En la aldea
18 junio 2024

“Cada creador de contenido que logre conseguir su nicho se mantendrá activo”.

Manuel Silva:

“Los comediantes vivimos de ser nosotros”

Hace humor desde Venezuela. Como locutor y comediante se ha sabido ganar la confianza de los anunciantes y las risas de quienes lo siguen. Una voz fresca y cercana que sabe diferenciar lo que da risa y el compromiso de hacer reír. “Trato de ser respetuoso, pero hay momentos para decir tremenduras”. Manuel Silva, “mi lugar natural es la radio, lo auditivo, los podcast”.

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Oscar Medina | 29 marzo 2021

Una de las tareas detestables que impone el periodismo es transcribir las grabaciones de entrevistas. A veces terminas por odiarlo todo y a todos. Algunos afortunados pagan para evitarse esas horas de tormento y prolongan sus conversaciones sin temor al castigo: otro expiará las culpas a cambio de unas monedas.

También pasan cosas como estas: Escuchar al locutor y comediante Manuel Silva exponer la confrontación que ocurre en su mente entre la piedad por los animales y su glotonería, entre el idealismo de querer salvar a los cerdos de su destino y la belleza de un festín de embutidos y cochino frito. Y reír todas las veces que toca hacer play y rewind. Ojalá ustedes pudieran escuchar la grabación, pero eso no va a suceder. Por el bien de todos. Por el bien de la fauna.

-¿Sabías que si uno googlea tu nombre el destacado de Wikipedia que aparece es de Jesús Manuel Silva, el candidato a rector de la UCV al que acaban de meter preso por violencia contra su ex esposa?

-También sé que aparece un peruano que es cantautor y otro venezolano que es Joan Manuel Silva. Pero yo no. No soy tan famoso como para aparecer en Wikipedia. Es un pendiente de mi vida… Espero no morirme antes.

-Pero tienes que llenar ese vacío. Además, uno mismo puede hacerse su perfil de Wikipedia. No dices que fuiste tú, se lo encargas a alguien.

-(Ja, ja, ja,…) ¿Estás seguro de que eso se puede hacer?

-Hay unos perfiles que ves ahí de gente a la que alaban tanto que llegas a esa conclusión: esto fue un encargo.

-Claro. Es que debe haber empresas que ofrecen esos servicios, pero no creo que cualquier particular se sabe las mañas porque hay como unos defensores de Wikipedia, no sé bien cómo funciona, pero son unas personas que están atentas a que a nadie se le ocurra poner alguna barbaridad que diga que hay un BTS gordo o algo así.

-Sé que lo vas a averiguar: eso quedó ya en tu cabeza.

-Lo lograste. Me hiciste sentir mal. Tengo que tener mi perfil de Wikipedia.

-Hay algo que llama la atención cuando uno mira tú historia pública: Varios de tus amigos, compañeros de comedia, se han metido en problemas -unos más importantes que otros- por cosas que han dicho, por chistes o por comentarios. Pero tú no. Aunque lo hayas tenido cerca alguna vez, siempre estás como al margen de eso. ¿Es algo que evitas a propósito, de lo que te cuidas de forma consciente?

-Sí me cuido. Y a veces me autocastigo pensando que me cuido de más. En la comedia, si piensas mucho en eso dejas de generar cierto tipo de contenido. La comedia en parte se basa en estar en ese borde y en saber estar en el borde. No me quiero auto halagar pero capaz he medio bailado bien en el borde. Parte de mi negocio es que trabajo con marcas importantes y se ha basado en eso. Cuando estás rodeado de marcas grandes, ellos no te lo exigen pero tú sabes que tienes que ser un tipo poco problemático en ese sentido para que el negocio funcione. En un año tan complicado tener ahorita la oportunidad de decir que trabajas con cinco o seis marcas grandes, amerita que seas cuidadoso. Además yo soy moderado de nacimiento, por enseñanzas de mis padres y después el trabajo, obviamente, me lleva para allá. Pero, a veces me autocastigo porque puede ser que esté siendo demasiado cuidadoso y eso te puede frenar la libertad creativa. Ojo, y cuando estoy fuera de lo público puedo ser peor que todos mis amigos del grupete, Led Varela, José Rafael Guzmán,…

“Creo que el comediante que no dice tremenduras está mal encaminado”.

