Foto: Archivo (AP Foto/Ariana Cubillos)

Partidos a media máquina

Los partidos de oposición marchan a media máquina. No vaya a ser que los regañe el patrón cuando estén cerca de una encrucijada de importancia como las que usualmente ofrece la lucha política

Pese a que intentan meter gato por liebre, los partidos de la Plataforma Unitaria acaban de publicar un documento que refleja cabalmente la poca monta de sus argumentos, o el temor que les genera la posibilidad de cambios reales en la vida venezolana. Parecen resueltos en materia principista, en el alarde de banderas llamativas que complacen a las mayorías de la población urgidas por el aguijón de una mudanza que ya tarda mucho, pero no terminan de salir de una modorra que impide movimientos realmente dignos de atención. 

Nada que objetar al conjunto de las peticiones que incluyen en el documento, debido a su consonancia con principios fundamentales del republicanismo y de la democracia demolidos por el chavismo-madurismo: libertad de todos los presos políticos y retorno sin traba de los exiliados, cese de las persecuciones que todavía existen y liquidación de los cuerpos represivos que continúan al servicio del régimen para impedir la salida de unos mandones obscenos que se aferran a sus ventajas. 

Partiendo de esta generalización que nadie puede objetar, tales partidos se ofrecen como motores del cambio debido a la legitimidad que les conceden dos movimientos anteriores de la sociedad, de imposible olvido debido su protuberancia: la participación activa de la población en la elección primaria de candidatos presidenciales, sucedida en octubre de 2023, y el triunfo apoteósico de Edmundo González en las elecciones presidenciales de 2024. Se trata de antecedentes de cuya contundencia brota la autoridad de los partidos de oposición para seguir pontificando, pero también para posesionarse de la figura de María Corina Machado hasta proclamarla como su líder indiscutible.

No lo dicen expresamente, pero tal es el fundamento del texto que presentan. Un pilar sin rebatimiento, debido a que encuentra asidero en la voluntad de la sociedad expresada en dos ocasiones estelares. Del rendirse ante los pies de María Corina Machado puede interpretarse como la aceptación a regañadientes de un ascenso personal y político que se mantiene contra viento y marea, y que no solo puede levantar el ánimo de la mayoría de los venezolanos sino también el prestigio de unas banderías alicaídas. O igualmente como un sentimiento sincero, no faltaba más, pues no conviene pensar a la fuerza en miras egoístas cuando tirios y troyanos miran hacia una sola figura fulgurante. 

Mientras se escribe este artículo, la Plataforma de la Unidad convoca a marchas nacionales sobre cuyo éxito no se puede opinar porque son un designio pendiente. En consecuencia, ahora solo se debe pensar en el límite que los convocantes le ponen a su acción en el documento de marras. Su prosa busca entusiasmos, y puede provocarlos cuando se adhiere a reclamos esenciales de la sociedad o acompaña clamores generalizados de libertad y justicia, pero reduce o limita la acción a un programa moroso, y también sospechoso de insinceridad, porque no traspasa el lindero de las proclamaciones vacías o engañosas debido a la barrera que no se atreve a superar. 

Los partidos reducen el fuelle de su entusiasmo y arrojan sospechas sobre la firmeza de sus intenciones debido a que anuncian que su acción se ajustará al plan de tres etapas para la liquidación de la dictadura, que ha presentado el Departamento de Estados de los Estados Unidos. Calculan el almanaque por calendas griegas, o por períodos gringos, mas no por apuros criollos. Para ellos se trata de un respeto que parece religioso, aunque más bien sea testimonio de acobardamiento. No tienen prisa en el acompañamiento de la sociedad en sus necesidades más urgentes porque aceptan las instrucciones de una intervención extranjera, o admiten la prioridad de sus necesidades. O esperan órdenes nuevas del emperador para no pasarse de desobedientes.

O, peor todavía, se conforman con ser solo unos peones a quienes no les pasa por la cabeza la posibilidad de actuar con alguna autonomía ante una problemática que conocen a la perfección, pero para cuya mudanza dependen de lo que diga un sujeto tan susceptible de desconfianzas, prevenciones y malicias como Donald Trump. Por eso los partidos de oposición marchan a media máquina. No vaya a ser que los regañe el patrón cuando estén cerca de una encrucijada de importancia como las que usualmente ofrece la lucha política. 

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