En la aldea
23 mayo 2024

No llegó a cumplir 28 años

María Kathiuska murió antes de reunir la gasolina para su traslado al hospital

Se casó muy joven y tuvo un niño, que ahora tiene cuatro años. TSU en Administración, un pariente dice que su gran característica es lo trabajadora que era. María Kathiuska Mascia Urdaneta, quien se había contagiado por segunda vez de Covid-19, a pesar de todos los esfuerzos de sus familiares, amigos y médicos por salvarle la vida, falleció el jueves 3 de junio, a la 1:50 del mediodía, porque no se pudo completar los litros de gasolina necesarios para llenar el tanque de la ambulancia que la trasladaría desde Machiques hasta el Hospital Universitario de Maracaibo. “En el Zulia todo es un caos: la gasolina, la electricidad, las medicinas”.

Lee y comparte
Milagros Socorro | 08 junio 2021

Hablaban bajito. Se aseguraban de que la puerta estuviera cerrada y que el niño no hiciera ruido. Pero, aún así, María Kathiuska percibía la tensión, la corredera, la tensión en los murmullos. En un momento, alguien se asomó para ver si ella estaba dormida, pero no, la enferma estaba más pálida y su respiración, si así podía llamarse a aquel resuello sibilante, más difícil. Agónica, es la palabra. Y ella lo sabía.

La persona que había entreabierto la puerta de la habitación donde yacía la enferma dio aviso a los demás. María Kathiuska quería verlos. Había llegado la hora de despedirse.

María Kathiuska Mascia Urdaneta había nacido en Machiques de Perijá, en el occidente del estado Zulia, al pie de la Sierra de Perijá, el 3 de julio de 1993. Le faltaba un mes exacto para cumplir 28 años. Su madre, Janet Urdaneta, es profesora y su padre, Giovanny Mascia, es taxista. Ella era la hija mayor de la pareja y fue asmática desde pequeña, lo que no le impidió hacer sus estudios hasta obtener un título de TSU en Administración. Sus compañeras de liceo la recuerdan muy alegre, echadora de bromas y destacada en el deporte. “Era muy coqueta. Se arreglaba muy bien. Nunca estaba desaliñada, siempre estaba bonitica”.

“Nos quitan la luz de siete de la noche a diez, a doce de la noche, a la hora que a ellos les dé la gana. Y cuando eso pasa, los enfermos caen en pánico. Eso lo vivimos con María Kathiuska”

Se casó muy joven y tuvo un niño, que ahora tiene cuatro años. Un pariente dice que su gran característica es lo trabajadora que era, “Para sacar adelante a su hijito. No la había tenido fácil. A su hermano, menor que ella, lo han tenido que operar varias veces de las piernas y ella batallaba, al lado de su madre, para recabar fondos para esas intervenciones. Era una gran compañera de su madre”.

Un caos pavoroso

Quienes dieron información para esta nota exigieron mantener sus nombres en resguardo. Los padres están demasiado abrumados para hablar con periodistas y los amigos tienen razones para estar temerosos. En Machiques no hay más ley que la violencia y la represión, no solo del régimen, también de ciertos aliados que suelen pulular por la frontera.

María Kathiuska trabajaba en un supermercado. Quizá por eso estaba muy expuesta al contagio de la Covid-19, de lo que es prueba el hecho de que contrajo el virus dos veces. La primera, en octubre del año pasado; y la segunda, ahora a comienzos del pasado mes de mayo.

“Los padres y el esposo han tenido que lidiar con su pena mientras buscan la manera de pagar las deudas que les quedaron de la enfermedad de la muchacha”

-En los primeros días de mayo -dice uno de nuestros informantes-, empezó con una gripe o lo que parecía una gripe, pero luego recibió el diagnóstico. Era Covid. Otra vez. De inmediato, se le administró el tratamiento con oxígeno, terapia… pero la saturación de oxígeno en sangre en vez de mejorar, iba bajando. Se fue agudizando todo. Por un lado, la enfermedad de ella; y por el otro, nuestra lucha para conseguir bombonas de oxígeno y dinero para pagarlas. Eso en Machiques es un caos pavoroso: las cobran en dólares, cuando nosotros solo ganamos bolívares. Es una tragedia.

Cada vez que los médicos les pedían insumos, los familiares y amigos se movilizaban para pedir donaciones y adquirirlos en la medida en que iban llegando recursos. “Pero cuando llegamos con la máscara y otras cosas, ella se encontraba en una situación de pánico y ansiedad incontrolables. Dicen que esta enfermedad empeora con el estrés y puedo asegurar que es verdad; al menos, en el caso de María Kathiuska, el terror aceleró su final. Era terrible verla tan angustiada, afiebrada, nombrando a su hijo y tratando de tomar aire. Llegó un momento en que se sintió tan mal y vio que era tan difícil llevarla al hospital en Maracaibo que se despidió de su madre, hermano y esposo”.

De a dos, de a diez litricos

La joven paciente había estado hospitalizada por tres días, en un CDI, en Machiques, para asegurarle el oxígeno. “Pero en el Zulia todo es un caos: la gasolina, la electricidad, las medicinas… Los médicos dijeron que María Kathiuska debía ser trasladada a la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) del Hospital Universitario de Maracaibo, donde nos dijeron que la recibirían y que incluso pondrían a disposición una ambulancia, pero la gasolina corría por cuenta de los familiares. Fue entonces cuando los familiares nos fuimos por todo el pueblo a pedir gasolina; y la gente nos ayudó, de a dos litricos, diez litricos… y cuando estábamos a punto de reunir la gasolina necesaria para llegar a Maracaibo, María Kathiuska no resistió más”.

Murió el jueves 3 de junio, a la 1:50 del mediodía. Los padres y el esposo han tenido que lidiar con su pena mientras buscan la manera de pagar las deudas que les quedaron de la enfermedad de la muchacha. “Hicimos muchas rifas” -dice una amiga de la familia-. “Mucha gente colaboró, sobre todo gente que está en el exterior. Ayer, domingo, sorteamos la última cesta de comida, que donó el supermercado donde ella trabajaba. Hay que decir que los dueños del negocio, el señor Juan Luis y la señora Ana Parra, se portaron excelente con María Kathiuska, lo mismo que las doctoras Daniela y Paola”.

Vacunas, para los que están con el Gobierno

Al preguntarle si ya están vacunando en Machiques, la informante dice que no. “Dijeron que iban a empezar a vacunar en el Zulia. En Machiques, dijeron, empezarían el lunes, a las dos de la tarde, según, en unas jornadas para quienes tuvieran el carné de la patria. Supuestamente, nos iba a llegar un mensaje para decirnos qué día y hora debíamos ir, pero llegó el lunes y llegaron las dos de la tarde y en el Parque Ferial no ha habido movimiento. Nadie informa. Solo sabemos que hubo una entrega de vacunas y se las pusieron a los de jefatura escolar, que están con el Gobierno, y a los directivos del hospital [de Machiques]. Y aquí todos los días hay muertos por Covid, seis, ocho muertos, todos los días… nos quitan la luz de siete de la noche a diez, a doce de la noche, a la hora que a ellos les dé la gana. Y cuando eso pasa, los enfermos caen en pánico. Eso lo vivimos con María Kathiuska. Eso también”.

Lee y comparte
La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
Más de Opinión