En la aldea
20 mayo 2024

Escuelas rurales sin baños, comedores, ni maestros

«¿Qué podemos aspirar de un país donde las escuelas están abandonadas en el campo y también en las ciudades?»

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Isabel Pereira Pizani | 17 abril 2024

A la Venezuela petrolera no le alcanzaron los recursos, ni siquiera cuando el barril valía 100 dólares para construir baños a los niños que asistían a las escuelas rurales regadas por todo el territorio.

Ningún ministro de educación se ocupó de este tema, ni antes ni ahora. No he oído que funcionarios de ese nivel hayan pisado el suelo de una escuela rural de algún pueblo donde las familias sobreviven sin servicio eléctrico y sin agua corriente.

El Socialismo siglo XXI, con 25 años en el poder, no se ocupó de construirle baños a las escuelas del campo, ni del resto de las 27.000 que aún están de pie en el país.

Chávez no visitó las escuelas rurales a pesar de que su padre era un maestro de pueblo y que él se consideraba un veguerito más. Un hombre sin tierras que sembraba en la sequía y pescaba en la temporada de lluvias.

Las escuelas rurales no han tenido padrinos que se ocupen de construirles baños a sus precarias edificaciones. Tampoco se conoce quién es responsable de que el Programa de Alimentación Escolar (PAE) llegue a lo que supuestamente son comedores para hijos de los conuqueros.

En Apure al preguntar en las escuelas por qué los niños no reciben los alimentos que les garantiza el PAE, los maestros responden: «parece que el dinero se queda en las oficinas de San Fernando, aquí no llega casi nada».

Si siguen las preguntas: ¿Quién es responsable de que la comida llegue a la escuela? Silencio de los maestros, miradas al techo, voltear ojos, (evidentes muestras de temor). “Aquí nadie nos supervisa, no vienen los responsables del ministerio a saber por qué no llegan los recursos para la alimentación de los niños, tampoco sabemos por qué no hay baños, los niños tienen que ir al monte. Algunos han sido picados de culebras.”

Las escuelas rurales son importantes porque en Venezuela la ruralidad es un hecho demográfico y económico relevante, porque el 36% de la ciudadanía vive en poblados pequeños ligados a la agricultura y en 17 estados del país la única actividad económica relevante está vinculada a procesos agroalimentarios; situación derivada de la concentración cerrada de la economía petrolera en la fachada centro norte costera del país. 

Sin embargo, es menester reconocer que el fracaso de la educación venezolana no se deriva de la hegemonía de la economía petrolera. Su raíz se encuentra fundamentalmente en la irresponsabilidad del liderazgo que ha dirigido al país al desestimar la obligación de crear capacidades en los sectores urbanos y rurales que permitan  a la población alcanzar los niveles de productividad en áreas  distintas a la actividad minera como sustento de una economía diversificada con oportunidades abiertas  en la ciudad y en el campo.

El desarrollo petrolero de países como Noruega no obstaculizó el crecimiento y prosperidad del resto de sus actividades económicas, al contrario, fue un soporte y acicate para la generación de nuevas oportunidades para todos.

 En 2024 chocamos con esa cruda realidad, una actividad económica vital para el país como son los procesos económicos y sociales ligados a la actividad agroalimentaria carece de oportunidades educativas para formar las nuevas generaciones, situación que favorece la migración en condiciones de marginalidad a los centros urbanos de mayor importancia, fundando cinturones de miseria de una población con escasas oportunidades de integración por la inexistente calificación para el trabajo. 

En los alrededores de las escuelas rurales se ve el transporte “amarrado” en las cercas que han transportado a los niños. Cuando llueve algunos son llevados por los padres en pequeñas canoas. Los escolares llegan a una escuela sin baños, sin comida, sin útiles escolares y muy frecuentemente, sin maestros. ¿Qué podemos aspirar de un país donde las escuelas están abandonadas en el campo y también en las ciudades?

 La situación es conocida. Todos los investigadores que ahondan en el tema educativo quedan estupefactos ante la dimensión de la crisis de nuestras escuelas básicas y, sobre todo, de la miseria de las escuelas rurales, un eslabón perdido en nuestro territorio.

Los datos se divulgan, aunque aparentan no conmover, parece parte del paisaje, es normal que las escuelas rurales no tengan baños, ni comedores escolares y ahora ni maestros. Repitamos hasta el cansancio los datos y sigamos forcejeando para cambiar esta dura realidad.

La importancia de este tema se desprende del reconocimiento de la escuela básica como la institución fundante del sistema educativo, por su carácter transmisor de conocimientos científicos-tecnológicos, modelador conductual, ético y espiritual de los distintos grupos humanos desde sus inicios. 

Los frutos que pueda aportar para el crecimiento y prosperidad del país comienzan a construirse en esta institución: aprender a leer, conocer los números; pero fundamentalmente, sentar las bases para su formación como personas, su desarrollo ético, espiritual y socioemocional.

 Abandonar la escuela básica es romper con el presente y con el futuro. ¿Qué puede ocurrir en una sociedad donde las escuelas de las nuevas generaciones estén abandonadas, un tema que importa sólo a sus familias que sobreviven en la miseria? 

Repitamos los datos, una vez más: Encovi señala una reducción de la cobertura educativa entre la población de 3 a 17 años. Se estima en millón y medio el número de niños, niñas y adolescentes que permanecieron fuera del sistema educativo en el período 2021-2022.

