EN LA ALDEA

22 febrero 2024

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Santiago Mariño y las sombras de Bolívar y Páez (y II Parte)

Siete goletas se hacen a la mar, después de que Simón Bolívar en consejo tuvo que imponer, otra vez, su primacía. Antes de recalar en Juan Griego el 3 de mayo de 1816, donde libran un breve combate naval frente a los islotes de Los Frailes, del que salen bien librados. En Margarita estuvo la expedición hasta el 31 de mayo cuando zarpan con destino a Carúpano. Desde allí, Santiago Mariño es enviado a tomar Güiria; Manuel Carlos Piar es destinado a Maturín, y Bolívar envía mensajes a Monagas, Zaraza, Cedeño y Rojas notificándoles su llegada. Antes, en Margarita, ha sido reconocido como Jefe Supremo el 7 de mayo, de modo que su autoridad está ratificada, una vez más.

El 1o de julio decide moverse hacia Ocumare de la Costa, allá llega el 6 del mismo mes. Envía a Soublette a tomar los valles de Aragua y este es avistado por las tropas de Morales. Bolívar recibe información en Ocumare y advierte la precariedad de su situación y, ante la posibilidad de perder la vida, se embarca a toda prisa hacia Bonaire, el 15 de julio. Allí se reúne con Brión y deciden intentar de nuevo el desembarco, y al acercarse a Choroní advierten que el puerto está ocupado y recalan al lado, en Chuao, pero no hay nadie. Alzan velas y se van a Güiria.

En Güiria Bolívar es culpado del fracaso por Mariño y es expulsado de Oriente. Recoge sus pasos y navega hacia Haití. Allá fondea, abrumado por un nuevo revés, en agosto. Por supuesto, una junta reunida ante la expulsión de Bolívar nombró a Mariño Jefe Supremo y a Bermúdez su segundo. Nueva vuelta de tuerca de las rivalidades en el mando patriota y nueva humillación para Bolívar.

Santiago Mariño Carige (1788-1854), sus restos reposan en el Panteón Nacional desde 1877.

“Piar es fusilado el 16 de octubre de 1817 y, a partir de entonces, a Mariño le queda claro que desconocer la autoridad de El Libertador tiene un costo muy alto”

Muy pocas semanas después, ante la imposibilidad de ponerse de acuerdo los distintos jefes patriotas, deciden reclamar la presencia de Bolívar, quien se encuentra en Haití. Hasta allá va el neogranadino Francisco Antonio Zea a buscarlo. Bolívar regresa de inmediato. En diciembre de 1816 está en Margarita. Por su parte, en el ámbito personal, este año Mariño se ha casado en Valencia con Ana Teresa Malpica Hidalgo, con quien tendrá dos hijos: Santiago (1817) y Eusebio Mariño Malpica (1819).

Bolívar y Mariño se juntan en Barcelona y van a enfrentar sucesivas contiendas entre febrero y marzo de 1817, hasta que Bolívar decide bajar a Guayana, buscando otros derroteros. En abril, Mariño pierde Barcelona y desconoce a Bolívar, una vez más. Este, decide seguir hacia Guayana y asegurar una plaza. Le siguen Bermúdez, Zaraza, Arismendi, Soublette y Santander, entre otros. Mariño sigue en abril hacia Cariaco. Entretanto, Piar consolida posiciones en el Caroní.

El Congreso de Cariaco (8 de mayo de 1817)

Entre la Batalla de San Félix y el sitio de Angostura ocurre el Congreso de Cariaco. Veamos los hechos: Está de vuelta en Venezuela, después de tres años de cárcel en Cádiz (liberado junto con Roscio, Isnardy, Ayala, Paz del Castillo y otros, en 1815); el presbítero chileno José Cortés de Madariaga, personaje central de los hechos del 19 de abril de 1810, en el famoso balcón. El canónigo le propone a Mariño regresar al esquema federal de la Constitución de 1811 y a este le parece bien, ya que era más proclive a cualquier forma constitucional que mejorara su situación en desmedro de la de Bolívar que, se ha dicho hasta la saciedad, detestaba el Federalismo en aras del Centralismo.

