
A la sombra del misterio
Este 23 de diciembre se cumplen doscientos años de la carta en la que Simón Bolívar le exigió a Páez que abandonara el misterio, porque en la sombra solo opera el crimen. Dos siglos después, Venezuela negocia su petróleo a oscuras, y nadie explica con qué actores, cuáles son las condiciones y cómo afectarán al país.
El 28 de agosto, Donald Trump anunció por Truth Social lo que llamó «el mayor acuerdo petrolero de la historia del mundo», un pacto que le da a Estados Unidos el control de 17 campos en el Zulia y la Faja del Orinoco y de 65.000 millones de barriles de reservas comprobadas.
Al día siguiente Marco Rubio prometió 100 mil millones de dólares en inversión privada; y un funcionario estadounidense, hablando bajo condición de anonimato, le dijo a una agencia que Delcy Rodríguez le otorgó a la nueva compañía derechos por 100 años sobre los yacimientos.
El 30 de agosto la propia Rodríguez corrigió la cifra en público y fijó la vigencia en veinticinco años, mientras Trump anunciaba desde el Despacho Oval que ese petróleo sería «un regalo de Venezuela al pueblo de Estados Unidos». El 31 de agosto, por fin, apareció un nombre.
La Casa Blanca confirmó que el operador es North American Blue Energy Partners(Nabep), una petrolera registrada en Barbados y controlada por Alejandro Betancourt, uno de los llamados «bolichicos» que hicieron grandes fortunas con contratos sin licitación durante el chavismo. Cuatro días antes, el Washington Post había revelado que altos funcionarios de la propia administración Trump presionaron a Suiza para resolver sin cargos penales la investigación por lavado de dinero que pesa sobre él. Betancourt niega cualquier irregularidad y no ha sido condenado en ninguno de los casos. Nadie ha visto todavía el texto del acuerdo.
Cada quien dice una cifra distinta, y ninguna sobrevive al día siguiente. 100 años y luego 25… 65.000 millones de barriles con un reparto accionario que nadie termina de cuadrar; un operador que aparece sin que aparezcan sus números. Así trabaja la opacidad cuando es total, con datos inestables que, además, atropellan a los anteriores.
La lógica gótica
El próximo 23 de diciembre se cumplen 200 años exactos de la carta en la que Simón Bolívar, desde Coro, le exigió a José Antonio Páez que saliera de la sombra. Páez callaba sobre si reconocía o no su autoridad suprema, mientras en Valencia avanzaba la rebelión de La Cosiata. «Crea Vd., general, que a la sombra del misterio no trabaja sino el crimen«, le escribió el Libertador, en 1826.
Páez se había rebelado en Valencia en abril de 1826 y guardaba silencio sobre si reconocía o no la autoridad suprema de Bolívar, mientras crecían los rumores de que buscaba separar a Venezuela de la Gran Colombia.
La frase no nacía de la nada. Bolívar estudió a Aristóteles y fue lector declarado de Montesquieu, a quien cita en el Discurso de Angostura. De Montesquieu tomó la idea de que todo hombre investido de autoridad abusa de ella si nada lo controla, «es preciso que el poder detenga al poder«, y de que una república solo sobrevive por la virtud política, por el civismo que antepone el interés público al propio. El misterio es exactamente el terreno donde ese control desaparece, y donde la conveniencia propia puede disfrazarse de interés público sin que nadie lo vea.
La frase tiene resonancias góticas, las palabras “sombra” y “misterio” remiten a una nocturnidad que el remate con la palabra “crimen” viene a reforzar. La novela gótica, en boga en Europa entre 1790 y 1820, los mismos años en que Bolívar se formaba y conspiraba en el Viejo Continente, organiza su miedo alrededor de una idea muy simple: lo que ocurre en la oscuridad, sin testigos, tiende al crimen; el castillo, la cripta, la noche son el escenario donde la ley no llega y por eso ahí prospera la transgresión. La frase de Bolívar tiene esa misma arquitectura moral, «a la sombra del misterio no trabaja sino el crimen», la sombra como condición que habilita el delito, no como simple ausencia de luz. No hace falta que Bolívar haya tocado una novela gótica para que la frase comparta esa lógica, porque esa lógica es más vieja que el género y viene de la tradición luces/tinieblas que sí lo formó a él directamente.
No olvidar el marco más amplio de su generación, el siglo que se llamó a sí mismo el de las Luces, donde toda la retórica ilustrada e independentista se armó sobre la dupla luz-tinieblas, la razón y la libertad como luz, el absolutismo colonial y la ignorancia como tinieblas.
La Constitución que se calle
El artículo 141 de la Constitución vigente dice, palabra por palabra, que la Administración Pública se fundamenta en la transparencia y la rendición de cuentas. El artículo 143 le da a cualquier ciudadano el derecho a ser informado oportuna y verazmente por el Estado y a acceder a sus archivos administrativos. Y el artículo 150 exige que todo contrato de interés público nacional con Estados extranjeros pase por la aprobación de la Asamblea Nacional.
La flagrante violación a ese texto tiene al país indignado. El economista Francisco Rodríguez, quien dirigió la Oficina de Asesoría Económica de la Asamblea Nacional entre 2000 y 2004, le mandó nueve preguntas por escrito a Delcy Rodríguez. La primera, por qué el acuerdo no pasó por la Asamblea, como exige el artículo 150. La última, qué mecanismo de transparencia habrá, si el portal oficial del gobierno solo registra un depósito desde marzo pese a los miles de millones exportados en petróleo. Hasta ahora, silencio.
Francisco Monaldi, del Baker Institute de la Universidad Rice, calificó de «increíblemente bajos» los impuestos anunciados. Provea le exigió a Jorge Rodríguez y a Trump revelar los términos del acuerdo, y advirtió que, si resulta opaco e inconstitucional, los dos gobiernos serán responsables de lo que de ahí se derive. Primero Justicia pidió, esos mismos días, transparencia, información y garantías verificables. Y del otro lado tampoco hubo Congreso, legisladores del Capitolio reclamaron información porque el acuerdo se negoció sin su participación.
Se supo algo, pero lo esencial sigue oculto. Las fuentes no cuadran en el reparto accionario, unas hablan de 45 % para Nabep y 55 % para el Pentágono, otras de una participación pasiva del 35 % con derecho a comprar 20 % de la producción a costo. Tampoco se sabe quién audita a una empresa cuyo dueño estuvo bajo investigación en tres países, ni con qué autoridad firma Delcy Rodríguez, presidenta encargada de una Venezuela cuyo plazo constitucional para gobernar así venció el 3 de julio, sin que la Asamblea Nacional que preside su hermano haya dicho una palabra al respecto en seis meses.
Transcurridos 200 años, la novela gótica conserva vigencia, por cierto realzada en los últimos años, pero nada como la frase de Bolívar, fresca como una rosa, puesto que nadie duda que el trasfondo del secretismo, proverbial en el chavismo, es el crimen en todas sus formas, que ahora ha encontrado cómplice en la potencia más formidable de la tierra.