En la aldea
09 diciembre 2022

Placeres costosos

Recuerdos que hablan de tiempos donde no fueron pocos los que aprovecharon por aquello de “si no tomo yo esos dólares baratos, se lo robarán ellos”. Las consecuencias para los venezolanos vendrían años después. Por ejemplo, Cadivi involucró a muchos mientras solo unos pocos fueron los que se llevaron la mejor parte. Y señala en autor: “El problema de fondo yace en la arbitrariedad y discrecionalidad que surge del sistema que nace. Es por ello que esas iniciativas, que son planteadas con ‘la mejor intención’, se convierten en un vehículo ideal para favorecer y enriquecer a determinados grupos”.

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Henkel García U. | 10 agosto 2022

En el artículo anterior escribí sobre la perversidad del arreglo institucional que tenemos. En esta oportunidad quiero compartir lo que para mí ha sido el mejor ejemplo de institución extractiva que jamás haya existido: El control de cambio implementado por el chavismo.

Sobran los ejemplos del fracaso de los controles de cambio, los cuales se imponen para enfrentar las crisis de reservas internacionales que en ocasiones afrontan los países. En teoría, dicho control se establece de manera temporal, mientras se toman medidas, más de carácter estructural, para enfrentar las verdaderas causas de la crisis sufrida. En mi opinión nunca debe recurrirse a ellos, pero ese es otro tema.

Venezuela ya había tenido otros controles de cambio con resultados nada exitosos. Los previos a CADIVI (2003-2014) y demás variantes posteriores, fueron RECADI (1983-1989) y la OTAC (1994-1996). Existe suficiente literatura y notas periodísticas que describen con detalle lo que ocurrió con ambos. Pero a diferencia de los controles anteriores, el del chavismo contó con un inmenso caudal de ingresos petroleros, y también los superó, por mucho, en duración.

Cuando se impone control de precios o de cambio, se fija el precio del bien, del servicio o del activo financiero a un precio que, por definición, se encuentra por debajo del precio de mercado. Eso, a su vez, genera un descalce entre la oferta y la demanda a ese nivel de precio, lo que se conoce como escasez. Esa escasez debe ser administrada o gerenciada (que es función del organismo que rige el control: RECADI, OTAC, SUNDDE, etc.). El problema de fondo yace en la arbitrariedad y discrecionalidad que surge del sistema que nace. Es por ello que esas iniciativas, que son planteadas con “la mejor intención”, se convierten en un vehículo ideal para favorecer y enriquecer a determinados grupos.

“El precio que nos tocó pagar fue demasiado alto. Hoy lo vivimos, pero no tengo certeza de que hayamos entendido con claridad qué nos pasó, qué debemos cambiar, qué no debemos repetir”

Hay que reconocer que en el caso de CADIVI (y variantes), el flujo de divisas fue tal, que permitió otros objetivos que no están exentos de perversidad. Por ejemplo, los dólares baratos anestesiaron a toda la población a través de productos importados baratos, carros baratos, viajes inolvidables que podías convertir en forma de ingresos (¿recuerdan el “raspado” de tarjetas?). En medio de ese festín se terminó de desmontar la poca institucionalidad que tenía el país.

¿Por qué me refiero a un fenómeno perverso? Porque en ese momento la gente estaba convencida de que tenía que aprovechar esa oportunidad, aunque intuyera que algo estaba mal. Algo así como “si no lo aprovecho yo, alguien más lo hará”, “si no tomo yo esos dólares baratos, se lo robarán ellos”, todo bajo un proceso de racionalización que solemos hacer para sentirnos bien. Pocos se sentaban a pensar con detenimiento las consecuencias de esa dinámica, de los ganadores y perdedores en lo que se estaba viviendo. Vale la pena reflexionar sobre esto: si pensábamos que nos estábamos beneficiando, algún grupo estaba perdiendo en términos relativos.

En medio de la borrachera, mientras nos tomábamos una cerveza en ese festín, había unos cuantos grupos robándose cajas de whisky. Y el que propició la fiesta, dominaba y controlaba el país, sentando las bases de nuestro desastre actual. Un país que no ahorró en el tiempo que debía hacerlo, un país que no dedicó ese torrente de dólares a obras de infraestructura relevantes, a construir hospitales y escuelas, a hacer reformas institucionales para que fueran más inclusivas, no, quizá podemos decir que se hizo todo lo contrario. Terminamos con un consumo mayor sin haber elevado nuestra producción, y con un Estado que parecía fuerte, pero que en realidad era muy frágil.

El precio que nos tocó pagar fue demasiado alto. Hoy lo vivimos, pero no tengo certeza de que hayamos entendido con claridad qué nos pasó, qué debemos cambiar, qué no debemos repetir. Esa es una de nuestras tareas en estos tiempos, en los que pareciera que estamos sobreviviendo, pero que estamos, a voz callada, imaginándonos el país que queremos.

@HenkelGarcia

CADIVI – Comisión Nacional de Administración de Divisas.
OTAC – Oficina Técnica de Administración Cambiaria.
RECADI – Oficina de Régimen de Cambio Diferencial.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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