En la aldea
12 julio 2024

Rafael José Urdaneta Farías (1788-1845), sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 16 de mayo de 1876.

Rafael Urdaneta: un bolivariano de guerra y paz (y II Parte)

Tras la muerte de Bolívar, José Antonio Páez y Carlos Soublette, respectivamente, y desde sus funciones como presidentes de la República, confiaron en Rafael Urdaneta y le otorgaron responsabilidades que no solamente hablaban de la preparación del zuliano, sino de su capacidad para pacificar, tutelar y organizar con jerarquía. Subestimó el cuidado oportuno de su salud; y en París, en escala vía a España, falleció el 23 de agosto de 1845 a los 56 años. Todo indica que hubiera sido un sensato Presidente de la República, en lugar de José Tadeo Monagas; y no son pocos en afirmar, antes como ahora, que la historia de Venezuela hubiera sido otra.

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Rafael Arráiz Lucca | 27 junio 2021

Los opositores a Simón Bolívar siguen creciendo y la crisis política está en marcha. Antes de partir hacia el sur a aplacar a los rebeldes, el Libertador Presidente dispuso que las elecciones para un Congreso Constituyente se celebraran en julio de 1829, y la instalación en enero de 1830. Así, le ponía fecha de caducidad a su dictadura, desdiciendo a los que creían que pretendía perpetuarse con poderes extraordinarios. Bolívar no perdía el sentido de la realidad y era evidente que su gobierno fuerte, lejos de poner orden y acabar con la anarquía que tanto temía, estaba haciendo aguas por todas partes.

Bolívar regresa en abril de 1829 a Bogotá para encontrarse con la proposición de sus seguidores de instaurar una monarquía. Incluso, su Consejo de Ministros llegó a hablar con representantes de Francia y el Reino Unido. La idea que barruntaban Rafael Urdaneta y otros era que el Libertador fuese un rey que al momento de morir lo sucediese un Príncipe europeo. Estas  iniciativas se basaban en sugerencias titubeantes del Libertador, que había expresado que una solución para Colombia podría ser buscar la protección de Gran Bretaña, pero finalmente Bolívar, después de dudar y guardar silencio, se expresó en contra del proyecto monárquico que ya estaba muy avanzado, y que así había sucedido porque él mismo lo había permitido con su silencio y sus sugerencias.

Por otra parte, es evidente que la República no era esencial para Urdaneta, de lo contrario jamás habría abogado por la coronación de Bolívar. De tal modo que el militar de formación y oficio que era Urdaneta, en la disyuntiva entre Bolívar y la República, trabajó por el Bolívar monárquico, que el mismo Libertador descartó, finalmente. Así era el tamaño de la fidelidad de Urdaneta hacia Bolívar: superior a sus convicciones republicanas.

Rafael Urdaneta: un bolivariano de guerra y paz (y II Parte)

“Durante la segunda administración de Páez (1839-1843), Urdaneta es distinguido con una participación señalada en la traída de los restos mortales de Simón Bolívar a Caracas, en 1842”

El Congreso Constituyente convocado por Bolívar se reúne a partir del 2 de enero de 1830 en Bogotá. El Libertador Presidente se presenta el 15 de enero seriamente resentido de salud, así lo confirman diversos testimonios directos. Impone a Antonio José de Sucre como Presidente del Congreso y al obispo de Santa Marta, José María Estévez, como Vicepresidente. Curiosamente, llamó “Congreso admirable” a la asamblea que tuvo poco de ello, sobre todo para él, que acudió en medio de la mayor amargura. Así se reflejó en su discurso de renuncia a la Presidencia y de abandono de la vida pública. Designa a Domingo Caicedo como Presidente interino y se va. Concluye el discurso, afirmando: “¡Conciudadanos! Me ruborizo al decirlo: la independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de los demás” (Bolívar, 1990: 106-110).

La crisis política en Bogotá ante la ausencia de Bolívar sigue su curso. Joaquín Mosquera y Domingo Caicedo renuncian a la primera magistratura en medio de la crisis, y a Rafael Urdaneta no le queda otro camino que asumir la jefatura del Gobierno el 5 de septiembre de 1830.

Jefe Provisorio del gobierno de Colombia (1830-1831)

Urdaneta proclama la dictadura de Bolívar y lo manda a llamar a Cartagena para que retome la Presidencia, pero Bolívar ya no estaba en condiciones de asumirla por razones de salud y rechaza la invitación. Así se lo expresa a Urdaneta en carta del 16 de octubre de 1830: “También ha de saber Ud. Que mi debilidad ha llegado a tal extremo que el menor airecito me constipa y que tengo que estar cubierto de lana de la cabeza a los pies. Mi bilis se ha convertido en atrabilis, lo que ha influido poderosamente en mi genio y carácter. Todo esto, mi querido general Urdaneta, me imposibilita de ofrecer volver al gobierno, o más bien de cumplir lo que había prometido a los pueblos de ayudarlos con todas mis fuerzas, pues no tengo ninguna que emplear ni esperanza de recobrarlas” (Mondolfi Gudat, 1999: 73).

