En la aldea
21 julio 2024

Percepción de recuperación, ¿abajo las sanciones? Depende (y II Parte)

Lo que hemos visto como crecimiento verdaderamente responde a la creatividad humana y refleja el potencial que las personas tienen cuando se le quitan las amarras. Imagínense lo que sería si hubiese Estado de Derecho, políticas públicas pensadas en beneficio del colectivo, fondos de entes multilaterales y plena confianza en la solidez del sistema político institucional. Por ejemplo, si las sanciones a las transacciones de petróleo se eliminan ¿esos ingresos se traducirán en prosperidad sobre la población “o terminarán en cuentas de particulares en paraísos fiscales como lo vimos con Andorra, o más recientemente en bancos rusos”?

Lee y comparte

En la primera parte de este artículo, que busca evaluar si lo que vivimos en la economía es una recuperación real, que nos pueda llevar al crecimiento sostenible; crecimiento de ese que se traduce en sacar de la pobreza a una porción de la población; crecimiento que genera incentivos para la creación de cadenas de suministro locales y, por ende, de exportación de productos de valor agregado que se traducen en crecimiento de reservas internacionales.  ¿Esto es lo que estamos viviendo? 

Asimismo, quedó pendiente el análisis del impacto de las sanciones internacionales, mejor dicho del impacto que tendría su desmontaje. El supuesto parte de que las sanciones son responsables, o corresponsables, de los males de nuestra economía. Hay sanciones que limitan las transacciones petroleras; las que limitan el financiamiento externo del Estado; otras que impiden transar con el Gobierno y, finalmente, las impuestas sobre las personas individuales. Lo primero que hay que entender de las sanciones es que estas se impusieron a los fines de restringir, dificultar y limitar las enormes redes de corrupción y saqueo mediante las cuales funcionarios públicos, de todos los niveles, utilizaban, y continuarían utilizando, para hacerse de fondos del Estado, claramente en perjuicio de los ciudadanos comunes venezolanos. 

“Los sistemas de justicia y el concepto de empresa privada son dos pilares fundamentales que sirven de ejemplo a lo largo de la historia. Aún en las condiciones más difíciles descubren cómo abrirse camino”

Si las sanciones a las transacciones de petróleo se borrasen y se permitiera el acceso de empresas petroleras de cualquier país, empresas que pudiesen levantar rápidamente la producción venezolana y que esta se vendiese a precios de mercado, PDVSA podría recibir entre 10 y 20 mil millones de dólares al año, que ahora no recibe, digo en un periodo relativamente cercano. Las preguntas son: ¿Esos fondos adicionales se insertarán de forma ordenada en la economía mediante el financiamiento de proyectos de beneficio colectivo? Es decir, ¿estos fondos se traducirán en prosperidad sobre la población o terminarán en cuentas de particulares en paraísos fiscales como lo vimos con Andorra, o más recientemente en bancos rusos? Otra duda que hay en la cabeza de muchos es si con más plata el régimen, que requeriría menos de la economía privada, sería nuevamente represivo e impondría otra vez controles. En este caso, la experiencia de lo ya vivido es la mejor guía de lo que podemos esperar en el futuro, porque el enjambre no ha sido sustituido y la meta sigue siendo aferrarse al poder.

Hay quienes manifiestan la necesidad de darle la oportunidad al régimen, dado el aprendizaje adquirido. La respuesta lógica ante este planteamiento sería que diera una demostración real de cambio, como la derogación de la recientemente aprobada “Ley Antibloqueo”, que permite el saqueo y/o traspaso silente de los activos del Estado; o la escogencia de un Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en el cual haya oportunidad para el debate y no la aplanadora gubernamental, tal como lo exige el Fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI). Acciones de este calibre posibilitarían otorgar el beneficio de la duda.

“La compra local de gasolina a PDVSA para fines de transporte, el pagar impuestos o el utilizar sistemas de telecomunicaciones del Estado no están limitados por las sanciones”

Lo mismo sucedería si se le permitiera al gobierno de facto acceder a los mercados financieros internacionales. Aquí cabrían varios dilemas: ¿Qué hacer con el gobierno interino y su disposición de activos como Citgo, o el oro en Inglaterra, cómo manejar a los bonistas cuyas obligaciones no han sido honradas y qué pasa sobre las garantías de esos bonos? Venezuela no ingresará fácilmente en el mercado de deuda internacional, pero sí puede ser objeto de préstamos de multilaterales. Aquí, nuevamente, hay que tener ojo con aquello de “zamuro cuidando carne”. 

Tal vez lo mejor con las sanciones petroleras o al financiamiento del Estado es debatirlas pensando fuera de la caja. ¿Qué tal si la actividad petrolera se restablece, con plena normalidad operativa, pero los ingresos por ventas, más allá de los fondos necesarios para el sostenimiento de la industria, son depositados en cuentas custodia a ser administradas por entes multilaterales, como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo? El destino de estos fondos sería enfocado en proyectos nacionales de educación, infraestructura o sociales. De esta forma nos cercioramos de que dichos recursos sean utilizados “realmente” en beneficio del pueblo venezolano.  ¿Será esto materia de discusión en México? La decisión de a cuáles proyectos se destinen los fondos puede ser soberana o compartida, lo importante es que la evaluación de los avances sea hecha por terceros designados por el multilateral y la erogación de los fondos sea entregada directamente a los contratistas, sobre avances cumplidos, contratistas siempre nacionales y escogidos por licitación pública. ¿Qué mejor manera de poner esos fondos a beneficio de la economía en su conjunto?

