En la aldea
18 junio 2024

«El socialismo del siglo XXI se autodenomina progresista, pero realmente es pobrecista», dijo el exmandatario

Iván Duque: Colombia no debe ser un masajista de la dictadura de Nicolás Maduro

“Colombia está jugando a lavarle la cara al más grande sátrapa del hemisferio”.

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Alejandro Hernández | 10 marzo 2024

El expresidente de Colombia fue contundente al denunciar que Nicolás Maduro solo busca hacer un “remedo electoral” este próximo 28 de julio para quedarse en el poder. Aseguró que el regimen venezolano “se ha pasado por la faja” el acuerdo de Barbados, por lo que pidió a la comunidad internacional despertar y retomar la agenda de sanciones con urgencia. 

En cuanto a la postura que ha ejercido el actual gobierno colombiano sobre el proceso venezolano, Duque fue muy crítico y sin cortapisa sostuvo que “Colombia está jugando a lavarle la cara al más grande sátrapa del hemisferio”, en clara referencia a Nicolás Maduro.  Sobre las negociaciones entre Estados Unidos y el régimen, no duda de las buenas intenciones de la administración Biden, pero alertó que “de buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno” y los instó a mostrar una mayor “contundencia y solidez política” en los días por venir.

El exmandatario elogió a María Corina Machado e hizo un llamado al resto de la oposición venezolana a unirse en función de ella, “es momento de dejar los egos de lado, ahora le toca a ella y hay que acompañarla de forma vertical”.

¿Qué valoración hace del cronograma electoral aprobado por el CNE días atrás? 

-Ese cronograma es una nueva acción atrabiliaria del dictador Nicolás Maduro. Una jugarreta para mantenerse en el poder, está convocando unas elecciones con muy poco tiempo de preparación, en las que es muy difícil ofrecer garantías y controles. Además, ha cercenado el derecho legítimo y validado por el pueblo de María Corina Machado a ser la candidata de la resistencia democrática, lo que demuestra su pretensión de hacer un remedo electoral para seguir con la dictadura que ejerce desde hace años. Por eso, me parece fundamental que la comunidad internacional despierte, reasuma la mayor cantidad de sanciones posibles contra el régimen y también se pronuncie de manera clara y categórica sobre la invalidez que podrían tener las elecciones del 28 de julio, si se mantienen los atropellos y las injusticias. 

¿Qué opina de las declaraciones de los presidentes de Brasil y España, Lula Da Silva y Pedro Sánchez, que salieron a elogiar la convocatoria y el cronograma que impuso el CNE? 

-Hay que tener absoluta claridad en que Maduro está buscando legitimidad y ese calendario electoral es ilegítimo, así como es ilegítima la estructura del poder electoral en Venezuela. Todo es una gran manipulación; y yo creo que quienes, equivocadamente, están creyendo en los cantos de sirena, después se van a arrepentir. 

¿Cuál cree que debería ser el rol de Colombia en este proceso?

-Colombia no debe ser ni un consueta, ni un cortesano, ni un masajista de la dictadura de Nicolás Maduro. Nosotros somos un país con vínculos históricos e indelebles con Venezuela. Durante mi gobierno, dimos la mayor demostración de afecto, fraternidad y acompañamiento con el Estatuto de Protección Temporal, que ha beneficiado a cerca de dos millones de hermanos que decidieron emigrar. Hoy en Colombia se cambió el amor fraterno por el pueblo venezolano, por la entrega absoluta a la dictadura de Nicolás Maduro. Colombia es un validador de esa conducta atrabiliaria, por eso Gustavo Petro ni siquiera ha condenado que se le haya cercenado a María Corina Machado la posibilidad de participar en las elecciones presidenciales. Pero, aparte de eso, el Estado colombiano dejó de pronunciarse sobre las violaciones sistemáticas de los derechos humanos en Venezuela. En este momento lo que tenemos es a una Colombia que está jugando a lavarle la cara a quien es hoy el más grande sátrapa de este hemisferio. 

¿Por qué la falta de firmeza del presidente Petro? 

