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18 mayo 2024

¿Son comparables Bolivia 2019 y Venezuela 2013?

Se debe desconfiar de todo aquel que pretenda vender las realidades boliviana y venezolana como iguales, que pretenda culpar a unos pocos por cómo estos procesos han terminado. El amor por los valores democráticos que caracterizó las acciones de las Fuerzas Armadas Bolivianas no está en el ADN de sus pares venezolanos, y es la diferencia más importante entre Bolivia en el 2019 y la Venezuela de 2013.

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Manuel R. Cadenas | 13 noviembre 2019

Todos los que defendemos los valores democráticos en nuestros países latinoamericanos vemos con extrema alegría como los bolivianos están logrando librarse de las garras de las tendencias dictatoriales de la izquierda antidemocrática que se desarrollaron en la región desde la llegada de Hugo Chávez en 1999, expandiéndose por casi toda Latinoamérica durante los últimos 20 años. La renuncia de Evo Morales no sólo da alegría sino también esperanza a todos los que queremos ver una región democrática, y donde el Estado de derecho sea la característica reinante de todo el Continente.

Con los hechos que se han desarrollado en el último mes en Bolivia podemos llegar a conclusiones incompletas, y a hacer comparaciones equivocadas con otras realidades de la región. Las redes sociales, desde la noticia de la renuncia de Morales, se llenaron no sólo de mensajes de alegría sino también de mensajes comparativos con la situación venezolana en las Elecciones Presidenciales del 2013 (Nicolás Maduro / Henrique Capriles Radonski), y con los políticos de ambos países. Después de todo, es una comparación que a primera vista parece obvia; dos dictadores con más de 14 años en el poder, resultados electorales llenos de vicios y confusión, líderes opositores que denuncian fraude del proceso electoral, y un llamado a no reconocer los resultados.

Pero es ahí donde se acaban las similitudes de ambos casos. Cualquier analista serio que maneje toda la información se da cuenta de ello. La realidad boliviana no es igual a la venezolana, quien diga que se asemejan simplemente hace comparaciones malintencionadas y veremos a continuación las grandes diferencias entre ambos escenarios.

Contexto e Instancias Internacionales

El contexto del continente latinoamericano de hoy es muy distinto al de hace 6 años. En las 10 grandes naciones sudamericanas había gobiernos de la izquierda en 9, lo que le daba al régimen chavista un apoyo incondicional que validó el fraude electoral del 14 de abril de 2013. Basta ver quiénes asistieron a la toma de posesión de Nicolás Maduro: Entre los asistentes estaban los mandatarios de esas 9 naciones latinoamericanas.

Hoy el contexto internacional es más diverso, sólo 3 naciones sudamericanas tienen gobiernos de izquierda (Bolivia, Venezuela y Uruguay). No existe en la región el apoyo incondicional para Evo Morales, muestra de ello es la falta de pronunciamientos a su favor en las primeras horas de su salida, y sólo los regímenes de siempre, Venezuela, Cuba, Nicaragua y el presidente electo deArgentina, Alberto Fernández (que se juramenta el próximo mes de diciembre) han vociferado su apoyo al ex mandatario boliviano.

Este análisis es extensivo a la realidad de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Para 2013 reinaba la política de la“petrochequera” por parte del régimen chavista, época en la que predominaba la compra de votos en instancias internacionales a cambio de subsidios petroleros para las naciones cooperantes. La gestión de José Miguel Insulza como Secretario General de la OEA estuvo llena de ambigüedades y favores para el régimen chavista.

Hoy la OEA tiene otra realidad, las naciones que la integran tienen una composición política muy distinta a la que había en 2013, sumado a una ya casi inexistente política petrolera de subsidios por parte del régimen madurista, debido de su incapacidad de mantener una producción suficiente que le permita ejercer una diplomacia petrolera como lo hacía en años anteriores.

Esto cobra una importancia determinante. Bolivia celebró su elección presidencial el 22 de octubre con una observación internacional amplia, distinto a la que acompañó el proceso en Venezuela en 2013. A pesar de una promesa de Nicolás Maduro de realizar una auditoría exhaustiva del proceso, que nunca se realizó, y la OEA, por su parte, tampoco insistió en el pedido. Hoy, 6 años después, es este organismo internacional quien insiste en realizar una revisión profunda del proceso electoral.

El informe de la OEA sobre los Hallazgos Preliminares en la elección boliviana fue la estocada final al régimen de Evo Morales. Este informe fue el sustento principal para la oleada de renuncias de alcaldes, gobernadores y ministros del partido de gobierno, y fue el basamento principal para el petitorio de las Fuerzas Armadas Bolivianas de solicitarle la renuncia a Evo Morales.

Tal informe nunca existió en Venezuela en el 2013, ni ese ni ningún pronunciamiento por parte de organización internacional alguna.