Luego están las sanciones que de alguna manera obstruyen las operaciones de compañías privadas, principalmente por sobrecumplimiento. Aquí vale la pena adentrarse un poco en el análisis jurídico de las sanciones. Aún con ellas, aquellas compañías que no están vinculadas con PDVSA, o alguna empresa controlada por esta, el Estado, o entes controlados por este, como el Banco Central, o personas relacionadas directamente o indirectamente con aquellos que están específicamente sancionados; no tienen limitaciones para importar, exportar, transar dentro o fuera de Venezuela, utilizar los sistemas financieros de Estados Unidos o Europa. De manera que deberían tener normalidad operativa.

“Así como tampoco lo están el relacionarse comercialmente con el Estado con fines humanitarios o educacionales”

La compra local de gasolina a PDVSA para fines de transporte, el pagar impuestos o el utilizar sistemas de telecomunicaciones del Estado no están limitados por las sanciones, así como tampoco lo están el relacionarse comercialmente con el Estado con fines humanitarios o educacionales. No niego que el temor de empresas y bancos extranjeros haya llevado al llamado sobrecumplimiento y que esto se tradujera en limitaciones para muchas compañías. Modificar estas sanciones o crear mecanismos para que otros entes internacionales puedan validar su nivel de exposición si transan con compañías privadas venezolanas, sí puede ser enormemente útil.

Finalmente, están las sanciones sobre las personas individuales, sus relacionados directa o indirectamente o las relaciones con las compañías en las cuales estas personas tengan intereses o participación. Estamos hablando de individuos perseguidos por haber delinquido aquí o en otros países, por haber actuado en presuntos delitos de derechos humanos o personas identificadas como pertenecientes a redes de corrupción. ¿Queremos que estas sanciones sean anuladas?

El crecimiento institucional

Lo que hemos visto como crecimiento verdaderamente responde a la creatividad humana y refleja el potencial que las personas tienen cuando le quitan las amarras, las cargas que antes referí. El ser humano es enormemente recursivo y ha creado los mecanismos para generar prosperidad. Los sistemas de justicia y el concepto de empresa privada son dos pilares fundamentales que sirven de ejemplo a lo largo de la historia. Aún en las condiciones más difíciles descubren cómo abrirse camino. Si tenemos sensación de desahogo con una bocanada de aire para algunos, imagínense lo que sería si hubiese Estado de Derecho, sistema de justicia, políticas públicas pensadas en beneficio del colectivo, fondos de entes multilaterales y plena confianza en la solidez del sistema político institucional. Recuperar la economía de 300 mil millones de dólares que fuimos podría ser sólo un peldaño en el ascenso.

Sin embargo, en el crecimiento venezolano actual no hay plan de largo plazo y el propósito es cualquier cosa que le dé sostenibilidad al enjambre en su conjunto y beneficios a los que en él pululan, beneficios a ellos a costa del bien superior del país, o de ciudadanos honestos que puedan estar en el camino de cualquier miembro del enjambre. 

Crecimiento real, lo digo una vez más, requiere de institucionalidad; de sistema de justicia, igualdad ante la ley, estabilidad de las leyes, debido proceso; garantías a la propiedad; la confianza derivada de la transparencia en los procesos públicos; el respeto a la información sin limitaciones; la participación de los interesados en la conformación de políticas públicas; la participación de la sociedad en su conjunto en la conducción del Estado -mediante selección por competencias-; el reconocimiento y la legitimidad del Estado en el entorno internacional, del comercio internacional; y la estabilidad de las políticas monetaria, cambiaria y fiscal; el vivir de bienes producidos localmente y la educación asociada para que esos bienes sean propios del siglo 21, en términos de tecnología y competitividad.

Las dictaduras someten, todas; si un ciudadano sobresale se vuelve peligroso.  Por eso en dictadura hay que pasar desapercibido, nadar con el cardumen, mantener la cabeza abajo. Esto es cierto bien sea en el liderazgo social, entre los actores de la economía o en el mundo de la cultura y las artes. Una sociedad que vive en dictadura está castrada, en su día a día, así como en su espíritu. Habrá algunos que son eunucos felices, siempre los ha habido. En contraposición, la libertad premia al que se destaca, al que se diferencia, al que crea. Para crecer los dos conceptos básicos son: libertad y educación, conceptos, por demás, interrelacionados y dependientes entre sí.

Cierro diciendo que los enjambres, o las redes heterárquicas, son la nueva realidad hacia donde apunta el mundo. No usadas en forma delictiva como la venezolana. Aprender a vivir dentro de ellas nos ha dado herramientas a nosotros por sobre aquellos que viven en sociedades con organización jerárquica eficiente. Esto no es cualquier cosa y puede servir de ventaja competitiva en un entorno de crecimiento real, que buscase ser distribuido y que pueda ser sostén verdadero de nuestra economía. El mundo sigue cambiando y hoy estamos en medio de uno de esos importantes giros de la tuerca existencial.

@JPOlalquiaga

Lee y comparte
La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
Más de Opinión