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23 abril 2024

Cipriano Castro (1858-1924). “La ascendencia de Castro sobre sus paisanos comandados era suficiente como para mantenerlos satisfechos”.

Cipriano Castro: el compadre que se fue de viaje (I Parte)

Un venezolano nacido en Capacho, en una familia de prosperidad económica del estado Táchira, que le ofreció una buena educación. La política lo cautivó desde los 18 años, donde comenzaría su carrera ascendente hasta llegar a ocupar la Presidencia de la República. Hábil y ambicioso, supo aprovechar las oportunidades que se le fueron presentando; aunque contó siempre con el apoyo de su amigo y compadre Juan Vicente Gómez. La llegada de Cipriano Castro al poder significó el comienzo del largo camino de mando de un gentilicio que no había gobernado antes de esa manera en Venezuela.

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Rafael Arráiz Lucca | 15 mayo 2022

El 12 de octubre de 1858, Carmelo Castro (Carmelito, le decían) y Pelagia Ruiz vieron nacer a Cipriano Castro Ruiz en el pueblo de Capacho, estado Táchira, uno de los dos varones que tuvieron, junto con las seis niñas que trajeron al mundo. Formaban una familia tocada por la prosperidad económica, gracias al ganado y el comercio que ocupaban el tiempo de Don Carmelo, así como el gusto pronunciado por el sexo femenino, cosa de la que se enorgullecía que hubiese heredado su hijo Cipriano, de quién decía: “Como los gallos finos, bueno para la hembra y para la pelea”, según afirma su biógrafo Antonio García Ponce.

Entre Capacho y San Cristóbal transcurrirá la infancia y adolescencia de Cipriano hasta que en 1872, cuando sumaba catorce años, los padres lo envían al mejor instituto educativo de la zona: el Colegio Seminario de Pamplona, donde el muchacho se formará como sacerdote. Como era de esperarse, en 1874 egresa del seminario pamplonés y regresa a San Cristóbal, convencido de que su destino no es el de pastor de almas. Entonces, se emplea en la casa comercial Van Dissel, Thies y Compañía, una de las empresas alemanas que se dedicaban a exportar el café de la región tachirense, y aprende de números y ventas.

Al cumplir dieciocho años (1876) se entusiasma con la política y se opone a la candidatura de Francisco Alvarado a la presidencia del Táchira. Dos años después consigue trabajo como administrador del periódico El Álbum y avanza en sus prácticas galantes, a la par que participa en la vida política de la ciudad; hasta que es hecho preso por un problema personal con el cura de Capacho. A los seis meses logra fugarse de la cárcel y se va a Cúcuta. Allá conoce a Zoila Rosa Martínez (1868-1952) quien, según García Ponce, era hija no reconocida del general Juan Mac Pherson. Con ella se casará en 1887 y estarán juntos hasta el final de la vida de Castro, sin que hayan tenido descendencia, por causa de la esterilidad de Doña Zoila, ya que Castro tuvo muchos hijos fuera del matrimonio.

“Caído Joaquín Crespo en la Mata Carmelera el 16 de abril de 1898, la debilidad del gobierno de Ignacio Andrade se hizo evidente. Esa fue la coyuntura que Castro intuyó propicia para sus ambiciones”

Este mismo año se suma al ejército de Carlos Rangel Garbiras y regresa al Táchira a enfrentar al gobernador Espíritu Santos Morales. Tras la victoria, el joven Cipriano es ascendido a general. El año siguiente (1888), Rangel Garbiras asume la gobernación del Gran Estado Los Andes y Castro es designado gobernador de la sección Táchira. Tiene 30 años. Dos años después es electo diputado por el Táchira al Congreso Nacional y entonces conoce Caracas y sus élites políticas. Se impresiona enormemente con el presidente de la República Raimundo Andueza Palacio y sus facultades oratorias. Regresa al Táchira a defender la causa de Andueza ante los embates armados de Joaquín Crespo. Derrota a las fuerzas crespistas en Táchira, pero Crespo vence en el resto del país. No tiene otra salida que el exilio. Se establece en la Hacienda Los Vados, cerca de Cúcuta, entre 1892 y 1899. Allá también se irá su compañero y compadre Juan Vicente Gómez. Juntos en el exilio, y juntos en la aventura que va a comenzar.

