En la aldea
22 mayo 2024

José Antonio Páez (1790-1873) Hasta los 17 años su entorno era eminentemente agrícola y pecuario, en un ambiente mestizo y con extendida presencia de canarios.

José Antonio Páez: guerrero, pacifista y republicano (I Parte)

La referencia recia de su porte y carácter no deja dudas cuando se comienza a conocer de cerca sus hazañas, determinación y fortaleza. Al iniciar su carrera dentro de las luchas patriotas por la Independencia, es decidido no solo en la formación de su propio “ejército de lanceros”, sino que sus tácticas y estrategias en el campo de batalla muestran la determinación de un venezolano con convicción y claridad de los objetivos que quiere alcanzar. José Antonio Páez, al frente del Ejército de Apure en 1819, es la columna vertebral de la fuerza patriótica con tan solo 29 años.

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Rafael Arráiz Lucca | 26 septiembre 2021

José Antonio Páez Herrera nació en Curpa, en las afueras de Acarigua, estado Portuguesa, el 13 de junio de 1790, y murió en Nueva York el 6 de mayo de 1873, a la edad de 82 años. Un periplo vital asombroso, pletórico de acontecimientos, que lo llevó a estar presente en la vida venezolana desde 1810 hasta 1863, siendo el compatriota que mayor y más extendida influencia tuvo en el siglo XIX venezolano.

Sus padres fueron Juan Victorio Páez Mendoza y María Violante Herrera  Xaimes. Sus abuelos paternos fueron Juan José de Páez y Luisa Rodríguez de Mendoza de la Mota, y los maternos fueron José Manuel Herrera Guédez y Juana Xaimes de Agüero y Núñez. Sus bisabuelos paternos fueron Gabriel de Batista del Campo (de quien Juan José Páez era hijo natural) y una señora de Valencia, de la que no hallamos su nombre, y Luis Rodríguez de Mendoza y María Venancia de la Mota, habitantes de Icod de los Vinos, en Tenerife, islas Canarias. Sus bisabuelos maternos fueron Agustín José de Herrera y Catarina Guédez Fonseca, tocuyanos. Como vemos, el origen de los Páez era Tenerife y el de los Herrera, El Tocuyo.

Su madre María Violante tuvo dos hijos de un primer matrimonio con Domingo José Suárez, de quien enviudó, y con Juan Victorio Páez tuvo ocho hijos. De tal modo que los Páez Herrera fueron José Francisco, José de los Santos, José Ramón, José Antonio, Ubalda, María del Rosario, Luisa María y Ana María. Todos los testimonios señalan que la pareja gozó de estabilidad afectiva, pero de una marcada itinerancia. La familia vivió en Guama, San Felipe, Acarigua y Guanare.

Juan Victorio Páez era funcionario del Estanco del Tabaco, y los Páez Herrera llevaban una vida sin lujos, pero tampoco cerca de la pobreza. La educación formal de José Antonio fue precaria. Las primeras letras las estudió en Guama, en casa de la señorita Gregoria Díaz. Su infancia transcurrió en su mayor parte en lo que hoy es el estado Yaracuy. De hecho, cuando tenía 17 años ocurrió un episodio que le cambió la vida. Hasta entonces su entorno era eminentemente agrícola (cacao y tabaco) y pecuario, en un ambiente mestizo y con extendida presencia de canarios.

Un accidente providencial (1807)

Siendo un muchacho la madre lo envió de San Felipe a Guama. El objeto del viaje era que llevase una encomienda de dinero a Cabudare. El joven se detuvo en Yaritagua a comprar víveres en una pulpería, e hizo ostentación de la pistola que llevaba y de algo de dinero. Unos bandoleros que estaban allí lo ficharon y lo siguieron sigilosamente, hasta que lo abordaron cuando estaba en la montaña de Mayurupí.

José Antonio Páez (1790-1873) Hasta los 17 años su entorno era eminentemente agrícola y pecuario, en un ambiente mestizo y con extendida presencia de canarios.

“En 1816, el 16 de febrero, al amanecer, la victoria patriótica era evidente. No sólo fue sustancial la cantidad de pertrechos de los que Páez se adueñó, sino que se hizo de 3.000 caballos de los realistas”


Eran cuatro los asaltantes que buscaban robarle el dinero. En cuanto los vio venir se bajó de la mula el joven José Antonio. Uno de ellos se acercó con un palo y un machete en las manos, y Páez le disparó y lo mató en el acto, mientras los otros corrieron despavoridos. Se montó en su mula y siguió su camino. La noticia corrió como la pólvora en Acarigua y Guanare y, aunque fue en legítima defensa, el joven tuvo miedo de ir preso y se fue solo hacia Barinas, muy lejos, donde nadie supiese lo que había hecho, ni quién era él.

