Señor, danos paciencia… ¡pero dánosla ya!

Juan Francisco Misle cuestiona la lentitud de Washington y los llamados a la paciencia del secretario de Estado, Marco Rubio, ante una transición democrática venezolana que considera estancada. El autor denuncia que, tras ocho meses de tutela estadounidense enfocada casi exclusivamente en reformas petroleras, persisten intactos los problemas de fondo

Se puede llevar la comprensión hasta el extremo con los alegatos del secretario de Estado, Marco Rubio. Los cuales algunos cambios de carácter institucional y administrativo en Venezuela tomarán cierto tiempo para implementarse. Como el nombramiento de los jueces del TSJ, la renovación de los rectores del CNE, y la actualización del Registro Electoral Permanente (REP). 

Estamos hablando de que hacer eso, a lo sumo, puede tomar unos pocos meses más para su implementación.

El problema es que el gobierno tutelar de Washington va con mucho atraso frente a su propia agenda. Ha comprado a valor facial las excusas fabricadas por Jorge Rodríguez. Trump ejerce, por mera condición imperial, el papel de regente sobre el país desde hace ocho meses. Si se excluye la implementación de las reformas petroleras, es muy poco lo que la administración estadounidense ha logrado. La economía se hunde y la transición democrática en Venezuela se estanca.

Por esa razón, lo que hay que preguntarle al secretario Rubio es simple y directo:

  • ¿Qué impide a la administración americana exigirle a la mesa de negociación que fije una fecha para la elección presidencial?
  • ¿Por qué no se han levantado las restricciones a la prensa y a los portales de internet?
  • ¿Por qué permite que continúe vigente el veto que impide el regreso de María Corina Machado a Venezuela?
  • ¿Por qué se hace el desentendido respecto a la prohibición de legalizar a los partidos políticos?
  • ¿Por qué no se liberan a los presos políticos?
  • ¿Por qué no se le conmutan las penas a quienes, habiendo sido excarcelados, aún cargan con restricciones?
  • ¿Por qué no se ha exigido el desmantelamiento de los órganos represivos que operan en el país?

Para hacer realidad todo esto basta con que Delcy firme un decreto y nada más.

Esas son algunas de las preguntas que —según mi criterio— los periodistas deben plantear a Rubio. Sin dejarse marear por una retórica evasiva que revela, más que estrategia, una falta de compromiso sólido con la democracia venezolana.

La paciencia solo se justifica cuando hay evidencia de avance rea, En este caso la evidencia apunta en sentido contrario. Ocho meses de gestión con resultados concretos únicamente en el terreno petrolero. Mientras los asuntos centrales de la democratización (libertad de prensa, retorno del liderazgo opositor, legalización de partidos, presos políticos y desmontaje del aparato represivo),siguen intactos. 

Pedirles tiempo a los venezolanos sin ofrecer señales verificables de cambio no es prudencia diplomática. Es una forma de ganar tiempo para mantener el statu quo. Mientras esas preguntas no reciban respuestas concretas, la exigencia no debería ser paciencia, sino resultados.

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