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23 febrero 2024

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El paquete económico silencioso de Nicolás Maduro

Al tratarse 2020 de un año electoral Nicolás Maduro necesita recursos. Es una prioridad buscar fondos para transitar la coyuntura y para comprar voluntades de cara a unas elecciones parlamentarias, cuya fecha se definirá cuando la circunstancia política favorable al régimen venezolano así lo determine.

En Venezuela los ingresos esencialmente provienen del negocio de los hidrocarburos, pero la industria petrolera está destruida por el efecto de largos años de desinversión más el impacto de las sanciones internacionales. Para reactivar este sector es preciso contar con inversiones que el Estado no puede aportar, así que el régimen de Maduro está buscando que sus socios petroleros inyecten el dinero necesario.

Pero para que esto pueda concretarse es preciso que ocurran cambios en las normas que el chavismo impulsó desde 2006, donde se impuso que el Estado venezolano se reserva la mayoría accionaria en los proyectos petroleros de capital mixto. De allí que, para poder hacer estos cambios, es preciso que la Asamblea Nacional (AN) les dé el aval a las reformas legislativas necesarias y apruebe los nuevos contratos que se suscriban.

“Garantizarse el triunfo en las elecciones parlamentarias, además de quitarle el piso al gobierno interino de Juan Guaidó le daría al régimen de Maduro la plataforma requerida para avanzar en su ‘privatización petrolera’”

Y nuevamente la rueda coloca todo en la perspectiva del año electoral. Maduro necesita tomar el control de la AN para avanzar en la estrategia. El ensayo de una directiva parlamentaria paralela, con Luis Parra al frente, pareciera que no está funcionando de cara a la estabilidad que exigen los socios internacionales. Por eso la importancia de garantizarse el triunfo en las elecciones parlamentarias, pues además de quitarle el piso al gobierno interino de Juan Guaidó le daría al régimen de Maduro la plataforma requerida para avanzar en su “privatización petrolera”.

Nuevas formas de control

A la par de este giro radical en lo que ha sido ideológicamente la postura del chavismo sobre el manejo de la industria petrolera, Maduro gestiona la dolarización desordenada de la economía para tratar de ponerla en función de su proyecto.

A lo largo de 2019 el mercado pudo ir reacomodándose gracias a una coyuntural flexibilización de los controles de cambio y de precios que, aunque siguen vigentes en el papel, las autoridades decidieron ignorar. Pero en 2020 el apetito del régimen crece. Necesita controlar esos flujos que hasta ahora han estado de su cuenta dándole un respiro a una economía abatida tras seis años de recesión y dos de hiperinflación.

El rescate del petro, luego de dos años de ensayos fallidos, parece ser la vía identificada por el chavismo para imponer su nuevo control. Antes, cuando las divisas provenían esencialmente de la renta petrolera, era más simple centralizar su administración a través del control de cambio, pero al agotarse el ingreso de petrodólares esto se vino al piso. Para poder echar mano de esas divisas que han ido ingresando a la economía, en buena medida por aportes de los privados, se está imponiendo el petro no sólo como unidad de cuenta sino también como instrumento de pago.

“En 2020 el apetito del régimen crece. Necesita controlar esos flujos de divisas que hasta ahora han estado de su cuenta dándole un respiro a una economía abatida tras seis años de recesión y dos de hiperinflación”

A los usos forzosos del petro, como los pagos obligatorios de tarifas y servicios, ahora se le suma la reforma del Impuesto al Valor Agregado (IVA), que pecha con una sobretasa de mínimo 5% y máximo 25% “a los bienes y prestaciones de servicios pagados en moneda extranjera, criptomoneda o criptoactivo distinto a los emitidos y respaldados por la República”.

La norma buscaría estimular que los agentes privados de la economía cambien sus divisas o critomonedas a petros para evitar la sobretasa. Sin embargo, en las primeras de cambio y dado el nivel de desconfianza asociado al petro, es muy probable que la tendencia sea hacia el fomento de transacciones informales o en negro, es decir, al margen del control de las autoridades tributarias.

No obstante, el intento de Maduro está allí y pone en evidencia su afán por comenzar a controlar un mercado que momentáneamente se le fue de las manos.

El dinero de los otros

El aumento de la carga tributaria en momentos de recesión económica va en contravía de cualquier intento por reanimar la actividad productiva y comercial del país. Sin embargo, esa es la receta de Maduro.

Además de la reforma del IVA, con sus diversos alcances e impactos sobre los ciudadanos, está el cambio hecho al Código Orgánico Tributario, donde las multas se elevan considerablemente al ser indexadas a una unidad cambiaria equivalente a la divisa de mayor valor que disponga el Banco Central de Venezuela (BCV).

“El aumento de la carga tributaria en momentos de recesión económica va en contravía de cualquier intento por reanimar la actividad productiva y comercial del país. Sin embargo, esa es la receta de Maduro”

Pero la decisión de meter la mano en el bolsillo de los otros también llega a la idea de sincerar las tarifas de los servicios públicos, altamente subsidiados a lo largo de los años por un convencimiento ideológico y para los fines políticos del régimen. Sin embargo, este proceso ha conducido al colapso de los servicios fundamentales y hace que en Venezuela escasee la electricidad, el agua potable, el gas doméstico, la gasolina y el transporte colectivo.

Ahora la consigna es “cero regalado, haremos un plan de pago con precio justo”, como aseguró Maduro en la última semana de enero. De hecho, el sistema de transporte Metro ya elevó sus tarifas en 2.400% y todavía dista de un valor que cubra sus costos operativos. Se espera que progresivamente la medida de incremento se repita en varios servicios públicos.

Estos ajustes los irá administrando Maduro con precisión quirúrgica, mientras teje su ruta política y electoral del año. Se trata de su paquete económico de acompañamiento en lo que pudiera ser un año determinante para la democracia venezolana.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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