Deciden, entonces, organizar el Congreso (entre el 8 y el 9 de mayo de 1817) y nombrar autoridades sobre la base de las instituciones de cinco años antes. Se forma un triunvirato integrado por Fernando Rodríguez del Toro, Francisco Javier Mayz y Simón Bolívar (sin consultarle, obviamente). Santiago Mariño es designado Jefe Supremo del Ejército y Luis Brión de la Armada. En la asamblea estaban presentes Francisco Antonio Zea, Diego Bautista Urbaneja, Manuel Isava, Diego Vallenilla, Francisco Xavier, Diego Alcalá, Manuel Maneiro, Francisco de Paula Navas y, por supuesto, Cortés de Madariaga.

Simón Bolívar (1783-1830) y José Antonio Páez (1790-1873)

Bolívar en cuanto se enteró de la ocurrencia del Congreso y del proyecto federal, lo desechó rotundamente con su silencio. Como era de esperarse y, en lo sucesivo, ya apuntalado el caraqueño en Guayana, dominando un vasto territorio y con el apoyo de una mayoría que no siguió a Mariño en la aventura, el Congreso de Cariaco y sus decisiones fueron quedando en el olvido, en letra muerta.

Piar es fusilado el 16 de octubre de 1817 y, a partir de entonces, a Mariño le queda claro que desconocer la autoridad de El Libertador tiene un costo muy alto. De tal modo que se pliega definitivamente a sus designios, después de haberlo desconocido varias veces. Por su parte, Bolívar comprende que la dominación del centro del país y la captura de Caracas (su sueño estratégico) son imposibles y se retira a Angostura y allá llega el 5 de junio de 1818, dejando en manos de los realistas el centro del país. Es entonces cuando comienza a operar en tres sentidos: aglutinar el ejército en torno a su mando supremo; tejer una red institucional civil que legitime lo que hace en el campo de la guerra y se avance en la constitución de una República y, además, dar pasos hacia una salida distinta a la conquista de Caracas: la invasión de Nueva Granada.

Lo primero lo logra aviniendo a Mariño y Bermúdez y alcanzando que el primero reconozca su superioridad. Así, se crea un Estado Mayor del Ejército que los incluye a todos, unificado. Lo segundo, el 22 de octubre hace pública una Proclama donde convoca a un Congreso de Venezuela y, lo tercero, el 26 de agosto parte Santander de Angostura hacia Casanare a formar el Ejército de Vanguardia de la futura campaña de conquista de Nueva Granada.

En el Congreso de Angostura (1819)

Mariño es electo diputado por Cumaná ante el Congreso de Angostura de febrero de 1819, y participa en las deliberaciones y en la creación de la República de Venezuela y su nueva Constitución Nacional. Bolívar se va a la campaña de Nueva Granada y Mariño queda en Oriente. Cuando Bolívar regresa triunfante de Nueva Granada y crea la República de Colombia el 17 de diciembre de 1819, a Mariño le queda claro que hay un solo jefe y que le toca obedecerlo. Bolívar destaca a Mariño y lo designa Jefe del Estado Mayor General del Ejército Libertador. En pocas palabras, lo reconoce como su segundo, y así se mantendrá hasta que llega la Batalla de Carabobo del 24 de junio de 1821.

Santiago Mariño Carige (1788-1854), sus restos reposan en el Panteón Nacional desde 1877.

“Mariño es electo diputado por Cumaná ante el Congreso de Angostura de febrero de 1819, y participa en las deliberaciones y en la creación de la República de Venezuela y su nueva Constitución Nacional”

Luego, Bolívar se va muchos años a sus campañas del sur, a la creación de Bolivia y regresa a Venezuela en 1827, mientras tanto Mariño queda designado como Comandante de los departamentos militares de Occidente, en 1821. Entonces, comienza su relación personal con el “hombre fuerte” que emerge en Venezuela después de la Batalla de Carabobo: José Antonio Páez.

