María Corina en Venezuela: una lucha existencial por una fecha electoral

Aunque la oposición mayoritaria —y el propio movimiento de Machado— tiene tareas internas pendientes, una mecha no tan corta, pero tampoco tan larga, aglutinará el fervor de la gente en la meta de unas presidenciales ASAP («as soon as possible»)

Baja el telón, sube el telón. Aparece un analista crítico de María Corina Machado y pronuncia: «Te vas a desgastar, con una certeza tan infalible como la de la Ley de Archard, aquella que constata el impacto de la fricción en la fatiga de los materiales. No estamos en julio de 2024. No es lo mismo andar en campaña en el mes de unas elecciones que estar en un país donde hay que nombrar un TSJ, luego un CNE y a lo mejor de allí sale una convocatoria a unas regionales primero, unas legislativas después y vaya usted a saber unas presidenciales para cuando».

Baja el telón, sube el telón. Aparece una pizarra acrílica con tres escenarios propuestos para María Corina Machado a partir de su regreso apoteósico al país —25 de octubre de 2026—, ante la ausencia de una fecha clara para unas elecciones presidenciales en las que (suponen todas las encuestas, y la muestra intuitiva de un recorrido entre Lara y Caracas), ella arrasaría, si contara con la habilitación política para ello: hasta el sol de hoy, no se le permitirá hasta 2036. Leemos en la pizarra:

1. Propiciar otras maneras de hacer lucha política, aparte de la estrictamente electoral.

2. Protestas pacíficas y presión civil para la convocatoria de elecciones libres lo más rápido posible.

3. Incendiar la calle.

Mentira. Esto último nunca aparecería entre las propuestas de un asesor serio y democrático. Pero estamos haciendo un ejercicio de imaginación y para algunos venezolanos, probablemente, ese tipo de métodos siguen en el manual de instrucciones: la calle sin salida, la violencia como partera de la historia, vámonos ahora mismo a Miraflores para acabar con esto, etc.

Una lucha centrada principalmente en lo electoral: ese es el porvenir que observa Carmen Beatriz Fernández, experta en comunicación política, para una María Corina Machado ya instalada en Venezuela desde octubre de 2026 y que respalda unas hipotéticas presidenciales en julio de 2027, como han propuesto algunos de sus aliados republicanos del Poder Legislativo en Washington, un colchón de tiempo que en teoría daría para renovar autoridades electorales, depurar el registro de votantes y recuperar la institucionalidad de un poder demolido por Nicolás Maduro.

«Esto (el regreso de Machado) cambia la dinámica del juego», indica Fernández. «Si la política es un ajedrez, le toca mover ficha a Delcy (Rodríguez, gobernante de facto desde la extracción de Maduro en enero de 2026), y el reloj que marca el tiempo acaba de sustituir el reloj de arena por otro que marca el paso mucho más rápido. El rol de MCM, —añade Fernández—, es reforzar la petición de un cronograma electoral, el nombramiento del Consejo Nacional Electoral y la convocatoria a elecciones libres, tan pronto como sea posible. Y los venezolanos la acompañarán en ese petitorio. El juego del Rodrigato será, por su parte, ralentizar al máximo y jugar al desgaste de la líder».

El tiempo es relativo, diría Einstein: si viajas más rápido, transcurre más lento. El oficialismo, paradójicamente, trabaja para montarse en un cohete y adormecer el paso de los días, aunque la gente le recordó un domingo de octubre que carece de combustible.

Baja el telón, sube el telón. La pizarra te la dan a ti, lector, y empiezas a escribir en ella preguntas que hoy probablemente son universales y no tienen respuestas claras. ¿Nos hemos vuelto demasiado resultadistas y cortoplacistas en política, en todo el mundo? ¿Siguen existiendo debates ideológicos, más allá de las campañas electorales? ¿Se imponen hoy los liderazgos mesiánicos o radicales? ¿Qué es hacer lucha política en el siglo XXI? ¿Qué es un partido político en la actualidad?

