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22 febrero 2024

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El Béisbol en Venezuela: Serie Interamericana, semilla de la Serie del Caribe

Hablar sobre el béisbol en Venezuela en los años 1945 y 1946 parece una tarea inagotable. Así como aquellos fueron años movidos para el mundo con el final de la Segunda Guerra Mundial y la configuración de un nuevo orden internacional, en el país también ocurrían cambios a una velocidad que a quienes los vivieron les debe haber parecido vertiginosa. La Junta de Gobierno presidida por Rómulo Betancourt, luego del derrocamiento de Medina Angarita, se apuraba en adelantar el establecimiento de un sistema democrático moderno a través de diferentes reformas, como la instauración del voto universal que llevaría a las mujeres por vez primera a las urnas de votación. La infraestructura del país atravesaba a su vez un proceso de transformación de una fisonomía colonial a una moderna con la construcción de edificios, urbanizaciones y avenidas, como la Avenida Bolívar y la Avenida Roosevelt en Caracas; así como diferentes obras como el Aeropuerto Internacional de Maiquetía, la Plaza Francia, la reurbanización de El Silencio, el Aeródromo La Carlota, ente otras. Por su parte, el juego de las cuatro esquinas en Venezuela vivía también una etapa de cambios maravillosos.

En entregas anteriores hemos hablado sobre la VIII Serie Mundial de Béisbol Amateur realizada en Caracas en 1945, seguida de inmediato por la “Serie Monumental” en la que una selección de estrellas de la Negro League norteamericana se midió con las Estrellas Venezolanas y las Estrellas del Caribe, dos selecciones de peloteros criollos y de la región. También, el nacimiento de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional marcó la profesionalización definitiva de la pelota en el país, con la celebración en enero de 1946 del primer campeonato bajo esta figura y el inicio del segundo torneo en diciembre de ese mismo año. Esto marcó el inicio del formato de campeonatos jugados entre el final de cada año y el comienzo del siguiente. Y aunque parezca que tan intensa actividad beisbolística es difícil de acomodar en un lapso de dieciséis meses -que, de hecho, lo es-, parece que en aquellos días los venezolanos, y en particular los que residían en la capital, eran insaciables cuando de pelota se trataba.

El momentum por el que atravesaba el interés por el béisbol en el país llevó al promotor y fundador del Cervecería Caracas, Jesús Corao, a organizar un torneo en el que participaran equipos profesionales de béisbol de diferentes ligas del Caribe y Norteamérica. Por supuesto que el primero en la lista era el Cervecería, que si bien no había resultado campeón en el torneo local de 1946, era el equipo del organizador de la fiesta: “Y si no juego me llevo mi pelota”… Ya en serio. Este torneo no respondía a ningún acuerdo entre ligas sino que se trataba de una iniciativa privada tipo “ventetú”, por lo que Corao no hizo otra cosa que establecer contacto con diferentes organizaciones para entusiasmarlas a participar en un evento que, por supuesto, redundaría en beneficio económico para todos.

“La organización de la Serie Interamericana marcó un hito en un momento histórico particular, y demostró que la idea de enfrentar equipos profesionales de distintas ligas era un negocio rentable (…) que en poco tiempo condujo al nacimiento de la Serie del Caribe”

La oferta del empresario venezolano fue acogida por el equipo mexicano Sultanes de Monterrey, que para la época se llamaba Industriales de Monterrey y que estaba a punto de conseguir una seguidilla de tres campeonatos (‘47, ‘48 y ‘49) en la liga mexicana. También acudió al llamado la novena semiprofesional norteamericana Brooklyn Bushwicks, organización independiente del sistema de las Grandes Ligas y el único equipo en los Estados Unidos que albergaba jugadores blancos y negros; vaya afrenta para la época. El propietario de los Bushwicks, Max Rosner, logró mantener esta novena durante 38 años (de 1913 a 1951) y hacerla exitosa en el área de Nueva York. Además de su corte rebelde mezclando colores de piel en la capital del país, Rosner mantenía en práctica una táctica hábil que consistía en contratar jugadores que pasaban al retiro en el ocaso de sus carreras en las ligas mayores, así como en atraer a luminarias activas de la talla de Babe Ruth, Lou Gehrig, Casey Stengel, Phil Rizzuto y Joe DiMaggio, para unirse al equipo en juegos de exhibición contra novenas de la Negro League, partidos que resultaban populares y mantenían saludable el movimiento de taquilla y las finanzas de la organización. Los Bushwicks llegaron a su fin cuando la barrera racial fue superada y los mejores jugadores de color comenzaron a firmar contratos con equipos de las Grandes Ligas. La calidad de la Negro League pronto se vino abajo y Rosner se le hizo difícil encontrar rivales atractivos.

