
Farruco Sesto según sus escrituras
Entregas VIII de IX
Venezuela tenía una ingeniería pública capaz de resistir terremotos y el chavismo la desmanteló
Para el arquitecto Luis Polito, la oficina de Farruco Sesto borró las competencias de ministerios, alcaldías y gobernaciones, y dejó una documentación técnica «escasa o inexistente». La Misión Vivienda, dice, es una caja negra. Diecisiete años después de creada la oficina, lo que queda es escombros, pérdidas y ningún saber. A la vulnerabilidad sísmica del país se le sumó la ceguera ideológica.
Los bloques que el Banco Obrero levantó en Caracas en los años 50 resistieron dos terremotos fuertes, el de 1967 y el del 24 de junio de este año. Algunos de los edificios que construyó la Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales (OPPPE) se
derrumbaron y otros habrá que demolerlos.
Lo señala el arquitecto Luis Polito, que ha estudiado el organismo con el que Venezuela hizo su vivienda pública en el siglo XX. Polito es arquitecto por la UCV, doctor en Teoría e Historia de la Arquitectura por la Escuela de Arquitectura de Madrid y profesor de Historia de la Arquitectura en la Facultad de Arquitectura de la UCV desde 1974, donde coordinó entre 1991 y 2000 la maestría de Historia de la Arquitectura y el Urbanismo. Ha estudiado la política habitacional venezolana y la obra del Banco Obrero.

—En noviembre de 2009, recién creada la OPPPE, un periodista le preguntó a Farruco Sesto si no era arriesgado echar a andar semejante empresa sin una brújula. Sesto contestó que sabían de dónde partían y hacia dónde iban, pero que «lo que no tenemos claro es el camino». Y añadió: «Algunos autores dicen que eso es un
error, que hay que tener claro cómo hacer las cosas, que así como vamos se presta a la ineficacia. Otros pensamos que lo bueno es justamente eso, la ausencia de manuales». ¿Cómo se lee esa frase desde la historia de la vivienda pública venezolana? ¿Existió antes en el país un organismo de vivienda que reivindicara a ausencia de manuales?
—Para contestar, hay que poner el tema en contexto. La OPPPE es la Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales, asociada a la Gran Misión Vivienda Venezuela. Ambas son instancias conectadas con las decisiones e impulsos del gobernante mayor. Este esquema de gestión atípico y nuevo borra las competencias y aportes de ministerios, consejos de vivienda, alcaldías y gobernaciones.
La información y documentación de carácter técnico de los planes y proyectos de esta oficina es escasa o inexistente. Existe un absoluto desinterés por comunicar y justificar lo que se hace.
Sesto afirma que se sabe de dónde se parte y a dónde se quiere llegar, pero sostiene sin tapujos que no tiene claro el camino. En contraste —y él seguro lo sabe—, tanto en política como en la gestión pública de la ciudad y la arquitectura, la escogencia del camino no se debe dejar al azar. No se conoce el camino… Es bueno ignorar los
manuales… Estas ideas son desplantes absolutos. Lo que esperamos, en cambio, es que la gestión pública analice y redacte manuales, y que garantice que sus contenidos se cumplan.
La referencia a «autores» intenta llevar la discusión a lo ideológico. He estado revisando textos de Sesto. Alternativamente, están repletos de loas y de ataques despiadados. Las loas son para los que piensan igual.
Los feroces ataques van dirigidos a aquellos que se atreven a cuestionar. Este tipo de discurso resulta comprensible si se trata de debates o de discursos de un político opositor. Lo que es una trágica novedad es la de un dirigente de Estado que no explica ni razona lo que ejecuta.
—En abril de 2009, en Vivienda para el socialismo. Memoria conceptual de una gestión, Sesto escribió: «Propugnamos una densidad media y baja altura, de tal modo que, en principio, se haga más fácil la construcción y disminuya la necesidad de ascensores», con prioridad para «las edificaciones de cuatro y cinco pisos».Cuatro años después su oficina celebraba en el diario del Estado los edificios de vivienda más altos jamás construidos en Venezuela con estructura metálica atornillada. ¿Le resulta familiar ese vaivén? ¿El Banco Obrero pasó por algo parecido?
—Los arquitectos sabemos que densidades, alturas, servicios y costos son todos factores entrelazados. Dependen de contextos y de las propias propuestas de arquitectura. Lo que se hace en una parcela puede resultar inconveniente en otra.
Propugnar determinadas densidades y alturas a priori es solamente un ejercicio de retórica vacía. Me preguntas por las ideas del Banco Obrero, organismo público muy activo en los 50 del siglo XX. Allí trabajaron destacados profesionales, entre ellos el maestro Villanueva.
La obra que realizaron en la mitad del siglo XX estuvo influenciada por los planteamientos de Le Corbusier. Eso hoy se debe discutir y revisar. Sin embargo, en cuanto a los aspectos técnicos y constructivos, existe un acuerdo en que en esa época se construía muy bien. Luego hay otras propuestas de vivienda pública que conviene analizar también. Sería de mucho provecho comparar, pelo a pelo, los edificios del Banco Obrero con los de la OPPPE. Es una investigación compleja y puede ser de mucha utilidad. Pero ya sabemos algo. Los bloques del Banco Obrero han sobrevivido a dos fuertes terremotos, el de 1967 y el de 2026.