-¿Cuál es el tema espinoso sobre el que te gustaría poder hacer chistes públicamente y con libertad?

-Creo que terminó ya estando fuera de moda porque igualito la gente entiende que no se puede ni hablar de eso, pero es el humor político. La gente está bastante cansada del humor político y yo mismo también. Pero estamos cansados porque quienes estamos en Venezuela no podemos hacerlo. Y es un no podemos, no porque haya alguien que te diga que no lo hagas, es que sabes que no puedes hacerlo porque lo que puede venir después es terrible. Y tenemos muchos ejemplos de gente que la ha pasado mal simplemente por hablar, por hacer un chiste o un comentario. La verdad no sé si quisiera eso tanto; es decir, lo que desearía es tener la libertad de poder hablar de lo que a uno le dé la gana, pero creo que hay otros temas que ahora son un problema: hoy hasta decir la palabra “gordo” puede ser un inconveniente. A ese nivel estamos. ¿Y qué hago si el tipo es gordo? Si yo quiero hablar del gordo de Son by Four, todo el mundo sabe quién es el gordo de Son by Four. Y el tipo sabe que él es el gordo de Son by Four, créanme porque yo como gordo lo digo. Y cuando se opere o si adelgaza, va a ser “el carajo que era el gordo de Son by Four”. Pero estructurar algún chiste -aunque no sé por qué lo puse a él como ejemplo- a partir de usar ese tipo de expresiones puede ser un problema y la gente no tiene la suficiente empatía como para darse cuenta de que si lo digo así no es que lo quiera minimizar. De hecho, yo como gordo no pienso que alguien sea menos por el tamaño de su barriga. Pero creo que estamos en este momento de falta de empatía y en el que debemos abrir mucho los ojos en algunos temas importantes. Estamos en un mal momento. Espero que las aguas se calmen y se pueda hablar de muchos más temas. Y que las cosas cambien y se pueda hablar de política en nuestro país.

-Las consecuencias de hablar de política las conocemos. Si uno dice que está viviendo en una dictadura tiene que hacerse cargo de eso y actuar en consecuencia. Pero luego está esto, como el ejemplo del “gordo”: debería llegar un punto en el que dices “no me importa, siempre se va a molestar alguien, pero yo tengo que seguir adelante”.

-Por ser año de pandemia y por muchas circunstancias personales ha sido el lugar donde he tenido menos exposición y es de los que más disfruto, que es hacer stand-up. Cuando hago rutinas de stand-up no me limito. Los temas que no toco son pocos, trato de ser respetuoso con las religiones y otros asuntos que pueden ser súper delicados, pero de resto, hablar de cosas como “el gordo” lo digo con todo, como debe ser. Porque las personas que pagan una entrada para ver el show tienen algún tipo de referencia y entienden qué es lo que uno hace. Y si alguien va equivocado, bueno, ya me conoció, pues. Trato de ser respetuoso, pero hay momentos para decir tremenduras. Creo que el comediante que no dice tremenduras está mal encaminado. Me gusta la palabra “tremendura”, no son ofensas, son tremenduras.

-Cuando estás en una reunión, una fiesta, ¿llegas a sentir algún tipo de presión o de expectativa de la gente de que tienes que ser el chistoso de la velada?

-No, eso ya está superado. En algún momento sí pasó, pero ya no. Cero. Pero igualito termino yo echando vaina. Me pasa mucho en las fiestas que termino haciendo comentarios, bailando sobre una mesa… Es parte de mi forma de ser. Pero no siento presión.

-Las imitaciones que haces, ¿son producto de la casualidad o te esfuerzas en lograrlas?

-Pasan por accidente. Pasa porque lo intento y me doy cuenta de que está cerca. Es un área en la que como sé que hay gente tan buena, de verdad no me fajo porque siento que no soy de los mejores. Y lo digo con total sinceridad. Y tengo algunas que sí sé que son muy buenas, que están A1, como la de Henry Ramos Allup. Pero también esas imitaciones siento que ya no tengo mucho chance de usarlas porque ninguno de los personajes está activo. Por ahí anda Carlos Ocariz haciendo como unos paseos por Los Teques, Ramos Allup uno ya no sabe en qué anda.

-A lo mejor si empiezas a hacerlas otra vez, los revives.

