En la aldea
15 junio 2024

Leopoldo Martínez Nucete, venezolano-americano, abogado, escritor, ex diputado de la Asamblea Nacional.

Leopoldo Martínez Nucete: “Venezuela tiene salida, pero será un país muy diferente al que conocimos”

El ex diputado opositor a la Asamblea Nacional de Venezuela y, en la actualidad, miembro de la Dirección Nacional del Partido Demócrata de los Estados Unidos, acaba de publicar un libro donde analiza los retos de la sociedad tecnológica, la postverdad y la crisis de la democracia.

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Milagros Socorro | 19 noviembre 2019

94 paradojas para pensar el siglo XXI -escribió Leopoldo Martínez Nucete en el artículo donde anunciaba la salida de este libro- resume mis inquietudes personales y ciudadanas. No me conformé con ordenarlas, escribirlas y publicarlas en notas aisladas. Las compilé en un libro porque aspiro a que sean objeto de reflexión y análisis, de crítica y discusión. Es mi modo de aportar al credo democrático profundamente arraigado en mi corazón y mis pensamientos.

El volumen, que lleva el sello de la Editorial Dahbar, reúne casi un centenar de columnas publicadas los domingos en el diario El Nacional, de Caracas; y a su vez, esas notas condensan las reflexiones y lecturas de su autor, así como la enorme cantidad de información que recaba en los seminarios y think tanks  en los que suele participar, en diversos países. 

Editor ejecutivo de IQ Latino y presidente del Centro para la Democracia y el Desarrollo en las Américas; Leopoldo Martínez Nucete es un estudioso de las tendencias globales, vocación que lo llevó a fundar el Centro para la Democracia y el Desarrollo en las Américas, con sede en Washington, donde reside.

-¿Cuáles fueron las circunstancias de su salida de Venezuela?

-Salí de Venezuela en 2005, en un exilio preventivo que ha terminado en una nueva ciudadanía. Mi oposición a la deriva autoritaria que iniciaba Hugo Chávez, mi denuncia sistemática a la instalación de un sistema cleptocrático en el manejo de las finanzas públicas, el convenio de cooperación con Cuba, así como el gradual asalto a la descentralización del poder y la autonomía de PDVSA, me pusieron en una posición difícil para mi integridad y la de mi familia.

“Hay una solución, sí. ¿Se puede fundamentar en la exclusión absoluta del otro? Cualquier intento de construir sin el otro fracasará”

La iniciativa de salir del país terminó convertida en una nueva ruta, toda una reinvención personal y familiar, que nos ha traído grandes satisfacciones en medio del dolor de esa herida que nunca sana. Una herida en el alma que se llama Venezuela. Salir del país protegió nuestra integridad y libertad, un intangible de enorme valor, que tuvo repercusiones duras en otros órdenes. Por un lado, el dolor del desarraigo de la patria y la separación de la familia extendida, pero también consecuencias materiales, incluyendo la confiscación de activos a familiares, en retaliación a mis posiciones políticas, activos que eran resultado de décadas de trabajo.

-Usted es miembro de la Dirección Nacional del Partido Demócrata de los Estados Unidos. Es, de hecho, el único venezolano que ha alcanzado esa posición. ¿En qué consiste su trabajo en ese ámbito?, ¿cuáles son sus principales propósitos allí?

-Llegué a la Dirección Nacional del Partido Demócrata junto a Tom Pérez, el primer latino en presidir el Partido. El ascenso de este equipo, bajo el liderazgo de Tom, ha sido una fórmula transformadora, expresión del poder que hemos construido los hispanos en Estados Unidos.