Con Páez en La Cosiata (1826)

El 14 de mayo de 1826 el general Páez jura ante la Municipalidad de Valencia cumplir las leyes y hacerlas cumplir, así como “no obedecer las nuevas órdenes del Gobierno de Bogotá”. El 29 de mayo en sesión solemne de la Municipalidad de Caracas, juran ante Páez, ahora Jefe Civil y Militar, las nuevas autoridades del Departamento de Venezuela. El general Santiago Mariño, segundo Jefe Militar; el doctor Cristóbal Mendoza, Intendente; el doctor Suárez Aguado, Provisor y Vicario capitular, y el doctor Francisco Javier Yanes, presidente de la Corte Superior de Justicia.

Estos serán los años de la preeminencia de Páez y el acatamiento de Mariño, quien pasa a un segundo plano, como es evidente. Tiempo después, el Congreso de la República de Colombia envía una Comisión el 20 de enero de 1830 a dialogar con los venezolanos. La preside el Mariscal Sucre. Busca impedir que Venezuela se separe de Colombia. El presidente de la delegación venezolana es Mariño. No se llega a nada, como era de esperarse. La separación es un hecho.

Carlos Soublette (1789-1870) y Manuel Carlos Piar (1774-1817).

Refundada la República de Venezuela a partir de la Constitución Nacional del 22 de septiembre de 1830, se convocan a elecciones que fueron ganadas por José Antonio Páez el 24 de marzo de 1831. Antes, en enero de 1831 el general José Tadeo Monagas, en Oriente, reaccionó contra la Constitución Nacional, proclamando la integridad de Colombia y la autoridad máxima del Libertador, pero cuando se alzó ignoraba que Bolívar había muerto. Consideraba que la Constitución promulgada no respetaba suficientemente los fueros militares. Luego se alzó en mayo, en Aragua de Barcelona, proponiendo la constitución del Estado de Oriente, integrado por cuatro Provincias y que llevaría el nombre de República de Colombia. El general Páez envía al general Santiago Mariño a disuadir al general Monagas y, en vez de lograr su cometido, Mariño termina encabezando el proyecto inicial de Monagas, desplazándolo; dando así una de las piruetas más extrañas de las que se tenga noticia entre nosotros. Mariño había sido designado por Páez como titular de la cartera de Guerra y Marina y, sin embargo, se sumó al proyecto de Monagas.

El Congreso Nacional destituye a Mariño, lógicamente, y queda encargado de la presidencia de la República el Vicepresidente Diego Bautista Urbaneja, ya que el general Páez se dirige, al frente de su tropa, a Valle de La Pascua a dialogar con Monagas. Páez logra el 23 de junio que Monagas deponga las armas y lo favorece con un indulto.

El desprestigio de Mariño no puede ser mayor. Se retira a la vida privada, a ocuparse de sus bienes de fortuna, sin haber sido sancionado por el grave delito que cometió al desconocer la autoridad del presidente Páez, en su condición de Secretario de Guerra y Marina, y sumarse a la proposición de Monagas. Sin embargo, Mariño no desistió de llegar al poder y se presentó como candidato en las elecciones de 1834.

Mariño le da un golpe de Estado a Vargas (1835)

A lo largo del segundo semestre de 1834 tiene lugar la campaña electoral para la selección del Presidente de la República. Se presentó la candidatura del general Carlos Soublette, apoyado por Páez; la del general Santiago Mariño, respaldado por José Tadeo Monagas y otros caudillos orientales y, también, la del médico José María Vargas, apoyado por los comerciantes que han visto crecer sus negocios durante los años de Páez, y bajo el espíritu de la libertad de contratos consagrado en la Ley del 10 de abril de 1834. El resultado fue favorable a Vargas con 103 votos, seguido por Soublette con 45, Mariño 27, Diego Bautista Urbaneja 10 y Bartolomé Salom obtuvo 10 sufragios.