-No es un tema de firmeza, sino de principios. Colombia ha sido un país defensor de la Carta Democrática Interamericana, hemos sido un país que ha respetado los procesos democráticos; y hoy pareciera que Colombia es un cómplice de las dictaduras de Maduro, Ortega y Díaz-Canel. Fuera de eso, lo único que hemos visto es el fracaso de la llamada integración comercial que trataron de vender a comienzos del gobierno de Petro; las exportaciones a Venezuela no han crecido, porque ninguna empresa se siente en condiciones de operar allá, puesto que eso puede traer problemas con la Oficina del Tesoro en Estados Unidos (OFAC). Pero el punto más triste es que Colombia es uno de los validadores más grandes de la dictadura de Nicolás Maduro. 

Petro ha dicho que la crisis venezolana es por las sanciones americanas que usted ayudó a materializar, ¿qué opina? 

-¿Cuáles sanciones? Lo de Venezuela era crónica de una muerte anunciada. A la Constitución de Hugo Chávez sólo le faltó un artículo en el cual se dijera que todo lo que ahí se establecía era válido si y sólo si el precio del petróleo estaba por encima de los cien dólares el barril. Es una Constitución absolutamente petróleodependiente, diseñada y confeccionada para vapulear al sector privado y acabar con la capacidad productiva; la consecuencia de eso es la crisis humanitaria y migratoria que hoy existe. Esto es un régimen que lleva más de veinte años en el poder, empezó en democracia, luego se volvió dictocracia y después dictadura; este modelo destruyó el aparato productivo e industrial para conformar una nueva oligarquía alrededor de los negocios del narcotráfico y el llamado Cartel de los Soles. Todo esto trajo pobreza y la migración de más de seis millones de hermanos, de los cuales más de dos millones están en Colombia; pero es por la destrucción que trajo el régimen, no por las sanciones. El socialismo del siglo XXI se autodenomina progresista, pero realmente es pobrecista, porque lo que ha logrado es el empobrecimiento masivo de la sociedad venezolana.

Hay gobiernos que tienen la creencia de que el problema migratorio deVenezuela disminuirá si se le permite a Maduro estar más estable económicamente, ¿usted qué opina? 

-La ola migratoria no ha parado. Ha tenido momentos de mayor o menor intensidad, pero no ha parado; porque hay una destrucción masiva del poder adquisitivo de la sociedad. Entonces podrán tener gente que vaya y saque algo de petróleo, pero la economía no mejorará. El hecho de que haya unos burgueses del régimen comiendo en restaurantes costosos y sacando sus maseratis a las calles de Caracas, no significa que la economía esté mejor; eso es una prosperidad de papel y la única prosperidad que se transforma en desarrollo es la colectiva, esa que genera empleo, empresa  y progreso. Ninguna de esas variables es viable en el régimen de Nicolás Maduro. 

¿Qué balance hace de la negociación entre Estados Unidos y el régimen de Maduro? 

-Yo creo que de buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno. Sin lugar a dudas hay buenas intenciones por parte del gobierno de Estados Unidos, pero como decía, creo que Winston Churchill: el que se pone a tratar al tigre con suavidad y a consentirlo, acaba en sus fauces.  Salta a la vista que todo lo que se acordó en Barbados, esta dictadura se lo ha pasado por la faja, pero aun así obtuvieron una flexibilización de las sanciones petroleras y les devolvieron al más grande lavador de activos que ha tenido el régimen en su historia, que es Alex Saab. A cambio, Maduro ha seguido violando derechos humanos, ratificó la inhabilitación de María Corina Machado y estableció un calendario electoral sin ningún sin tiempo suficiente para depurar un sistema que está al servicio de la dictadura. Además, puso la fecha de la elección el día del nacimiento de Hugo Chávez, uno de los más grandes corruptos que ha visto América Latina.

Nosotros hicimos un pronunciamiento en el grupo Libertad y Democracia en el que pedimos a Estados Unidos que restablezca las sanciones por la violación de todos los acuerdos de Barbados, y que, desde ya, la comunidad internacional diga que el resultado de las presidenciales del 28 de julio no tendrá validez, si la elección no se hace bajo parámetros legales y democráticos. Esto lo hicimos manteniendo que en Venezuela hay una dictadura, y no reconociendo a Nicolás Maduro como un presidente legítimo. 

