Anotaciones sobre nuestra esquizofrenia

Aplanamiento afectivo, abulia, asocialidad, alogia y anhedonia ¿Acaso no estamos sintiendo en Venezuela, en nuestro interior, algunos de estos síntomas, o todos ellos?

La palabra “esquizofrenia” tiene una resonancia que asusta. Sugiere una locura profunda y hasta desenfrenada, pero pareciera, según algunos expertos, que no es necesariamente letal. Digo esto porque llevo años, meses, días y noches sintiendo algunos síntomas. Tan angustiosos como contagiosos. En Venezuela, no solo parecen afectarme a mí. Al punto que me estoy apoyando, sin pudor, en un viejo refrán: “mal de muchos, consuelo de tontos”.

El psiquiatra Thomas Szasz propone en su libro El segundo pecado: “si le hablas a Dios, estás rezando; si Dios te habla a ti, tienes esquizofrenia”. Esta opción debería incluir el contestarle a Dios hasta lograr mantener una profunda conversación. Siempre existirá una posibilidad que quizás puede ayudarnos a entender y sacarle provecho a una enfermedad que se nos va haciendo crónica y colectiva. 

Lo cierto es que no tengo fuerzas para mantener posiciones, hacer recomendaciones y predicar fórmulas. Estoy más bien estupefacto y sumergido en un estado que Mario Benedetti nos anunció hace ya bastante tiempo: «cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas».  Creo que hoy podemos decir: “ser o no ser, esa solía ser la pregunta”.

Para centrar mi angustia y orientar mi búsqueda, quisiera en este ensayo explorar la posibilidad de que Venezuela esté sufriendo, o quizás gozando, de una esquizofrenia más expansiva que intensa. Yo no la llamaría “esquizofrenia política”. Yo diría que abarca mucho más, pero ciertamente es el área donde se manifiesta con más elocuencia e insólitas evidencias. 

II

Este imponente término, “esquizofrenia”, quizás asuste un poco menos cuando examinamos con prudencia su etimología. Proviene de dos vocablos del griego clásico: Schizein, que significa dividir, escindir, romper, y Phrēn: entendimiento, razón, mente, alma o entrañas. Romper nuestras entrañas suena muy grave, pero también tenemos la opción, a veces conveniente, de dividir nuestros razonamientos para entenderlos mejor.

Hay palabras que nos parecen eternas y resulta que son bastante nuevas. El término “nostalgia” fue inventado en 1688 por Johannes Hofer, un médico suizo preocupado por la profunda y enfermiza sensación de añoranza por el hogar que sentían los soldados peleando en tierras lejanas. La palabra “esquizofrenia” es un par de siglos más reciente. Fue acuñada en 1908 por el psiquiatra suizo Eugen Bleuler, quien no se refería a la división de la personalidad (una popular y superficial interpretación), sino a una disociación o ruptura en nuestros pensamientos, emociones y percepción de la realidad.

Revisemos sin prejuicios algunas de las características de la esquizofrenia que nos plantea Eugen Bleuer:

  • Aplanamiento afectivo: reducción o falta de expresión emocional.
  • Abulia: falta de motivación o energía para iniciar y completar actividades.
  • Asocialidad: falta de interés en interactuar con otras personas.
  • Alogia: Respuestas muy breves o con pocas palabras debido a la dificultad para formular pensamientos.
  • Anhedonia: Dificultad para experimentar placer e interés por las cosas de la vida que antes nos resultaban agradables.

Estas cinco tendencias llevadas a su extremo deben ser muy graves para una sola persona, pero cuando se esparcen a toda una sociedad, podemos organizarnos para buscar soluciones que nos ayuden a expresarnos, que nos emocionen y motiven, que nos interesen y generen el placer de vivir juntos.

Vamos a cerrar los ojos y preguntarnos con seriedad ¿acaso no estamos sintiendo en Venezuela, y en nuestro interior, y en de los seres queridos, algunos de estos síntomas, o todos ellos? 

III

Vamos ahora a examinar, abriendo nuestras almas, síntomas esquizofrénicos más graves:

  • Alucinaciones: sentir cosas que no existen.
  • Delirios: creencias falsas y firmes que no se basan en la realidad.
  • Pensamiento desorganizado: hablar de forma confusa o cambiar de un tema a otro sin ilación lógica.

¿No les parece que estos indicios están aumentando en Venezuela, o peor aún, reciclándose sin pudor a las repeticiones y los estancamientos?

La esquizofrenia, según Bleuer, causa alteraciones en varios aspectos del funcionamiento psíquico del individuo, principalmente en nuestra consciencia de la realidad. Esto genera una compleja desorganización en las funciones ejecutivas y dificultades para mantener conductas dirigidas a metas. Entre los síntomas más frecuentes, tenemos: 

  • Creencias delirantes. 
  • Pensamientos confusos. 
  • Reducción de las actividades sociales y políticas. 
  • Tendencia al aislamiento.

