En la aldea
12 julio 2024

“El sufrimiento dentro de Venezuela ha obligado a un número récord de mujeres y niñas a buscar refugio en otros países”.

¿Cómo desatascar los diálogos de paz de Venezuela?

Venezuela es un país con una sociedad matriarcal, pero con una cultura machista; el sufrimiento dentro de Venezuela ha obligado a un número récord de mujeres y niñas a buscar refugio en otros países; un conflicto que afecta desproporcionadamente a las mujeres no puede resolverse sin ellas. Habla una de las delegadas de la Plataforma Unitaria en la Mesa de Negociación en México: “Tres cuartas partes de mis compatriotas viven actualmente en la pobreza extrema. Esta situación devastadora afecta a todos los venezolanos, pero el impacto que tiene sobre las mujeres y las niñas ha sido especialmente nocivo”.

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Mariela Magallanes | 20 abril 2022

Después de tres rondas de discusión en Ciudad de México, los diálogos de paz sobre la situación de Venezuela se han interrumpido. Esta pausa supone un duro golpe para el deseo de los venezolanos de resolver la crisis de nuestro país, y forjar el camino hacia una Venezuela libre y democrática. Como delegada y representante de la Plataforma Unitaria de Venezuela en estas negociaciones, estoy segura que podemos volver a poner estos diálogos en marcha. Para ello, debemos incluir de forma significativa a los segmentos de la población venezolana más afectados: las mujeres y la sociedad civil.

A diferencia de esfuerzos anteriores para alcanzar un acuerdo de paz sobre la situación de Venezuela, el proceso de Ciudad de México se destaca por la inclusión de mujeres en la Mesa de Negociación, así como por el acuerdo -sin precedentes- de ambas partes para incluir un enfoque de género dentro de las negociaciones. Estos son logros significativos, pero debemos ir más allá. Para que estos diálogos tengan éxito es necesario replantear completamente la forma en que se incluye a las comunidades afectadas. No debemos centrarnos solo en asegurar una mayor participación de las mujeres en la mesa de negociaciones, sino también en reconocer e impulsar los temas que más importancia tienen para todas nosotras.

Reconocer el impacto que este conflicto tiene en las mujeres

Venezuela es un país con una sociedad matriarcal, pero con una cultura machista. Por este motivo, las mujeres venezolanas han tenido que luchar arduamente para tener un papel significativo en los diálogos de paz. Y estamos logrando avances importantes. De los nueve miembros de la delegación de la oposición, dos son mujeres: mi colega Claudia Nikken y yo. Además, un total de tres mujeres están al otro lado de la mesa. Somos participantes activas en el proceso de Ciudad de México, con voz y voto en el desarrollo de estos diálogos. Pero nuestra inclusión no se produjo por arte de magia. Fue producto del trabajo afanoso de generaciones de mujeres que han exigido ocupar el lugar que les corresponde. Y no hemos terminado. Las mujeres representan el 50% de la población de Venezuela y, por lo tanto, es necesario que haya paridad de género en ambas delegaciones.

“En la última década la crisis se ha propagado en todos los aspectos de la sociedad venezolana. No hay ninguna persona o situación que no se haya visto afectada por el alcance del conflicto”

Pero el impacto de las mujeres no debe limitarse al número de asientos que ocupamos en la mesa. A pesar de todos los desafíos, estamos teniendo un gran impacto. Durante la segunda ronda de diálogos, y ante nuestra insistencia, ambas delegaciones acordaron incorporar un enfoque de género en todas las negociaciones. Este es un buen comienzo ya que -para lograr una solución a largo plazo- es necesario que todas las partes se comprometan a hacer frente a los impactos de género que existen dentro de este conflicto. El primer paso es reconocer que este afecta a las mujeres y a los hombres de forma diferente.

Tres cuartas partes de mis compatriotas viven actualmente en la pobreza extrema. Esta situación devastadora afecta a todos los venezolanos, pero el impacto que tiene sobre las mujeres y las niñas ha sido especialmente nocivo. Muchas de ellas se han visto obligadas a abandonar la escuela y el trabajo para pasar más de diez horas al día haciendo cola para conseguir comida que les permita alimentar a sus familias. El tráfico sexual, el trabajo forzado y el número de mujeres obligadas a ejercer la prostitución se han disparado ante la falta de alternativas económicas.