¿Y a qué atribuye esta candidez que menciona de la administración Biden en la negociación con el régimen de Maduro?

-Insisto en que hay buenas intenciones, pero en mi opinión lo que Estados Unidos debe hacer en este momento, es mostrar toda su contundencia y solidez política ante lo que es una burla de Maduro tanto a su gobierno, como al pueblo venezolano. La Casa Blanca ha hecho una verdadera apuesta por el restablecimiento de la democracia en Venezuela, pero a los dictadores no se les puede dar la mano porque cogen el codo, el hombro y más allá. 

¿Qué significa para usted que el ciudadano colombiano, nacionalizado venezolano, Alex Saab esté libre y recuperando sus negocios en Venezuela? 

-Creo que es lamentable que un lavador de dólares y un narcotraficante esté libre. Ver a Alex Saab en libertad es una revictimización a todos los que han sufrido por la dictadura de Nicolás Maduro. Es muy preocupante la impunidad frente a quien ha sido el más grande lavador de dólares del Cartel de los Soles. 

¿Qué cree que debe hacer María Corina Machado?

-Debe resistir, persistir y nunca desistir. Es una mujer íntegra, líder natural, con capacidad, firmeza, valentía; pero ella sola no va a poder lograr la transición a la democracia, ella necesita una comunidad internacional que realmente entienda que permitir la continuidad de la dictadura lo único que va a traer es mayores desgracias para Venezuela y toda América Latina. Por eso, hay que apoyarla, rodearla, es una mujer absolutamente valiente y está legitimada para aspirar a la presidencia de Venezuela; a diferencia de Maduro, que es un dictador investigado por la Corte Penal Internacional. 

El problema, es que dentro de la propia oposición hay gente tratando de pescar en río revuelto y no la están acompañando como debe ser. 

-Es necesario poner el ego de lado y que todos, realmente, remen hacia el mismo propósito. María Corina ha sido absolutamente valerosa en enfrentar, al costo que sea, a la dictadura. Incluso, en el continente, muy pocas personas, tienen esa coherencia que ella ha mantenido, eso le ha labrado un camino y ahora es el turno de ella. Entonces, yo creo que hay que dejar los egos a un lado, rodearla y darle un apoyo contundente y vertical.

¿Cómo piensa que va a terminar el 2024 para los venezolanos?

-No me atrevo a decirle cuál va a ser, porque ya he vivido muchas etapas. Lo que sí le puedo asegurar es que de parte mía, siempre voy luchar con lo que pueda contribuir para defender el retorno a la democracia en Venezuela, porque el pueblo venezolano ha sufrido demasiado. Nos han tocado momentos muy duros, donde hemos tenido grandes desilusiones, pero también hemos tenido otros de importantes avances, así que, como dije antes, hay que resistir, persistir y nunca desistir hasta que vuelva la democracia a Venezuela. 

Durante su presidencia se registró la mayor migración de venezolanos a Colombia de la historia, ¿qué lo motivó a poder abrirnos las puertas a pesar del costo político que le generaría?

-Nuestra hermandad. Es que a la gente se le olvida que en 1821 compartíamos la Constitución, porque era el sueño de La Gran Colombia. Luego, en el siglo XX, durante muchos años, Venezuela también le abrió las puertas a muchos colombianos que en momentos de desasosiego encontraron allá una nación que los arropó y dio oportunidades; entonces, lo mínimo que nosotros podemos hacer con nuestros hermanos es acogerlos con afecto. Colombia mostró cómo, sin ser un país rico, se puede ser fraterno y solidario. Esa fue la motivación, a mí no me importaba el impacto que eso tuviera en mi capital político; si se llevaba todo, no me preocupaba, porque teníamos que mostrarle al mundo que la indiferencia frente a lo que estaba pasando en Venezuela era y es un pecado tan grave, como la misma actividad de cercenar los derechos y las libertades. Le enseñamos a todos que podíamos ser un país hermano, democrático e integrador; y me siento orgulloso de haber promovido esa política hacia Venezuela.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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