En una población de 9,2 millones de niños, niñas y adolescentes, unos 2,9 millones (32%) no asiste regularmente a clases. Se estima que 1,3 millones no asiste a la escuela por abandono o migración del país, segúnla organización social Hum Venezuela (2022).

De 6,4 millones de niños, niñas y adolescentes que asiste a la escuela  6,2 millones (97%) carece de una alimentación escolar suficiente y adecuada, reporta el mismo informe de Hum Venezuela.

El 40,8% de las escuelas de educación básica no cuenta con alimentación escolar. Las escuelas inscritas en los programas oficiales no pueden garantizar una cantidad y calidad suficiente ni regular de los alimentos, señala también Hum Venezuela.

Alarmante deserción escolar, numerosos centros escolares funcionan parcialmente y tienen un alto déficit de docentes.

El sistema educativo venezolano no participa en programa de evaluación universal. Se carece de programa de evaluación de resultados internacionales aplicados a la población escolar (Proyecto PISA).

En 50% de las escuelas repuntan enfermedades endémicas y dolencias posturales por la falta de higiene, alimentación y pupitres.

Mientras en Venezuela existe una probada indiferencia general sobre la suerte de las escuelas por parte de los responsables de dirigir al país, en otras partes del mundo sus pueblos y gobiernos avanzan a otra dimensión, trabajan más allá de los limites convencionales tras el objetivo de educar niños, no soólo sanos, con dominio de los instrumentos racionales básicos: lectura, matemáticas y razonamiento, lógico. Están empeñados y se esfuerzan en encontrar los caminos, las claves para lograr que la nueva generación escolar puedan ser sujetos felices, que los niños sean seres humanos integrales, que conozcan los valores y los practiquen como parte de su vida cotidiana.

En las escuelas de esos países durante la primera hora de clase se concentran en nutrir las capacidades emocionales y el descubrimiento de los valores a partir de ejemplos prácticos. Cómo aprender el valor de la tolerancia, superar las situaciones de fracaso,  el valor de la gratitud, la confianza, cómo ser optimistas, superar el pesimismo ante los avatares de la vida.

Los maestros son considerados como los funcionarios de mayor dignidad,  reconocidos y recompensados por el invalorable servicio de formar individuos responsables ante sí mismos y ante los otros. Los lideres del futuro.

Uno de los grandes temas privilegiados en la formación espiritual es dominar el pesimismo y enfrentar la vida cargados de optimismo. Para ello usan recursos morales, espirituales, culturales.

Fortalecer la escuela básica como formadora de las nuevas generaciones es una tarea de primer rango en los países más prósperos económicamente y más felices espiritualmente.

Muchos estudios reconocen que las personas egresadas con este tipo de formación tienen una vida más prolongada y enfrentan con mayor éxito situaciones de salud y enfermedades. La felicidad en países como Finlandia, Noruega y Suecia, no es la riqueza de cosas sino la riqueza de experiencias, son las primeras sociedades en el ranking de felicidad en el mundo según una encuesta Gallup de larga duración, al igual que la realizada por Naciones Unidas desde 2012 .

Esta es una preocupación viva y presente en las principales universidades de Estados Unidos y Europa. El proyecto más largo de la Universidad de Harvard, con 75 años de duración, versa sobre la felicidad. Otras universidades como Yale y Stanford están abocadas a desarrollar investigaciones técnicas y científicas que permitan a la humanidad ser más felices.

Si nos devolvemos a Venezuela en el contexto de abandono de la escuela básica, sin baños, sin maestros y sin alimentos, podríamos dimensionar la magnitud del atraso de las nuevas generaciones responsables del futuro del país.

Hoy conocemos la magnitud y elimpacto que significa para el futuro del país el hecho de que las 27.000 escuelas básicas y sus 8 millones de estudiantes estén abandonados. ¿Qué puede ocurrir con la población de aquellas partes del territorio responsables de la producción de alimentos si las nuevas generaciones están carentes de oportunidades de crecer sanos, aprender y vincularse al avance científico tecnológico que comienza a expandirse en todo el mundo?

Nuestras escuelas rurales de hoy solo son comparables con las escuelas de las zonas más pobres del continente africano, un conjunto de sociedades donde la población se encuentra en peligrosos procesos de migración masiva a otros continentes y países donde puedan crecer y tener oportunidades de ser prósperos y felices.

Al igual que la gravedad de la situación de la escuela básica es imprescindible responsabilizarse como sociedad con la formación de los docentes. Hoy luchan por sobrevivir, tener salarios que les permitan acceder y resolver sus necesidades básicas y algo más,  tener oportunidades de seguir formándose para cumplir con la tarea esencial de educar a las nuevas generaciones. Los maestros en los países con los más altos niveles de vida son los funcionarios de mas alto rango y con una compensación correspondiente a la esencialidad de su responsabilidad en sus proyectos de vida y de país.

Es importante llamar la atención en medio de la diatriba política que hoy nos envuelve sobre la importancia de la escuela básica. El primer escalón para la formación de los ciudadanos no es un tema más. Hay que idear la escuela de nuevo y reconstruirla como un ámbito de oportunidades para ciudadanos responsables, éticos y felices, capaces de contribuir con el crecimiento y prosperidad del país.

En estos tiempos intranquilos oigamos a Confucio “la educación alimenta la confianza. La confianza alimenta la esperanza. La esperanza alimenta la paz”

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