En la aldea
18 mayo 2024

La malla y la tenaza

Escasez de combustibles; bandas delincuenciales controlan territorios; los servicios públicos son cada vez más deficientes; las vacunas llegan a cuentagotas; una nueva reconversión monetaria; el régimen tiembla de imaginarse a Alex Saab en EE.UU.; y la Corte Penal Internacional avanza a su ritmo. “Todos son productos de lo que ha sido y hecho quienes están en el poder”. El autor hace un análisis con la precisión de un bisturí sobre la posición del régimen hoy, y de cómo el poder pasó de moverse a comodidad en la llamada “tesis de la tenaza” (presión internacional y presión interna) a “la malla”, de la cuál ellos no se pudieron zafar y quedaron atrapados junto a los venezolanos.

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Diego Bautista Urbaneja | 01 octubre 2021

Durante un tiempo el pensamiento de las fuerzas democráticas del país, las que trabajan por un cambio político, estuvo dominado por la imagen de la tenaza, “tesis de la tenaza”. La idea era que un cambio de régimen en Venezuela había de ser el resultado de la presión de una tenaza, cuyos dos brazos eran la presión internacional y la presión interna.

La tesis, así como la explicación de en qué había de consistir cada uno de esos dos brazos, llegó a adquirir el estatus de lugar común. La presión internacional, se decía, se compone de una combinación de sanciones personales, económicas, diplomáticas, jurídicas. Las instancias de donde han de proceder son los países democráticos del mundo, en especial los más desarrollados; las instancias internacionales, como la Comisión de Derechos Humanos de la ONU o la Corte Penal Internacional; personalidades de peso en la opinión pública internacional; los países de la región, especialmente los más afectados por la diáspora. En el tema de las sanciones económicas hay una bifurcación. Algunos sostienen que ellas perjudican a los venezolanos más que al régimen; mientras otros sostienen que, si se quiere mantener la tesis de la tenaza, las sanciones son un precio inevitable a pagar. Sobre todo cuando, como ocurre con los países europeos, las sanciones personales, que podrían ser en verdad muy efectivas, se aplican bastante tibiamente. Tal tibieza ha de ser compensada, se sostiene, por las sanciones económicas aplicadas por el país que tiene los instrumentos necesarios, los Estados Unidos.

La presión interna consistiría en una ola organizada de protestas, manifestaciones, reclamos de toda índole, lo más coordinados que fuera posible por una instancia política unitaria, orientada por una clara visión estratégica. Debidamente combinada con la presión externa, una presión interna de esas características, llevaría a la tenaza a ejercer su máxima presión, la cual, se postula, llevaría al régimen a buscar una manera de entregar el poder.

“‘La malla’ está en todas partes, día a día, acumulando todo tipo de factores cuyo poder desencadenante de rupturas es, en su acumulación, incalculable e impredecible”

El modelo de la tenaza supone que ella produce un efecto sin el cual la tesis no funciona. Consiste en que tan fuerte presión ha de llevar a una fractura interna del aparato de poder del régimen. Un sector de peso allí adentro pensaría que lo mejor que puede hacer el grupo gobernante es preparar su salida. Habría una lucha entre las facciones “duras” y las más “sensatas”, pugna de suerte incierta. Pero se parte de la premisa que sin tal fractura, la tenaza, por fuerte que fuera su presión, no produciría el resultado que se desea, el del cambio político.

Como decíamos, la tesis de la tenaza ha orientado la lucha política de los últimos años. Si vamos a los hechos, presión ha habido bastante. Tanto interna como externa. Seguramente no tanta, ni tan coordinada, ni tan atenta al acontecer, como idealmente hubiera sido de desear. Pero en estas cosas es bueno cuidarse de caer en la tentación de lo que Ramón Piñango llama “la utopía de los medios”: Suponer que para resolver un problema se cuenta con instrumentos y capacidades que, si los tuvieras, para empezar no tendrías el problema.

