En la aldea
18 mayo 2024

Grande o chica, jaula es jaula

No es idealismo asegurar que la recuperación de la democracia y la libertad es lo único que podría abrir la oportunidad para el desarrollo humano real en Venezuela. ¿Permitir la normalización de la barbarie endulzada con potes de Nutella que se venden en los bodegones a los que solo pueden acceder una parte ínfima de los venezolanos?, ¿dónde quedó esa frase que ha desaparecido del vocabulario como país: recuperar la calidad de vida? Una de las victorias de los autócratas es precisamente instalar en el imaginario colectivo que “todos son iguales”; entonces, ¿para qué cambiar? Si la política es despreciada, hacer que la democracia sea poco añorada es mucho más sencillo.

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Walter Molina Galdi | 15 marzo 2022

Giovanni Sartori fue uno de los pensadores contemporáneos más importantes de la ciencia política. Leer su obra es obligatorio para quienes estudiamos la política y deseamos comprender lo que son esas palabras tan mencionadas pero a veces tan incomprendidas, como son libertad y democracia. Sartori, cuyo libro más conocido es ¿Qué es la democracia?,supo plasmar 30 ideas sobre esta en un libro editado por Lorenza Foschini titulado: La democracia en 30 lecciones. Uno de los pasajes que más recuerdo, es el siguiente:

«En los inicios de la Revolución Francesa, Jean-Paul Marat escribía a Camille Desmoulins: ‘¿De qué sirve la libertad política a quien no tiene pan? Sólo resulta útil para los teóricos y los políticos ambiciosos’. La pregunta era sensata, pero la respuesta era inadecuada. Desmoulins pronto lo descubriría en carne propia, porque fue guillotinado. Es verdad que la libertad no da pan. Que no le interesa a quien tiene hambre es casi igual de cierto (aunque no del todo, porque la libertad por lo menos permite reclamar), pero si el pan lo es todo para quien no lo tiene, se vuelve insignificante (o casi) en cuanto lo hay.

No se vive -perdón por la banalidad- sólo de pan. Por otra parte, la pregunta de Marat suscita una pregunta paralela: ¿Para qué sirve la falta de libertad a quien no tiene pan? La respuesta es la misma: Para nada. El que renuncia a la libertad a cambio de pan es sólo un estúpido. Si la libertad no da pan, es aún más seguro que tampoco lo da la falta de libertad».

El libro lo leí hace unos diez años, pero lo que ahí se quiere plasmar, hoy está más vigente que nunca.

La crisis democrática a nivel mundial es evidente, tanto como preocupante. El pasado mes de febrero The Economist publicó el Índice de Democracia en 2021, que volvió a caer, tal como ha pasado durante los últimos años marcando su peor dato desde que empezó a medirse en 2006.

“En tiranías, si se pierde utilidad para quien tiene el poder hasta te pueden dejar sin pan, pero no podrás reclamar pues eso solo ocurre cuando hay libertad”

Este complejo 2022, comenzó con más regímenes autoritarios (59) e híbridos (34) que democracias plenas (21) y democracias deficientes (53). Es decir, menos de la mitad del mundo vive en democracia. Si nos vamos a Latinoamérica, hay más regímenes autoritarios (4) que democracias plenas (2).

El país peor puntuado de la región, según esta medición, es Venezuela. Peor que Haití, Nicaragua y Cuba, respectivamente. Ninguno de estos países, por cierto, tiene una buena economía, ni sociedades desarrolladas, ni indicadores positivos de alimentación, educación, salud o servicios públicos. No es casualidad, como tampoco lo es que Nicaragua (122), Haití (145), Cuba (175) y Venezuela (176) sean parte de los países con peor puntuación en el Índice de Libertad Económica 2022.

Lo que sí tienen en común estos cuatro países, además de la falta de libertades, es que sus ciudadanos buscan huir desesperadamente a otras naciones donde puedan vivir más que sobrevivir. Huir hacia naciones que, evidentemente, son libres y democráticas.

“No es casualidad que Nicaragua (122), Haití (145), Cuba (175) y Venezuela (176) sean parte de los países con peor puntuación en el Índice de Libertad Económica de 2022”

Sin embargo, de todos esos regímenes autoritarios el que hoy vive la mayor catástrofe económica es Venezuela, que sufre una Emergencia Humanitaria Compleja. Se llama así, porque los efectos de la crisis son iguales a los de una guerra, sin padecerla. Es decir, ocurre producto de una decisión política. Recientemente en este portal, tres expertos en el tema (Mirla Pérez, Omar Zambrano y Luis Pedro España) profundizaron sobre lo que ello ha significado y representa hoy día para los venezolanos. Los datos son tremendos y las historias, todavía peor.