Desde el momento mismo de la victoria de Vargas se va creando una suerte de conjura en su contra por parte de los seguidores de Santiago Mariño, no hace lo mismo Soublette, que se va a Europa, ni Páez, que se retira a sus haciendas. Muy pronto, Vargas entra en diatriba con el Congreso de la República cuando este último propone una Ley de impuesto subsidiario del 1% recabado en las aduanas, con destino a la Hacienda Pública. El Presidente Vargas objeta el proyecto de ley, pero las Cámaras lo aprueban, a lo que este responde invocando la violación de la Constitución por parte del Senado. Esta prueba de fuerza condujo a que el doctor Vargas presentara su renuncia el 29 de abril de 1835, pero no le fue aceptada, aunque alegaba no disponer de la suficiente fuerza como para mantener la paz de la República entre las facciones en pugna.

Santiago Mariño Carige (1788-1854), sus restos reposan en el Panteón Nacional desde 1877.

“El golpe de Estado contra el Presidente Vargas en 1835 no hay manera de comprenderlo ni justificarlo, desde una perspectiva valorativa de la República”

La renuncia de Vargas fue interpretada por sus adversarios como una muestra de debilidad, aunque no le hubiese sido aceptada. Así fue como se estructuró una conjura en su contra que se denominó “La Revolución de las Reformas”, integrada por Mariño; Diego Ibarra; Luis Perú de Lacroix; Pedro Briceño Méndez; José Tadeo Monagas; Estanislao Rendón; Andrés Level de Goda y Pedro Carujo. Esta asonada se expresó el 8 de julio en Caracas, cuando Carujo penetró en casa del doctor Vargas para detenerlo y se produjo un intercambio de palabras que la historia ha recogido insistentemente. Dijo Carujo: “Doctor Vargas: el mundo es de los valientes”, y Vargas le respondió: “El mundo es del hombre justo”. Después de la detención del Presidente y del Vicepresidente Narvarte, fueron embarcados ambos con rumbo a Saint Thomas en la misma tarde del día fatídico.

Al no más conocerse la asonada, acompañada de un texto de nueve puntos en el que los conjurados querían el mando de las Fuerzas Armadas para el general Mariño, el entonces Jefe de esas mismas fuerzas, designado por Vargas para tal efecto, José Antonio Páez, se puso en marcha para dominar la situación y restablecer el hilo constitucional. Páez entra triunfante a Caracas el 28 de julio de 1835, y el 20 de agosto está de nuevo Vargas en la Presidencia de la República. El movimiento insurreccional, sin embargo, no terminó de ser derrotado sino el 1o de marzo de 1836, en Puerto Cabello.

Lo que debía hacerse con los derrotados fue la piedra de tranca entre Vargas y Páez. El primero, y sus seguidores, exigían que sobre ellos cayera todo el peso de la ley, mientras Páez abogaba por la clemencia y el indulto. La estrategia conciliadora le había servido en el pasado a Páez en distintas circunstancias, pero Vargas exigía castigos ejemplares, como era natural. Por otra parte, era evidente que la figura del general Páez había crecido mucho más con esta situación, ya que se había convertido en suerte de árbitro mayor y absoluto de la República, de modo que las posibilidades de Vargas de imponer sus criterios por encima de los del caudillo llanero, eran improbables. A Vargas le fue aceptada la renuncia el 24 de abril de 1836.

No fue propicia la señal que quedó en el ambiente nacional después de la Presidencia de Vargas, no porque el doctor no fuese el hombre excepcional que fue, sino porque al no más asumir el poder un civil, el hervidero de los caudillos regionales comenzó a alborotarse con Mariño a la cabeza, y tuvo que venir el caudillo mayor, Páez, a aplacarlo, y Mariño fue expulsado del país a perpetuidad. Lamentable y vergonzoso.

Un largo exilio (1835-1848)

Mariño se va a Curazao, luego pasa a Ríohacha y después a Haití y, después de soñar con una invasión a Venezuela para recuperar el poder, se estableció en Nueva Granada, en la costa caribeña. Ya estamos en 1840. En Santa Marta, en 1844, casó con Rafaela Linero y Campos y tuvo tres hijos: Leonidas (1845), Pablo (1847) y Luisa (1849). Al tiempo, tuvo que irse de Santa Marta y se refugió en Jamaica, por inmiscuirse en diatribas políticas locales. Llevaba una vida azarosa y aventurera (se sostenía con el flete de dos goletas que alquilaba para viajes para las Antillas menores) hasta que Carlos Soublette, de vuelta a ser Presidente de la República (1843-1847), firmó un decreto de amnistía para todos los golpistas de 1835. Liberado de cargos, Santiago Mariño podía regresar a Venezuela a partir del decreto de 1845. Culminaron 10 años de exilio.