El Liderazgo Cívico dentro de la sociedad vs. Liderazgo Político

Para el proceso electoral boliviano que se celebró el 22 de octubre del presente año, era evidente la falta de liderazgo político en la oposición a Evo Morales. La incapacidad de dar un mensaje unitario opositor fue notoria durante los meses de campaña, los 7 candidatos contrarios al presidente boliviano no fueron capaces de unirse de cara a las elecciones, razón por la cual Morales gana la primera vuelta.

Su victoria nunca estuvo en discusión, Morales había ganado la primera vuelta, la discusión de fraude es sobre el porcentaje final presentado por el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia dos días después de la elección, en la que sorpresivamente y luego de haber anunciado que se realizaría una segunda vuelta, ese mismo Tribunal se pronuncia alegando que Evo Morales ganó la elección con 10.6% de diferencia a Carlos Mesa, evitando así la necesidad de balotaje (en Bolivia para ganar en primera vuelta es necesario ganar con el 50% + 1 voto o distanciarse del segundo lugar por más de 10 puntos porcentuales).

La respuesta de los líderes políticos tradicionales, incluyendo al candidato Carlos Mesa, fue lenta, fría y sin fuerza alguna. Este no planteó camino claro de protestas, acciones inmediatas ni soluciones ante el evidente fraude que se había cometido. Es cuando los Comités Cívicos (Organizaciones que aglutinan a la sociedad civil) de cada ciudad convocaron a acciones de protestas. El liderazgo de Mesa se vio opacado ante las acciones de los Comités Cívicos de Santa Cruz de la Sierra y de La Paz.

“Tarde o temprano el pueblo se cansa de los abusos dictatoriales y se alza hasta recuperar su libertad”

Fueron estos cabildos cívicos quienes ejercieron una presión verdadera sobre Evo Morales, fueron las instancias que exigieron la renuncia del hoy ex mandatario, mantuvieron un paro y protestas activas por más de 20 días en todo el territorio boliviano, y fueron ellos los que coordinaron los motines policiales en cada ciudad. No el liderazgo político tradicional.

En Venezuela estas instancias de organización civil, más allá de los partidos políticos, no existen. La coalición unitaria opositora, liderada por Henrique Capriles Radonski, fue la que coordinó acciones desde Caracas, sin mayor apoyo en las regiones. Las acciones se centraron en la capital venezolana sin repercusión real en el interior del país. Esto sin duda presentó una debilidad para las acciones de protesta del momento. 

El rol de las Fuerzas Armadas y Policiales

El factor determinante en todos los acontecimientos en Bolivia son las Fuerzas Policiales y las Fuerzas Armadas. Durante más de 20 días de paro que hubo en el territorio boliviano no existió represión por parte de las fuerzas policiales. Todo lo contrario, existieron motines en los destacamentos. La Policía Boliviana se unió a la lucha por la democracia. Cada sede policial de los 9 departamentos bolivianos, una a una, se negó a reprimir las protestas y se unían al petitorio de la población cívica del país. Más pudo la convicción por la democracia entre los efectivos policiales que las órdenes represoras que se dictaban desde el Ministerio de Gobierno en La Paz.

Poco después vino el pronunciamiento del Alto Mando Militar donde declaraban que no iban a usar las armas contra los bolivianos, y exigían la renuncia de Evo Morales por el bien de la democracia y la paz nacional. Lainstitucionalidad de las Fuerzas Armadas y Policiales Bolivianas fue la estocada final para el régimen de Evo.

“La institucionalidad de las Fuerzas Armadas y Policiales Bolivianas fue la estocada final para el régimen de Evo Morales”

En Venezuela no ha existido tal pronunciamiento, no ha existido tal institucionalidad, no sólo en el 2013 sino en la actualidad, todo lo contrario. LasFuerzas Armadas venezolanas son el gran soporte que hoy apuntala al régimen madurista. La fuerza de represión, la persecución política, la tortura son las herramientas favoritas de las Fuerzas Policiales y Armadas venezolanas. Tal institucionalidad no existe en Venezuela, tal amor por los valores democráticos que caracterizó las acciones de las Fuerzas Armadas Bolivianas no está en el ADN de sus pares venezolanos, y es la diferencia más importante entre Bolivia en el 2019 y la Venezuela de 2013.

Es por ello, por lo que se debe desconfiar de todo aquel que pretenda vender las realidades boliviana y venezolana como iguales, que pretenda culpar a unos pocos por cómo estos procesos han terminado. La verdad es que son realidades distintas, porque si bien somos todos latinoamericanos cada nación y cada ciudadano es muy distinto del otro. Y tal como este análisis demuestra, por encima nos parecemos, pero si indagamos un poco existe una gran diversidad entre nuestras realidades, instituciones y creencias.

No queda más que desear que los bolivianos logren conducir estos acontecimientos hacia la creación de una democracia sólida; no queda más que recordarles a los pocos dictadores restantes de la región, que tarde o temprano el pueblo se cansa de los abusos dictatoriales y se alza hasta recuperar su libertad.

*Politólogo y consultor.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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