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21 julio 2024

Carlos Soublette (1789-1870) un siglo después, en 1970, Rafael Caldera en su primer gobierno trasladó sus restos al Panteón Nacional.

Carlos Soublette: republicano y estadista ecuánime (y II Parte)

Este discreto, metódico, trabajador, humilde, y propulsor del liberalismo económico en el país, era el servidor público que todos los hombres con poder querían tener como su mano derecha. Fue el venezolano que durante más años ha prestado servicio público al país en toda nuestra historia (de 1810 a 1870). En dos oportunidades Presidente de la República, Vicepresidente, Embajador, Canciller, Senador, Presidente del Parlamento, innumerables veces fue ministro, venció en decenas de batallas y murió sin dinero, dependiente de una pensión irregular. Carlos Soublette, un hombre honesto y útil a Venezuela, cuyo pacifismo lo acercaba siempre al consenso.

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Rafael Arráiz Lucca | 05 septiembre 2021

Es primera vez que Carlos Soublette va a Europa, tiene 46 años, y una hoja de servicios que comenzó en 1811 a las órdenes del general Francisco de Miranda. En La Coruña recibe la hospitalidad del general Pablo Morillo, según su biógrafa Magaly Burguera, a donde desembarcan en 1835 procedentes de Londres, tanto Soublette como Daniel Florencio O’Leary. Los resultados de la misión diplomática no fueron exitosos en lo inmediato, pero se abrió un camino en España. Sí fue un capítulo sorprendente para Soublette porque una mañana le llegó una carta notificándole que había sido electo (en ausencia) Vicepresidente de la República, y que debía viajar de inmediato para asumir el cargo.

Recordemos que al Vicepresidente se le elegía a mitad del período del Presidente, con el objeto de llevar el pulso de la continuidad administrativa, pero también para que sucediera la ausencia absoluta del Presidente y concluyera su período. Era el caso presentado con la renuncia del presidente José María Vargas y la voluntad de José Antonio Páez, como jefe del Partido Conservador, de que Soublette concluyera el período ejerciendo la presidencia entre 1837 y 1839.

Presidente de la República (1837-1839)

Soublette llega a La Guaira el 10 de abril de 1837, y al día siguiente es investido de su cargo. De inmediato el general Páez se traslada desde su Hato San Pablo hasta Caracas para ayudar a Soublette a formar gobierno. Eligen a Ramón Yépes y a José Luis Ramos como Secretarios de Estado, mientras al coronel Guillermo Smith lo designan en la cartera de Guerra y Marina.

“Para la administración de Soublette era necesario continuar con la construcción de las carreteras, emprendidas por el gobierno anterior”


La paz política de aquel tiempo era inestable. No sólo corrían rumores de que Santiago Mariño armaba una escuadra en Haití para invadir a Venezuela, sino que, otra vez, el coronel José Francisco Farfán, que ya había sido indultado por Páez, se alzaba en armas. Esta vez lo hace en Guayana, y solicita el poder máximo para Mariño y la resurrección de la Gran Colombia. Los primeros encuentros bélicos fueron favorables a Farfán, quien derrotó fuerzas enviadas por el general Cornelio Muñoz para someterlo, pero finalmente fue derrotado.

En enero de 1838 el coronel Francisco María Faría se alza en Maracaibo. Soublette le ordena al Secretario de Guerra y Marina que vaya sobre los hechos en el Zulia, pero cuando llega a Maracaibo las fuerzas leales al gobierno ya han derrotado a Faría, y después de perseguirlo, fue hecho preso. La sentencia de condena a muerte fue sellada en abril y, por más que distinguidos venezolanos pidieron clemencia, el gobierno de Soublette no intervino a su favor, siendo ejecutado Faría, con lo que se advierte un cambio de actitud por parte del Gobierno para con quienes se alzaban en su contra. Este año de 1838 será de elecciones para el período constitucional 1839-1843, y la candidatura del general Páez no tenía oposición, de modo que obtuvo 212 votos de los 222 existentes.