Además de las funciones inherentes a mis responsabilidades como miembro de los Comités de Finanzas y Asuntos Electorales, trabajo en las conferencias demócratas para el desarrollo de la Pequeña Empresa y la de Asuntos Hispanos. En este último rol, me ocupo de coordinar programas para el empoderamiento político de los hispanos, que incluye priorizar la agenda Latina en los EE.UU. Con mi trabajo en el partido y junto al liderazgo demócrata del Congreso, he intentado dos cosas muy sentidas para mí: Priorizar la recuperación de la democracia en Venezuela como un asunto bipartidista; y promover la adopción de un estatus de protección migratoria temporal para la diáspora venezolana desplazada por la crisis a los EE.UU., que todavía tiene un estatus vulnerable para permanecer legalmente en el país. De los 420 mil venezolanos que hoy residen en EE.UU., 120 mil somos ciudadanos y 150 mil están en situación vulnerable. El resto tiene algún estatus migratorio legal. Es responsabilidad de quienes tenemos el privilegio de la doble nacionalidad luchar por abrir un camino a nuestros hermanos ante el alargamiento de la tragedia que transita Venezuela.

-Su libro “94 paradojas para pensar el siglo XXI” aborda problemas contemporáneos de alcance planetario. ¿Cuáles diría que son los más acuciantes, aquellos que deberían concitar la atención del liderazgo político, científico e intelectual del mundo?

-El libro contiene una paleta temática muy variada. Estudiamos las tendencias que se vienen imponiendo en lo económico, social, político, el auge de las ciudades, Derechos Humanos y, muy especialmente, la crisis climática. El libro concluye que, como consecuencia de las paradojas de este tiempo, estamos enfrentando una crisis de la democracia. Ejemplo patente de esto es la crisis de la democracia de los Estados Unidos desde la elección de Trump.

Todas estas tendencias ofrecen oportunidades muy importantes, pero también concitan riesgos, amenazas e inequidades, injusticias sociales, que no podemos perder de vista. Son las paradojas que definen el tiempo que vivimos. Percibíamos que transitábamos hacia una época de progreso, consensos, avances, creíamos que estaban superados muchos problemas; y, de pronto, asoman amenazas, como la xenofobia o el racismo en respuesta a los enormes movimientos migratorios que vivimos. Las redes sociales debieron producir una sociedad más informada y participativa, pero también nos han traído al mundo de la postverdad o la mentira emocional, que ha generado polarización e intolerancia, de la mano de extremismos populistas y nuevas formas de intervencionismo en las democracias por parte de poderes autoritarios como el de Rusia; cuya mano visible influyó en la elección de Trump, el Brexit y, posiblemente, en agitar tensiones en la crisis política española en torno a la  cuestión catalana.

«El mayor desafío para el diálogo social que necesitamos en Venezuela lo representa la naturaleza cleptocrática del régimen y su vocación militarista».

Pero también tocamos temas apasionantes, como la necesidad de un marco multilateral para atender los derechos del migrante; los desafíos que tenemos en las ciudades, entre otras cosas con los procesos de gentrificación, o la justicia alimentaria. El cambio climático tiene un especial capítulo porque es un desafío existencial, que amerita exigentes respuestas en el plano político, social y personal.

-Usted ha sido muy crítico del presidente Donald Trump, ¿cómo explica que los Estados Unidos lo hayan elegido para conducir al país desde la Casa Blanca?

-La elección de Trump es una expresión aguda y peligrosa de la crisis de la democracia. Llegó al poder como consecuencia de cierta deriva de un sector del Partido Republicano, que propició un proceso de radicalización de la extrema derecha religiosa cristiana, combinada con poderosos intereses corporativos. Trump, con audacia, cabalgó sobre esa tendencia peligrosa, apalancado entre otras cosas por las redes sociales. Trump es un manipulador de emociones sostenidas en la postverdad. Esas mentiras que privan en sectores de la sociedad profunda estadounidense, que reacciona con ansiedad social y miedo frente al cambio demográfico, la diversidad y el empoderamiento político -afortunadamente para la democracia- de las clases medias trabajadoras, los ciudadanos de color, los inmigrantes, el colectivo LGBTQ y las mujeres. Trump construyó su mensaje a partir de los miedos arraigados en sectores elitistas muy conservadores, o sectores de la clase media o trabajadora anglosajona más desinformada y alejada de las realidades que definen el futuro de los Estados Unidos. No cabe duda de que hay vínculos emocionales entre Trump y una base de electores movilizada por la idea supremacista blanca, combinada con una visión hegemónica del conservatismo religioso.

