En la aldea
23 mayo 2024

Guayana Esequiba: el día en que Venezuela evitó una guerra, pero perdió una oportunidad

En el marco de un nuevo episodio de tensión entre Venezuela y Guyana por el Esequibo, y las pretensiones de explotación petrolera de este último, resulta importante recordar aquellos antecedentes poco conocidos por parte del Estado venezolano en ejercer soberanía sobre este territorio. Una crónica que narra lo sucedido en 1969, donde ambos países estuvieron a punto de entrar en un conflicto armado.

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Carlos Carrasco Muro | 29 septiembre 2023

Son las 6:00am del 2 de enero de 1969, Caracas aún soñolienta de la víspera de año nuevo. La Avenida Bolívar se encuentra despejada de autos y las nubes como grandes algodones cubren los picos de El Ávila. En muchos hogares y clubes de reunión, las tertulias familiares giran en torno al nuevo presidente electo, Rafael Caldera. Los venezolanos se sienten orgullosos de su identidad por ser testigos de una transición política inédita para la época: la alternancia del poder de un partido a otro por vías democráticas y pacíficas.

En esa fría mañana de enero a 1.600 kilómetros de Caracas estalla una rebelión, que hasta hoy en día es poco conocida para los venezolanos. En las interminables sabanas de la provincia del Alto Tacutu-Alto Esequibo, la novena región de Guyana, también llamada Rupununi, la joven líder indígena Valerie Paul Hart declara la separación de esa región del gobierno de la capital de Guyana, Georgetown;liderado por el primer ministro Forbes Burnham.

Una líder indígena que piensa en grande

Valerie Hart es una mujer atractiva de cabello negro largo, posee una mirada intimidante y un tono de voz fuerte. Pertenecía a la etnia ancestral de los Wapishana. Gracias a su herencia familiar disponía de grandes extensiones de tierras, que normalmente se utilizaban para la siembra y el ganado.

Sin embargo, existía un profundo problema en Guyana que la comunidad internacional desconocía, y que impulsó esta insurrección. Luego de 1966, cuando el país suramericano obtiene su independencia del Reino Unido, se establece una política centrada en las personas afrodescendientes, excluyendo social y económicamente a las personas de etnias indígenas, hindúes y descendientes de europeos que formaban parte del país.

Esta política deexclusión fue socavando la identidad de muchos ciudadanos guyaneses, especialmente los de origen indígena, que no sentían el amparo de la ley para proteger sus vida y sus costumbres.

En esos momentos de tensión, el Partido Amerindio de Guyana, que concentraba a las 5 etnias indígenas más importantes del país, renueva una discusión política de vieja data, respecto a la soberanía de sus territorios y la legitimidad de Burnham para gobernarlos, ya que estos grupos se concentraban en el área geográfica que Venezuela reclamaba para sí: El Esequibo.

Venezuela juega al espionaje

Valerie Hart como miembro influyente del Partido Amerindio, no pierde tiempo para tomar esta tesis y desarrollar una estrategia política a gran escala. En el año de 1968 establece conexiones políticas secretas con funcionarios del gobierno venezolano y funcionarios castrenses, con el objetivo de iniciar una separación del territorio del gobierno guyanés.

La respuesta por parte de Venezuela fue positiva, aunque no se trataba de una profunda empatía con las etnias indígenas del Esequibo. Después de todo, la clase política venezolana no había hecho grandes esfuerzos para incluir socialmente a las etnias indígenas de su territorio. En la prensa regularmente se evidenciaban abusos policiales hacia las comunidades Wayuu en el estado Zulia, y tribus de Pemones en el estado Bolívar.

Realmente, la razón de la respuesta de Venezuela estaba impulsada por los deseos nacionalistas de militares venezolanos. En la Academia Militar durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, se impartió un plan llamado “Hipótesis Negra”, cuyo objetivo se basaba en una recuperación militar del Esequibo. Esa visión, 10 años más tarde, estaba latente en los cuarteles, a la espera del momento adecuado. Además, el impasse de 1966, cuando soldados guyaneses intentaron invadir la isla de Anacoco de soberanía venezolana, seguía presente en el imaginario castrense.

En los últimos meses de 1968, Valerie Hart y el gobierno venezolano colaboraron estrechamente en la formación de milicianos. En el estado Bolívar de Venezuela, se entrenaron a centenares de campesinos guyaneses, que iban a participar en la rebelión.

Por otro lado, la Dirección General de Policía de Venezuela  y los componentes de inteligencia del Ejército lograron penetrar en los círculos más influyentes de Guyana. El espionaje venezolano en Georgetown se volvió sumamente complejo, donde existían miembros activos de la sociedad guyanesa dispuestos a apoyar una rebelión, que concluyera con la anexión de al menos 5 provincias al territorio venezolano.