Vicepresidente de la República (1839-1841)

El segundo gobierno de José Antonio Páez (1839-1843) halla a Soublette en la Vicepresidencia de la República por los dos primeros años del cuatrienio. De tal modo que el 29 de enero de 1841 asumió Santos Michelena como Vicepresidente, quien había sido electo; mientras, el general Páez nombraba a Soublette como Secretario de Guerra y Marina, y va a estar al frente del despacho hasta su elección como Presidente de la República en 1843. Los dos años en que estuvo de Vicepresidente de Páez, lo acompañó acompasadamente en su obra de gobierno.

José Antonio Páez
José Antonio Páez (1790-1873).

Segunda Presidencia de la República (1843-1847)

El cuarto período constitucional de la era republicana va a iniciarse el 28 de enero de 1843, cuando el Congreso de la República formalice las elecciones ganadas por el general Soublette. Entonces, el doctor Vargas, Presidente del cuerpo legislativo, invistió al Presidente electo de su cargo. Este, de inmediato se dirigió a la casa de gobierno, donde lo esperaban el Vicepresidente Santos Michelena y los integrantes del Poder Ejecutivo.

El 30 de enero Soublette designó su gabinete. En el Ministerio del Interior y Justicia, Juan Manuel Manrique; en Hacienda y Relaciones Exteriores, Francisco Aranda; en Guerra y Marina, el general Rafael Urdaneta. El general Páez, por su parte, se retiró a su Hato, habiendo demostrado estar dotado de tolerancia, hasta entonces, ante los ataques de la prensa liberal, cada vez más enconada en su contra.

Para la administración de Soublette era necesario continuar con la construcción de las carreteras, emprendidas por el gobierno anterior. En particular las de Caracas al Litoral y la de Valencia a Puerto Cabello. Se hacía indispensable para el desarrollo de la agricultura contar con caminos propicios para alcanzar los puertos y poder exportar los productos con diligencia. En enero de 1845 se inauguró la carretera Caracas-La Guaira, con gran alegría para los usuarios.

En materia fiscal, Soublette buscó ordenar las cuentas de la República, honrando el pago puntual de las deudas tanto nacionales como extranjeras y, además, ordenó una rebaja de los sueldos de los empleados públicos, mientras reducía el monto del presupuesto de la cartera de Guerra y Marina, al tiempo que subía el de Hacienda. El crédito de Venezuela, gracias a gestiones anteriores y a esta de Soublette, se había recuperado notablemente.

“En materia fiscal, Soublette buscó ordenar las cuentas de la República, honrando el pago puntual de las deudas tanto nacionales como extranjeras”


No obstante y estas noticias favorables, en 1842 la economía del mundo occidental experimentó una caída estrepitosa, por lo que los precios de muchos productos se vinieron abajo, entre ellos los del café y el cacao, motivo por el cual los ingresos por exportaciones cayeron sensiblemente. No sólo porque los precios bajaron sino porque debido a la crisis, la demanda fue menor. Esta caída se nota, particularmente, al revisar las cifras de 1842 en comparación con las de 1843 y 1844.

En lo político, el general Soublette se proponía adelantar un gobierno respetuoso del Principio de la Separación de los Poderes y de las libertades públicas, entre ellas, la de expresión. Además, dictó un decreto en abril de 1843 que permitía el regreso al país de los conjurados de los años 1830 a 1835, con esto daba señales de querer ejercer la primera magistratura con arreglo a los principios del liberalismo político y económico, y la tolerancia.

Esta plausible liberalidad, junto con el incremento de la oposición a través del periódico guzmancista El Venezolano, y de otros medios impresos que se enfrentaban al Gobierno, fue llevando al país a un clima de diatriba política, que tomaba oxígeno de la necesidad de cambios en las esferas del poder, reclamados por la oposición del Partido Liberal. Eran ya demasiados años de gobierno del Partido Conservador, se quejaban los liberales, abiertamente.