De peón a vendedor de ganado (1807-1810)

Al no más llegar al Hato La Calzada el capataz, Manuelote, lo somete a tratos rayanos en la humillación. El dueño del Hato no está presente todavía, Manuel Antonio Pulido Briceño. Va a conocerlo luego, cuando pase al Hato Pagüey, en 1808, también de Pulido. Este se encariña con el muchacho de 17 años y lo privilegia una vez que advierte que sabe leer y escribir, y tiene un nivel cultural superior al de los otros peones. A Manuelote no le hace gracia el ascenso, pero Pulido encarga a Páez de comprar ganado y lo tiene cerca, en su casa, como asistente, fuera del radio del capataz.

Muy pronto, Pulido comprende que el joven merece un destino autónomo y lo alienta a irse por su cuenta. Eso hace. Compra y vende ganado. Conoce a Dominga Ortiz Orzúa en Canaguá y se casa con ella el 1o de julio de 1809. Su posición mejora notablemente. Tiene una casa. Su mujer es huérfana de padre (Francisco de Paula Ortiz) y madre (Micaela Orzúa), y ha heredado un hato importante en Barinas. La familia de su esposa es de las principales de la zona. La fortuna le sonríe. Atrás quedaron las vejaciones de Manuelote, aquella suerte de inmersión en las tareas del Hato, el dominio de las bestias, el cruce de los ríos a nado, el hacerse un jinete excepcional. Vista a la distancia, aquella fue la iniciación del héroe que surgiría después.

Simón Bolívar. 
Simón Bolívar, El Libertador (1783-1830).

De la unión con Dominga Ortiz nacieron Manuel Antonio (1813), María del Rosario (1819), María Antonia y Hermenegildo Páez Ortiz. El primero casó con Soledad Lovera Paúl; la segunda con Juan de las Llamozas; la tercera con José Felipe González Baptista, y al cuarto no se le conoció esposa. Dominga reconoció a Ramón Ricaurte (1810) como hijo de Páez con Margarita Ricaurte, entre los otros que tuvo, entre ellos Alejandro Muñoz, Tomás Páez (1810), Alejandro Montiel y Etanislao Reyes.

De Dominga se separa en 1821, cuando conoce a Bárbara Nieves, con quien tendrá dos hijas, Úrsula y Juana, y un varón: Sabás Páez Nieves. Juana casó con José María Francia Palacios, pariente de los Bolívar Palacios, y Sabás con Sofía Travieso Salgar; Úrsula no contrajo matrimonio, que sepamos. Bárbara Nieves falleció en 1847 y Dominga Ortiz en 1875. Es muy probable que Páez haya tenido otros hijos naturales de los que no se tenga noticia. Evidentemente, la procreación no fue un problema para el “Catire” Páez, como lo apodaban, al igual que usaban el mote de el “Taita” para designarlo sus soldados.

Comienza el hombre de armas (1810-1818)

Después de los sucesos del 19 de abril de 1810 en Caracas, diversas provincias se sumaron a la causa. Entre ellas, Barinas, donde Manuel Antonio Pulido formó un ejército y Páez se incorpora a un escuadrón de caballería. En su Autobiografía, el llanero equivoca el año del desembarco de Monteverde, ya que lo apunta en 1813 (Páez, 1946: 26) y fue en 1812, lo que crea una confusión en la secuencia de los hechos. Él dice haber estado hasta tres meses antes de la llegada de Monteverde en el ejército de Pulido, es decir, diciembre de 1811, ya que Monteverde llega en marzo de 1812 y, en verdad, el año en que Páez está atendiendo sus negocios en Canaguá es el de 1812, cuando le han autorizado retirarse con el grado de Sargento Primero. Así transcurre este año aludido.

En 1813 estaba Páez en sus asuntos ganaderos cuando lo mandó a llamar el jefe realista Antonio de Tizcar y Pedroza para que se incorporara a su ejército. Va a su casa y Tizcar lo designa Capitán en los Ejércitos del rey de España, y entonces Páez pide permiso para ir a su hato en Canaguá antes de incorporarse. Sale de la casa de Tizcar y se suma al ejército de Pulido que va a tomar a Barinas, con rango de Capitán. Entró por una puerta y salió por la otra, salvando el pellejo.