Baja el telón, sube el telón. La pizarra la sigues teniendo tú, lector, y te haces más preguntas sobre el caso específico venezolano. ¿La oposición debe redefinirse en Venezuela, lo que pudiera contemplar la refundación o fusión de partidos que conocemos? ¿Qué pasa con las elecciones internas dentro de esos partidos? ¿Con qué se come realmente eso de que la sociedad civil tiene que organizarse? ¿Se puede hacer política en un país tutelado por una potencia extranjera, con pactos económicos ya establecidos y que se extenderán por décadas? ¿Decidirán realmente los venezolanos por sí mismos cuándo irán a elecciones libres, o todo lo pulsa un botón en Washington con unos intereses y plazos propios?

¿Una ruta política más allá del todo o nada de unas presidenciales? Alonso Moleiro, periodista y analista político, lo ve deseable pero poco probable en el caso de Machado. 

«Yo sí creo que la política es más que elecciones, pero María Corina tiene un tema con el tiempo y lo que pueda hacer en las semanas y meses que se puedan aproximar sin que tengamos elecciones. Ella tiene que haber hecho su cálculo. Yo sé que ella va a hacer recorridos por todo el país y que viene un muy enjundioso contacto con la sociedad civil para tejer propuestas, fomentando una especie de demanda nacional. Tan pronto pueda, María Corina va a empujar todo lo que se pueda al tema electoral», vaticina Moleiro.

Y advierte: «MCM tiene que obrar con mucho cuidado porque el chavismo sigue en el poder, el aparato represivo chavista sigue ahí, y si se excede o se come la luz, como dicen ellos, pudiera haber una situación indeseable. Ella tiene que estar consciente de ese peligro, su ingreso fue muy complejo».

«El asunto es diseñar un tiempo, ponerte unos límites y empezar a desarrollar una estrategia de movilización y contacto. De fortalecimiento de tu plataforma. Hay que tener presente que María Corina tiene dentro del país a muchísima gente, en el campo político de la oposición, que está totalmente decidida a ver cómo la detiene. ¿Cuál es el riesgo que ella corre? Que el tiempo pase, se desgaste la mesa de negociación (establecida entre la Asamblea Nacional oficialismo y una representación de la AN de mayoría opositora elegida en 2015, bajo la tutela de Washington, desde agosto de 2026), que Estados Unidos cambie el foco o la atención hacia Venezuela o cambie su realidad interna, y entonces Venezuela entre en una situación de ausencia de foco y el chavismo retiene el poder», según Moleiro.

«Ella (MCM) tiene margen para maniobrar. Quienes dicen que ya se le va a quemar el capital en poco tiempo están mezclando deseos con realidades. Pero sí es un riesgo que tiene un plazo. Pues si ella no logra, puede entrar en un estancamiento. En política nadie tiene mandatos permanentes. Tiene para esto un par de años si acaso, hasta menos», considera el periodista de la fuente política.

Incluso en el escenario de un nuevo CNE convoque elecciones legislativas y/o regionales antes que unas presidenciales, y de que todos estos comicios sean totalmente libres y justos, Moleiro no descarta que MCM y Vente Venezuela —por los momentos un movimiento que la arropa, no un verdadero partido— vayan con todo por lo que en ciclismo podríamos comparar con «etapas» o «metas volantes», no con la carrera superior. «Si es primero las regionales, van a ir a las regionales. Ellos confían mucho en su propia fuerza y en el poder de convocatoria de María Corina. Hasta la propia unidad de la oposición termina ya siendo un tema de segunda instancia. Vente va a ir con la elección que le pongan».    

Baja el telón, sube el telón. La realidad se muestra desnuda, y no hay mucho margen de opción. Los partidos de oposición, incluyendo el movimiento que respalda a Machado, tienen muchas tareas internas pendientes, aunque temas como «ideología» y «organización» parecen dar hoy un poco de alergia. Como dicen los chamos: cringe. Hay apuro en salir de 27 años de pesadilla y anotar finalmente el gol: el desplazamiento del poder. Lo que veremos, luego de un 25 de octubre de 2026 que ya es historia: una lucha casi existencial por un cronómetro expresado en meses restantes para una esperanza, no en más años de frustraciones.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.