Lo que ha fallado es el efecto que se suponía: no ha habido fractura. Se trató de provocarla de diversas maneras. En particular se apostó a una fractura en el sector militar. Pero una inadecuada comprensión de los mecanismos materiales y psicológicos que mantenían unidos a los mandos militares en torno al régimen, impidió construir la apropiada “estructura de incentivos” para que se produjera la ruptura en cuestión. Pero no es nada fácil dar con tal fórmula, y menos sabiendo el régimen, como lo sabe, que eso es lo que se busca.

De manera que la cuestión permanece en pie: ¿Qué puede producir la famosa “fractura interna”? 

Es hora de actualizar la “tesis de la tenaza”. No es que muchos de sus elementos no sigan siendo válidos. Pero al día de hoy la imagen resulta demasiado simple. El tiempo no ha pasado en vano. Ya no se trata de aquella simple tenaza de dos brazos que se suponía capaz de producir una ruptura que no se produjo. Ahora se trata de un nuevo nivel de presión. Porque en torno al país se ha ido tejiendo una malla esférica, envolvente. Una urdimbre tejida por los innumerables factores que hace que los venezolanos estemos atravesando por lo que atravesamos. Cualquiera podría hacer su propia lista. Veamos una: Hoy no hay diésel, mañana bandas de delincuentes controlan zonas enteras de Caracas y juegan al gato y al ratón; luego se le quitan seis ceros a la moneda; después medio país se queda sin luz; Amuay se para por falta de algo; las comisiones de la ONU continúan emitiendo duros informes; unos barrios informan que tienen semanas sin agua; las vacunas llegan a cuentagotas; el régimen tiembla de imaginarse a Alex Saab en una cárcel de Florida; y la Corte Penal Internacional avanza a su ritmo. Todos son productos de lo que ha sido y hecho quienes están en el poder. Obsesionado por ocuparlo, el régimen pensó que en “la malla” quedaríamos atrapados los venezolanos, pero que él escaparía a sus tentáculos. Se equivocó. El también está apresado por la malla. A él también lo envuelve, lo estrecha, lo asfixia. Desde su propio punto de vista, y para su sorpresa, es sobre todo él quien ha quedado atrapado.    

“Una inadecuada comprensión de los mecanismos materiales que mantenían unidos a los mandos militares en torno al régimen, impidió construir la apropiada ‘estructura de incentivos’ para que se produjera la ruptura”

El régimen añora los días de la tenaza. Todo era tan sencillo. Los dos brazos eran claramente identificables. Se podían saber si actuaban al mismo tiempo y con la misma fuerza, o en forma descoordinada y desigual. Se podía saber, calcular, que se contaba con la fuerza necesaria para aguantar la presión que la tenaza podía producir o a dónde había que acudir para aliviar la presión. “La malla” es otra cosa, pues está en todas partes, día a día, acumulando todo tipo de factores cuyo poder desencadenante de rupturas es, en su acumulación, incalculable e impredecible. Silenciosa y engañadora, hasta el punto de que a veces parece que se afloja.

Es en el contexto de esa situación y estas incertidumbres que hay que colocar  el manido tema de la negociación. Sintiendo la presión implacable de la malla, sabiendo que está allí, el régimen ha aceptado sentarse en una mesa en México. Para quienes pensamos que en él sigue rigiendo el objetivo de permanecer en el poder cueste lo que cueste, tales pasos resultan intentos para que alguno de los anillos en verdad se afloje y el régimen recupere espacio para moverse. Son muy visibles todas las jugadas que hace para debilitar el proceso, armando escándalos y causando dilaciones que no tienen ninguna justificación y haciendo cosas como las pancartas de Saab. El problema de tal estrategia es que se conocen demasiado bien cuáles serían las posibles fintas, engaños y supuestas indignaciones; y cuáles en cambio serían los signos inequívocos de que el régimen de veras ha aceptado someterse al veredicto popular. Ya el sonido de la moneda falsa es demasiado familiar.

Las preguntas, de ingenua apariencia, son, como decíamos, las mismas: ¿Se producirá la fractura interna o, más simplemente, ocurrirá algo?, ¿alguien allá dentro pensará en el país, en los venezolanos?, ¿en ellos mismos?

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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