En la aldea
18 mayo 2024

Una novelista y muchos espías

El secreto que debió rodear la fiesta de las dos parejas en el estado Anzoátegui, fue quebrantado por muchos de quienes estuvieron allí. Pero atraería la atención nacional cuando, como era de prever, el rumbón devino en foco de contagio de Covid-19. Los atropellos del régimen se multiplicaron en cuestión de días en materia de libertad personal y de expresión, inviolabilidad del correo, y derecho al trabajo (periodístico); mientras, y en este contexto, el portal Cuba Debate publicó que “más del 95% de los médicos cubanos en Venezuela ya fueron vacunados”.

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Milagros Socorro | 06 abril 2021

El principal objetivo de dar una fiesta multitudinaria, a un costo de varios cientos de miles de dólares, es que se hable de ella. Mucho mejor si se convierte en el tema central de conversación por muchos días. Fui reportera de Sociales en El Nacional de Occidente, hace 40 años; esta fue, de hecho, mi primera fuente como reportera, sé lo importante que es para quienes botan la casa por la ventana que sus dispendios se conozcan, que los detalles se ventilen, que no quede un solo exceso sin documentar. Pero esto puede cambiar por varios factores. El primero es que resulte demasiado evidente que el boato haya sido financiado con recursos ajenos (por ejemplo, del Estado); que el fiestón tenga lugar en medio de la miseria generalizada, con lo que su difusión no despierte la esperada envidia sino un peligroso resentimiento; o que se produzca en medio de una pandemia, en franco desacato a las disposiciones de las autoridades, que habían decretado distanciamiento social y uso de tapabocas, entre otras previsiones y que, encima, entre los alegres bailarines se encuentre uno de los capitostes del régimen que ha ordenado “cuarentena radical”.

Este último fue el caso de la doble boda celebrada en el Club Sirio de Puerto La Cruz, estado Anzoátegui, a finales de febrero, entre cuyos 800 convidados se contó el fiscal de la constituyente, Tarek William Saab. Del colosal sarao se supo muy pronto por las filtraciones del personal contratado para su planificación y registro fotográfico, entre otros, quienes pusieron en sus redes imágenes y comentarios acerca del evento. Pero atraería la atención nacional cuando, como era de prever, el rumbón devino en foco de contagio de Covid-19, mortal en no pocos casos. Además, a finales de marzo se hizo viral en Twitter un video que mostraba mucha gente bailando y, entre ellos, también a rostro destapado, el fiscal de los tatuajes.

El secreto que debió rodear la fiesta de las dos parejas fue quebrantado por muchos de quienes estuvieron allí. El diario Tal Cual hizo seguimiento a las alusiones, en las redes sociales, acerca de los contagiados y de los decesos; y lo cierto es que circularon diversas reseñas, una de las cuales fue tomada por la novelista Milagros Mata Gil y puesta en un chat de WhatsApp en el que concurre un grupo de escritores de El Tigre, estado Anzoátegui, donde ella reside. En esa nota, se trataba a los anfitriones de “recién vestidos” y aquejados de un “narcisismo, variante de la estupidez”; se afirmaba que para el “pantagruélico evento” se había reclutado “200 personas para el manejo del catering, el bar y el servicio, ujieres, vigilancia, guardaespaldas, acomodadores, decoradores”; y se concluía diciendo que: “Hubo un tiempo en que la colonia árabe era modesta. Disfrutaban de sus ganancias, eso sí. Pero sin ostentación. Sus nuevas y desmadradas riquezas, insertados en el turbio y voraginoso cauce de los negocios con este desgobierno, los han hecho resbalar hacia la superficialidad del lujo mostrable…”.

“El WhatsApp no es público, es tan privado como una carta, de manera que sobre él pesa la sagrada inviolabilidad del correo”

La escritora, quien no era la autora de esas líneas, pero sí había apoyado a Saab cuando quería ser escritor, las puso en el mencionado chat de WhatsApp y alguien, uno de los miembros de ese grupo, se lo comunicó al fiscal del régimen. A los pocos días, Mata Gil alertó en Facebook: «Informo que me anda buscando una comisión del Conas-Faes. Cinco hombres armados. Como yo no estaba, dijeron que volverían a las 4:00pm. Como no he hecho nada, no tengo idea de qué se trata. Para que sepan. Detuvieron a Juan Manuel Muñoz (Moriche)». Moriche es el administrador del grupo de WhatsApp, y ella, lo hemos dicho, fue quien puso allí el texto sobre el matrimonio millonario y contagioso. Los dos fueron detenidos y acusados de “instigación al odio”. El régimen no negó, en ningún momento, que los dos escritores hubieran sido perseguidos por algo que estaba en su correspondencia personal. El WhatsApp no es público, es tan privado como una carta, de manera que sobre él pesa la sagrada inviolabilidad del correo.

Al día siguiente, el Tribunal Tercero de Control los excarceló. No los maltrataron (es lo primero que se pregunta cuando el régimen de Maduro detiene a alguien, sobre todo si es por motivos políticos), pero les quitaron sus celulares y les impusieron presentarse ante el Tribunal cada 30 días, así como prohibición de hablar públicamente de todo eso.

Dos escritores venezolanos fueron detenidos por haber llevado a un chat un texto donde se aludía a los privilegios de Tarek William Saab, conocido por todos los participantes en ese chat. Las fuerzas del Estado y los tribunales fueron usados para que un jerarca del régimen perpetrara una venganza. Mata Gil, autora de una media docena de novelas, casi todas premiadas, y Muñoz son reos de Saab, con un cargo que solo está contenido en la inconstitucional ley contra el odio.

En la misma semana en que los dos escritores fueron llevados a la cárcel por haber mencionado a Saab en un chat ocurrieron los siguientes abusos: El ministro de Comunicación del régimen, un tal Freddy Ñañez, confesó su proyecto de imponer “una ley para regular las redes sociales”; el propio Saab emitió una orden de detención contra dos figuras de la farándula, que están en la emigración, por haber dicho una mentira sobre una tercera persona, también del espectáculo; y los periodistas Luis Gonzalo Pérez y Rafael Hernández fueron detenidos durante 29 horas mientras intentaban cubrir los enfrentamientos armados en el estado Apure, les fueron violados sus derechos humanos, los incomunicaron durante 19 horas y los hicieron dormir en el piso de un cuarto de detención, les robaron los celulares, cámaras y equipo periodístico y los grabaron, bajo coacción y sin un abogado, para exponerlos al escarnio.

El párrafo anterior es un resumen, incompleto, de los atropellos de la dictadura de Maduro en materia de libertad de expresión, inviolabilidad del correo, derecho al trabajo (periodístico), y derecho de las audiencias a estar informadas.

En la misma semana nos enteramos de otra situación que confirma el uso de los recursos del Estado para la discrecionalidad de algún sector del régimen. El portal Cuba Debate publicó que “como parte de la prioridad otorgada por las autoridades venezolanas, más del 95% de los médicos cubanos en Venezuela ya fueron vacunados”. Un día, las Faes y el Conas se presentan en el domicilio de una novelista porque los espías de Tarek William Saab le dijeron que esta había puesto en el chat algo que lo involucra y al siguiente nos enteramos de que, mientras más de 400 profesionales de la salud han muerto en Venezuela porque están en la llamada línea de combate al Covid-19, ya no digamos sin vacunas, sino sin agua, jabón ni mascarillas, más de 20 mil extranjeros han sido inoculados en secreto.

Pero debemos leer todo esto sin involucrar nuestras emociones: podríamos ser acusados de… Mejor no decirlo.  

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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