La Revolución Liberal Restauradora

Caído Crespo en la Mata Carmelera el 16 de abril de 1898 la debilidad del gobierno de Ignacio Andrade se hizo evidente. Esa fue la coyuntura que Castro intuyó propicia para sus ambiciones. Así fue como organizó un comando revolucionario integrado por Juan Vicente Gómez, Manuel Antonio Pulido, Emilio Fernández, Régulo Olivares, Froilán Prato y Santiago Briceño Ayesterán, todos en el exilio. Invaden el territorio nacional a partir del 23 de mayo de 1899 y libran su primera batalla al día siguiente, en Tononó, cerca de San Cristóbal, para continuar con los encontronazos guerreros de Las Pilas, El Zumbador, Cordero, Tovar -con un ejército que ya sobrepasaba los 1.500 soldados- hasta acercarse al centro del país, venciendo en Parapara, Nirgua y Tocuyito, el 14 de septiembre de 1899, cuando ya se hacía evidente que el ejército que comandaba Castro iba a llegar a Caracas triunfante. Cosa que ocurre el 22 de octubre de 1899, después de haber negociado la entrega del poder el día antes con el general Luciano Mendoza. El 20 de octubre el general Ignacio Andrade, abandonado por sus seguidores y traicionado por algunos de ellos, abandona el país por el Puerto de La Guaira, rumbo a Puerto Rico.

“La seguidilla de alzamientos condujo a que Castro reforzara enfáticamente su ejército, lo que fue sentando las bases de su futura profesionalización, y de su asentamiento monopólico”

En medio de la campaña de la Revolución Liberal Restauradora, específicamente el 3 de octubre de 1899, diecisiete días antes de que el general Ignacio Andrade se viera obligado a abandonar el país y entregar el poder, se firma en Paris el Laudo Arbitral que despojaba a Venezuela de parte del territorio de la Guayana Esequiba, y que la República no aceptará en ninguna de sus partes. Muchos años después, en Ginebra en 1966, tanto Gran Bretaña como la República Cooperativa de Guayana reconocerán el reclamo de Venezuela.

Presidencia de la República de Cipriano Castro (1899-1908)

El gobierno de Castro va a iniciarse con la incomodidad no manifiesta del grupo de andinos que lo acompañan en la aventura, ya que a partir de su paso por Valencia se hace acompañar por lo que se llamó entonces el “círculo valenciano”, que en cierta medida impidió que los andinos detentaran todos los puestos de mando. Sin embargo, la ascendencia de Castro sobre sus paisanos comandados era suficiente como para mantenerlos satisfechos. Por otra parte, la influencia de los valencianos en el gobierno de Castro no fue óbice para que los andinos ocuparan otros destinos públicos. Luego, durante la larga dictadura de Gómez, la presencia andina en el Gobierno se pronunció mucho más. En todo caso, con la llegada de Castro al poder comienza el largo camino de mando de un gentilicio que no había gobernado antes de esa manera. Esto no quiere decir que en gobiernos anteriores no hubiesen figurado andinos en puestos clave del aparato del Estado, y tampoco quiere decir que los andinos estaban completamente aislados del resto del país. Por lo contrario, la región era de las principales productoras de café, y contaba con un desarrollo propio muy superior al de otras zonas del país. Además, por razones históricas, no contaron con mano esclava durante el período colonial, lo que obligó a las familias lugareñas a trabajar la tierra ellas mismas, y a llevar la administración de sus fincas con criterios económicos muy claros. De estas familias proviene la mayoría de los tachirenses que llegan al poder con Castro, entre ellos su sucesor y compadre: Juan Vicente Gómez.

“Como era de esperarse, para las elecciones de octubre de 1901 se presentó un solo candidato: Cipriano Castro”

A pesar de que Castro incluyó en su gabinete al Mocho Hernández, como ministro de Fomento, este muy pronto se alzará en armas, y logrará reunir un contingente importante de soldados, pero será derrotado en mayo de 1900. No obstante la derrota de Hernández, pocos meses después, en octubre, se alza el general Nicolás Rolando en Guayana, proclamando la autonomía de la región. Y la seguidilla de alzamientos no cesa: Celestino Peraza en diciembre; Pedro Julián Acosta en enero de 1901; Juan Pietri en marzo; Carlos Rangel Garbiras penetra desde Colombia en el Táchira.

Todas las insurrecciones fueron vencidas por el ejército de Castro, al mando de Juan Vicente Gómez y de otros generales fieles al tachirense. De esta manera, en contraposición a lo que se buscaba, el gobierno del natural de Capacho se fortalecía, y en particular la institución armada que lo sostenía. Mientras los alzamientos eran descoordinados, la respuesta era unívoca, consecuencia de un solo mando. Además, la seguidilla de alzamientos condujo a que Castro reforzara enfáticamente su ejército, lo que fue sentando las bases de su futura profesionalización, y de su asentamiento monopólico.