José Antonio Páez (1790-1873) Hasta los 17 años su entorno era eminentemente agrícola y pecuario, en un ambiente mestizo y con extendida presencia de canarios.

“Con la hazaña alcanzaba el grado de teniente coronel y daba un paso más en su auctoritas sobre la tropa. Ya se expandía el fragor de su leyenda”


Estamos en octubre de 1813 cuando Pulido le ordena ir contra el realista Miguel Marcelino y lo derrota en el sitio de Las Matas Guerrereñas, y cuando regresa a Barinas recibe carta que señala que la ciudad ha caído en manos de los realistas. Pasa la noche en el Hato La Calzada de Pulido y parte en la mañana hacia Guasdualito, pero los suyos no le acompañan. De esta soledad se entera Manuel Pacheco, el jefe realista de Canaguá y lo invita a regresar. Páez acepta y cae preso en diciembre de 1813 en manos del comandante Antonio Puy, quien acaba de ser designado en la zona y hace presas a 115 personas. Gracias a una confusión nocturna, los carceleros creyeron que el grupo que había venido a liberarlos era inmenso, cuando no lo era, y abandonaron a los presos y se fueron corriendo. Páez al recobrar la libertad se fue a su casa en Canaguá.

En 1814 Páez forma un pequeño ejército y se suma al de Ramón García de Sena, quien lo envía a Guasdualito y luego regresa a su lado. Páez sigue la campaña con García de Sena hacia Mérida y está allá hasta mediados de año cuando se incorpora al ejército de Rafael Urdaneta, pero este no lo distingue como el joven aspiraba y se va. Lo acompaña hasta Bailadores y toma el camino hacia los llanos de Casanare, en Nueva Granada. Se suma al ejército de Francisco Olmedilla en octubre de 1814.

El 29 de enero de 1815 está Páez en Guasdualito al frente de un grupo de soldados (a las órdenes de Olmedilla) y derrotan al jefe realista Manuel Pacheco. Olmedilla se retira a Vichada y le entrega el ejército a Páez. Luego, recibe órdenes del gobernador Solano en Casanare de hacer preso a Olmedilla por desertor y entregarlo en Pore. Lo hace.

A finales de 1815 tenemos al llanero en Casanare a las órdenes del general Joaquín Ricaurte, cuando Sebastián de la Calzada invade. Entonces, tiene lugar la Batalla de Chire, donde Paéz se distingue notablemente después de superar un ataque de epilepsia, narrado en su Autobiografía: “Al principio de todo combate, cuando sonaban los primeros tiros, apoderábase de mí una violenta excitación nerviosa que me impelía a lanzarme contra el enemigo para recibir los primeros golpes, lo que habría hecho siempre si mis compañeros, con grandes esfuerzos, no me hubiesen contenido. Pues dicho ataque me acometió antes de entrar en el combate de Chire, cuando ya me había adelantado y tendido encuentro con la descubierta” (Páez, 1946:72).

Esta batalla y la derrota de La Calzada marcaron el inicio de la buena fama de guerrero del entonces comandante Páez. Estamos en enero de 1816 y, alentado por la victoria de Chire, enfrenta a los realistas de Vicente Peña y los vence. Por su parte, Ricaurte regresa a Casanare y Páez queda del otro lado del río, en Venezuela. El 16 de febrero en Mata de la Miel vence al coronel Francisco López en un combate nocturno. Al amanecer, la victoria patriótica era evidente. No sólo fue sustancial la cantidad de pertrechos de los que Páez se adueñó, sino que se hizo de 3.000 caballos de los realistas, lo que le dio un nuevo aire a su ejército. Con la hazaña alcanzaba el grado de teniente coronel y daba un paso más en su auctoritas sobre la tropa. Ya se expandía el fragor de su leyenda.

Retrato de José Antonio Páez, por Martín Tovar y Tovar, 1874.

