En la aldea
13 abril 2024

La farsa electoral y el avance del Estado Comunal, el poder más allá del dispositivo (y III Parte)

“El chavismo va creando culturas artificiales de minorías, de pequeños grupos de poder que se meten en las mallas comunitarias. Grupos que ocupan y van obligando a la sociedad a practicar el nuevo ritual que se reidentifica en la dominación. Ese es el voto comunal. El poder está más allá del dispositivo aplicado, se ubica en las redes que lo sostiene”.

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Mirla Pérez | 15 diciembre 2022

Al terminar de escribir el artículo anterior que correspondió a una segunda entrega sobre las elecciones comunales, pensé que había concluido, por lo pronto, con el tema. La verdad, todavía quedó un cabo suelto, una experiencia electoral de los últimos meses que tiene una gran importancia para cerrar el círculo: las elecciones de los Consejos comunales. 

El 2022 ha sido un año de consolidación revolucionaria a partir de un ejercicio vinculado a la democracia: el voto. El poder está más allá del dispositivo aplicado, se ubica en las redes que lo sostiene, son en ocasiones imperceptibles, porque la percepción es, también, epistémica. Nos ayudaría la pregunta foucaultiana que va a fondo y que contribuye a pensar estas redes, “¿qué es imposible pensar y de qué imposibilidad se trata?”.

Es imposible pensar el voto como un mecanismo sin rostro, como un dispositivo ajustable al sistema que lo utiliza, se hace según la forma de una determinada manera de pensar el poder. Para quienes venimos de la democracia o todavía lo tenemos como un sistema de referencia, nos es imposible pensar el voto como un mecanismo sin rostro, porque su identidad se la da la racionalidad democrática.

Cuando domina la revolución los vocablos, los dispositivos, son resignificados en las nuevas prácticas, nada luce como antes, nada es lo que era, se desidentifica para reidentificarlo con el “nuevo” sistema de valores y prácticas revolucionarias. Continuamente sucede que quien domina el juego lo hace desde la descolocación del adversario (enemigo en su caso) para romper la base desde la cual piensa, y hacerlo cada vez más vulnerable a la dominación.

“Las cartas están echadas, confían en las estructuras que les puede permitir decir: las elecciones sin libertad y bajo coacción son garantía de éxito, en el marco de la fusión partido-Estado”

Es un juego de palabra sin sentido, porque se han resignificado en un nuevo sistema de prácticas, de creencias, de valores, de juicios, narrativa, discurso, “… el término de discurso podrá quedar fijado así: conjunto de los enunciados que dependen de un mismo sistema de formación, y así podré hablar del discurso clínico, del discurso económico, del discurso de la historia natural, del discurso psiquiátrico” (Michel Foucault, 1978). Del discurso político que inaugura un nuevo orden, del discurso totalitario. Pensar en democracia es cualitativamente distinto a pensar y practicar la política en revolución.

La distinción de los órdenes del poder, del discurso, de la palabra, obliga a pensar que el que está dominando, el chavismo en este caso, no se ha quedado en los dispositivos creados, sino que ha tenido que penetrar la cultura haciendo que estos mecanismos tengan vida, se metan en las redes de las prácticas sociales, por eso son efectivos.

En cuanto al voto, el sistema lo vacía de su valor democrático, de su poder decisorio, de la libertad que lo acompaña, lo banaliza, lo separa del ritual que le da sentido, lo hace común, manipulable, fuera de todo marco regulatorio. Lo desidentifica del sistema originario, de la democracia, para reidentificarlo en un nuevo sistema de prácticas basado en la ideología revolucionaria, en la dominación.

El chavismo va creando culturas artificiales de minorías, de pequeños grupos de poder que se meten en las mallas comunitarias. Grupos que ocupan y van obligando a la sociedad a practicar el nuevo ritual que se reidentifica en la dominación. Ese es el voto comunal.

Hoy le sirve el voto comunal, ese concepto expresado en la reformada Ley de las comunas: Consejo Electoral Comunal, acompañado de una práctica: la elección misma y los modos de hacerla, un nuevo ritual, una nueva identidad se imponen ante nosotros, sin contención, pensando que eso es ilegal.

El año 2022 ha estado marcado por las elecciones comunales de distintos signos. Elecciones del PSUV enlazadas a lo territorial de la nueva geometría del poder. La escala sistémica parte de la base hasta llegar al centro del poder. Es lógico el camino tomado: primero se eligieron los jefes de calles, pasando por las UBCH hasta llegar a los consejos comunales. El resultado está expuesto en un balance del sistema: 70% de las comunas renovadas, hasta diciembre de 2022, sobre la base de 3.641 comunas que están por encima de los 49.183 consejos comunales a nivel nacional.