El tercer equipo que se unió al torneo fue una selección de jugadores profesionales de Cuba, a la que llamaron All Cubans. Joseíto Rodríguez, mánager y ex jugador del Almendares, fue el encargado de armar la novena que disputaría la Serie. Rodríguez montó a los jugadores en el ferrocarril con destino a Camagüey, donde abordarían el avión que los llevaría a Caracas. La escala en la ciudad del centro-este de Cuba les permitió además realizar un juego de fogueo contra el Camagüey, campeón de la liga profesional de verano cubana en 1946. El encuentro -que perdieron los All Cubans– sirvió para mostrar a Rodríguez los puntos débiles de la selección, y le llevó a involucrar en el roster a cinco piezas claves que militaban en el Camagüey: Dos jardineros, un campo corto, un primera base y un lanzador.

La Serie Interamericana tuvo como escenario el coso de San Agustín, el Estadio Cerveza Caracas. La voz de play ball se escuchó a las 2:30pm del 18 de octubre, cuando los Brooklyn Bushwicks y los Sultanes de Monterrey abrieron el celofán ante una tribuna abarrotada de fanáticos. Todos los medios del país que reseñaban el evento declaraban a los norteamericanos como absolutos favoritos para llevarse la copa. Esta opinión cobró fuerza luego de la primera práctica que el día antes de la inauguración del evento realizaron los Bushwicks en San Agustín. Así lo hizo ver el diario Últimas Noticias, en su edición del día del inicio de la Serie en la pluma de Gerónimo Ascanio:

«Ayer los equipos hicieron su primera práctica. Los americanos impresionaron de manera tal que el público los ve como favoritos para cargar con los honores del triunfo».

Los de Brooklyn cumplieron con las expectativas y se alzaron con la Serie que culminó el 13 de noviembre al ritmo de “we will rock you” y “we are the champions”. Bueno, no, esos temas no habían sido escritos aún; de hecho, la banda que los grabó no sería conformada sino hasta unos veinticuatro años después. Eso sí, en ese mismo año 1946, apenas seis semanas antes del inicio de la Serie Interamericana, nació en Tanzania un bebé nombrado Farrokh Bulsara, que tiempo después cambió su nombre por el de “Freddy Mercury” y que se convirtió en el líder vocalista de la banda que grabó los icónicos singles referidos. Y es que, así como hay buenos años para los vinos, en 1946 hubo una buena cosecha para el rock con la llegada al mundo de otras futuras estrellas de la talla de John Paul Jones (Led Zeppelin), Syd Barrett (Pink Floyd), David Gilmour (Pink Floyd) y Bon Scott (AC/DC).

Regresando al béisbol (¿alguna vez nos fuimos?), la Serie Interamericana resultó un éxito económico de tal magnitud que fue replicado en 1947, 1948, 1949 y 1950, siempre en el Estadio Cerveza Caracas. ¡Vaya privilegio el que vivieron los caraqueños en esos años! Las primeras cuatro ediciones del torneo fueron conquistadas por los norteamericanos, hasta que en 1950 el Cervecería logró hacerse con la corona.

Jesús Corao
Jesús Corao

Si bien las cinco series disputadas resultaron atractivas de principio a fin, la primera contó con una característica especial: Todos los equipos estuvieron conformados por jugadores nativos de sus respectivos países. Aunque existe la sospecha de que uno de los jugadores cubanos era en realidad maracucho: Asistónico Correoso. Okey, no; los cubanos también hacen estas cosas.