Luego, vuelve a vencer a Francisco López en el Paso del Frío y se desplaza a Arichuna. Allí está el 16 de septiembre de 1816 cuando el célebre “Motín de Arichuna”, referido en mi libro Venezuela: 1728-1830. Guipuzcoana e Independencia. Cito: “El ejército patriota de la pequeña República de Casanare está al mando de Francisco de Paula Santander y han elegido a un presidente, Fernando Serrano. No obstante, el liderazgo natural de los llaneros lo tiene Páez y la tropa decide elegirlo para comandarla. Antes de que el motín pase a mayores Santander, inteligentemente, reconoce el mando de Páez y se coloca a sus órdenes, al igual que Manuel Serviez y Urdaneta. Esto ocurrió por elecciones, y eso es lo insólito, así como la actitud de Santander. Por supuesto, no falta quien diga que no tenía alternativa, si quería permanecer en el ejército, pero ya hemos visto en otras oportunidades como el ego conduce a estos hombres por otros derroteros.

Cabe preguntarse: ¿De dónde provenía la enorme ascendencia de Páez sobre la tropa y por qué Santander no la tenía? Habría que remitirse a la formación del liderazgo natural, y señala que en este caso se constituyó con base en pruebas de fuerza. El ejército de Páez no era el clásico ejército francés estructurado sino el conformado para la guerra de guerrillas, que llevaba a que el Jefe guerreara como cualquier otro, en el cuerpo a cuerpo de la batalla, cosa que Páez hacía admirablemente. Esto le daba un ascendente paternal sobre la tropa, integrada por guerreros que no dudaban un segundo de la legitimidad de su jefe, ya que este participaba en la batalla en el centro, no desde lejos, como un director al margen del fragor de la contienda, detrás de un catalejo. Esta simbiosis entre Páez y los suyos, que son como si fueran él mismo, fue un aspecto sustancial para la consolidación de este ejército llanero, factor determinante de las victorias patriotas que vendrán” (Arráiz Lucca, 2011:144-145).

Ahora viene la Batalla de El Yagual, el 8 de octubre de 1816, cuando Páez comanda el ejército subcomandado por los generales Urdaneta, Serviez y Santander, y vuelve a derrotar a las fuerzas del realista Francisco López. Después de la victoria sitian a Achaguas. Este año culmina con la autoridad de Páez por las nubes. Tres victorias lo han hecho posible. Es su año pivotal. La consolidación de su mando.

El año 1817 se inicia con la Batalla de Mucuritas el 27 y 28 de enero. Esta vez Páez enfrenta a los ejércitos de de la Torre y de la Calzada, nada menos. Es decir, el ejército de Morillo, quien llega al sitio después de la batalla. Se enfrentan dos fuerzas desiguales: La de Páez con alrededor de 1.000 lanceros, y la de los realistas con cerca de 5.000 hombres. Páez recurre a una práctica que sorprende a los realistas: le prende fuego a la sabana en la retaguardia, impidiendo que estos se den en retirada, los acorrala y los lancea sin piedad, causándoles bajas significativas. Finalmente, logran escapar los sobrevivientes y se reúnen con Morillo, y entran todos a San Fernando de Apure a principios de febrero, después de una derrota. Nueva victoria para Páez. Años después, Morillo escribe: “Catorce cargas consecutivas sobre mis cansados batallones me hicieron ver que no eran una gavilla de cobardes poco numerosa como me habían informado” (Polanco, 2000: 47). Pues muy mal informado estaba Morillo, felizmente.

El año 1817 avanza con tres combates menores de los que sale victorioso el Ejército de Apure. En San Antonio de Apure, en el Paso de Apurito y en el Paso de Utrera. En agosto toma Barinas. Como vemos, fueron 12 meses de victorias y consolidación de la jefatura del llanero en sus predios. No podía pedir más.

Con Bolívar en Cañafístola (1818)

Fusilado Manuel Carlos Piar en Angostura y Simón Bolívar cavilando acerca de las posibilidades de invadir Nueva Granada, como insistentemente le sugería por cartas Santander, se pone en marcha hacia Los Llanos. Llega al Hato Canafístola y de ello se entera Páez, quien se moviliza desde San Juan de Payara a su encuentro. Nunca antes se habían visto. El general Páez en su Autobiografía da cuenta del encuentro y de la impresión que le causó Bolívar. Afirma: “Apenas me vio a lo lejos, montó inmediatamente a caballo para salir a recibirme, y al encontrarnos echamos pie a tierra, y con muestras del mayor contento nos dimos un estrecho abrazo… sus dos principales distintivos consistían en la excesiva movilidad del cuerpo y el brillo de los ojos, que eran negros, vivos, penetrantes e inquietos… Tenía el pelo negro y algo crespo, los pies y las manos tan pequeños como los de una mujer, la voz aguda y penetrante… Formaba contraste, repito, la apariencia exterior de Bolívar, débil de complexión, y acostumbrado desde sus primeros años a los regalos del hogar doméstico, con la de aquellos habitantes de Los Llanos, robustos atletas que no habían conocido jamás otro linaje de vida que la lucha continua con los elementos y las fieras. Puede decirse que allí se vieron entonces reunidos los dos indispensables elementos para hacer la guerra: la fuerza intelectual que dirige y organiza los planes, y la material que los lleva a cumplido efecto…” (Páez, 1990: 148).

