En la aldea
21 julio 2024

¿Brotes o sabana?

“Unos brotes no hacen una sabana, quizás este es el mejor símil que puedo citar para describir nuestra economía actual”. Los venezolanos no se amilanan frente a las situaciones extremas, y aunque para algunos la salida sea emigrar, el país intenta seguir adelante en un mercado que con pequeños signos de avance todavía le falta mucho por recuperar. Por eso el autor enfatiza: “La clave está en no conformarnos con un simple cambio de dirección. Está en solidificarnos como sociedad, en convertirnos sin temor alguno, en contrapeso necesario frente a un Estado que ha dejado clara su vocación autoritaria y controladora”.

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Henkel García U. | 23 febrero 2022

Hace unos cuatro años la economía venezolana estaba en su máxima postración. Era desértica. Salarios precarios, una inflación que estaba por mostrar su cara más destructiva, escasez de bienes tan básicos como una harina de maíz, colas inmensas para obtener determinados productos, era imposible conseguir ciertas medicinas así tuvieras plata para comprarlas. Era un ambiente tan hostil que terminó en una gran oleada de emigrantes.

En 2018 vimos un punto de inflexión en las políticas económicas. De pronto cesaron los controles de precios, flexibilizaron casi por completo el control de cambio. También se abandonaron la toma de inventarios y los shows televisivos asociados a estas. Poco a poco se dejó de un lado el uso de términos como socialismo y el de “guerra económica”. Los empresarios finalmente no eran tan malos como quisieron hacer ver.

“Es probable que la situación mejore de forma leve, pero seguirá siendo un crecimiento desigual e insuficiente”

Esa apertura parcial, ese cambio de dirección está muy lejos de representar el escenario ideal para la recuperación económica que necesitamos, a pesar de ello sí dejó y deja espacio para la aparición de un conjunto de oportunidades y posibilidades. Hoy tenemos acceso a una mayor variedad de productos, surgieron fenómenos como los muy conocidos bodegones y servicios de entrega a domicilio, café y restaurantes abrieron sus puertas, reaparecieron los casinos, Instagram es hoy una gran feria de comida y de tiendas. Lo que sí no vemos es la disminución de la capacidad ociosa de las pocas industrias que quedan, tampoco la construcción de nuevas fábricas. Es un crecimiento muy sectorial, sobre todo en comercio y en algunos servicios.

Unos brotes no hacen una sabana, quizás este es el mejor símil que puedo citar para describir nuestra economía actual. A pesar de ello vale la pena resaltar la nobleza de una economía de mercado y de las libertades económicas, que al ver algunas ventanitas de luz, logran cambiar la dinámica de una sociedad. Esto es llamativo y hasta esperanzador, pero nos falta mucho camino por recorrer.

“¿Podemos seguir creciendo en 2022? Sí. La magnitud de esa expansión va a depender de muchas variables, las cuales hoy desconocemos”

¿Podemos seguir creciendo en 2022? Sí. La magnitud de esa expansión va a depender de muchas variables, las cuales hoy desconocemos. Por ejemplo: ¿Cómo va a ser la prestación de servicios básicos?, ¿habrá algún cambio institucional en lo económico y en lo político así sea tímido?, ¿continuará el aislamiento internacional?, ¿qué tan vigorosa será la aparición del crédito bancario?, ¿continuará la disciplina fiscal y monetaria que han mostrado en estos últimos meses? Como ven, son más las inquietudes que las respuestas.

Es probable que la situación mejore de forma leve, pero seguirá siendo un crecimiento desigual e insuficiente, que alcanzará para algunos quienes se jactarán que “sin meterse en lo político se puede vivir bien”. Al no tener la recuperación robusta que la mayoría del país necesita, el éxodo continuará, aunque en menor medida, los salarios subirán marginalmente y la sensación de estancamiento personal y como país se prolongará.

La clave está en no conformarnos con poco, en no consolarnos con un simple cambio de dirección. Está en solidificarnos como sociedad, en convertirnos sin temor alguno, en contrapeso necesario y limitador frente a un Estado que ha dejado clara su vocación autoritaria y controladora.

@HenkelGarcia

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