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22 febrero 2024

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Autoritarismo: un esteroide para el abuso y la mediocridad

Sin duda el regreso de la oposición venezolana, en pleno o casi en pleno, a la “vía electoral” es el acontecimiento político más relevante de 2023. La durabilidad de ese regreso en buena medida será determinada por las condiciones en que se den los comicios primarios, y la elección presidencial en sí misma. Asumamos que, incluso si el peor autoritarismo del Gobierno sale a relucir en ambos, todos los partidos disidentes relevantes deciden seguir participando en elecciones y que la abstención que signó su desempeño entre 2018 y 2021 se vuelve impensable. Es evidente que ya un número incierto de ciudadanos lo ve seguro, y puede que estén en lo correcto. Después de todo, la disposición, tanto de la dirigencia opositora como de la base, a emprender acciones más riesgosas parece ser en el mejor de los casos muy poca.

Hagamos entonces un ejercicio hipotético en el que, después de 2024, el chavismo sigue gobernando tal como lo hace ahora, pero la oposición sigue tomando parte en elecciones. He visto a algunas personas saboreando la posibilidad de que todos esos partidos nominen candidatos para gobernaciones, alcaldías, consejos legislativos estadales y consejos municipales. Hay quienes consideran ese escenario como un gran cambio para bien en la administración pública venezolana. Sobre todo porque brindaría una oportunidad para dar al traste con la hegemonía que en algunos municipios ejerce el partido Fuerza Vecinal (FV). Hablo, por supuesto, de habitantes del Este de Caracas, donde la joven tolda turquesa ha tenido en el último lustro su bastión.

“Con un Estado quebrado por la negligencia y la rapiña, lo más probable es que la elite gobernante siga privilegiando a sus miembros en el reparto de los escasos fondos que hay”

Razones para desplazar a esos alcaldes no faltan. Empezando por la voracidad fiscal (aunque, para ser justos, esto se está dando en muchos más municipios del país, administrados por dirigentes de otros partidos) y los acuerdos opacos con la recolectora de desechos Fospuca, que les hacen la vida de cuadritos a los pequeños empresarios locales. Luego tenemos la tala indiscriminada de árboles y las quejas por novedades que molestan a los vecinos, bien sea desde el propio ayuntamiento (e.g. la pantalla gigante en la entrada a Altamira desde la Autopista) o del sector privado con la venia del gobierno municipal (e.g. el Traki de El Cigarral). Por último, en el caso específico de Baruta, los señalamientos de pagos a funcionarios de altísimo nivel para el levantamiento de las ostentosas torres de oficinas en Las Mercedes.

Además, el argumento de que el regreso de los demás partidos a la competencia electoral sería el fin del dominio de FV al este de Sabana Grande, y quizá hasta el fin de la organización en sí misma, luce sólido. Recordemos que FV fue creada por militantes de Primero Justicia que no quisieron adherirse a la decisión de este último de no participar más en elecciones, hacia finales de 2017. Desde entonces, el mayor, y quizá el único incentivo para votar por FV, es que sus miembros no tienen un carnet del PSUV. En municipios donde el chavismo jamás ha gobernado, la idea de un alcalde con chemise escarlata sigue siendo el Coco (razonamiento a estas alturas francamente endeble, considerando la transición del Gobierno desde el cuasi estalinismo a una especie de capitalismo iliberal y oligárquico, así como la mímesis de esto que hace la “oposición” tolerada, como veremos a continuación). Pero si tienen que competir con sus ex camaradas de Primero Justicia, o con gente de Acción Democrática o de Voluntad Popular, a los muchachos de FV bien se les pudiera acabar el pan de piquito.

Todo bien hasta ahora. Pasemos a lo que no está tan bien. O, mejor dicho, a lo que no está nada bien. Creo que aquella expectativa es deprimentemente ingenua. La “oposición” que hace FV es la única que el chavismo tolera. Hay una razón por la que ellos no han corrido la misma suerte que Ramón Muchacho o David Smolansky. Ni siquiera en el caso de Darwin González en medio de la purga por corrupción en PDVSA que salpicó a su despacho. Y esa razón es que tal “oposición” es totalmente maleable ante los intereses del chavismo. Si antes lo sospechábamos, podemos estar segurísimos después de las revelaciones del portal de periodismo de investigación Armando.info sobre gente cercana a Jorge y Delcy Rodríguez apoderándose de la Alcaldía de Baruta. Así que olvídense de alcaldes que usen sus despachos para hacer resistencia al chavismo. Eso se acabó. No existe y no existirá mientras el chavismo gobierne.

Ahora bien, ¿y si respaldáramos a prospectos de alcalde, a sabiendas de que no harán oposición real pero sí brindarán alternativas de gobierno local eficaz y transparente? Obviemos por un segundo que esa es una posición bastante conformista. Igual sigue siendo ingenua. Porque quienquiera que llegue a una alcaldía en esas mismas condiciones va a tener los mismos incentivos perversos que hacen que los alcaldes de FV se comporten como vemos hoy. No importa si es militante de Acción Democrática, Voluntad Popular, Encuentro Ciudadano o Vente Venezuela. Esos incentivos incluyen la falta de Estado de Derecho y la opacidad de todo lo público en el país. Ambas cosas contra las que no se puede luchar sin molestar a su principal beneficiario: el chavismo. Y en la presente discusión ya descartamos a la oposición real. Pero quizá el mayor incentivo de todos es que, cuando no tienes capacidad de elegir democráticamente, los políticos no se esfuerzan mucho por ser del agrado de los votantes. El autoritarismo es un esteroide para el abuso y la mediocridad.

Eso por no hablar del problemita de los recursos. Con un Estado quebrado por la negligencia y la rapiña, lo más probable es que la elite gobernante siga privilegiando a sus miembros en el reparto de los escasos fondos que hay. Por falsamente opositores que sean, los demás quedarán fuera de la lista de prioridades en el situado constitucional. Con la Ley de Coordinación y Armonización Tributaria, su capacidad para generar ingresos por cuenta propia se verá severamente mermada. Así que muy a duras penas se puede esperar que esos municipios sin alcaldes chavistas sean oasis de calidad de vida elevada en medio del desastre.

Volvemos al problema de raíz: sin democracia y Estado de Derecho, la vida en Venezuela no mejorará sustancialmente. El autoritarismo es un cáncer que impregna todo el cuerpo, a nivel de órganos, tejidos y hasta células. Hay personas cuya idea de hacer oposición no es esforzarse por limpiar el albañal, sino perfurmarlo para que no apeste tan fuerte. Si esa va a ser la pauta, de esto no saldremos jamás.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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