En la aldea
18 mayo 2024

El Béisbol en Venezuela: San Agustín, el último baile

El juego lo protagonizaron Cervecería Caracas y Magallanes, el 14 de febrero de 1952. No podía ser de otra manera: La aventura de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional, que en la garganta del umpire Teodoro Venancio Pacheco había cantado un 12 de enero de 1946 en esa misma arena su primer playball, cerraba su ciclo correspondiente al viejo estadio de La Yerbera, mejor conocido como el Estadio de San Agustín, ese mismo 14 de febrero de 1952 con un choque entre los eternos rivales. De inmediato las autoridades de la LVBP hicieron pública la intención de mudar la Liga al nuevo Estadio de la Ciudad Universitaria. La historia de la máxima pelota en San Agustín había concluido. Atrás quedaría un coloso que se convirtió en leyenda.

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El Estadio Universitario de la Universidad Central de Venezuela (UCV) estaba listo. Un juego sin hits ni carreras abrió el telón: Venezuela derrotó a Colombia en el primer encuentro de los Juegos Bolivarianos de 1951. A dos kilómetros de distancia, un veterano reposaba en medio de una especie de anonimato que no había experimentado desde su inauguración casi 24 años atrás, cuando el Santa Marta enfrentó al Crisfield Crabbers, filial de los Gigantes de Nueva York. Se trata del Estadio de San Agustín, del que tanto hemos hablado en este paseo por la historia de nuestra pelota, ese que construyó Alfonso Rivas, el de la Maizina Americana, y que luego fue vendido a la empresa Cervecería Caracas que le cambió el nombre por Estadio Cerveza Caracas.

La actividad del coso de San Agustín había sido intensa a lo largo de su historia. En su espacio había albergado campeonatos mundiales, recibido luminarias del béisbol internacional y servido de sede a la pelota de primera división nacional, así como a la Liga de Béisbol Profesional desde su creación. Pero el Universitario estaba listo dos kilómetros río abajo, con instalaciones modernas y preparado para acomodar a 30 mil espectadores, el doble de lo que el Cerveza Caracas podía recibir. El protagonismo del viejo parque tenía los días contados, y él lo sabía. Sin embargo, aquel coloso de San Agustín estaba consciente de su valor histórico; eso nadie podría borrarlo.

Los Bolivarianos, evento para el cual el nuevo estadio fue diseñado, ocurrió durante el mes de diciembre de ese 1951, entre los días 5 y 21. La fecha encontró en pleno desarrollo al séptimo campeonato de la LVBP, la temporada 1951-1952 de la pelota local. Para la época la Liga venía enfrentando problemas económicos con salarios que subían y una asistencia que había bajado en los últimos años. La expectativa que levantaban los Juegos Bolivarianos, primera competencia internacional multidisciplina que organizaba el país, que además incluía el béisbol entre los deportes en disputa y que contaría con el estreno de un estadio moderno, no era precisamente lo que anhelaba el torneo criollo. Algo había que hacer, y la decisión fue mudar los juegos de la Liga a la ciudad de Maracaibo durante esas dos semanas.

La temporada nacional había comenzado el 12 de octubre en el Cerveza Caracas, cinco días después de que en el mismo escenario se rindiera homenaje al “Chico” Carrasquel que venía de su segunda temporada en las Grandes Ligas, en la que batió varias marcas y se convirtió en el primer latinoamericano en participar en un Juego de Estrellas de las mayores. Carrasquel llegó a Maiquetía el 7 de octubre, donde lo recibió una multitud de fanáticos encabezada por un comité conformado por el presidente de la Línea Aeropostal Venezolana, y representantes del Consejo Municipal, de las Fuerzas Armadas y de la prensa del país, entre quienes se encontraba el locutor “Pancho Pepe” Cróquer. El “Chico” fue llevado en una avioneta de Maiquetía al Aeropuerto La Carlota en la ciudad de Caracas, y de ahí a San Agustín donde, en un estadio repleto de fanáticos, se le rindió homenaje a la estrella de 26 años.

“Los fanáticos dejaron las instalaciones quizás sin saber que jamás volverían. Las luces del Estadio se apagaron. La historia de la máxima pelota en San Agustín había concluido”

El Caracas comenzó aquella temporada 1951-1952 con un dominio absoluto. El Cervecería contaba con la nómina más alta del torneo, y cada céntimo invertido se reflejó en el terreno de juego. El conjunto capitalino, al mando de José Antonio Casanova, ganó el encuentro inaugural de ese torneo y no conoció la derrota sino hasta el juego número dieciocho. Así es: “El equipo de las caras bonitas”, como ya se le conocía al Cervecería, ganó 17 juegos consecutivos rompiendo la marca de 14 que ellos mismos habían impuesto dos años antes.