En vista de las circunstancias, Urdaneta forma gobierno, designa gabinete y comienza a girar instrucciones. La muerte de Bolívar el 17 de diciembre de 1830 debilitó muchísimo la posición de Urdaneta y cuatro meses después se logró un acuerdo pacífico para la entrega del poder, cosa que ocurre el 30 de abril de 1831, cuando Urdaneta renuncia y se va al exilio a Curazao, a Venezuela no podía volver. Durante 7 meses ejerció la máxima magistratura de una Colombia en disolución.

José Antonio Páez y Carlos Soublette.

El exilio en Curazao (1831-1832)

Lo primero es abandonar Bogotá cuanto antes, ya que los ánimos en su contra son feroces. Se va a Santa Marta, donde ya está su familia esperándolo, protegida por el mismo Joaquín de Mier que cobijó a Bolívar en su casa de San Pedro Alejandrino. Regresar a Venezuela cuando el encono de los anti-bolivarianos estaba encendido, era imposible. La familia se refugia en Curazao. Parten hacia la Isla el 7 de julio de 1831. Allá nace su sexto hijo: Rosa Margarita. La próxima, Alejandrina, nacerá en Coro en 1832, cuando a Urdaneta y los suyos les fue admitido regresar a Venezuela, por disposición del presidente de la República, José Antonio Páez, a quien Urdaneta ha escrito solicitándole autorización para volver a su país.

En Coro y Maracaibo (1832-1837)

Cerca de Coro adquiere una pequeña finca, la Turupía, y se dedica a los temas agrarios y vacunos. Una esposa y siete hijos, sin bienes de fortuna no son “conchas de ajo”. Rafael Urdaneta no es un muchacho, pero tampoco un anciano. Tiene 44 años. Pronto van a solicitar sus servicios y lo llaman para que acuda a Maracaibo a calmar las aguas que se han revuelto por el tema electoral de 1834. La etapa del ostracismo comienza a pasar. Señala su biógrafa: “Las posiciones encontradas se fueron radicalizando hasta 1834, y aún más en 1835, cuando las protestas populares pasaron a ser acciones violentas culminando con el apresamiento de las principales autoridades, amenazas de guerra civil, propuestas de separación de Venezuela y restitución de Colombia. Dada la gravedad de la situación, Páez acude a Urdaneta, considerando su experiencia y ascendencia sobre los marabinos” (Urdaneta Quintero, 2011: 104-105).

Rafael Urdaneta: un bolivariano de guerra y paz (y II Parte)

“El Presidente Soublette lo distingue como Ministro Plenipotenciario a la Corte de Madrid, a estar presente en las ratificaciones del Tratado de reconocimiento, paz y amistad entre la República de Venezuela y el reino de España”

Como vemos, Urdaneta comienza a cooperar con Páez y Soublette en las tareas de Gobierno, y no respaldará el golpe de Estado contra Vargas, la llamada “Revolución de las Reformas”. En 1837 es electo senador por la provincia de Coro, pero su amigo Carlos Soublette ha sido electo también Presidente de la República para culminar el período de Vargas, y lo invita a formar gobierno.

Secretario de Guerra y Marina (1837-1839)

Vuelve a vivir en Caracas y a buscar la pacificación del país, como le había tocado en Bogotá. Durante su gestión se alza su paisano y pariente Francisco Faría, quien entra desde Nueva Granada y llega hasta Maracaibo el 7 de enero de 1838. Es derrotado, hecho preso y fusilado.

En su informe anual como titular de la cartera de Guerra y Marina se advierte el interés que tiene por el trabajo de Agustín Codazzi, quien está elaborando un mapa pormenorizado de la geografía nacional, en su condición de ingeniero militar, geógrafo y cartógrafo, que ha llegado a Venezuela con Gregor MacGregor en 1817. Como sabemos, el general Páez le ha hecho el valiosísimo encargo de su Resumen de la geografía de Venezuela, entonces en preparación y publicada en 1840, cuando ya vuelve a gobernar Páez, y Urdaneta ha abandonado el cargo de Secretario de Guerra y Marina.

Durante la segunda administración de Páez (1839-1843), Urdaneta es distinguido con una participación señalada en la traída de los restos mortales de Simón Bolívar a Caracas, en 1842. El general zuliano promovió la creación de la Gran Sociedad Boliviana de Caracas, de la que fue presidente fundador y tenía por objeto el culto bolivariano. Esta Sociedad desapareció con la muerte de Urdaneta (1845) y se retomó como Sociedad Bolivariana de Venezuela (1938) con Vicente Lecuna a la cabeza, y el impulso de otro bolivariano raigal: Eleazar López Contreras. Antes de la apoteosis bolivariana en Caracas, Urdaneta fue designado por Páez como gobernador de Guayana, donde se desempeñó por un corto período.