En materia internacional el acontecimiento más importante de este período presidencial fue la firma del “Tratado de Reconocimiento de la Independencia, Paz y Amistad con España”, rubricado en Madrid el 30 de marzo de 1845 por el designado por la República de Venezuela para hacerlo: Alejo Fortique. Recordemos que Soublette en su única tarea diplomática participó en las primeras tratativas entre 1835 y 1837.

Carretera Caracas la Guaiia 1936
En enero de 1845 se inauguró la carretera Caracas-La Guaira, compromiso de la administración de Soublette.

El clima de efervescencia política se exacerbó todavía más en 1846, ya que era año de elecciones, y Antonio Leocadio Guzmán buscaba la Presidencia de la República, en competencia con José Félix Blanco, Bartolomé Salom y José Tadeo Monagas. Guzmán agitaba a sus seguidores, al punto que los hacendados y los comerciantes le quitaron su apoyo, cosa que enardeció a muchos de sus partidarios, quienes optaron por levantarse, entre ellos Francisco Rangel y Ezequiel Zamora, saqueando las poblaciones de los Valles del Tuy, Barlovento y Villa de Cura, al grito de “¡Viva Guzmán, mueran los godos!”.

El gobierno de Soublette encomendó a dos jefes militares el control de los insurrectos, y así fue como los generales Páez y Monagas, primero y segundo comandantes del Ejército, aplacaron los ánimos. A Guzmán se le neutralizó mediante una inhabilitación política, fundamentada en procedimientos judiciales, y luego se le propuso una entrevista de avenimiento con el general Páez, que no tuvo lugar; mientras la persecución del gobierno de Soublette contra los periodistas y los partidarios liberales en armas arreció, al punto que las cárceles se llenaron de presos políticos, con lo que el clima de la vida pública se crispó sensiblemente. Hay que señalar, además, que buena parte de los alzamientos de los liberales se debieron a los hostigamientos de los que eran víctimas en sus campañas electorales. Esto recrudeció a partir de que los conservadores advertían el crecimiento de los liberales, después de años de prédica en su contra y de críticas al personalismo de Páez y a “su fortuna personal”.

Todo este cuadro indica que el general Páez pasó de una política de paz a otra de hostigamiento, cerrándole el paso a la candidatura de Guzmán, en primera instancia, y a la de Salom, en segunda; decidiendo apoyar al general José Tadeo Monagas, que no pertenecía en rigor a sus filas y que había advertido que gobernaría de acuerdo con su conciencia, y sin seguir dictados de otra persona, por más influyente que fuera.

Las elecciones organizadas por los Colegios Electorales de las provincias ocurrieron el 1o de octubre de 1846 y, por primera vez, se presentó un universo completamente fraccionado. Los conservadores que apoyaron a Monagas obtuvieron 107 votos, mientras que los liberales divididos, el doble: 207, distribuidos así: Guzmán 57 electores; Salom 97; Blanco 46; José Gregorio Monagas 6, y Mariño 1. ¿Habría ganado las elecciones Guzmán de no haberse iniciado la persecución en su contra? Es probable. En todo caso, los números probaban que la política oposicionista de los liberales había surtido efecto, y que el desgaste en tantos años de poder de Páez y los conservadores era un hecho evidente.

La segunda presidencia de la República del general Soublette, como vemos, culminó en medio de álgidas diatribas políticas, que trajeron la asunción del Ejército en campaña, de nuevo, por parte de los generales José Antonio Páez y José Tadeo Monagas.

“En lo político, Soublette se proponía adelantar un gobierno respetuoso del Principio de la Separación de los Poderes y de las libertades públicas, entre ellas, la de expresión”


El general Soublette entregó la Presidencia de la República el 20 de enero de 1847 al Vicepresidente Diego Bautista Urbaneja, y se retira a su Hato en Chaguaramas. Intentó durante su gobierno conciliar entre las fuerzas en pugna y al comienzo lo logró, luego la diatriba pasó del plano civil al militar y se hizo presente lo que el propio Soublette quiso evitar: la escaramuza guerrera, con lo que los asuntos militares pasaron a manos del general Páez, y la influencia de Soublette se redujo.

