En la aldea
24 junio 2024

Dos entendimientos de las elecciones regionales

El caso del estado Miranda es proverbial, pero no aislado ni extraño. ¿Indolencia o ceguera inexplicables? Dejar pasar, ni antes ni ahora, es una virtud oportuna. Después de las elecciones regionales del 21N, es bueno puntualizar que: El 20% del registro electoral venezolano está en el extranjero. Antes de la elección la oposición apenas controlaba cerca de 30 alcaldías, y ahora se impuso con 117. Mientras, “la responsabilidad de las cabezas visibles de la MUD en la reciente derrota electoral, y la necesidad de buscar la manera de reemplazarlas o refrescarlas antes de que desaparezcan las posibilidades de enmienda que permitan mirar con mejores ojos el futuro”.

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Elías Pino Iturrieta | 28 noviembre 2021

Mi primera versión de las recientes elecciones parte de cómo se desarrollaron en el estado Miranda, lugar que habito y en cuya pugna por los votos tuve interés hasta el punto de involucrarme en actividades de propaganda. Por consiguiente, al comentario de hoy se agrega una presión subjetiva que puede distorsionar las conclusiones. De allí que empiece ahora por un acercamiento crítico a los comicios. Pero después, con el auxilio de unos días de distancia y debido a una primera apreciación del panorama nacional, tal vez pueda aproximarme a cierto equilibrio.

En Miranda se presenció una pugna escandalosa entre el candidato de la MUD y el candidato de un grupo de reciente data, llamado Fuerza Vecinal, que condujo a la victoria del oficialismo. Un espacio emblemático de los debates en los espacios públicos, un lugar que acoge a los medios de comunicación más atendidos del país y una referencia ineludible para el resto de la sociedad, fue teatro de una rivalidad de proporciones groseras entre dos facciones de la oposición que reflejó una carencia total de dirección política. Como si fuese aconsejable el azar, como si todo dependiera del juego de los vientos, como si el dejar pasar fuera virtud oportuna. Y, peor todavía, como si la falta de escrúpulos no provocara nauseas. Porque el rival de la MUD nació de una alianza comarcal sin otra plataforma que no fuesen los intereses lugareños, u otros de menor talla a los cuales poco a poco se les vieron las costuras, que los líderes de los partidos fundamentales de la oposición vieron crecer como quien ve llover desde el familiar zaguán para que no solo terminara poniéndolos en aprietos, sino también malogrando la posibilidad de una victoria accesible en    plaza estelar. Una inacción susceptible de particular examen, una indolencia o una ceguera inexplicables, debido a que los alzados contra la MUD, mientras dilapidaban fortunas en publicidad y eran curiosamente pichirres en sus críticas contra la dictadura, hicieron lo que les vino en gana hasta sentarse a ver cómo mantenía su sillón un enemigo jurado.

“Deberían esos líderes comenzar el tiempo de las rectificaciones firmes, en caso de que no quieran salir en volandas hacia el cementerio sin deudos ni lágrimas”

El caso de Miranda es proverbial, pero no aislado ni extraño. Desde tiempo atrás la dirigencia de los partidos de oposición no hizo mayor cosa ante el crecimiento de una plaga de alacranes que no solo fraguó una causa común con la dictadura, sino que también estorbó ahora la unificación de unas fuerzas que pudieron ganar las elecciones en tres o cuatro estados. No vio que eran distintos y peligrosos cuando los acogió en el nido, ni se preocupó cuando sintió que les crecían las aserradas tenazas, hasta el colmo de contemplar su despedida con la tranquilidad que se muestra cuando unos empleados díscolos y mediocres se marchan de la tienda a probar suerte en otros emprendimientos. Pero, así como les permitió la licencia de la traición y la piratería, no se ocupó la dirigencia de llenar su vacío con unos reemplazos dignos de atención por la calidad de sus antecedentes. Los dejó en la antesala, en espera de una oportunidad que debieron tener en las elecciones regionales, pero postergó sus aspiraciones o las apoyó con tibieza para que permanecieran en un inmerecido hombrillo. De todo lo cual se deduce, partiendo de los dislates que se han abocetado, la responsabilidad de las cabezas visibles de la MUD en la reciente derrota electoral, y la necesidad de buscar la manera de reemplazarlas o refrescarlas antes de que desaparezcan las posibilidades de enmienda que permitan mirar con mejores ojos el futuro. Solo que, para buscar la ecuanimidad antes de la degollina, también conviene detenerse en unos datos que deben moderar la decepción personal para ver cómo también hay evidencias que no aconsejan una defenestración colectiva de líderes.

Si quitamos la cortina que puede ser espesa y caprichosa para mirar con detenimiento el paisaje, topamos con testimonios que invitan a la contención. Voy con los que tengo a mano, y ustedes les dan importancia según les parezca: El 20% del registro electoral venezolano está en el extranjero, y en su mayoría es opositor; llenar esa falta implicaba lograr un 60% de participación en el país, tarea imposible desde todo punto de vista en las vísperas electorales por los antecedentes de apatía generalizada, por falta de tiempo y de apoyos materiales; la presión de la dictadura fue abrumadora en el área de la propaganda y en el uso de recursos públicos para fines partidistas, mientras las autoridades electorales se hacían de la vista gorda; la mayoría del PSUV votó contra el PSUV, o no atendió sus llamados, diferencia que aprovecharon los opositores para importantes triunfos locales; antes de la elección la oposición apenas controlaba 30 alcaldías, y ahora se impuso en 117; en breve tomarán posesión de sus cargos unos 3.000 concejales que adversarán a la dictadura; en la oposición se han establecido sectores que no quieren negociar con los líderes de la MUD, bajo ningún respecto, y que torpedearon intentos unitarios que pudieron conducir a resultados constructivos para la recuperación de la democracia. Faltan otras evidencias que saldrán del gabinete de los politólogos, los sociólogos y los periodistas acuciosos, pero las asomadas pueden facilitar un entendimiento equilibrado del trance.

Entendimiento en el que no pueden subestimarse las aberraciones señaladas al principio, pero que, a la vez, puede sonar en los salones de la MUD para que limpien lo que deban asear de sus designios, lo que deban destapar para librarse de una petulante sordera y para ofrecer puerta franca a quienes dejaron en segundo plano, o fuera de juego, en una mala racha de decisiones. También para valorar lo que cosecharon, que no fue poco en medio de una parcela cada vez más yerma. En suma, mientras el escribidor trata de convertir

 su malestar en agua tibia, deberían esos líderes comenzar el tiempo de las rectificaciones firmes, en caso de que no quieran salir en volandas hacia el cementerio sin deudos ni lágrimas. No solo pueden detener el cortejo fúnebre, sino también convertirlo en oxigeno. Se sorprenderán con el gentío que no los quiere contemplar en la tumba, pero que hoy necesita y desea que caminen sin su frágil andadera.

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