Es necesario recalcar que, durante los 23 años de gobierno chavista-madurista, han ingresado al país más de un billón de dólares. Ni en los 40 años de democracia, es decir, casi el doble de tiempo, ingresaron sumas cercanas. No solo no se debería estar viviendo el desastre humanitario que ha convertido a Venezuela en la segunda mayor crisis migratoria del mundo, sino que tuvimos la oportunidad de desarrollarnos como país a una velocidad envidiable en la región. Pero no eran ni son los planes de aquellos que tienen -de facto- el poder.

Lo anterior, a pesar de ser a estas alturas ya sabido por todos, es preciso mencionarlo, pues si hay algo que manejan bien los autócratas del mundo es la propaganda. El chavismo desde el primer día “gobernó” echando culpas a terceros, a pesar de haber tenido más poder político, social y económico que cualquier otro gobierno venezolano desde 1958.

“El chavismo desde el primer día ‘gobernó’ echando culpas a terceros, a pesar de haber tenido más poder político, social y económico que cualquier otro gobierno venezolano desde 1958”

Primero, fue “la cuarta república”, luego “el paro petrolero”, más adelante “el imperio estadounidense y la oposición apátrida”, y al menos desde hace cuatro años, dicen que es por “culpa de las sanciones”. Como dijera una vez Simone de Beauvoir, “el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”, y eso ocurre hoy en Venezuela, lamentablemente.

En redes abundan las falacias de falsa equivalencia que igualan en responsabilidad a los miembros del régimen que tiene 277 meses ocupando el poder, y destruyendo el país, con aquellos que lo enfrentan. Estos últimos, sin duda alguna, han sido responsables de no lograr un cambio -para bien-, pero jamás lo son del 80% de pobreza, de los niños muriendo por desnutrición, de las familias separadas, de los asesinatos en protestas o de las torturas en los calabozos que los esbirros del régimen de Maduro destinan para los presos políticos.

Una de las victorias de los autócratas es precisamente instalar en el imaginario colectivo que “todos son iguales”, pues si eso es así, ¿para qué buscar cambiar? Si la política es despreciada, hacer que la democracia sea poco añorada es mucho más sencillo. Si no aspiras a ser libre, sin saberlo, estarás trabajando apenas por tus necesidades básicas o fisiológicas y, como mucho, de seguridad, tal cual se explica a la perfección en la Pirámide de Maslow.

“Si no aspiras a ser libre, sin saberlo, estarás trabajando apenas por tus necesidades básicas o fisiológicas y, como mucho, de seguridad”

Si la libertad no da pan, es aún más seguro que tampoco lo da la falta de libertad”, es parte de la cita inicial de Sartori, y ello lo explica con mayor profundidad Amartya Sen en su libro Desarrollo y libertad, cuando menciona que:

“… nunca ha habido grandes hambrunas en ningún país independiente que tuviera un sistema de gobierno democrático y una prensa relativamente libre. Ha habido hambrunas en antiguos reinos y en sociedades autoritarias modernas, en comunidades tribales primitivas y en dictaduras tecnocráticas modernas, en economías coloniales gobernadas por imperialistas del Norte y en países recién independizados del Sur gobernados por déspotas dirigentes nacionales o por partidos únicos intolerantes. Pero nunca ha habido hambrunas en ningún país independiente, que celebrara elecciones con regularidad, que tuviera partidos de oposición para expresar las críticas y que permitiera que la prensa informara libremente y pusiera en cuestión el acierto de las medidas de los gobiernos sin una censura general”.

No es, pues, idealismo ni una consigna vacía el asegurar que la recuperación de la democracia y la libertad es lo único que podría abrir la oportunidad para el desarrollo humano real en Venezuela; la economía robusta para todos y no una sin control para pocos; la vuelta de millones que han huido del país; el fin de la Emergencia Humanitaria Compleja; y esa frase que ha desaparecido del vocabulario como país: recuperar la calidad de vida.

El reto principal, entonces, es volver a darle sentido a lo que significa la libertad, esa que hoy no existe. No permitir la normalización de la barbarie endulzada con potes de Nutella que se venden en los famosos bodegones a los que solo pueden acceder una parte ínfima de los venezolanos.

Estemos donde estemos, dentro de Venezuela o fuera de ella, es menester dejar claro que la aspiración no puede ser vivir en una jaula más grande, sino borrar las ataduras impuestas por el poder y aceptadas por quienes creen que podrán beneficiarse sin saber que, en tiranías, si se pierde utilidad para quien tiene el poder hasta te pueden dejar sin pan, pero no podrás reclamar pues eso solo ocurre cuando hay libertad.

*Politólogo de la Universidad Central de Venezuela.
@WalterVMG

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