Rafael José Urdaneta Farías (1788-1845).
Rafael Urdaneta (1788-1845).

Páez reconoce la jefatura de Bolívar y le pone a disposición su ejército que, junto con el que sigue al Libertador, alcanzan a los 4.500 efectivos. Será la primera vez que el llanero batalle bajos las órdenes del mantuano caraqueño. Van juntos a Calabozo y dan la batalla el 12 de febrero. Luego, están juntos en la Batalla de El Sombrero, donde no logran abatir a Morillo. Bolívar le ordena a Páez tomar el sitio de San Fernando de Apure, en marzo. Después lo envía para San Carlos y el 2 de mayo tiene lugar la Batalla de Cojedes, donde Páez derrota a de la Torre y regresa a su cuartel general en Achaguas.

El héroe de Las Queseras del Medio (1819)

Bolívar regresa de Angostura a San Juan de Payara y vuelven a juntarse los dos ejércitos, y después El Libertador regresa a Angostura a la inauguración del Congreso el 15 de febrero de 1819. Antes, asciende a Páez a general de división, el 20 de enero. Tiene 29 años. Es evidente que el Ejército de Apure es la columna vertebral de la fuerza patriótica.

Por su parte, Morillo comienza el año buscando a Bolívar y reúne su ejército en el centro del país con la intención de retarlo en Los Llanos. Páez abandona San Juan de Payara y cruza el Arauca, Morillo también lo cruza y va a su encuentro. Morillo está en Achaguas el 8 de marzo. Bolívar, Anzoátegui y Páez se juntan en Cunaviche el 11 de marzo. El 28, Bolívar y Morillo están con sus ejércitos a cada margen del Arauca. Expectantes.

Páez convence a Bolívar de que lo autorice para cruzar el río con 150 lanceros. Bolívar acepta y Páez pasa el río y avanza a galope hacia el campamento de Morillo. Este dispone a 1.200 hombres que les corten el paso y, cuando Páez los ve venir implementa su plan y retrocede. Se deja perseguir hasta que regresa al grito de “Vuelvan caras” y se lanza sobre el enemigo. Los realistas, desconcertados, son lanceados con furia por los llaneros y, para colmo, en la retirada aparatosa van atropellándose a sí mismos y causándose estragos, hasta que se refugian en los bosques de las inmediaciones. Entre los héroes de la acción, es justicia recordar a los coroneles Cornelio Muñoz y Francisco Aramendi, así como a los tenientes coroneles Francisco Farfán, José Manuel Arráiz, Juan José Rondón y Leonardo Infante, entre otros.

“Vuelvan Caras” es una obra del pintor Arturo Michelena donde relata un episodio de la Batalla de Las Queseras del Medio, en el momento en que Páez ordena a sus jinetes dar la vuelta para atacar a la caballería española que los perseguía.

La hazaña de Las Queseras del Medio fue ensalzada por Bolívar en su “Proclama a los vencedores en Las Queseras, dada el 3 de abril de 1819, en el Cuartel General de los Potreritos Marrereños”. Afirma: “Soldados: acabáis de ejecutar la proeza más extraordinaria que puede celebrar la historia militar de las naciones” (Bolívar, 1970: 175).

Esta hazaña fue vista por todo el ejército patriota, llevando el prestigio de Páez hasta la cúspide. Por su parte, Morillo se retira hacia Achaguas, mientras Bolívar lo hace hacia Caujaral. Desde allí le ordena a Rafael Urdaneta navegar hasta el Arauca por el Orinoco, con las legiones británicas. Después de tantos intentos Bolívar se convence de que no podrá llegar a Caracas: no es posible derrotar al ejército de Morillo. Entonces, muy pronto la Vanguardia de Santander en Casanare va a tener compañía.

Lo que resta de 1819 y todo 1820 Páez lo emplea en varias tareas, como él mismo las explica en su Autobiografía: “Casi todo el año 20 se pasó en reunir y disciplinar reclutas, empotrerar caballos, coger y castrar toros, y ponerlos en dehesa para tener reses cuando el ejército abriera la campaña, y en enviar armas para la Nueva Granada” (Páez, 1946: 197).