Mientras que algunos edificios a cargo de la OPPPE se derrumbaron y
otros se tendrán que demoler.
—¿Qué expediente técnico producía y conservaba el Banco Obrero por cada obra? ¿Estudios de suelo, cálculos, memorias descriptivas? ¿Dónde reposaban y quién los firmaba?
—A lo largo de su existencia, el Ministerio de Obras Públicas publicaba cada año unos pesados libros, las memorias del MOP. Allí se registraban todas las obras a cargo de esa dependencia. Al consultar un artículo de la profesora Beatriz Meza, de la FAU-UCV, «El taller de arquitectura, una dependencia técnica del Banco Obrero en Venezuela», se puede reconocer abundante información acerca del Taller de Arquitectura del Banco Obrero, el TABO. La profesora desarrolló su tesis doctoral en torno a este tema. En el artículo en
cuestión se pueden ver muchas fotos y muchos datos. Se nombran profesionales y aspectos técnicos, y en la bibliografía consultada se identifican algunos libros de actas.
Este artículo revela que la información acerca de lo que se hizo en el TABO es muy completa.
—El 2 de febrero de 1955 el Banco Obrero inauguró el 23 de Enero; en 2013 la OPPPE inauguraba urbanismos numerados. ¿Qué se perdió en el camino entre una política de vivienda con doctrina publicada y una sin ella?
—Se ha perdido institucionalidad, competencia, transparencia. La llamada Misión Vivienda es una caja negra. No se informa, no se razona, no se propone un plan de ciudad, no se analizan las oportunas lecciones de la arquitectura de Villanueva. Desde
hace años, en nuestro país, nos movemos entre tomas de posición ideológicas. Perdimos contacto con la realidad, con la prudencia, con las buenas prácticas.
En los primeros tiempos de proyecto y primeras líneas del Metro de Caracas, al mando de esa oficina estuvo el ingeniero José González Lander. Trabajó bajo los mandatos de Copei y de AD. Lo hizo con competencia. Lo escuché una vez en una entrevista de televisión. Respondía con claridad, con dominio del tema.
—¿Hay algún episodio previo en la historia venezolana en que se haya
construido vivienda pública a esa velocidad y bajo emergencia declarada?
—No, que yo sepa. Ante un evento como el reciente terremoto, naturalmente se abre un compás de emergencia. Tiene que ver con socorrer a las víctimas. Pero la gestión de esa emergencia no puede ser igualmente una respuesta de emergencia. Es inaceptable
escuchar cosas como esta: «no tenemos claro el camino»…
—¿Cuál es su percepción de la OPPPE?
—Creada en 2009, la OPPPE proyectó y construyó un buen número de edificios de vivienda. Algunos repiten diseños, otros no. Algunos son prefabricados, otros no. Están sembrados en distintos lugares de nuestra geografía, de forma casuística. El propósito de estos edificios era el de brindar viviendas a personas afectadas por provenir de casas en estado de riesgo. El reciente terremoto, un factor de riesgo siempre presente en Venezuela, ha tenido un efecto de búmeran: esas nuevas viviendas no garantizaron la vida de sus habitantes. No garantizaron seguridad. Por lo que sabemos, los costos han sido cuantiosos.
La OPPPE nos devuelve casi a la prehistoria. El saber moderno soportado en dominio técnico y ciencia es olímpicamente ignorado. Las tradiciones constructivas que orientaron la construcción durante la colonia y el siglo XIX, adaptadas a los sismos, también han sido ignoradas.
Solo quedan escombros, muertes, pérdidas y ningún saber. La arquitectura e ingeniería públicas de nuestro país tuvieron sus excelentes momentos y sus buenas obras. La OPPPE y las ideas de su principal gestor no le han dejado nada al país. Solo podemos constatar cómo no deben hacerse las cosas. A la vulnerabilidad de origen natural se le ha sumado una pesada e injusta carga: la ceguera ideológica.
—¿Hay algo que no le haya preguntado y usted considere pertienente agregar?
—Esta pregunta sirve, ella misma, de colofón. Has expuesto muchos temas importantes a partir de una cuidadosa investigación. Después del doblete, estamos llenos de preguntas. Tenemos interrogante sobre las insólitas declaraciones que escuchamos y necesitamos aclaratorias que nunca llegan. El terremoto y sus conscuencias, se suman a una cuantiosa secuela de trágicos eventos políticos que nos
han afectado y dejado llenos de dudas.
En las palabras de Sesto hemos reconocido desfachatez, fanatismo, un incomprensible desprecio por el dominio técnico. Más allá, todavía quedan preguntas. ¿A dónde irán las familias que habitaban todos los edificios que se derrumbaron? ¿Qué respuestas y que asistencia está dando el estado?
La pregunta final atañe al papel del estado. No se trata solamente de construir viviendas. La casa no consiste sólo de paredes. Más allá están las calles, los servicios, las ciudades, todo el país como organismo vivo. Esto ha sido siempre tarea del estado. Implica informar, gestionar, construir. De eso sabemos poco o nada.
¿Qué es lo que no se nos ocurre? ¿Cuáles son las preguntas y las respuestas ocultas? No tenemos mínimas certezas. Solo tenemos desconcierto.
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