A medida que el sistema sanitario de Venezuela colapsa, el acceso de las mujeres a la atención de salud reproductiva es cada vez menor. Los embarazos en adolescentes, las enfermedades de transmisión sexual y la mortalidad materna e infantil han aumentado drásticamente, ya que las mujeres y las niñas no pueden recibir la atención que necesitan. Aquellas que son detenidas arbitrariamente por las autoridades y las fuerzas armadas de Venezuela sufren aún más. La ONU ha documentado cómo a las mujeres venezolanas se les ha negado el acceso a la atención sanitaria en las cárceles de Nicolás Maduro y han sido víctimas de violencia sexual y de género, (incluyendo agresiones, amenazas de violación y violencia selectiva).

El sufrimiento dentro de Venezuela ha obligado a un número récord de mujeres y niñas a buscar refugio en otros países. En estos destinos, luchan contra la falta de acceso a la atención médica, los abusos físicos y la discriminación, y viven con la amenaza constante de violencia sexual y tráfico de personas. Estos retos son reales e irrefutables, y deben ser abordados por las mujeres venezolanas.

Mujeres guiando el camino hacia el cambio

Un conflicto que afecta desproporcionadamente a las mujeres no puede resolverse sin ellas. Las mujeres han liderado la lucha por una Venezuela libre y democrática durante la última década. Han impulsado organizaciones de la sociedad civil, se han postulado para diferentes cargos, han liderado protestas y han representado a sus electores en la Asamblea Nacional, incluso cuando hacerlo les ha costado su sustento, su seguridad y -en algunos casos- su vida.

“El Estado venezolano no ha publicado datos oficiales que detallen la situación dentro de Venezuela desde 2015”

Conozco personalmente el costo que trae consigo esta resistencia. Como líder política y asambleísta pasé varios años movilizando a los votantes, construyendo alianzas entre partidos y liderando protestas en defensa de la democracia. En 2019, después de que el gobierno de Maduro me acusara de participar en un golpe de Estado, pasé ocho meses refugiada en la Embajada de Italia en Caracas antes de que se me concediera el asilo político. Ahora, me corresponde a mí ser una de las pocas mujeres que representan nuestros intereses en la Mesa de Negociación en México.

La presencia femenina en la Mesa de Negociaciones no debe ser algo simbólico en este proceso. Hemos llegado a estos espacios por una razón: Somos expertas en nuestros campos. Nuestros conocimientos -al igual que los de muchas otras mujeres venezolanas que merecen tener voz en el proceso de paz- están directamente relacionados con estas negociaciones.

Por esta razón, docenas de mujeres venezolanas nos reunimos en Ginebra el mes pasado, con el auspicio de Independent Diplomat, para participar en una nueva iniciativa liderada y asumida por venezolanas. Juntas, lanzamos Mujeres por la Democracia en Venezuela, una plataforma de mujeres comprometidas con una Venezuela libre y democrática. Nuestro grupo lo componen abogadas, doctoras, banqueras, defensoras de los Derechos Humanos, diplomáticas y funcionarias electas. Somos expertas en los temas clave que se tratan en la Mesa de Negociación. Nuestra experiencia debería utilizarse como un recurso para asesorar a los negociadores -y a los mediadores- acerca de cómo garantizar el avance del proceso de paz y la aplicación de un enfoque holístico que tenga en cuenta los intereses del pueblo venezolano. 

Abordar los problemas importantes para los venezolanos

Aprovechar la experiencia de las mujeres venezolanas significa seguir las prioridades establecidas e identificadas por las comunidades afectadas. En este preciso instante, las mujeres ya desempeñan un papel importante en varias áreas clave para el progreso.

