En la aldea
18 mayo 2024

Panorámica de Ciudad Guayana, a la izquierda el río Caroní y al fondo a la derecha el río Orinoco.

🎥La Ciudad de las aguas

Ubicada en la fusión de los ríos Orinoco y Caroní, contaba con aguas infinitas para crear canales, embalses, estanques, lagos, piscinas olímpicas y miles de fuentes por toda la ciudad, que a su vez generarían veredas, parques, patios, paseos, arboledas con riego todos los días del año. Pero Ciudad Guayana se planificó como una isla seca. Este 2 de julio cumplió 60 años, y qué mejor que acercarnos con una mirada íntima por íconos y vistas de una ciudad anclada entre aguas, para muchos la mejor planificada de Venezuela, pero que no supo aprovechar una ubicación maravillosa, potente, y emocionante.

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Federico Vegas | 19 julio 2021
Fuente en el parque de Hoboken, New Jersey (Video original del autor, Federico Vegas).

En Hoboken, una ciudad de New Jersey, han creado un bello parque a lo largo de la costa oeste del río Hudson. Es un mirador ideal para contemplar la luz del atardecer reflejándose en las torres de Manhattan. A veces, es tan intenso el reflejo en los vitrales que el sol pareciera estar naciendo en el Este, cuando en realidad está a punto de despedirse y dar inicio a la noche.

En este primer paseo encontré un tipo de fuente que me encanta. Lástima que no fueron parte de mi infancia. Son esas fuentes sin pileta ni fronteras. Los chorros brotan del suelo como pequeños y frescos géiseres y los niños pueden participar, ser dueños y protagonistas de la fuente. Parecen pequeñas estatuas llenas de vida que entran, salen y vuelven a entrar. En Venezuela he visto un solo caso semejante en la Plaza de Los Palos Grandes, diseñada por Edwin Otero. Espero que continúe funcionando. Son una verdadera fuente de felicidad, de absoluta frescura, un genuino bautizo urbano.

Mientras miraba a los niños desaparecer y aparecer en la fuente de Hoboken, recordé la ciudad con el mayor caudal de agua en el mundo. Está ubicada en el encuentro de dos caudalosos ríos, el Orinoco y el Caroní, y fue bautizada con el exigente apellido de una geografía deslumbrante, mítica: Ciudad Guayana.

Unión de los ríos Orinoco y Caroní.

En algunas descripciones de Wikipedia, Ciudad Guayana todavía aparece como una de las dos ciudades mejor planificadas de Sudamérica. Me produce cierta aprensión el adjetivo “planificada”. Suena a ciudad aplanada por un proyecto que solo existe en el papel, en la bidimensionalidad de los planos. Me recuerda el adjetivo “beneficiado”. Luce bien eso de ser beneficiado, aunque para un pollo equivale a ser “sacrificado por métodos técnicos debidamente autorizados y sometido a determinados tratamientos para su posterior consumo”. Imaginen una ciudad beneficiada por una adecuada planificación.

Ciudad Guayana pretendía ser una ciudad ultra proyectada a partir de novedosos conceptos desarrollados en los años ‘60 por especialistas del MIT y la Universidad de Harvard. Lo que me recuerda la frase de Marshall McLuhan: “Especialista es aquel que nunca comete un error mientras va generando una gran falacia”. Falacia: “Engaño o mentira que se esconde bajo algo”. Viendo el resultado, es lícito suponer que los urbanistas de MIT y Harvard se estaban engañando a sí mismos.

¿Por qué una planificación puede llegar a generar una falacia urbana o trampa de largo alcance?

Una ciudad, además de un plan, necesita un sueño, unas imágenes, un escenario y unas profundas referencias históricas. En el caso de Ciudad Guayana, el combustible y tema central de estas reflexiones es su principal y omnipresente recurso: El agua. Y no estoy pensando en ejemplos como Venecia, que nació por razones defensivas en medio de una laguna y se transformó en una fantasía; pienso en San Petersburgo, concebida, proyectada y construida por Pedro el Grande como una Venecia en el mar Báltico, con la participación de arquitectos alemanes, franceses, italianos, y uno que otro ruso.

Venecia, Canal Grande; y San Petesburgo, Canal Griboyedov.

Otro punto de partida para una ciudad es un arte y una ciencia que suele dejarse para el final de la obra: El paisajismo. Casi siempre el último en llegar es el paisajista. Dice el dicho que los médicos cubren sus errores con tierra y los arquitectos con hiedra. El paisajista debería ser el primero en llegar, y bien acompañado de una conciencia geográfica y ecológica. No hay mayor economía y mejor inversión a largo plazo que comprender y valorar el paisaje existente, su potencial, y encausarlo, dialogar con él, hacer que se integre a lo urbano, que forme parte del diseño y del sueño, del plan y del imaginario.

Ubicada en esa prodigiosa fusión del Orinoco y el Caroní, Ciudad Guayana contaba con aguas infinitas para crear canales, embalses, estanques, lagos, albercas, piscinas olímpicas y miles de fuentes por toda la ciudad, que a su vez generarían veredas, parques, patios, paseos, arboledas con riego todos los días del año. Sería una ciudad que tendría en su anatomía y fisiología, en sus calles y jardines, lo mejor de Guayana y del Amazonas.

Pero Ciudad Guayana se planificó como una isla seca. ¿Para qué soñar con agua si la rodeaba por todas partes? Era un recurso demasiado evidente y se dejó para el perímetro como un magno evento al que la ciudad se asoma en algunos puntos. La ciudad podría disfrutar la belleza de los saltos y raudales de sus ríos, que parecen regalos de un Dios enloquecido, exageradamente generoso, pero no los integraría a su paisaje urbano, a su vida cotidiana, a su carne y a sus huesos.

