Los escombros siguen rozando el mar de La Guaira

A casi tres meses de los terremotos, toneladas de escombros continúan amenazando la costa de La Guaira tras ser trasladados a depósitos improvisados a orillas del mar, como en Playa Caleta. Entre la paralización del 80 % del comercio regional y el desplome de las ventas, más los rumores de contaminación, ponen en jaque al ecosistema marino, la subsistencia de los pescadores y la reactivación económica del litoral

A Omar Correa, pescador del puerto de La Zorra, en el estado Vargas —ahora La Guaira—, le preocupan los rumores sobre una supuesta contaminación del pescado.

Omar lleva días esperando vender tres atunes, que cada uno pesa más de tres kilos. A media mañana, inquietado, mira su celular. Un conocido quedó en comprarle uno, pero lleva horas sin responderle los mensajes.

Tras el doble terremoto, Omar no tuvo pérdidas materiales ni de seres queridos, pero la pesca lo sostiene a su familia. Dos meses después, la actividad comercial en Vargas continúa paralizada en 80 %, —según la Cámara de comercio de la entidad—. Omar no descarta que aquellos rumores contribuyan en ahuyentar, aún más, los compradores, en su mayoría caraqueños.

Nosotros no pescamos en la orilla de la playa, pescamos afuera, en alta mar, lejos de la orilla”, insiste Omar, en un intento de desmentir cualquier rumor negativo esparcido por redes sociales.

Su testimonio coincide con el criterio técnico de Joaquín Benítez, ingeniero agrónomo y director de Sustentabilidad Ambiental de la Universidad Católica Andrés Bello.

“En términos de calidad sanitaria, pescar a mayor distancia de la orilla reduce sustancialmente el riesgo. Mientras más lejos de la costa se realice la faena, es menos probable que los contaminantes alcancen y afecten las capturas”, explica el experto.

Lo que todo el mundo vio

Los rumores tomaron fuerza tras las imágenes de los escombros siendo vertidos en la vía que conecta Tanaguarena con Naiguatá. En aquel momento, la posición de las autoridades fue negar la situación. No obstante, tras las denuncias ciudadanas y de organizaciones ambientalistas, los escombros fueron reubicados a otros espacios, pero el problema no ha terminado.

Al menos uno de los nuevos repositorios, —visitado por el equipo de La Gran Aldea—,  tampoco parece cumplir con las condiciones necesarias para minimizar el impacto ambiental.

Playa Caleta, ubicada en Tanaguarena, es ahora un CDT (centros de disposición temporal). Un polígono de terreno que equivale a entre ocho y 10 hectáreas (aproximadamente 80.000 a 100.000 m2), que solía tener vegetación y caminerías ahora está repleto de toneladas escombros.

Captura de Google Maps de 2026 de Playa Caleta. Vista después del terremoto, pero antes de ser un CDT.

Este espacio también funcionaba como una zona de despegue y aterrizaje de parapente, mientras al sur, estaban los linderos traseros de los conjuntos residenciales, también caídos en desgracia.

“Yo solía caminar por allí todas las mañanas”, dice un vecino de la zona, quien prefiere mantener su anonimato.

Camiones y más camiones

A Playa Caleta llegan a diario decenas de camiones a depositar escombros. Hacen fila mientras llega su turno de dejar los desechos. Datos oficiales hablan de que al menos 32 % de los escombros han sido removidos en La Guaira, donde se calculan unos dos millones de toneladas de residuos en total.

La recolección de escombros en La Guaira podría durar años. Solo en los tres edificios colapsados en Chacao se acumuló un equivalente a la carga de 2200 camiones. Esto implica que el volumen total de residuos para las 189 estructuras colapsadas, —que se estima hay en La Guaira—, requeriría la movilización de unos 138.600 camiones de carga.

“No es necesario que los escombros se arrojen al mar para generar problemas. Ya con que estén cerca es un problema”,

advierte Benítez.

¿Qué criterios ambientales tienen que cumplir los CDT?