Por cierto, el origen de lo de “caras bonitas” tiene varias teorías. Sin embargo, ante las dudas prefiero ceñirme a lo que los testigos de la época sostienen, y es que el mote viene del público femenino que colmaba el Estadio de San Agustín para animar al Caracas. Así lo narró Asdrúbal Fuenmayor, Doctor en Historia, en la entrevista que en 2008 ofreció al periodista Alejandro Linares Mendoza:

Eso se debe a que, en el Estadio, las muchachas -que en esa época iban bastantes muchachas al estadio, había más respeto y menos “malandraje” y menos vulgaridades- iban al Estadio y entonces decían que las muchachas iban al Cervecería… Y en aquella época era muy fácil distinguir los fanáticos del Cervecería y a los magallaneros… Los magallaneros eran cuatro gatos, con unos fluses negros y unos sombreros y entonces, los muchachos lo que hacíamos era hacerle chistes y “mamarles el gallo” porque eran los mismos fanáticos del Magallanes de 1920, 1927”,

El 18 de noviembre de 1951 el Caracas alcanzó la victoria número 17 en fila con un triunfo de 4 por 3 ante el Vargas, apoyados por el campo corto y tercer bate Alfonso “Chico” Carrasquel, que impulsó dos carreras y anotó una. Las otras dos careras de los lupulosos fueron empujadas por el tercera base Buddy Hicks y el jardinero izquierdo Dalmiro “El Ovejo” Finol.

El torneo avanzó y el Caracas jamás soltó el primer lugar. Esa temporada el Cervecería se fue “de punta a punta” y conquistó su tercera corona con trece juegos de ventaja sobre el Magallanes, dieciocho y medio del Venezuela, y diecinueve y medio del Vargas. El más valioso del torneo fue la estrella de las Ligas Negras del béisbol norteamericano, Wilmer Fields, quien se alzó con el título de bateo (.348), el de carreras empujadas (45), y quedó a un jonrón de llevarse también el liderato de vuelacercas y con él la triple corona.

Pero hablemos sobre el último encuentro de esa temporada, que también fue el último que se jugó en el coso de San Agustín. Ese juego lo protagonizaron el Cervecería Caracas y el Magallanes, el 14 de febrero de 1952. No podía ser de otra manera: la aventura de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional, que en la garganta del umpireTeodoro Venancio Pachecohabía cantado un 12 de enero de 1946 en esa misma arena su primer playball, con el “Patón” Carrasquel en la lomita y Luis Aparicio “El Grande” en el campo corto, ante la pipa de Rómulo Betancourt en la tribuna, cerró su ciclo correspondiente al viejo estadio de La Yerbera, mejor conocido como el Estadio de San Agustín, ese 14 de febrero de 1952 con un choque entre los eternos rivales que se prolongó durante nada más y nada menos que dieciocho entradas.

El juego resultó en un duelo desde el montículo entre el “Carrao” Bracho porel Caracas y John Hetkipor los de Catia. El “Carrao” se mantuvo en la lomita por 16 entradas en las que permitió una carrera. Hetki, por su parte, lanzó la ruta completa permitiendo también una carrera, hasta que en la entrada diecisiete Wilmer FIelds le sacó la pelota del parque con uno en base para poner al Caracas, que ese día fungía de visitante, arriba en el marcador tres carreras por una. Sin embargo, el Magallanes logró igualar de nuevo las acciones en el cierre de la entrada ante el relevista Julio Bracho, con un vuelacerca impulsor de dos al antesalista Luis “Camaleón” García. El juego se detuvo una entrada más tarde con la pizarra empatada a tres anotaciones por lado. El último out de la LVBP en el Cerveza Caracas había caído. Los fanáticos dejaron las instalaciones quizás sin saber que jamás volverían. Entonces las luces del Estadio se apagaron. La historia de la máxima pelota en San Agustín había concluido. De inmediato las autoridades de la LVBP hicieron pública la intención de mudar la Liga al nuevo Estadio de la Ciudad Universitaria. Y así sucedió.

El 27 de marzo de 1952, la directiva de la empresa Cervecería Caracas anunció que había puesto en venta el coso de La Yerbera por 4 millones de bolívares, es decir, poco más de un millón de dólares, el equivalente hoy en día a nueve millones y medio de la moneda norteamericana.

Ocho años después, en 1960, el Estado expropió y demolió el Estadio para construir el Complejo Residencial La Yerbera, en cuya piscina, por cierto, han aprendido a nadar miles de niños caraqueños que, si prestaran atención, podrían escuchar aún los cheers de las gradas aupando a tantas estrellas que por ahí desfilaron.

Se fue así un coloso histórico para convertirse en leyenda. Porque lo que es a ese Estadio, nadie le quita lo bailao.

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