-Y se reactivan, sí… Pero volviendo a la pregunta, nacen por accidente. De hecho, soy mejor imitando a personas a las que nadie conoce. De repente al portero del edificio o a un señor andino que cortaba el pelo y me ofreció hasta machetazos por andar imitándolo. Lo imitaba tan bien que en un trabajo donde estaba me pusieron a imitarlo y él escuchó la cosa y me dijo (acento gocho) “no quiero que me vuelva a joder o le voy a caer a machetazos”. Así, claro y raspao.

-¿Hay alguna imitación en la que estés empeñado en lograr en estos días?

-Me gustaría lograr la voz de Diosdado Cabello. Me encantaría tener la imitación perfecta para poder hacer algo: quisiera usar la voz para decir todo lo contrario a lo que se espera escuchar de él. Por ejemplo (voz de Diosdado) “me encanta ver Frozen, compañero. ¿Ah? Yo a veces pongo y pongo Frozen y juego a que soy Elsa y letitgooo…”. O “¿quién se comió mis gomitas rojas, ah? Saben que me gustan las rojas y me van a comer mis gomitas. Chico es que son unos pasaos…”. Algo así, pero que quedara perfecta la voz. Yo he gozado porque le he pedido a David Comedia, que es el mejor imitador de Diosdado, que diga un montón de cosas. Puedo pasar todo el día en eso: “Di que está molesto porque le tomaron el Fit9 que compró porque es fan de Sascha…”. Es maravilloso. Y fíjate que no son chistes pesados, son tonterías.

-¿Dónde te sientes más cómodo, en la radio, en YouTube o haciendo stand-up?

-En la radio. Generar imágenes mediante la voz, es lo mejor para mí. Y es el lugar donde comenzó todo. En 2001-2002 en la UCV, en la Red Interna de Sonido, comencé en la radio y son muchos años haciéndolo, entonces es el lugar natural. Ahora, el tema de la televisión o YouTube, las imágenes, tiene un montón de posibilidades maravillosas y me encanta. Y obviamente el stand-up tiene algo que no tiene nada más, que es la reacción inmediata del público, la improvisación frente a algún comentario o a una señora que se ahogó de la risa y tú decir “sáquenle eso de la boca” y a partir de ahí generar un chiste con ese chinazo… Todos tienen sus momentos maravillosos, pero mi lugar natural es la radio, lo auditivo, los podcast.

-¿No hay demasiados podcasts ya?, ¿o nunca son demasiados?

-Eso nunca va a pasar porque todo el mundo tiene la posibilidad de hacer uno. La cosa es, quiénes siguen, ¿no? Estamos en el momento de ebullición y seguirá así por un tiempo y después habrá gente que seguirá y otros que no. Ahorita pueden parecer muchos, pero así será el nuevo mundo.

-Como cuando todos hacían cupcakes, después todos eran DJs… ahora todos tienen un podcast.

-Exactamente, pero siempre estarán los que resalten y esos se mantendrán. Y los que lo hagan mejor y los que busquen profesionalizarse y se dediquen. Todo el mundo tiene chance, pero hay que trabajarlo. El que se dedique más, el que se esfuerce y el que tenga también esa magia de nacimiento, a ese le irá mejor. Y muchos no dejarán de hacerlo porque cuando logras convencer, de repente, a 500 personas -que no es algo demencial- de que por tu trabajo y por tu buen contenido te den 5 dólares mensuales en cualquier plataforma de apoyo, terminas haciendo 2.500 dólares, que en cualquier parte del mundo es mucho más de un sueldo mínimo. Eso para una persona en España, le da sobrado. Lo que te quiero decir es que cada creador de contenido que logre conseguir su nicho se mantendrá activo. Capaz que lo que vamos a tener es eso: un futuro donde no vamos a ver a ese Gilberto Correa que lo conocen de punta a punta en Venezuela, pero sí a personalidades que puede que tengan una masa de 10 mil personas y les vaya maravillosamente bien.

-Si te metes en esto no queda otra: tienes que encontrar tu espacio en un mercado muy competido.

-Sí, pero es interesante porque uno pensaría que necesitas mucha gente y fíjate, con 500 personas que apoyen el trabajo de alguien, ya ese creador de contenido puede mantenerse.

“El que se dedique más, el que se esfuerce y el que tenga también esa magia de nacimiento, a ese le irá mejor”.

