
Jesús Armas: “Me pusieron una capucha y me llevaron a una casa clandestina”
Ingeniero, activista político y por los derechos humanos, Jesús Armas es otra de las voces reunidas en el documental “Manual para volver”, producido por La Gran Aldea. Fue desaparecido, torturado y estuvo aislado en El Helicoide, pero hoy está en la calle y mantiene sus objetivos firmes
Fue durante sus estudios de Ingeniería en la Universidad Católica Andrés Bello cuando Jesús Armas se dejó tentar en serio con la actividad política. Era 2007, Hugo Chávez desmontaba las instituciones democráticas. Había que protestar, alzar la voz, y una cosa llevó a la otra.
En 2013, en las filas de Primero Justicia, resultó electo Concejal del Municipio Libertador para el periodo que terminaba en 2018. Esa experiencia, en la que se enfocó en la necesidad de mejorar los servicios públicos, le condujo a dirigir la plataforma Monitor Ciudad y a fundar la ONG Ciudadanía Sin Límites.
Pero eso no fue lo que molestó al régimen de Nicolás Maduro.
Lo que no pudieron tolerarle a Jesús Armas fue su trabajo como coordinador de organización del comando Con Venezuela en Caracas. Y menos que lo hiciera en el Municipio Libertador. Lo que colmó la paciencia del autoritarismo fue su eficiente accionar al lado de María Corina Machado y por la campaña que condujo al triunfo de Edmundo González en las elecciones del 28 de julio de 2024.
Y, claro, su participación en el proceso de resguardo de las actas de votación.
Por eso, Armas fue uno de los tantos presos políticos de ese año en el que Maduro y su aparato policial y de represión se aplicaron con mayor saña contra los ciudadanos venezolanos. ¿Cuántos fueron? ¿2.400 detenidos? Seguramente más, contando a quienes se llevaron antes del 28 y a quienes se llevaron meses después. Como a Jesús.
“Me tocó encargarme de todo el tema de la recolección de actas y la digitalización en el Municipio Libertador y después empecé a acompañar a mi pareja, Sairam Rivas, al tema de la organización de las protestas exigiendo la libertad de los presos políticos”, cuenta en “Manual para volver”, el documental producido por La Gran Aldea y que está disponible en YouTube.
El comienzo
Armas fija sin dudar la fecha del 28 de julio de 2024 como el comienzo de la persecución, de la amenaza constante sobre él y Sairam Rivas, líder estudiantil, activista político y -también- presa por razones políticas en 2014. Una amenaza que les condujo a tomar una decisión cuando agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, Sebin, se acercaron demasiado: tenían que pasar a la clandestinidad.
Siendo quienes son, aunque escondidos, no permanecieron inactivos.
“Creo que eso lo tomó la dictadura como un desafío muy profundo, especialmente en el momento en el que muy pocos políticos hablaban o estaban haciendo algún tipo de activismo”, explica en “Manual para volver”.
Que salgan todos
El 9 de diciembre, Jesús cometió un error. Empezó a moverse como quien vive en un país libre y decidió dejar la clandestinidad. Al día siguiente, al salir de un café en el este caraqueño, terminó montado a la fuerza en una camioneta plateada, esposado y con los ojos cubiertos.
“Me pusieron una capucha y me llevaron a una casa clandestina en Colinas de Santa Mónica”, relata en “Manual para volver”. Y calcula que pasó cuatro días en ese lugar, en condición de desaparición forzada, pero además sometido a tortura con asfixia mecánica durante los intensos interrogatorios a los cuales fue sometido. Hasta que algo cambió.
“Eso lo hicieron hasta el momento en el que uno de ellos que estaba revisando redes sociales vio que tanto mi pareja como María Corina Machado habían denunciado mi desaparición forzosa —cuenta en el documental—, Y ahí cambiaron un poco la actitud. Continuó el interrogatorio, pero ya no utilizando estos métodos de violencia, sino más bien amenazas y métodos psicológicos”.
Los primeros días, según parece, son los de quebrar voluntades, los de presentar la entrada al infierno. Jesús Armas fue trasladado a la sede de la Policía Nacional Bolivariana conocida como Zona 7, en Boleíta, Caracas. Se supone que este es un lugar concebido como prisión preventiva, en el que nadie debería pasar más de 48 horas. Pero desde hace ya muchos años es conocido por el horror de ser un espacio hacinado en el que presos políticos son forzados a vivir con presos comunes.
«No teníamos baño»
La experiencia de Jesús Armas no fue diferente: “Me tocó estar en una muy pequeña celda, en hacinamiento, con otros 37 presos… No teníamos baño, utilizábamos una esquina de la celda, improvisamos una cortina con una bolsa plástica. Y la gente tenía que hacer sus necesidades en bolsas”.
Entre el 10 y el 16 de diciembre ni Sairam ni la familia tuvieron noticias del paradero de Jesús. Ella, que en su condición de activista por los derechos humanos conoce los pasos a seguir, lo buscó donde ya sabía que podía estar. Pero le negaron la información oficial.
El 16, él pudo llamarla y contarle que estaba en Zona 7. Para entonces, Jesús Armas ya había sido presentado ante tribunales a distancia, sin acceso a abogados, sin derecho a la defensa privada. La situación se hizo pública, la detención ilegal de Armas, las torturas, las violaciones a sus derechos, todo se denunció. Y fue enviado a El Helicoide.
Sairam ha contado en varias entrevistas que mientras Jesús permanecía incomunicado en El Helicoide de su situación legal se encargaba una defensora pública, pero a espaldas de la familia. Hasta que lograron contactarla y así fue que se enteraron de que estaba acusado de terrorismo.
Los cargos
“Nos imputaron cinco cargos”, explica él mismo en “Manual para volver”: “El primero fue asociación para delinquir, el segundo traición a la patria, terrorismo, financiamiento al terrorismo y el último fue conspiración con un gobierno extranjero”.
El gobierno extranjero al que trataban de vincularlo era el argentino: “Las pruebas fueron tan absurdas que utilizaron para vincularme con el gobierno de Argentina una foto que yo tenía con mi novia frente al obelisco. La típica foto turística de todo el mundo en Buenos Aires. Así de absurdo fue el proceso”.
Ese absurdo le consumió 10 meses de su vida aislado de su familia, de Sairam, sin contacto con el mundo más allá del Helicoide y sus colegas de infortunio: “Y esta es de las cosas más duras a nivel psicológico. Pero por suerte logré estar en una celda con compañeros muy buenos, que se han convertido en hermanos de vida, como Perkins Rocha o Freddy Superlano”.
3 de enero
En su litera, la madrugada del 3 de enero de 2026 lo despertaron los ruidos inusuales y luego los gritos de otros prisioneros. Algo pasaba. Tres días después le concedieron una inesperada visita familiar y allí supo de la operación militar estadounidense que extrajo a Nicolás Maduro y a Cilia Flores.
El 8 de febrero de 2026, el mismo director de El Helicoide se le acercó discretamente y le informó que le harían una revisión médica antes de soltarlo, que ya era su turno de salir de allí gracias a lo prometido con la Ley de Amnistía. Fue el mismo día de la primera excarcelación de Juan Pablo Guanipa. Y junto a él recorrió las calles de Caracas en una caravana de motorizados pidiendo por la liberación de todos los presos políticos.
Esa, hoy, sigue siendo su misión.
Manual para Volver completo.