Joaquín de Mier protegió a la familia de Rafael Urdaneta en Santa Marta, el mismo que cobijó a Bolívar en su casa de San Pedro Alejandrino.

De nuevo Secretario de Guerra y Marina (1843-1845)

Es evidente la estima que le profesaba Carlos Soublette a Rafael Urdaneta: al ser electo de nuevo como Presidente de la República, para el período 1843-1847, vuelve a designarlo Secretario de Guerra y Marina. La verdad es que se conocían mucho, habían trabajado juntos durante años con Simón Bolívar, tanto en Venezuela como en Colombia y, en muchos sentidos, tenían temperamentos análogos.

Cuando llevaba dos años al frente de la cartera, su salud se resintió más de lo habitual en él y tuvo que tomar un descanso y bajar a vivir en La Guaira, buscando las bondades del mar. Regresó mejor a Caracas y en junio de 1845 el Presidente Soublette lo distingue nuevamente enviándolo como Ministro Plenipotenciario a la Corte de Madrid, a estar presente en las ratificaciones del Tratado de reconocimiento, paz y amistad entre la República de Venezuela y el reino de España, texto logrado por Alejo Fortique y el propio Soublette, años antes de su cristalización.

Rafael Urdaneta: un bolivariano de guerra y paz (y II Parte)

“El historiador José Gil Fortoul al comentar el fallecimiento de Urdaneta: De haber ocupado Urdaneta la Presidencia de la República, Venezuela hubiera tomado otro camino”

Ramón J. Velásquez en un texto biográfico sobre Rafael Urdaneta

Viajó acompañado de sus hijos Rafael y Luciano (el notable arquitecto) y llegaron primero a Londres, donde el examen de los médicos determinó que tenía que operarse de inmediato de un enorme cálculo en la vejiga que lo tenía disminuido. Pero Urdaneta no quiso, prefirió seguir hacia Madrid a cumplir su cometido. Viajaron a París, como escala hacia España, y allí falleció el 23 de agosto de 1845 a los 56 años.

Apunta Ramón J. Velásquez en un texto biográfico sobre Rafael Urdaneta lo siguiente, refiriéndose a la coyuntura de 1845: “El nombre del General Rafael Urdaneta se empieza a mencionar entonces como el próximo Presidente de la República, sucesor de Carlos Soublette, pues era el candidato de Páez y del Partido Conservador… El historiador José Gil Fortoul al comentar el fallecimiento de Urdaneta y su frustrada candidatura a la Presidencia de la República comenta: De haber ocupado Urdaneta la Presidencia de la República, Venezuela hubiera tomado otro camino” (Velásquez, 1983: 510). Esto último es particularmente cierto, sobre todo si tomamos en cuenta que a Soublette lo sucedió el general José Tadeo Monagas, y los hechos no fueron ni apacibles ni propicios, como es evidente. Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 16 de mayo de 1876.

Por último, hemos aludido a Urdaneta como un bolivariano y, la verdad, lo fue en grado sumo. En muy pocas oportunidades tuvieron apreciaciones distintas y, cuando las hubo, prevaleció la sujeción de Urdaneta hacia su superior jerárquico. Era un militar obediente. También lo tenemos por un pacificador, y lo fue en varias oportunidades una vez terminada la guerra. Lo fue en Bogotá, en Maracaibo y en Caracas, en distintas circunstancias que ya hemos referido.

Es evidente que fue un buen administrador de las Fuerzas Armadas en tiempos en que el enemigo ya no era externo, si no proveniente de las propias dinámicas de la realidad política interior. No cabe la menor duda de su entrega durante años a la causa patriótica en las filas, siempre, de Bolívar. Todo indica que hubiera sido un sensato Presidente de la República, pero el destino dispuso otro camino.

Vista de la ciudad de París, destino circunstancial donde falleció Rafael Urdaneta el 23 de agosto de 1845 a los 56 años.

Bibliografía:
-Bencomo Barrios, Héctor (1997). Entrada Rafael Urdaneta en el
Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas, Fundación Polar.
-Bolívar, Simón (1990). Bolívar: ideas de un espíritu visionario. Caracas, Monte Ávila Editores.
-García Chuecos, Héctor (1953). Entrada Rafael Urdaneta en el
Diccionario biográfico de Venezuela. Madrid, Cárdenas Sáenz de la Calzada editores.
-Grases, Pedro y Pérez Vila, Manuel (1963). Las Fuerzas Armadas en el  siglo XIX. Textos para su estudio. Caracas, Presidencia de la República.
-Mondolfi Gudat, Edgardo (1999). Simón Bolívar. Estaré solo en medio del mundo. Cartas de la intimidad. Caracas, Los Libros de El Nacional.
-Urdaneta Quintero, Arlene (2011). Rafael Urdaneta. Caracas, BBV, El Nacional-Banco del Caribe.
-Velásquez, Ramón J. (1983). “Rafael Urdaneta” en Los libertadores de
 Venezuela. Caracas, Meneven.

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