En la Batalla de Carabobo (1821)

Bolívar le ordena a Páez avanzar desde Apure hacia el centro, Ambrosio Plaza ocupa Barinas, antes de movilizarse también hacia el centro. José Francisco Bermúdez inicia su famosa diversión. Es decir, marcha hacia Caracas de manera tal de ocupar a parte del ejército realista en defenderla, mientras los ejércitos patriotas avanzan hacia Carabobo. Urdaneta toma Barquisimeto y avanza hacia San Carlos. Bolívar busca que los realistas se concentren en Carabobo. Finalmente, ambos ejércitos están listos para la batalla al amanecer del 24 de junio de 1821.

En el Estado Mayor General, además de Bolívar, están Pedro Briceño Méndez, Santiago Mariño y Bartolomé Salom. Los edecanes de El Libertador están presentes: Daniel O’Leary y Diego Ibarra, entre muchos otros. El ejército consta de tres Divisiones. La primera con Páez al frente, la segunda con Cedeño, la tercera con Plaza. Los batallones y brigadas están al mando de Ferriar, Conde, Rangel, de las Heras, Flegel, Gravete, Manrique, Sandes, Vélez, Uslar y Arguíndegui. Murieron en combate Cedeño y Plaza; Pedro Camejo, Bruno, Olivera y Arias; Ferriar y Scott; Mellao y Valero. Heridos de gravedad: Arráiz, Abreu e Lima, Martín, entre otros.

Al frente del ejército realista está de la Torre, con Morales y Montenegro Colón. Suman 5.000 hombres, mientras el ejército patriota más, aunque las cifras varían de autor en autor, el número está cerca de los 6.000 efectivos. La victoria patriota fue completa, los restos del ejército realista se retiran a Puerto Cabello. Allí se refugian. El golpe para los realistas ha sido fatal. Después de esta batalla tendrán lugar cerca de 60 enfrentamientos bélicos menores, hasta la última Batalla Naval del Lago de Maracaibo, el 25 de julio de 1823.

Concluida la Batalla de Carabobo, a Páez se le asigna perseguir y llevar a la derrota (o a la rendición) a las fuerzas realistas sobrevivientes. En esto está en 1822 y parte de 1823, hasta que los sitia en Puerto Cabello el 7 de noviembre de este año. Después de ofrecerle capitular y recibir la negativa de de la Calzada, Páez asalta el castillo y vence en la refriega. Mueren cerca de 150 soldados realistas y muy pocos patriotas. Finalmente, de la Calzada capitula con un largo articulado el 10 de noviembre de 1823 y le entrega su espada personalmente al general Páez.

*Continuará el domingo 3 de octubre de 2021.

Bibliografía:

-Acevedo Gómez, Marjorie (1997). José Antonio Páez. Repertorio documental. Caracas, ANH.
-Arráiz Lucca, Rafael (2009). Colonia y República. Ensayos de interpretación. Caracas, editorial Alfa. Biblioteca Rafael Arráiz Lucca.
Venezuela: 1830 a nuestros días (2007). Caracas, editorial Alfa. Biblioteca Rafael Arráiz Lucca.
-Bolívar, Simón (1970). Itinerario documental de Simón Bolívar. Caracas, Ediciones de la Presidencia de la República.
Obras Completas (1950). La Habana, editorial Lex.
-Cunninghame Graham, R.B (1959). José Antonio Páez. Caracas, ANH.
-Gil Fortoul, José (1930). Historia constitucional de Venezuela. Caracas, Parra León hermanos editores.
-Hernández, Ramón (2007). José Antonio Páez. Caracas, BBV N° 69, El Nacional-Banco del Caribe.
-Mondolfi Gudat, Edgardo (2005). Páez visto por los ingleses. Caracas, ANH.
-O’leary, Daniel Florencio (1981). Memorias del general O’Leary. Caracas, Ministerio de la Defensa.
-Páez, José Antonio (1946). Autobiografía. Caracas, Ministerio de Educación.
Las razones del héroe (1990). Caracas, Monte Ávila Editores.
-Polanco Alcántara, Tomás (2000). Páez. Caracas, editorial Ex Libris.
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-Zuloaga, Nicomedes (1897). Páez. Estudio histórico político. Caracas, Imprenta Bolívar.

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