cualquiera de sus decisiones es sintomático); procedimientos judiciales amañados contra medios y profesionales, detenciones arbitrarias, discursos estigmatizantes, desarrollo y aprobación de marcos jurídicos que significan, en la práctica, amenazas contra la libertad de expresión. Las desapariciones forzosas y/o secuestros a representantes de los medios o personas influyentes en la opinión pública también constituyen una política de Estado.

“Hay que visibilizar a las víctimas de Alex Saab. Sería un buen punto para unir a las oposiciones dispersas”

Ese prontuario, que no cesa, que no disminuye en el tiempo sino que se mantiene constante o se acrecienta, constituye, en sí mismo, la narrativa de un régimen que no se combate en sus mismos términos. La sociedad civil organizada, las universidades, las ONG o los líderes con talante democrático desde sus diferentes campos no pueden contrarrestar esta política que cada día se aherroja más, es decir, se endurece y se hace fuerte gracias al asesoramiento y a las herramientas que dan países amigos de la dictadura, principalmente la Rusia de Putin y la Cuba de los castristas, que parece ser la única Cuba posible.

Es una guerra. Es inevitable ver la situación como una guerra civil absolutamente desigual en la que un grupo tiene las armas y maneja la economía y las instituciones (o lo que queda de ellas) mientras el país que se le opone, el resto de millones y millones, pueblo en sus diversos estratos, permanece inerme: todo el tiempo es la víctima.

Es guerra, solo que es practicada por un solo bando, el que odia al resto. La élite clavada al poder ejerce el odio, sin contemplaciones, hacia el resto de la nación. Hay odio y voluntad de torcerle el brazo hasta arrodillarla, a la nación, mediante violencia, extorsión, chantaje y manipulación perversa de la verdad.

“El periodismo es hoy más necesario que nunca (…) El oficio debe ganarle la partida a la esquizofrenia de las redes sociales”

El caso Alex Saab viene a confirmar eso, el madurismo trabaja cada día para que las cosas parezcan distintas a lo que en realidad son. Una cadena de hechos y circunstancias rodea el caso del delincuente que habla árabe (eso parece haber sido un punto a su favor a la hora de hacer amigos poderosos en Venezuela),  ex comerciante de toallas en Miami. Su socio, cuyo alias es Álvaro Pulido (su nombre verdadero es Germán Enrique Rubio Salas), tiene condena por narcotráfico en Italia y fue jefe narco en Bogotá. Saab, a partir de 2011, utilizó a la ex senadora colombiana Piedad Córdova, gran amiga del chavismo, para echar sus lazos mayores en Caracas. Entonces comenzó su ascenso a las alturas de la riqueza fácil.

El prontuario delictivo de Pulido, o Rubio, ha sido reconocido, incluso, según el periodista Gerardo Reyes, por el propio abogado de Saab. Saab se hizo millonario no gracias al narcotráfico sino al sistema de triangulación para comerciar productos para las cajas CLAP.

Es un truhán, de eso no hay la menor duda. Lavado de dinero. Transacciones ficticias. La empresa Trenaco. ¿No hay suficientes elementos para condenarlo? Hay cosas que no necesitan narrativas ni coaching para ser entendidas. Es un criminal, sin mayores monsergas. La oposición venezolana debe actuar con unidad de criterio y de acción para difundir esa verdad. Las guerras ya no se dan -mayormente- en los campos de batalla sino en los medios, en las redes, en la opinión pública internacional. Ni rodeos ni miramientos. Ahora hay narrativas de cualquier tipo. Pues bien: La narrativa de la oposición debe afincarse en el carácter criminal de este sujeto hasta que sea debidamente juzgado y cante mejor que Pavarotti.

El periodismo es hoy más necesario que nunca. El periodismo responsable, no el que da informaciones de entrega de extradición y luego debe desdecirse. El oficio debe ganarle la partida a la esquizofrenia de las redes sociales, donde se dice cualquier cosa acerca de los eventos más disímiles todo el tiempo, sin jerarquización ni criterio y donde solo priva la arbitrariedad alocada de cada dedo sobre un artilugio universal.

El periodismo no es arbitrario, si está hecho con rigor. Apunta donde debe de apuntar, si es ético. El periodismo con rigor y con ética dice que Alex Saab es un criminal. ¿Qué pasa que la oposición no aprovecha esta circunstancia y hace que el mundo entero se entere de esa verdad? Hay que visibilizar a las víctimas de Saab, que son los venezolanos que sufren, pasan hambre y son coaccionados a través de las cajas CLAP.

El periodismo puede ser el apoyo de una campaña que vaya en la dirección correcta de la Historia. Esto es una guerra, la ha decretado el chavismo desde hace veinte años. Hay que responder por todos los medios tecnológicos posibles, pero sobre todo con la voluntad de quienes tienen capacidad de convocatoria y difusión. Saab es un asesino al servicio de Nicolás Maduro. ¿Así o más claro?

Hay que visibilizar a las víctimas de Alex Saab. Sería un buen punto para unir a las oposiciones dispersas.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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