“El 2022 ha sido un año de consolidación revolucionaria a partir de un ejercicio vinculado a la democracia: el voto”

¿Por qué el chavismo banaliza el proceso?, ¿de qué modo se desidentifica del proyecto democrático originario? Rompiendo con la institucionalidad. De repente un día, sin plazos, sin normas, el vicepresidente del PSUV dijo: hay elecciones, votan todos, se eligen solo los que pertenecen al PSUV. Es la base del partido dominando a la sociedad. Es la ruptura del principio universal del sufragio: elegir y ser elegido.

Sin plazos, sin normas, a la sombra de la institucionalidad del Consejo Nacional Electoral (CNE) quien colocó la base de dato, el papeleo, la certificación de “legalidad” del proceso. Creó nuevas figuras, como las del propulsor en el marco del 1 por 10 del “buen gobierno”. ¿Se fijan cómo han desmontado la legalidad y transparencia de un sistema electoral?

¿Qué nos impide pensar que este sistema será el que acompañará unas elecciones que involucre a otros partidos? Que otros, distintos al PSUV, tengan el “derecho” de elegir y ser elegidos. El ritual está en marcha, una lógica electoral no democrática circula en la base del territorio ocupado por el sistema de dominación.

Se filtró el proyecto de reforma a la Ley de Comunas, no se ha logrado filtrar la del Poder Popular, llegó a mis manos un documento que parece ser orientador de las líneas gruesas del proyecto de Ley del Poder Popular, bajo el siguiente título: “Comisión especial para la transformación de las leyes del poder popular. (Documento orientador)”, sea el que regirá para la reforma o no, es interesante dos conceptos emitidos, el primero: “Socialismo Territorial, con lo que desde esa idea, el Presidente nos exhorta a dar un salto adelante: Vamos hacia el Socialismo, vamos a profundizar nuestro modelo de democracia participativa y revolucionaria”.

El segundo concepto o línea general: “Es importante que en esta etapa podamos evitar por cualquier vía hablar de la categoría Estado Comunal. Debemos evitar que el debate se reduzca al carácter constitucional de las Comunas y Consejos Comunales, que es finalmente hacia donde la Derecha intentará orientar su discurso para atacar las Leyes del Poder Popular…”.

Ciertamente, el Estado Comunal no es una categoría constitucional, ellos lo saben. Con ese concepto están en la cuerda floja, pero constituye, también, el constructo teórico-político que les está permitiendo la refundación del Estado y la instalación de la revolución que los lleve al socialismo territorial.

A estas alturas, no es posible pensar que estén transitando el fracaso de su proyecto, al contrario, si no tienen contención siguen avanzando en la instalación del “nuevo orden”.

Las elecciones que cerraron con las de los Consejos Comunales, puso a prueba los puntos de control, los motivadores, los propulsores, permitió actualizar la base de datos de la población dominada por las estructuras comunales. Para el sistema, las cartas están echadas, confían en las estructuras que les puede permitir decir: las elecciones sin libertad y bajo coacción son garantía de éxito, en el marco de la fusión partido-Estado.

¿Participaremos de farsas electorales futuras?, ¿tendremos la valentía y la disposición de destapar el juego de la mentira y situarnos en una lucha contra este sistema electoral, sin relativizarlo, sin minimizar su poder? Un gran desafío tenemos enfrente.

Por estar en víspera de Navidad quiero cerrar con una cita del Evangelio que nos da perspectiva, que nos ubica en el poder de la autoridad y no en el poder de los mecanismos o dispositivos de coacción: “Y cuando él entró en el templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas?, ¿y quién te ha dado esta autoridad? Y respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os preguntaré una cosa, que si a mí me dicen, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas” (Mateo 21:23-24).

La auctoritas es un poder socialmente reconocido, no se impone, va más allá de los dispositivos. Quien goza de autoridad goza de respeto, preeminencia, honorabilidad. Eso no lo hace el poder vinculante, poder del chavismo o de los dispositivos comunales, sino la auctoritas. Otro desafío: descubrir quien goza hoy de esa auctoritas.

*Profesora Titular de la Universidad Central de Venezuela. Investigadora del Centro de Investigaciones Populares.
@mirlamargarita

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