-¿Qué consejo le darías a alguien que comienza una relación con una persona que se dedica a la comedia?

-Que entienda que somos picadísimos. La mayoría. Pero muy picados. En general todas las personas que trabajan en medios tienen que ser muy seguras frente a la cámara o al micrófono y en los espectáculos, pero no necesariamente son así en la vida personal. Hay muchas inseguridades. Y creo que todo se resume en lo siguiente: En el mundo del entretenimiento hay muchos casos de personas que cuando las conoces te das cuenta de que son diferentes a cómo se presentan en las redes, por ejemplo. Los comediantes, por el contrario, vivimos de ser nosotros. Sobre todo los que hacemos stand-up.

-Con ustedes ocurre que la gente en general piensa que les pueden decir cualquier cosa porque se sienten como en confianza…

-Me ha pasado. Y creen que uno tiene que valorar que ellos están siendo sinceros. Una vez un tipo en un restaurante me empezó a hacer señas como de “ven acá”. Yo le hice señas de “ven acá tú”. ¿Por qué crees que yo tengo que pararme e ir hasta allá donde tú estás sentado? Y el tipo se acerca y me dice “te acabo de ver, de verdad muy bueno”. Y le digo: Gracias, gracias. Y me suelta: “A mí ustedes me parecían unos güevones todos, todos los del grupo de Chataing, de verdad que sí. Pero te acabo de ver y buenísimo”. Ah, mira, qué bien este piropo envenenado. Otros te empiezan a hablar mal de una persona con la que tú compartes y tú vas pensando “¿por qué quieres decirme que te cae mal alguien con quien yo he trabajado? No entiendo… Pónganse a hacer sus bromas muchachos, pónganse a hacer ejercicios para estar rayados… O a hacer cupcakes.

-Hablemos de los perros… Los buenos perros. ¿Eres un amante de los animales o tu perro Balto ha sido un accidente feliz en tu vida?

-Cuando yo era un niñito había un folleto, que no sé por qué llegó a mi casa, con 200 razas de perros. Yo me quedaba, acostado en la noche, viendo el catálogo de las razas y decía “hoy quiero tener este”. Siempre quise tener un perro y Balto es mi primer perro. Es familia. Tratamos de no humanizarlo al 100% porque eso puede ser hasta malo para los perros, pero es mi bebé consentido. Quisiera tener más perros, pero es complicado ahorita. En el futuro, con un Manuel más claro de muchas cosas, quizás con hijos ya, me veo fácilmente en un patio con cuatro o cinco perros. Como Schwarzenegger, que tiene un caballito y una llama y tiene como tres perros… así, igualito, de viejo. Me encantan los animales. Y tengo momentos rudos con algo que está bien reflexionar y es el tema de, por ejemplo, ver un cochinito y pensar que es cuchi y después recordar que me los como. Tengo ahí unos cortocircuitos tremendos… porque el cochino es una maravilla. Es una cosa increíble. Y para mí viene de una mata, porque si me imagino lo que le hacen… Ojalá tengamos un mundo donde por lo menos los cuidados a la hora de sacrificar a estos animales sean los más adecuados. Pero sí, me gustan demasiado los animales y tengo ese cortocircuito con la comida.

-Pero uno no puede comer pensando en eso.

-No, créeme que no lo hago.

-La reflexión te viene después de comer, haciendo la digestión…

-Y ni siquiera. Cuando estoy comiendo cochino estoy pensando en qué otro pedazo voy a pescar antes de que lo agarre otra gente. Coño, me provocó horrible… De verdad tengo que ver cómo logro arreglar ese cortocircuito, capaz disminuyendo la cantidad de consumo…

-Que tú reduzcas tu cantidad no va a salvar a ningún cochino: esos cochinos están muertos todos desde siempre.

-Yo sé que el cochino está sentenciado desde que nació. A menos de que sea un cochino de las Bahamas, que andan por ahí nadando, todos divinos y muy creídos… Tan creídos son esos cochinos que si los haces jamón serrano seguro saben horrible. Debe ser espantoso porque son muy creídos. No hay nada mejor que un cochino humilde.

-Criado sabiendo que va a morir pronto.

-Eso es poesía: La resignación del cochino también es parte de su sabor.

*Las fotografías fueron facilitadas por el autor, Oscar Medina, al editor de La Gran Aldea.

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