En las primeras manchas elaboradas por Harvard y MIT observamos cómo se van planificando funciones, circulación, densidades, zonificaciones, pero aún no aparecen paradigmas semejantes a los elementos que Aristóteles definió para el teatro: Trama, espectáculo, retórica, carácter, canto y pensamiento. La arquitectura y el urbanismo de una ciudad son en buena parte el escenario de un gran drama, por lo tanto conviene sentar las bases para que este drama pueda expresarse con libertad, justicia y generosidad.

En la inmensidad del terreno que se comenzaba a trabajar aparece un único y solitario edificio: La sede de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG).

En una vieja foto de 1966, donde pueden observarse los rastros en la tierra de tractores comenzando a definir vías y lotes, aparece un único y solitario edificio; es la sede de la de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), encargada de dirigir la construcción de la ciudad, el sistema hidroeléctrico y el desarrollo industrial de la zona. Ha sido diseñado por un joven que entonces no llegaba a los treinta años, Jesús Tenreiro. Fui su amigo y alumno. Mi respeto por su obra y enseñanzas ha seguido creciendo hasta niveles donde duele no haberle agradecido sus enseñanzas con más efusividad y alegría.

La fuerza de un arquetipo.

La sede de la CVG ha debido entenderse como un maravilloso augurio. Es verdaderamente fundacional, un verdadero arquetipo: “Modelo original que sirve como pauta para imitarlo, reproducirlo o copiarlo”. Está construida mediante paneles de hierro y ladrillo que van generando pantallas de sombra y ventilación. Tiene forma piramidal, lo que nos transporta a los edificios religiosos de ciudades ancestrales. Durante mi primera visita me mantuve en un estado de asombro y suspenso. No lograba acostumbrarme, saciarme con la poesía del lugar. Cada vez que cerraba y abría los ojos me sentía ante una nueva revelación. Me llené de ideas y sensaciones sobre el alma y el carácter de un edificio, sobre la frescura y la austeridad. Alberti decía que una ciudad debe ser una gran casa y una casa una pequeña ciudad. El edificio de Jesús es una pequeña ciudad que ha podido ser la clave para una gran casa y un gran parque llamados Ciudad Guayana.

Al poco tiempo comenzaron a llegar los estereotipos, los clásicos edificios de oficinas, viviendas multifamiliares y unifamiliares, acompañados por las viviendas informales, que hoy son la tipología con mayor crecimiento en nuestras ciudades. Al fracasar lo formal, lo informal toma terreno con una aceleración creciente.

En otro ensayo me gustaría explorar la relación entre un arquetipo y los estereotipos. Digamos por ahora que el término “arquetipo” proviene del griego arjé: fuente, principio u origen, y de typos: impresión o modelo. Podríamos decir entonces que el arquetipo es un ejemplo que condensa ideas y conocimientos que pueden servirnos de referencia, de guías para estructurar nuestros pensamientos y actitudes ante una situación similar. Por eso decía que el edificio de Tenreiro era un valiosa orientación para las edificaciones que estaban por construirse en una ciudad que iba a desarrollarse en un lugar excepcional.

Al otro extremo está el “estereotipo”, una palabra que proviene del griego stereós: sólido, y tipos, que, en este caso tiene más de molde que de modelo. Usualmente los estereotipos se basan en prejuicios que la sociedad ha aceptado como un “modelo a seguir”. En el caso de la arquitectura viene a ser una fórmula establecida que tiende a repetirse a mansalva. Originalmente el “estereotipo” era una impresión tomada de un molde de plomo utilizada en imprenta para repetir el tipo original. De aquí paso a calificar un conjunto de ideas sólidamente preestablecidas que van de lo convencional a lo inmutable, de lo preconcebido a lo irracional.

En el caso de Ciudad Guayana, llamo estereotipos a las citadas tipologías que se repiten en todas las ciudades de Venezuela, desde Maracaibo a Mérida, en las montañas y en las llanuras, frente a los ríos o frente al mar. La aventura de buscar un modelo, una idea y no solo una solución, tuvo pocos seguidores en Ciudad Guayana, generando repeticiones y agregaciones que nada tienen que ver con el sentido de uniformidad y composición que merece y necesita una ciudad.

Lo cierto es que la ciudad mejor planificada de Venezuela no supo aprovechar una ubicación maravillosa, potente, emocionante, fabulosa. Sí se creó una plaza de las aguas, colocando en un solo sitio el agua urbanizada, domesticada. Hoy, por razones que no hubiera podido imaginar ningún planificador, ha sido, al igual que toda Venezuela, beneficiada como los pollos.

Existen también algunas fuentes, como esta frente al edificio de Jesús Tenreiro, la cual también ha sido abandonada, ridiculizada y convertida en criadero de zancudos.

Fuente frente a la sede de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG).

Pesa en el alma la magnitud de semejante posibilidad perdida y pienso en otras generaciones, los hijos de nuestros hijos, que podrán integrar las aguas del Orinoco y el Caroní al sistema circulatorio de Ciudad Guayana.

Disfrutando de los niños que participan, son dueños y protagonistas de la fuente en el parque de Hoboken, New Jersey (Video original del autor, Federico Vegas).

*Las fotografías y los videos fueron facilitados por el autor, Federico Vegas, al editor de La Gran Aldea.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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