En la aldea
27 mayo 2024

Hoy les toca a ustedes

“Jamás imaginé que mis tres nietos a los que vi nacer, que se quedaban de pequeños a dormir en mi casa, a quienes apurruñaba, me los comía a besos, les hacía panquecas, les contaba cuentos y enseñaba canciones, se irían a vivir a otras tierras”. Palabras que seguramente tienen eco en millones de hogares venezolanos, a quienes la diáspora los ha separado de sus seres queridos, y ahora se les hará mucho más difícil que puedan venir a visitar a los abuelos. Mientras, “una fría pantalla nos recuerda que nada puede aliviar la lejanía”.

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Paulina Gamus | 02 febrero 2022

Dedicado a todos los abuelos y bisabuelos
que tienen lejos a su descendencia.

No sé porqué pero de repente me asalta la idea de que el régimen de Maduro tiene una Comisión que a diferencia de la mayoría, sí funciona y de manera más que eficiente; su objetivo es crear maldades con carácter seudolegal y de obligatorio cumplimiento. En otras palabras, enfocada a inventar cada vez una nueva manera de amargarle la vida a los pobladores de este país. No escribo una palabra que empieza por “j” y termina con “r” porque no me gusta utilizar tacos en mis artículos. En el lenguaje cotidiano es imposible evadirse.

Si tuviera que elegir la peor entre todas las desgracias que nos han provocado los veintidós años de socialismo del siglo XXI o psuvismo o chavomadurismo, elegiría la emigración o huida del país de seis millones de venezolanos y por consiguiente, la separación de las familias. Antes de 1999 jamás imaginé que mis tres nietos a los que vi nacer, que se quedaban de pequeños a dormir en mi casa, a quienes apurruñaba, me los comía a besos, les hacía panquecas, les contaba cuentos y enseñaba canciones, se irían a vivir a otras tierras. Así que sus hijos, es decir mis siete bisnietos, son cinco colombianos residenciados en Bogotá y dos estadounidenses que nacieron y viven en Miami. De los colombianos, dos tienen padre y tres madre que son venezolanos. De los dos gringuitos el papá es venezolano. Claro que nos vemos y hablamos  por videos y tratamos de reunirnos en algún lugar, una vez al año. Pero nada de apurruñarlos, besarlos, dormir con ellos, cantarles y contarles. Una fría pantalla nos recuerda que nada puede aliviar la lejanía. Mis bisnietos colombianos adoran venir a Caracas y de hecho han venido. Mis bisnietos de Miami no desde que necesitan visa.

“Deben ser miles los abuelos y bisabuelos que por distintas razones no pueden viajar para abrazar a su descendencia y que ahora tampoco podrán recibirlos en sus hogares venezolanos”

La Comisión de Maldades, eligió esta vez al SAIME (Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería) para que decida, de buenas a primeras,  que los hijos de venezolanos nacidos en el exterior pueden ingresar al país con cualquier pasaporte. Pero para salir, necesitan pasaporte venezolano o visa venezolana estampada en su pasaporte original. La decisión es supuestamente constitucional. El Artículo 32 de la Constitución vigente desde 1999, reza textualmente: “Son venezolanos y venezolanas por nacimiento: 1º Toda persona nacida en el territorio de la República. 2º Toda persona nacida en territorio extranjero, hijo o hija de padre venezolano por nacimiento o madre venezolana por nacimiento, siempre que establezcan su residencia en el territorio de la República o declaren su voluntad de acogerse a la nacionalidad venezolana…”. 

Volvamos a la maldad: Los países con mayor número de emigrados venezolanos son los Estados Unidos de Norte América y Colombia. En ninguno de los dos existen consulados venezolanos a los que hubiesen podido acudir los padres para inscribir a sus hijos como nacionales de nuestro país. Pero imaginemos que existiendo los consulados, los padres decidieran que no quieren inscribir a sus hijos, es decir no quieren “declarar su voluntad de acogerse a la nacionalidad venezolana” y prefieren que sean colombianos, rusos, chinos, italianos o alemanes, ¿en qué artículo de la Constitución se establece que es obligatorio para los nacidos en el exterior de padres venezolanos ser inscritos como tales?, ¿tienen que ser venezolanos porque sí, a juro?

La maldad no sería tanta si en este país obtener una cédula o un pasaporte no fuera similar a ganarse el Loto. Ahora parece que fluye porque dan los pasaportes en tres semanas pero nadie sabe cuánto puede durar ese “por ahora” que no es como el otro que ya sabemos. Tener siete bisnietos ya asoma una idea de la edad de quien esto escribe, y escribo porque estoy segura de no ser la única afectada por la maldad programada que esta vez es migratoria. Deben ser miles los abuelos y bisabuelos que por distintas razones no pueden viajar para abrazar a su descendencia y que ahora tampoco podrán recibirlos en sus hogares venezolanos.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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