En cierto sentido esta segunda presidencia del discreto y conciliador general Soublette es una ironía: desarrolló la conducta de un civil liberal, en el sentido clásico, y los sables se le alzaron sin clemencia. También es cierto que esta presidencia fue la última de un largo período conservador, antes de que los liberales iniciaran sus tiempos de mando. Puede decirse que en este cuatrienio se produjo el cambio, y en tal sentido fue una Presidencia de transición.

Por otra parte, el período conservador fue propicio para el crecimiento de la economía. Se siguió un orden constitucional de alternabilidad en el poder, aunque sólo lo compartieron Páez y Soublette, con la breve excepción del doctor Vargas. Se alcanzó cierta estabilidad, no porque no hubiese habido alzamientos, que los hubo en cantidad apreciable, sino porque las facultades militares y políticas de Páez se impusieron siempre. Muy pronto va a arrepentirse Páez de haber apoyado a Monagas, pero ya el cambio estaba en marcha, y la etapa de cierta estabilidad y prosperidad había concluido.

El exilio en Santa Marta (1848-1858)

Recordemos que la suma de los hechos del Asalto al Congreso por parte de los seguidores de Monagas y la destitución de Páez como jefe del Ejército, condujeron a una ruptura violenta entre Páez y Monagas, y el 4 de febrero de 1848 el llanero entrega una proclama en Calabozo, y luego se traslada a Apure. Monagas encarga a Mariño enfrentarlo, y este delega en el general José Cornelio Muñoz, antiguo paecista, batir sus tropas en contra de las de Páez. Ocurre la Batalla en el sitio de Los Araguatos el 10 de marzo. Páez es derrotado, pero logra huir a Colombia acompañado por Carlos Soublette y Ángel Quintero; de allí se traslada a Curazao, desde donde invade a Venezuela por las costas de Coro el 2 de julio de 1849, pero Soublette no lo acompaña y se traslada a Cartagena. Refiere la leyenda que Soublette le dijo a Páez: “General, yo siempre lo he acompañado a usted, pero yo odio la guerra”. Como dice el refrán italiano: “Se non é vero, é ben trovato” (Si no es verdad, está bien fundamentado).

José Tadeo Monagas (1784-1868) y José María Vargas (1786-1854)

Comienza ahora la única etapa apacible de la vida de Carlos Soublette, pero se profundizan sus problemas económicos. Tuvo que vender su casa en Caracas y luego su Hato de Chaguaramas para sostenerse. Primero vivió en Cartagena, pero muy pronto se mudó a Santa Marta donde se estableció hasta 1858. Informado de sus penurias económicas el gobierno de José Hilario López en Nueva Granada (todavía no se denominaba Colombia) le asignó una pensión en 1850, con base en los servicios prestados durante muchos años. Lamentablemente, la pensión se atrasaba con frecuencia, pero le permitió traerse a la familia de Caracas y vivir acompañado en la ciudad marina. Olaya, su mujer, y sus hijas Antonia y Teresa van a vivir en la discreta casa que alquilan en Santa Marta.

Los últimos servicios del general republicano (1858-1870)

Cuando Julián Castro alcanza el poder y desplaza a Monagas, invita a Soublette a regresar a Venezuela. El general tiene 69 años. Estamos en 1858, y en enero de 1859 la Convención de Valencia, redactora y signataria de la Constitución Nacional de 1858, designa presidente interino a Julián Castro, y este nombra a Soublette como Secretario de Relaciones Exteriores. Allí estará cuando ocurra el golpe de Estado contra Castro y este se vea impelido a renunciar, con buenas razones por parte de los solicitantes.