Benítez detalla que los espacios destinados a verter escombros deben cumplir con ciertos parámetros:

  • No deben estar cerca de cursos de agua, como quebradas, ríos o canales. Ni tampoco cerca del mar. 
  • Los suelos deben estar impermeabilizados para que la lluvia no se infiltre. «La protección de lo que está debajo del suelo también es importante, ya que los escombros pueden contener elementos o sustancias peligrosas».
  • Deben estar ubicados lejos de asentamientos urbanos. Estos son sitios donde operan máquinas que emiten fuertes ruidos y que están en movilización constante, además de la emisión recurrente de polvo (particulado).

En julio, el Ministerio de Ecosocialismo y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) presentaron un plan de manejo de escombros. Allí hablando de al menos 11 espacios idóneos (luego dijeron 14), que aseguran haber estudiado.

Un obrero en playa Caleta comenta —de forma extraoficial— que ellos solo tienen conocimiento de cuatro CDT en La Guaira, aunque solo pudo identificar el de Los Corales, Caraballeda, que también está a metros del mar, y donde él presta servicio, en Tanaguarena.

Estos CDT también funcionan como espacios donde procesan los escombros. Al momento de la visita de La Gran Aldea, este obrero junto a otro compañero se encontraban reparando la trituradora de escombros, se había dañado horas antes. Los trabajadores, además, aseguran que en La Guaira solo hay dos de estas máquinas.

Un militar, miembro de la Guardia Nacional comenta —también extraoficialmente—, desconocer qué pasara con las toneladas de escombros procesados que allí se mantienen.

«Supongo que las usaran de relleno», menciona el funcionario.

Lo que dijo el ministro

El ministro Nelson Rodríguez aseguró que el CDT de playa Caleta (aunque en la entrevista para Venezolana de Televisión mencionó playa Escondida, que está cerca), tiene una separación “perfecta” con la orilla del mar, brecha que llamó “zona de amortiguamiento”.

Además, Rodríguez asegura que desde el gobierno se están ejerciendo medidas para sancionar y concientizar sobre el arrojo de desechos a la costa, e insiste que en La Guaira hay siete puestos de fiscalización para evitar esta práctica.

¿Qué ocurre cuando llueve?

La cercanía de los escombros al mar convierte a la lluvia en un «vector de arrastre crítico», es decir, el agua no solo desplaza materiales sólidos como plástico, aluminio o acero, sino también diversos fluidos y partículas de polvo que pueden estar cargadas de sustancias tóxicas.

Benitez detalla que, lejos de ser masas homogéneas de restos de construcción, los escombros en La Guaira, «por la naturaleza y lo abrupto de los colapsos, albergan una mezcla impredecible y heterogénea de contaminantes».

Juan Marcano, biólogo marino e investigador del departamento de Biología Pesquera del Instituto Oceanográfico de Venezuela, enfatiza en que el agua de lluvia es un factor determinante a tomar en cuenta, sobre todo cuando el país está en medio de su temporada lluviosa.

“La entrada de estos materiales o sustancias nocivas al mar, no solamente se debe al vertido de escombros, es muy posible que la mayor fuente de esas sustancias sea el barrido por escorrentías”, es decir, el agua que va lavando todo desde la superficie hasta el mar.

Marcano detalla que los objetos físicos de gran tamaño suelen cambiar la estructura física del lecho marino, por lo que organismos que habitan allí pueden verse desplazados. También comenta que, desde el punto de vista químico, estos escombros a largo plazo pueden llegar a cambiar el pH del agua.

“Hay organismos, como corales o moluscos, que pueden verse afectados. Estos cambios de pH se deben a que están ingresando al sistema sustancias carbonatadas, como cemento, por ejemplo”,

dice Marcano.

La recomendación de Benítez es la realización de un «muestreo exhaustivo de la calidad del agua del mar alrededor de La Guaira y también de la pesca capturada». El fin sería tener datos suficientes que determinen en qué condiciones están tras la tragedia.

Sobre todo al tener en cuenta que la actividad turística es un aspecto fundamental para la economía local. Esto brindaría garantías a los futuros visitantes de que los servicios son sanos y ambientalmente seguros.

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