
¿De peores hemos salido?
Elías Pino Iturrieta hurga en un artículo de hace quince años atrás, cuando afirmaba que Venezuela siempre se había sobrepuesto a calamidades históricas como la Independencia, la Federación o la dictadura de Gómez, pero hoy no se atreve a repetir tal afirmación, al considerar que la sociedad ha caído en un "agujero tan profundo y oscuro" del cual duda que se pueda salir "sin un esfuerzo sobrehumano"
Hace ya unos quince años, para buscar la manera de animar a los lectores en medio de la crisis que entonces se padecía, escribí un texto en el cual afirmaba que Venezuela había experimentado situaciones pavorosas, verdaderas catástrofes de las cuales se había recuperado. Ahora no me atrevo a repetir la afirmación, debido a que me parece que jamás habíamos llegado como sociedad a un agujero tan profundo y oscuro.
Hablaba entonces de las matanzas de la Independencia y de la federación, y de cómo habíamos levantado cabeza después de semejantes holocaustos debido al empecinamiento de las generaciones futuras. También me refería a un período tan pavoroso como el que sufrieron nuestros antepasados durante la dictadura de Gómez, para librarse después del lodazal y construir un porvenir enaltecedor. No mentía entonces, ni exageraba. Sólo trataba de reconstruir el esfuerzo del pueblo y de sus líderes para enfrentar los desafíos de su tiempo. Porque fue así, en efecto, hasta construir una república hospitalaria que provocaba orgullo y produce recuerdos imperecederos. Pero no sé si la crisis de la actualidad se pueda superar de veras sin un esfuerzo sobrehumano.
Hay muchas explicaciones sobre la penumbra que hoy nos arropa, de ardua superación, pero tal vez la principal, la que convierta el desafío de nuestros días en un torneo que parece insuperable, es la reunión de lo peor del liderazgo venezolano de todos los tiempos con el más deleznable liderazgo extranjero que estrena una dominación que parecía difícil de sostenerse en la historia universal contemporánea.
La mediocridad y la rapacidad del chavismo, más insondable y pútrida cuando fue continuada por Maduro, ha establecido una sociedad que parecía imposible con los latrocinios y la vulgaridad de Donald Trump, actual presidente de los Estados Unidos, para que se establezca un contubernio de fuerzas tenebrosas que jamás había predominado entre nosotros. Por consiguiente, inaugura una etapa histórica jamás vista o imaginada, ni siquiera por un profeta de intenciones perversas, por un adivino de mala leche.
Los atropellos, la impostura, la carencia de ideas y la rapacidad del madurismo han hecho pareja con los modos mafiosos de Trump, con la potencia ofensiva o bélica que representa y que hasta ahora maneja a su antojo, y con una ausencia de escrúpulos que no se había enseñoreado jamás en la Casa Blanca. Como los lectores entienden que de semejante yunta, jamás vista desde el nacimiento de la república, jamás saldrá nada positivo, ningún fruto edificante, nada que no merezca repulsa o nausea, no hacen falta argumentos para afirmar que nos ha tocado vivir la peor época de Venezuela. Solo basta con escribir estas líneas, con la seguridad de que nadie las podrá rebatir. Pero sin hablar del mañana, debido a que no parece auspicioso como fueron los futuros anteriores que nos sacaron del atolladero.
Lectura recomendada Maromeros del siglo XXI