José Gregorio Monagas, hermano de JoséTadeo.
José Gregorio Monagas (1795-1858) quien gobernaba desde 1951, en septiembre de 1853 autoriza la salida de Mariño de prisión, aunque este  formó parte de una conspiración en su contra.

Con Monagas, en contra de Páez (1848-1850)

Ahora gobierna José Tadeo Monagas, quien ha sido electo con el respaldo de Páez, pero tres meses después Monagas se le voltea a Páez e incorpora a Mariño a su gobierno. El 4 de febrero de 1848 Páez entrega una proclama en Calabozo, y luego se traslada a Apure. Monagas encarga a Mariño enfrentarlo en su condición de general en jefe del Ejército Nacional, y este delega en el general José Cornelio Muñoz, antiguo paecista, batir sus tropas en contra de las de Páez. Ocurre la batalla en el sitio de Los Araguatos el 10 de marzo. Páez es derrotado, pero logra huir a Colombia acompañado por Soublette y Ángel Quintero, de allí se traslada a Curazao, desde donde invade a Venezuela por las costas de Coro el 2 de julio de 1849.

Logra armar un ejército compuesto por 600 hombres, con grandes dificultades, ya que parte de sus recursos han sido confiscados por el gobierno de Monagas. Esta nueva ofensiva concluye en otro fracaso. El general José Laurencio Silva lo hace preso en Cojedes, en el valle de Macapo Abajo,  y lo remite a Valencia, donde es humillado con la colocación de grillos en los pies, trato que muchos consideraron inaceptable para un hombre que había acumulado sus méritos. Luego es trasladado a Caracas, donde fue nuevamente humillado: el encargado de su prisión era Ezequiel Zamora. En los traslados callejeros del prisionero es zarandeado de nuevo, le gritan “Abajo el Rey de los Araguatos”, haciendo alusión a la derrota en la batalla llanera. Luego, es trasladado al Castillo de San Antonio de la Eminencia, en Cumaná, de donde parte al exilio, arruinado, el 23 de mayo de 1850.

Por su parte, Mariño, ya de 60 años, en 1848, ve reducirse de nuevo su influencia y es separado del ejército. En 1852, el Estado venezolano le dona 20.000 pesos por los servicios prestados y al año siguiente los hacen efectivos. Desde 1851 gobierna José Gregorio Monagas y Mariño se incorpora a una conspiración en su contra. La llamada “Revolución de mayo” y su fracaso lo llevaron a la cárcel. Se defendió, los masones solicitaron su excarcelación y, finalmente, en septiembre de 1853 salió de la prisión, por clemencia de José Gregorio Monagas. Quedaba claro que Mariño jamás cejaría en su empeño de llegar al poder por el camino que fuese. Por el electoral no lo logró, lo intentó varias veces por el de las armas.

En 1854 en la ciudad de La Victoria dejó de existir Santiago Mariño el 4 de septiembre, a los 66 años. Muy lejos de las glorias de la Campaña de Oriente de 1813, con una hoja de servicios con notorias contradicciones, por decir lo menos. Significativos hechos bélicos, y lamentables violaciones de los preceptos básicos de la República. El golpe de Estado contra el Presidente Vargas en 1835 no hay manera de comprenderlo ni justificarlo, desde una perspectiva valorativa de la República.

Sus restos yacen en el Panteón Nacional desde 1877, cerca de los de Bolívar, con quien mantuvo más desavenencias que encuentros a lo largo de toda la etapa compartida. Quien quiera escribir un panegírico de Santiago Mariño enfrenta un desafío. Se impone una valoración crítica de su vida y obra.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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