“El tráfico sexual, el trabajo forzado y el número de mujeres obligadas a ejercer la prostitución se han disparado ante la falta de alternativas económicas”

Una de estas áreas es el Estado de Derecho. Durante la última década, este se ha diezmado sistemáticamente en Venezuela. Según las Naciones Unidas, el Poder Judicial se ha convertido en un instrumento de represión en sí mismo, el cual es usado para detener y reprimir a civiles inocentes. Las mujeres venezolanas defienden activamente el fortalecimiento de la integridad del Poder Judicial de su país y el restablecimiento del Estado de Derecho. Existen varias medidas que se deben tomar para lograr estos objetivos, entre ellas, se debe garantizar el nombramiento de jueces y juezas solamente a través de concursos públicos y, también, se debe revertir la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de no aplicar el Código de Ética del Juez Venezolano y la Jueza Venezolana a los jueces provisionales. A su vez, las mujeres exigen el fin de la impunidad. Para que esto ocurra, la decisión de la Corte Penal Internacional de investigar las denuncias de crímenes de lesa humanidad en Venezuela es de suma importancia. Por eso, las mujeres venezolanas continuamos pidiendo a la comunidad internacional que alcen su voz frente a estos crímenes.

Las mujeres también hemos pedido que se avance en cuestiones como el acceso a la ayuda humanitaria. Dada la gravedad de la crisis de Venezuela, la ayuda debe llegar a quienes más la necesitan. Para que esto ocurra, el régimen debe conceder a organizaciones como el Programa Mundial de Alimentos acceso inmediato a la población para entregar ayuda de forma apolítica, de acuerdo con los principios humanitarios básicos.

Asimismo, las mujeres venezolanas exigen acciones concretas para proteger a la toda la población femenina de la violencia sexual y de género. Una mujer es asesinada cada 28 horas en Venezuela. Organizaciones de derechos humanos, como el CEPAZ, han pedido en repetidas ocasiones una estrategia nacional para combatir de forma integral la violencia de género. Acordar un Plan de Acción Nacional para disuadir la violencia de género y marcar este aspecto como una emergencia nacional. Este es un aspecto en que las mujeres de ambos lados de la Mesa pueden ponerse de acuerdo.

“Todos juntos podemos construir un camino hacia la libertad y la prosperidad de nuestro país, y llegar a los acuerdos necesarios para poner fin a esta crisis tan amarga”

Mejorar la recopilación de datos es fundamental para lograr un impacto en todas estas áreas. El Estado venezolano no ha publicado datos oficiales que detallen la situación dentro de Venezuela desde 2015. Las investigaciones sobre las condiciones de vida no incluyen las diferencias de género. Esto aumenta la dificultad de compartir la magnitud de nuestro sufrimiento con el resto del mundo o de conseguir la ayuda internacional que tanto necesitamos. Situación que nosotros solos no podemos cambiar: la comunidad internacional debe presionar al régimen para que publique todos los datos que posee, y para que permita a los organismos independientes realizar investigaciones que generen la información necesaria para ayudar al pueblo venezolano.  

El progreso es posible

En la última década la crisis se ha propagado en todos los aspectos de la sociedad venezolana. No hay ninguna persona o situación que no se haya visto afectada por el alcance del conflicto. La solución, por tanto, debe también abarcar todos estos elementos e incluir a todos los afectados. Todas las mujeres de la Mesa de Negociaciones defendemos fervientemente este enfoque holístico.

El mayor reto al que me enfrento como negociadora es el de hacer que la población confíe en que este proceso conducirá a una Venezuela libre y democrática. La pausa en la que nos encontramos no ha ayudado en esta labor. Pero avanzar en los temas que importan al pueblo venezolano sí lo hará, y la mejor manera de lograrlo es asegurando que la Mesa de Negociación sea un reflejo de la población venezolana e incorpore significativamente la perspectiva y la experiencia de las mujeres venezolanas. Todos juntos podemos construir un camino hacia la libertad y la prosperidad de nuestro país y llegar a los acuerdos necesarios para poner fin a esta crisis tan amarga. Creo que todas las mujeres de la Mesa están de acuerdo en este sentido. Por esta razón, no solo debemos garantizar que haya más mujeres presentes sino también que sean ellas las que abran el camino hacia el cambio.

*Diputada a la Asamblea Nacional de Venezuela electa en 2015. Delegada de la Plataforma Unitaria en la Mesa de Negociación en México.

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