EN LA ALDEA

23 febrero 2024

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Los outsiders

Poco a poco se acerca el primer trimestre de 2023, tiempo anunciado por los partidos opositores mayoritarios para hacer primarias. ¿Buscan un líder o un candidato?, ¿se persigue la unidad mediante legitimidad popular ante la imposibilidad de llegar a acuerdos? Ambos objetivos están planteados, que se logren exitosamente es otra cosa; esperemos que sí. Pero realmente, y he aquí la nuez del asunto, esas primarias pueden generar un efecto mucho más importante, como es nada menos que la resurrección de la oposición fraguada sobre el rescate de la esperanza.

El insólito sabático opositor cuyo recorrido estamos a medio transitar, insuflado en muy buena medida por factores de la sociedad civil que hacen política sin asumirlo, ha dejado un desierto y una orfandad inaceptables. Oponerse en política es una tarea diaria, necesaria y fatigosa que no admite recesos ni distracciones por estar vinculada más al interés general que a los intereses de cada partido. Cambiar de estrategia y optar por caminos distintos para alcanzar el poder, es natural y loable, pero bajar la guardia, y peor aún, reacomodarse para vivir bien en lugar de resistir es una peligrosa actitud ante regímenes autoritarios y totalitarios que no reconocen los límites del poder, ni la alternancia como esencia de la democracia constitucional.

Esa orfandad producto del “esperemos al 2024” y mientras tanto nos vemos el ombligo, ha alimentado la desesperanza y la frustración, y también insufla la antipolítica comandada por quienes realmente hacen más política que nadie bajo el velo tenue de la sociedad civil; de allí excluyo sin dudas a las organizaciones que dentro de su verdadero objeto social y en legítima defensa de este, son factores activos en la interacción con el poder.

“No participar en las primarias sería reprochable e injustificado, la apatía de la desesperanza beneficia a quien ostenta el poder”

En este contexto de orfandad sabática, antipolítica, fragmentación y desarticulación, surge nuevamente la idea del “outsider”. Reporta la Voz de América en su edición del 3 de junio de este año que aproximadamente la mitad de los opositores quisieran un líder desvinculado de los partidos. Queda de bulto entonces el síntoma inequívoco de la debilidad temporal o pudiera incluso ser estructural, del liderazgo convencional que debe soportar el costo de sus errores, pero aún más, debe soportar el alto costo de la frustración ciudadana desesperada ante el objetivo no cumplido sin que muchos reclamantes reparen en lo difícil y duro que es plantar cara a un régimen represivo. Pero en política, como en el gallinero de la vida, a veces se está en el palo de arriba y muchas otras en el de abajo.

La insatisfacción de eso que en sus polémicas ideas Ernesto Lacalu denomina “demandas insatisfechas”, son precisamente el caldo de cultivo para populismos de izquierda, pero también de derecha. Quien mineralice esas demandas y logre insuflar esperanzas, subirá como la espuma en términos de popularidad tal y como lo hizo Hugo Rafael cuando cambió el golpismo por las elecciones. Generalmente esto lo logran figuras militares o mediáticas, también empresarios con reconcomiendo público. Pero es imperioso considerar que los outsiders suelen representar transiciones más que soluciones definitivas. Las promesas que mineralizan pasando sobre los restos políticos de líderes tradicionales, generalmente terminan teniendo un efecto boomerang y si el outsider al alcanzar el poder no logra actuar como un verdadero político fraguando apoyos reales de los partidos organizados, será la primera víctima de sus propias ofertas incumplidas.

“Oponerse en política es una tarea diaria, necesaria y fatigosa que no admite recesos ni distracciones por estar vinculada más al interés general que a los intereses de cada partido”

El otro punto que debe considerarse al pensar en un el “outsider”, es que también ese personaje puede entrañar riesgos para la democracia, baste con recordar a Alberto Fujimori, a Evo Morales y al mismísimo Hugo Chávez, todos “outsiders” que le tomaron el gusto a la silla presidencial. Sentirse el ungido para salvar al pueblo de las garras del establishment periclitado y luego culpar a todos menos a sí mismo, desemboca en las pretensiones absolutistas e intolerantes que engendran actitudes antidemocráticas o auto  justificadas sin bases por aquel outsider de ayer, luego desbordado por la impotencia. Una vaina es pedir agua y otra hacer el acueducto, decía Teodoro.

No se puede negar que, en esta orfandad sabática, que realmente engloba a un país resistiendo a un régimen, las condiciones puedan estar dadas para que brote un líder fuera del establishment político, pero la ingenuidad y la vanidad se dan la mano en este escenario y cualquiera que le dé un beso a la señora de a pie en el mercado, se siente ya con chance de ser el candidato más fuerte, el verdadero milagro inesperado, el salvador que hace falta. Siempre hay veinte primos y cincuenta amigos que inducen la pizca de emoción externa requerida para lanzarse a la piscina de la política que, aunque parece llena, está como siempre vacía. Nótese pues que en general el ousider puede ser cualquiera fuera de las organizaciones políticas, pero para serlo realmente, el aspirante debe contar con algunos haberes mínimos: Conocimiento público, buena imagen, carisma mínimo, capacidad discursiva y relacionamiento político inteligente sin ser un político de oficio, entre otros.

Para mí tengo que eso no se divisa muy claramente en el panorama venezolano, al menos en este momento, de ahí que las primarias pueden revitalizar y reconectar a líderes opositores que hoy lucen con popularidad coyunturalmente menguada o pueden ser esa puerta ancha donde se asome la cara de un outsider, lo que sí es seguro es que no participar en las primarias sería reprochable e injustificado, la apatía de la desesperanza beneficia a quien ostenta el poder.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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