Se pone en marcha la rebelión

En diciembre de 1968, la conspiración está consolidada. Los componentes de infantería del Ejército de Venezuela penetran secretamente el territorio guyanés y se posicionan en la Sabana de Rupununi. Gracias al trabajo de espionaje, la policía guyanesa oculta la transgresión venezolana en Guyana. Mientras tanto, Valerie Hart coordina la organización de los habitantes de la provincia para la rebelión, la mayoría conformada por indígenas y  descendientes de europeos, todos en contra del gobierno de Forbes Burnham.

A pesar de contar con el apoyo venezolano, Hart rechaza el envío de armamento pesado. Para los ojos del mundo, quiere que esta rebelión se vea como una acción popular llevada por las personas más humildes y discriminadas. En la mentalidad de la época, el método para alcanzar el poder por parte de la Revolución Cubana aún estaba muy presente; y la líder guyanesa quiere copiarla.

En la madrugada del 2 de enero de 1969, Valerie Hart activa la rebelión. Se comunica con los militares venezolanos posicionados en el estado Bolívar para empezar a recibir el apoyo. Las primeras horas transcurren sin respuesta alguna y los rebeldes toman la ciudad de Lethem, el principal poblado de la provincia del Tacutu-Alto Esequibo. Los rebeldes ocupan las instalaciones e instituciones del gobierno guyanés en la ciudad, mientras las personas leales a Burnham huyen hacia la sabana abierta, en búsqueda de refugio. Las principales vías de comunicación también están tomadas por los rebeldes.

La democracia venezolana en la encrucijada

En Venezuela, la situación es diferente, todos los componentes de la Fuerza Armada Nacional saben sobre la operación en el Esequibo. Sin embargo, no hay decisión política clara. Bajo un sol abrasador y el calor de las primeras horas de la mañana, los pilotos de la aviación venezolana se encuentran en Ciudad Bolívar, la mayoría están conscientes que pueden ir a una guerra. Muchos se despiden de sus familias en la base área, otros llaman a escondidas de sus superiores hacia esos hogares soñolientos por el año nuevo. La ilusión de los soldados de pelear y volver como los héroes que recuperaron el Esequibo, llena de ambición sus mentes y corazones.

En Caracas, se presentan una reunión de emergencia entre el ministro de Relaciones Exteriores Ignacio Iribarren Borges; el ministro de Interior y Justicia, Reinaldo Leandro Mora; el general de brigada Raúl Jiménez Gainza; el capitán Jacobo Yépez Daza y el representante de Acción Democrática, Orlando García, cercano al diputado por el estado Táchira, Carlos Andrés Pérez.

Sin embargo, la decisión que debían tomar no dependía de ellos solamente. En pocas semanas, iniciaba gestión un nuevo gobierno presidido por otro partido, Copei. Por esta razón, el presidente electo Rafael Caldera y el presidente saliente Raúl Leoni se comunican vía telefónica para determinar qué acción tomar. La respuesta consensuada fue esperar por el desarrollo de la rebelión; y no manifestarse ni brindar apoyo militar a los rebeldes.

Una proclama impotente

Para la 1:00pm, la provincia estaba tomada por los rebeldes. Desde el aeropuerto de Lethem, Valerie Hart lee una proclamación ante más de 100 campesinos rebeldes, en su mayoría mujeres, todos con escopetas. Se autocalifican como un Movimiento Guyveno (guyanés-venezolano); y ondea una bandera tricolor con una estrella verde en el centro. Esta era la señal acordada, para activar el apoyo del gobierno venezolano hacia la rebelión.

Ya el sol indica que son las 3:00pm y Venezuela no responde. Sin preverlo, el ejército guyanés empieza a tomar la ciudad de Lethem. Hart intenta desesperadamente llamar a los espías venezolanos en Georgetown, no sabía qué pudo haber salir mal. Nadie responde.

El silencio se apodera de los grupos rebeldes, que imaginan con terror sus destinos si fracasan. Algunas mujeres con su rostro sudado por la jornada, aguantan sin éxito las lágrimas de frustración y dolor. Los campesinos deciden huir del aeropuerto y se atrincheran en sus casas. Valerie Hart, junto con su esposo, toma la decisión de buscar personalmente la ayuda venezolana prometida. Ambos toman una avioneta y se dirigen a Santa Elena de Uairén, en el estado Bolívar.

Los miembros de la guardia fronteriza venezolana los reciben con caras de incrédulos y emocionados ante la historia de Hart, y el peligro que significa para Venezuela que su rebelión fracase. Rápidamente, los militares venezolanos envían en otra avioneta a la rebelde pareja hasta Ciudad Bolívar, con el fin que estableciera contacto directo con el gobierno en Caracas.

Los “yanquis” también juegan

Según el novelista David Baldacci: “Los pequeños detalles llevan a grandes resultados. La gente no mete la pata con las cosas importantes, la mete con los pequeños detalles”. En este episodio de la historia, esto no podría ser más cierto. De las personas leales al presidente Burnham, que logran huir de Lethem, existía un grupo de adventistas estadounidenses que bajo el terror causado por los rebeldes, se comunican a través de un radio transmisor con la Embajada de los Estados Unidos en Georgetown.