La Revolución Libertadora de Manuel Antonio Matos

Junto con la cadena de levantamientos anterior, el banquero Manuel Antonio Matos entra en conflicto con el Gobierno desde el comienzo del mandato. Castro pretendía lograr un crédito con el Banco de Venezuela, y esta institución consideró que no se ofrecían suficientes garantías, por lo que se lo negó. Motivo por el cual Castro entró en cólera, y se inició un enfrentamiento. Matos, con el apoyo de la New York and Bermúdez Company, la empresa alemana del Gran Ferrocarril de Venezuela, y la Compañía Francesa del Cable Interoceánico, enfrenta militarmente a las fuerzas de Castro. Por si fuera poco, mientras estos fuegos se han avivado en el territorio nacional, el presidente de la República respalda secretamente a una de las fuerzas en pugna en la vecina República de Colombia. Como vemos, no puede decirse que el país estaba en calma, ni que avanzaba hacia ella.

Se congregan alrededor de Matos un conjunto de caudillos regionales nada despreciable: Luciano Mendoza, Domingo Monagas, el ya citado Nicolás Rolando, Pedro y Horacio Ducharne, Ramón Guerra, Juan Pablo Peñaloza, entre otros. Reciben una estocada difícil de superar en la Batalla de La Victoria, en noviembre de 1902, donde al ejército de cerca de 14 mil hombres de Matos, las fuerzas de Castro lo pone en fuga, dispersándolo ya de manera irremediable. Será una fracción de este conjunto, que huye hacia Ciudad Bolívar, la que se enfrente con el Ejército comandado por Juan Vicente Gómez y pierda la contienda, el 22 de julio de 1903; día en el que tuvo lugar la última batalla que ha habido en Venezuela. Concluía así la última andanada de los caudillos regionales, esta vez en asociación con el capital nacional y extranjero, para hacerse del poder por la vía de las armas, la misma que utilizó Castro para hacerse del mando. Volvamos ahora a tiempos constituyentistas.

La Constitución Nacional de 1901

En cuanto a la legalidad del mandato de Castro, recordemos que irrumpe con su revolución buscando restaurar el hilo constitucional que dice haber roto Andrade. De modo que mediante decreto del 27 de octubre de 1899 sanciona la vigencia de la Constitución Nacional de 1893. Sin embargo, muy pronto va a convocar a una Asamblea Nacional Constituyente que redacte una nueva Carta Magna. Esta se sancionará el 29 de marzo de 1901, fijando el período presidencial en seis años, sin reelección inmediata, y estableciendo un nuevo método para la elección del presidente de la República. Esta misma Asamblea, por su parte, designará a los generales Ramón Ayala y Juan Vicente Gómez como primer y segundo vicepresidentes de la República. A partir de entonces en el mes de octubre del año en que se fijen elecciones, los Concejos Municipales escogerán entre los candidatos a uno. En caso de no ser unánime la decisión, el Congreso Nacional la perfeccionaría. Como era de esperarse, para las elecciones de octubre de 1901 se presentó un solo candidato: Cipriano Castro.

El episodio del Bloqueo

Alemania e Inglaterra contemplan con alarma como la República de Venezuela se acerca a la insolvencia económica. La caída de los precios del café, así como otras calamidades, hacía imposible para Venezuela la cancelación de sus deudas. En particular, el préstamo que había contraído con el Disconto-Gesellschaft de Berlín en 1896, en tiempos de Joaquín Crespo, para honrar el contrato firmado por Antonio Guzmán Blanco con las empresas constructoras de ferrocarriles, pesaba mucho sobre el presupuesto nacional. Al reclamo alemán-británico inicial se sumaron Italia, Francia, Bélgica, Holanda, España y México, todas con reclamos que formular a la insolvente Venezuela.

Bibliografía:
-Harwich Vallenilla, Nikita (1991). Asfalto y revolución. La New York and Bermúdez Company. Caracas, Monte Ávila Editores.
-García Ponce, Antonio (2006). Cipriano Castro. Caracas, BBV N°30, El Nacional y Banco del Caribe.
-Picón Salas, Mariano (1953). Los días de Cipriano Castro. Caracas, Biblioteca Básica de Cultura Popular.
-Polanco Alcántara, Tomás (1990). Juan Vicente Gómez, aproximación a una biografía. Caracas, editorial Grijalbo.
-Sullivan, William M (2013). El despotismo de Cipriano Castro. Caracas, Trilobita y Academia Nacional de la Historia.

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