Trump también supo manipular la crisis económica de la clase media estadounidense. Es una de las paradojas que analizo en el libro. La informática y la robótica han desplazado al capital humano en los servicios y la industria. Por ejemplo, un departamento de contabilidad hoy emplea posiblemente la cuarta parte de los profesionales que requería hace una década. Una línea de producción en una fábrica requiere incluso menos de una décima parte del personal. Las soluciones son complejas, pasan por desafíos educativos y transiciones económicas, más emprendimiento, todo lo cual exige ensayar nuevos modelos de cooperación público-privados.

-En sus artículos de prensa usted ha advertido de la urgencia de hacerle frente al “ataque contra la hispanidad, que encabeza Trump”.

-… Efectivamente, Trump acudió al atajo de promover la xenofobia contra la inmigración latina y la guerra comercial con México. Todo lo que dice es falso. Contra los latinos ha levantado un falso testimonio que nos niega el lugar que merecemos y las fabulosas contribuciones que hacemos los hispanos en EE.UU. El resultado del discurso de odio ha desatado formas de terrorismo doméstico como lo vivido hace poco en la tragedia de El Paso.

-¿Cree que Trump se reelegirá?

-Trabajo sin descanso para que eso no ocurra. La paradoja de que el sistema de los colegios electorales le permitió elegirse, pese a haber perdido el voto popular por más de 3 millones de sufragios, es difícil de reeditar. Y, de repetirse, sería con una brecha mucho mayor entre el voto popular directo y el resultado de los colegios electorales. Ese escenario conllevaría un agravamiento de la crisis de la democracia estadounidense, al punto de una crisis de legitimidad.

-¿Cree usted que la democracia está en riesgo en todo el mundo?

-Está en crisis. Confronta complejos desafíos. Y creo que una de las paradojas es el resurgimiento de extremismos populistas de derecha o de izquierda, que usan y abusan de la democracia. Pero incluso ante esta situación, cuya gravedad no niego, creo que podremos superar el desafío si trabajamos en el empoderamiento de nuevos liderazgos conscientes de las tendencias y soluciones sustentables que exige este tiempo. Creo que uno de los atributos que debemos sembrar en el nuevo liderazgo es la tolerancia y el reconocimiento del otro; y acompañar ese esfuerzo de la formación de cuadros tecnocráticos que faciliten consensos sobre los hechos. Sin entender los hechos, la realidad, y acordarnos sobre esta, es difícil encontrar soluciones políticas responsables.

-¿Cuál es su percepción de Venezuela?, ¿tiene remedio el país?

-Venezuela tiene salida. Pero el país que seremos es diametralmente diferente al que conocimos. La aspiración de cambio no se puede fundamentar en la nostalgia ni en el elitismo. Es preciso asumir la nueva realidad. Considero que el formato de contención o conflicto en que nos encontramos no es el lugar desde donde encontraremos una solución democrática duradera, sustentable. Hay una solución, sí. ¿Está cerca? No parece inmediata. ¿Se puede fundamentar en la exclusión absoluta del otro? Cualquier intento de construir sin el otro fracasará.

“Venezuela tiene salida. Pero el país que seremos es diametralmente diferente al que conocimos”

-¿Cuáles cree que son los mayores escollos?

-El mayor desafío para el diálogo social que necesitamos en Venezuela lo representa la naturaleza cleptocrática del régimen y su vocación militarista. En ese sentido, habrá solución en tanto se empodere un nuevo liderazgo dentro del chavismo, capaz de marginar a quienes cultivan la deriva autoritaria y el poder económico obtenido de lo ilícito.

-¿Cuál es su percepción de la diáspora?

-Estamos ante el ensanchamiento del mapa de Venezuela, como consecuencia de la diáspora. Esa es una reserva estratégica. Es importante pensar en formas eficaces de organizar la diáspora, más allá del actual conflicto político, para convertirla en parte de la solución del problema que en la actualidad representa por su impacto en los países donde han emigrado esos miles de venezolanos. Este es, sin duda, un asunto de especial relevancia internacional. Las diásporas siempre son un factor de influencia hemisférica, porque toda política internacional tiene una raíz local. Es decir, la diáspora genera doble ciudadanía y los venezolanos exigirán de los líderes de sus países por adopción acciones inteligentes para resolver el problema venezolano.

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