Luego, vienen las presidencias interinas de Pedro Gual y Manuel Felipe de Tovar, y después las elecciones de abril de 1860, cuando se eligió a Tovar para el cuatrienio 1860-1864. Tovar renuncia el 20 de mayo de 1861, ya en medio de la refriega de la Guerra Federal y asume Gual en su condición de Vicepresidente. Entonces, designa a Soublette como secretario de Guerra y Marina.

“La segunda presidencia del discreto y conciliador Soublette es una ironía: desarrolló la conducta de un civil liberal, en el sentido clásico, y los sables se le alzaron sin clemencia”


Después viene la dictadura de Páez a partir de agosto de este año 1861 y Soublette no forma parte del Gabinete de Páez, que enfrenta una guerra. No participa en el gobierno de Juan Crisóstomo Falcón entre 1864 y 1868, una vez firmado el Tratado de Coche y redactada la Constitución Federal de 1864. Se dedica el viejo general a sus asuntos domésticos, que entre otras urgencias estaban determinados por su precaria condición económica, y a la participación en la masonería, donde llegó a ser masón en grado 33 e integrar el Gran Consejo entre 1850 y 1865.

Se entusiasma con la Revolución Azul de José Tadeo Monagas en 1868 y colabora con su hijo, José Ruperto, en el gobierno que se forma después de la muerte de su padre. Es designado Secretario de Relaciones Exteriores, estamos en 1869 y el general Soublette tiene 80 años. En diciembre de este año se enfermó gravemente y tuvo una larga agonía de más de tres meses hasta que falleció el 11 de febrero de 1870. Dos meses antes de que entrara triunfante a Caracas Antonio Guzmán Blanco al frente de la “Revolución de Abril”.

Un siglo después, en 1970, Rafael Caldera en su primera presidencia llevó los restos de Carlos Soublette al Panteón Nacional. Merecía estar allí desde su inauguración, pero al parecer afirmó antes de morir que no aceptara ningún homenaje proveniente de Guzmán Blanco y que le dieran sepultura común. Sus restos estuvieron en el Cementerio de los hijos de Dios, luego en el Cementerio General del Sur, y de allí fueron trasladados a su sitio definitivo.

No puedo esconder la simpatía que profeso por este extrañísimo venezolano. Discreto, trabajador, metódico, humilde, propulsor del liberalismo económico. Probablemente, el compatriota que durante más años ha prestado servicios públicos al país en toda nuestra historia. En 1810 se incorporaba a las milicias de Caracas y en 1870 moría siendo ministro de Relaciones Exteriores. Dos veces ejerció la Presidencia de la República, innumerables veces fue Secretario de Guerra y Marina. Embajador, Canciller, Senador, Presidente del Parlamento, Vicepresidente de la República, vencedor en decenas de batallas y murió sin dinero, dependiente de una pensión irregular. Un hombre honorable y útil, cuyo pacifismo lo alejaba de posiciones radicales y lo acercaba al arreglo. Rara Avis el ilustre general Soublette.

Bibliografía:

-Arroyo Lameda, Eduardo (1953). Entrada “Carlos Soublette” en el Diccionario Biográfico Venezolano. Madrid, Blass Tipográfica.
-Bolívar, Simón (2010. Bolívar esencial. Bogotá, ediciones de la revista Número.
-Burguera, Magaly (2006). Carlos Soublette. Caracas, BBV, N° 35. El Nacional y Banco del Caribe.
-Delgado, Ligia (1997). Entrada “Carlos Soublette” en el Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas, Fundación Polar.
-Grases, Pedro y Pérez Vila, Manuel (1963). Las Fuerzas Armadas Venezolanas en el siglo XIX. Textos para su estudio. Caracas, Presidencia de la República.
-Pardo, Isaac J. (1998). A la caída de las hojas. Caracas, Monte Ávila Editores.
-Rondón Márquez, R.A. (1983) Carlos Soublette en Los libertadores de Venezuela. Caracas, Meneven.

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