EN LA ALDEA

22 febrero 2024

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Nos encontraremos, dialogando en convivencia (II Parte)

Hace quince días cerramos nuestro artículo con esta pregunta: ¿Es un signo de estos tiempos que corren la transformación y la esperanza? La esperanza es un dato, aunque es intangible e inmedible, está en la vivencia de la gente. Escuchamos continuamente la expresión, “me siento esperanzada”, “algún cambio puede ocurrir.”

Transitamos en este año 2023 uno de los peores momentos económicos. En la economía familiar es común escuchar, “no tengo para darle a mis hijos, dejo de comer yo para darle a los más pequeños y a los abuelos”. Nuevamente el sacrificio materno, del adulto que no trabaja, en función de favorecer al que trabaja y debe colocar la comida en la mesa. Se trata de una historia cíclica, de retornos continuos, de estancamiento, se cerraron las posibilidades de creer en quienes destruyeron la economía. Esta última afirmación se repite con insistencia en cada comunidad, el rechazo firme a las estructuras comunales y al chavismo no deja duda del dolor, la angustia y la rabia en las que hoy confluye el ánimo del venezolano.

“El rechazo firme a las estructuras comunales y al chavismo no deja duda del dolor, la angustia y la rabia en las que hoy confluye el ánimo del venezolano”

Mucha rabia contenida, son varias las estructuras de la convivencia que se han afectado desde el poder y la dominación, la autonomía de la madre y la capacidad de ser solidarios, ambas implican estar viviendo la pobreza más extrema. Ambas con grandes repercusiones para la vida. Haber afectado la autonomía y autodeterminación de la madre, estamos en una cultura matricentrada, ha producido la migración forzosa más grande de nuestra historia, no tener la capacidad de auxiliar al otro nos ha hecho vivir como cultura el dolor, el desarraigo y la culpa.

Aunque no seamos culpables, sentimos culpa al no poder tener un gesto que minimice el dolor del otro. El año 2023 ya no deja lugar a duda de quiénes son los sujetos responsables de la desintegración familiar, del hambre, de la incapacidad de poder resolver por nuestra cuenta. Estamos en medio de una Emergencia Humanitaria Compleja producida, diseñada para someter, para quebrar la voluntad, para hacer que quienes hoy están en el poder permanezcan. No es casual tanta destrucción, esa cuenta la saca la persona de a pie, la que vive en el barrio, o en la urbanización. ¡No puede ser casual tanta destrucción! Se oye decir con frecuencia.

Hace 15 días el país era otro, el deterioro suma, cada día cuenta en esa rápida carrera contra el hambre y la huída. Esta afirmación sale con fuerza en cada Grupo Focal hecho:

“Aquí estamos…” Con firmeza frente al régimen. “Es decirles que sabemos quiénes son y cómo son ellos y qué hacen con las elecciones. Que quede claro que lo sabemos, pero aquí estamos y vamos a salir a votar”.

Una determinación llena de esperanza. La esperanza de quien da un paso en el vacío con la fe de que no caerá en el abismo porque hay una piedra esperándole.

Económicamente este año ha sido peor que el pasado, pero ha traído un mensaje de esperanza, se escucha decir en los grupos focales, “estoy esperanzado y luchando”, finalmente la oposición marcó la agenda, la sigue marcando, a pesar de las contradicciones internas y las miserias humanas que se suman. Pero la gente dice: Finalmente se ve algo distinto, esas son las primarias, vamos a elegir a un líder, vamos a tener a un candidato que le haga frente a este que nos ha causado tanto dolor, (parafraseo para resumir lo que aparece en distintos diálogos).

La esperanza tiene fecha, tiene coordenadas, tiene lugar. El 22 de octubre aparece como la gran posibilidad del reencuentro, la esperanza y la lucha. Es un día, pero es también la posibilidad de dar un paso con plena conciencia, desde la autonomía y la autodeterminación, esto es lo que se vive y se siente en las comunidades a 10 días de tan importante encuentro.

¿Qué escuchamos a diario en las comunidades? Esto: “¿Dónde votas?, ¿con quién vamos?, ¿dónde nos vamos y cuántos? ¡No votamos aquí! Es mejor, así no nos vigilan. Estamos dando un paso al frente, con esperanza, lucha y sin resignación vemos un pueblo determinado a dar un paso hacia delante.

Este 22 de octubre, nos acompaña la valentía de hoy con la mirada en el futuro, pero también el impulso del ayer que nos da nuestro recordado, admirado y santo Papa Juan Pablo II. En el Encuentro Mundial por la Paz, expresó con sobriedad, sabiduría y santidad que lo caracteriza, la siguiente expresión:

“La esperanza que sostiene a la Iglesia al comenzar el año 2002 es que el mundo, donde el poder del mal parece predominar todavía, se transforme realmente, con la gracia de Dios, en un mundo en el que puedan colmarse las aspiraciones más nobles del corazón humano; un mundo en el que prevalezca la verdadera paz.

Contextualizando, nos enfrentamos a un mundo, a una Venezuela, a unas oportunidades de avanzar contracorriente. El mal acedia, la estructura de pecado e injusticia, la mentira, el odio están ahí, ejerciendo su poder contra el bien y la verdad, contra la comunidad, contra la convivencia, predominan, pero haremos el trabajo, lucharemos para que sea la paz la que prevalezca.

Tanto Juan Pablo II como Juan XXIII, nos trazan caminos hacia la reconciliación que significa la constitución del bien. No hay mal común, lo común es el bien, el mal rompe la armonía, elimina la posibilidad del encuentro plenamente humano en la verdad y el amor. En estos momentos es importante tener presente la afirmación de San Pablo en su carta a los Efesios:

“Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra la Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas”.

En las alturas del poder, en la lógica de la destrucción y la eliminación. En las estructuras de pecado de quienes someten, aniquilan e impiden la paz.

Acompañados por la esperanza y por las intenciones del bien, la justicia y la verdad, afrontamos, como lo dice nuestra madre venezolana, los desafíos por venir, lo logremos o no, haremos el esfuerzo con la firme determinación de doblegar el mal que asedia y somete. Nos vemos, nuevamente el 26 de octubre, para hacer un balance de lo que ocurrió, lo que no ocurrió y las posibilidades que se abren hacia el futuro. Nos vemos entonces, preparados para asumir los riesgos junto a nuestra gente.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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