En mi caso predomina el aislamiento, la confusión y la reducción de actividad. Presumo de no tener creencias delirantes, pero a veces siento que mi mayor delirio consiste en pensar que nos acercamos a alcanzar una solución.  

Vamos a asomarnos a la visión sobre los pacientes bipolares que, hace más de dos siglos, proponía un psiquiatra francés llamado Philippe Pinel:

 “… nada más inexplicable y sin embargo nada más comprobado que las dos formas opuestas que pueden tomar las melancolías. Unas veces consiste en creer poseer un poder sin límites; otras veces se manifiesta como un profundo abatimiento cercano a la desesperación”.

Ciertamente parece un retrato de nuestra enfermiza situación política, dividida entre los que creen tenerlo todo (justo ahora que están sujetos al mitológico Trump) y los que estamos tan desesperados que ya no creemos en la posibilidad de una solución.  

Siento que es importante y provechoso un análisis profundo de cómo enfrentar nuestra esquizofrenia política. Uno de los pasos es revisar los trastornos afectivos y cognitivos de nuestro “síndrome de desorganización”, el cual consiste en la fragmentación de las ideas y en expresiones tan emocionales como inadecuadas, tan persistentes como efímeras, tan ciertas que se nos van haciendo insoportables.

Advierto que estoy extrayendo y juntando fragmentos que apenas comienzo a entender, y que soy uno más de los venezolanos que está sufriendo trastornos cognitivos que se caracterizan por el deterioro de la atención, de la memoria, del procesamiento de información y de las asociaciones lógicas. También es evidente nuestra pobreza en la generación de nuevas ideas, la dificultad para aprender, y un deterioro creciente y trastorno de nuestras funciones ejecutivas como planificar, secuenciar, priorizar, mantener la atención en la tarea.

Es evidente que no estoy partiendo de un análisis profundo de la esquizofrenia y aplicándolo a un organismo llamado país. Simplemente voy encontrando, en mis superficiales lecturas, que todas las recetas concebidas para los individuos las necesitamos y nos conciernen como sociedad, como país. Entre nuestros trastornos afectivos se encuentra la respuesta inapropiada de nuestras emociones y una suerte de perseverancia en una conducta extraña, inútil, pasiva, y ciertamente inoperante. 

IV

Sería conveniente que algún experto nos ofreciera una visión más precisa, más seria, más útil. Entiendo que el diagnóstico de la esquizofrenia se basa en la cuidadosa observación de signos y síntomas, en la exploración metódica de las vivencias de una persona, y en la acumulación de antecedentes desde todas las fuentes posibles. 

Leo, con esperanza, que la terapia de grupo (y en nuestro caso se trata de un grupo inmenso) puede ser más eficaz que la psicoterapia individual, pues aumenta el entusiasmo de los pacientes y también de los terapeutas.

“Ciertamente puede ser menos costosa y beneficiar las habilidades sociales del paciente al ofrecerle un contexto realista, igualitario, seguro, horizontal y neutral donde se desarrollan múltiples y multifocales interacciones que favorecen la realimentación y aprendizaje interpersonal, pudiendo proceder la ayuda de cualquier miembro del grupo y no solo del terapeuta”.

Esta descripción quizás se acerca a tratar lo que podría ser en el futuro un partido político. Por cierto, uno de los síntomas colectivos es la multiplicación de los partidos, que ya sobrepasa la media centena. Incluso los nombres de los partidos nos asoman a una claudicación. Recuerdo de niño la “Acción Democrática” de Betancourt. Aparte de su dramática evolución hacia la nada, era un nombre más congregante y ecuménico que un “Vente Venezuela”, el partido que entiendo lidera la posibilidad de un cambio, por ahora, convertido en “Vente a Venezuela”.

Leo también que el término «sociedad esquizofrénica» es una metáfora sociológica y filosófica que se usa para describir a una comunidad o cultura llena de contradicciones profundas, donde conviven normas, discursos y prácticas totalmente opuestas que generan una pérdida colectiva del sentido de la realidad. Puede ser, pero nuestra tarea no debe limitarse a proponer un diagnóstico clínico oficial de la psiquiatría para un país llamado Venezuela, intoxicado con sus riquezas, sino el crear un permanente espíritu de revisión y crítica ante nuestra desconexión como colectividad. 

Ciertamente nuestra cultura, nuestras almas, están actuando de manera incoherente frente a problemas reales patéticos. Y no olvidemos que, en una medida insólita, estamos en manos de un siquiatra insaciable.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.