La comunicación con Washington se establece rápidamente. Al igual que en Venezuela, el Gobierno de los Estados Unidos atravesaba un proceso de transición, entre la administración saliente del demócrata Lyndon B. Johnson y el presidente republicano electo Richard Nixon. Eso retarda un poco la postura a tomar.

Sin embargo, bajo el esquema de la Guerra Fría y la similitud de esta rebelión con la Revolución Cubana, la Casa Blanca califica el movimiento como una amenaza comunista para la región de América Latina. Inmediatamente, los estadounidenses establecen comunicación con el Reino Unido para notificar la amenaza que se yergue sobre su excolonia. El gobierno británico alerta a Forbes Burnham, quien empieza a movilizar sus tropas hacia Lethem.

Por su parte, la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA) advierte al gobierno venezolano que cualquier acción u apoyo militar hacia los rebeldes del Rupununi en Guyana se traducirá en el retiro de la “Ayuda Americana Antisubversiva”; y una posible intervención en su territorio de la Royal Navy, la rama naval de las Fuerzas Armadas Británicas.

En una época, donde las guerrillas urbanas y laamenaza comunista de Cubamantenían un asedio permanente hacia las instituciones democráticas venezolanas, el costo político de Venezuela se volvía muy alto. No podían dejar de recibir la valiosa ayuda occidental. Además, esto podría poner en peligro la estabilidad del país de cara a la primera transición de poder pleno de un partido político a otro, una bandera de modernidad y progreso, que la sociedad venezolana esperaba con ansias.

La decisión fue clara: desmantelar toda la operación y borrar cualquier rastro de participación venezolana en la rebelión. En cuestión de horas, las Fuerzas Armadas conocieron la nueva orden. No faltaron los componentes, que bajo la ilusión de pelear una guerra por el honor y la recuperación de territorio, quisieron desobedecer y continuar el apoyo de la insurrección de Hart. Sin embargo, las maniobras del general Raúl Jiménez y el capitán Jacobo Yépez evitaron cualquier contradicción.

La realidad del fracaso

Para el momento en que Valerie Hart llega a Ciudad Bolívar, la decisión está tomada. No obstante, nadie tiene órdenes de informarle a la líder rebelde de las decisiones por parte del gobierno venezolano. Los militares apenadospor la decisión de sus superiores, se ofrecen para llevarla a Caracas, y que así pueda hablar directamente con representantes del Gobierno.

Hart llega de noche a Caracas. No sabe que a 1.600 kilómetros tropas guyanesas con lanza llamas incendiaron las casas de los campesinos rebeldes del Rupununi. Dos oficiales del ejército aguardan con ella y su esposo en el centro de Caracas, específicamente en el Hotel El Conde. La intención de la pareja es poder hablar directamente con el presidente Raúl Leoni. 

Luego de 2 horas de espera, el ministro de Relaciones Exteriores Iribarren Borges y el ministro de Interior y Justicia Leandro Mora llegan al Hotel. Se excusan de no poder ser recibidos por el presidente, quien se encontraba en ese momento con un “malestar gripal”. Ambos explican, el riesgo que supone para la seguridad nacional venezolana seguir apoyando la rebelión e informan sobre la actual situación en Guyana, ya controlada completamente por Forbes Burnham.

Valerie Hart se siente devastada,ya no puede regresar a su hogar. Los campesinos con quienes compartía su proclama en la tarde, para esa hora la mayoría se encuentran arrestados o muertos. La sangre se tiñe en Lethem y hierve su corazón. Hart siente como todas las promesas hechas a sus compañeros se desvanecen, así como la niebla se desvanece en la brillante Cruz de El Ávila vista desde el Hotel esa noche.

Ya con el sabor de la derrota y la traición, la rebelde pareja solicita protección para aquellos campesinos sobrevivientes. La opción que ofrece Leandro Mora es concederles la nacionalidad venezolana; y así ofrecerles resguardo como ciudadanos frente a la persecución de Forbes Burnham. Valerie Hart acepta la propuesta; y así se cierra un capítulo no muy bien documentado en la historia oficial venezolana.

Esto derivó en una crisis diplomática con Guyana, a través de acusaciones en las Naciones Unidas hacia el Estado venezolano. Hubo un estimado de 100 a 300 muertos rebeldes. Al menos, 53 viviendas indígenas fueron incendiadas. Se presentaron más de 100 denuncias de violaciones a los Derechos Humanos y tratos de tortura a los rebeldes. Aproximadamente, 147 indígenas de las etnias Makushi y Wapishanafueron detenidos y condenados a prisión. Por su parte, Venezuela concedió la nacionalidad a 120 personas involucradas en la rebelión.


*Las fotografías que documentan este escrito fueron facilitadas al editor de La Gran Aldea, junto al texto original, por el autor; cuya responsabilidad sobre el origen de las imágenes es única
y exclusiva de Carlos Carrasco Muro.

@CarrascoMuroC

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