La idea de Corao no era una novedad en la historia del Caribe. Durante décadas distintos torneos entre clubes se habían organizado y llevado a cabo en la región. El primer equipo venezolano que salió del país para tomar parte en un evento de esta naturaleza fue el Concordia del coronel Gonzalo Gómez, hijo de Juan Vicente Gómez, cuando en 1932 la novena viajó a Puerto Rico invitada por el empresario Tony Luciano. La escuadra de La Victoria disputó en las tierras boricuas un torneo contra el White Star Line, el Ponce, el Guayama, y el equipo norteamericano El Camden. El Concordia ganó el campeonato de manera sólida. En enero de 1934 la novena criolla repitió la aventura, esta vez visitando Cuba y la República Dominicana donde resultó vencedor en todos los torneos. En Santo Domingo conquistó dos copas consecutivas enfrentando a los Tigres del Licey y a los Leones del Escogido, todo ante la mirada incrédula del dictador Rafael Leónidas Trujillo. En noviembre de 1934 el equipo aragüeño partió de nuevo a Puerto Rico para participar en otro torneo, en esta ocasión ante los equipos puertorriqueños Ponce, San Juan, Guayama y Lucky Strike, y los equipos Licey de República Dominicana y el Norfolk de los Estados Unidos de América. La serie se extendió hasta enero de 1935 con el resultado de una nueva copa para los venezolanos.

De esta manera, parece justo decir que la idea de Corao se fundamentó en estas experiencias y en el éxito que el béisbol había alcanzado en el país. Sin embargo, el torneo organizado por este emprendedor criollo llegó en un momento especial de la pelota en la región. Los eventos que le precedieron ocurrieron en un contexto en el que el béisbol buscaba sus formas en un ambiente en el que en pocos países se había alcanzado la etapa de madurez. La relación de las ligas de Centroamérica, México y el Caribe con la de los Estados Unidos de América gozaba a su vez de escasa formalidad, situación que empezaba a ser un tema que demandaba atención debido al creciente número de players que eran contratados por el sistema de las Grandes Ligas.

Así, la organización de la Serie Interamericana marcó un hito en un momento histórico particular, y demostró que la idea de enfrentar equipos profesionales de distintas ligas era un negocio rentable. Por todo esto la iniciativa de Corao es considerada como la semilla que en poco tiempo condujo al nacimiento de la Serie del Caribe, evento que pronto devoraría a su progenitora.

A continuación, el roster de los equipos que participaron en la Serie Interamericana de béisbol de 1946

Brooklyn Bushwicks: Daniel Halt; Al Clark; Gene Hermanski; Al Pecota; Eddie Dotz; George Walsh; Francis Nekola; White Ford; Hank Borowy; Tony Cuccinello; Buck Lai; entre otros.

Sultanes de Monterrey: Chorejas Bravo; Mosco Reyes; Zenén Ochoa; Negro Morales; Meno Ríos; Héctor Leal; Memo López; Kelo Cruz; Pedro Ramírez; Gilberto Garza; Coty Leal; Vinicio García; Bernardo López.

All Cubans: Leonardo Goicochea; Armenio Torres; Orlando “Tango” Suárez; Gilberto Castillo; Armando “Indio” Jiménez; Octavio Rubert; Oscar Garmendia; Luis Suárez; Mario Díaz; Héctor Aragón; Asistónico Correoso; Amado Ibáñez; Pablo García; Adolfo Cabrera; Lino Donoso, y Valeriano “Lilo” Fano.

Cervecería Caracas: Valentín Arévalo; Jorge Arrieta; Héctor Benítez; Julio Bracho; Antonio Briñezn; Alfonso Carrasquel; José Casanova; Dalmiro Finol; Enrique Fonseca; Rafael García; Félix Machado; Óscar Malpica; Eduardo Pérez; Luis Romero; Carlos Rotjes; Guillermo Vento, y Luis Zuloaga.

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